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“Nora”: La dignidad de la esposa.

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Hemos asistido hace poco a la primera obra de la “Trilogía de la imperfección” que esta temporada llevará a la Sala Atrium de Barcelona obras de Ibsen, StrindbergChéjov, a partir del hilo común del feminismo, entendido como la emancipación de la mujer de la tutela del marido que progresivamente tuvo lugar a principios del siglo pasado, con diversos matices que iremos descubriendo en nuestro blog.

El convencionalismo con el que se inicia la representación, con un matrimonio pequeñoburgués al inicio de su pujanza económica gracias al puestazo conseguido por él al frente de un banco, dará en seguida un giro para desenmascarar todas las miserias que a veces rodean esos ascensos metéoricos. La adaptación y dirección de Raimon Molins desproveen al clásico de cualquier valor más o menos anecdótico para convertirlo, con un arriesgado lenguaje visual, en una obra de plena actualidad.

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Mireia Trias en su papel de Nora está magnífica, dotando al personaje de ricos matices;  así, al principio, se nos presenta como una tontuela pequeñoburguesa empeñada en fundirse la tarjeta de crédito del marido, por lo que recibe un cariñoso tirón de orejas  de Torvald (Oriol Tarrasón), que considera el malgasto como un pecadillo menor fácilmente perdonable y que entra incluso en lo que se espera de una mujer de esa clase y condición.

Pero en seguida vemos que esa presentación del personaje esuna cortina de humo para distraer al espectador. Nora es mucho más que eso. Cuando su amiga Kristine (genial Patricia Mendoza) se presenta en su casa como el contrapunto de fracaso ante tanta pujanza, implorando que interceda ante su marido por un empleo en el banco, vemos otra dimensión del personaje, mucho más tierna y sensible:  parece ocuparse de los problemas de su amiga de modo altruista y se muestra decidida a rogar  por ella ante su  marido.

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Pero es cuando entra en escena Oda (Gal.la Sabaté), el dramatismo que había permanecido contenido se desata en toda su intensidad:  Oda no viene como Kristine a implorar nada, sino a exigir que se le restituya lo suyo, y amenaza con las consecuencias de no hacerlo, consecuencias que se llevarán por delante el matrimonio.

La inocentona burguesa del principio de la obra ha mutado ya en una mujer que reivindica su actuación en favor de su marido, y que incluso, cuando acaba sufriendo la ira de él -que le reprocha haber roto en esta ocasión las reglas del juego-, se rebela.

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Lo que siempre sorprende de Ibsen es la extraordinaria actualidad de sus argumentos. Si en “Un enemigo del pueblo” el argumento es la corrupción política, en “Casa de  muñecas” los temas centrales son el matrimonio,  dinero, el empleo y el chantaje.  Como decíamos al principio, la puesta en escena huye del convencionalismo clásico para adentrarse en un lenguaje visual más elaborado, enriqueciendo la obra con un cierto experimento metateatral, en el que los actores y actrices parecen dirigirse y filmarse al tiempo, con sus  imágenes proyectadas al fondo, cual unos amigos rodando la obra  (en algún momento los actores y actrices se llaman por sus nombres), lo que añade dramatismo al espectáctulo, al dejar de confinarse en un páis escandinavo a finales del siglo pasado,  para interpelar directamente a los presentes que se sienten perfectamente identificados. La liberación final de Nora, que rompe con todas sus ataduras, es como un alivio colectivo al espectador, que ha asistido con angustia a la creciente presión que vive esa mujer y que comparte con ella como un soplo de aire fresco.

La obra estará en la Atrium hasta el 8 de enero.

Ignasi y Laura.

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“El zoo de vidre”: Recuerdos de familia.

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En el Teatre Akadèmia de Barcelona  nos hemos deleitado con esta sobria adaptación de “El zoo de vidre” (“The glass menagerie”) de Tennessee Williams, adaptada y dirigida por Boris Rotenstein (la versión del texto elegida ha sido la traducción de Emili Teixidor).

El mismo autor la había descrito como una “obra de recuerdos” y este aspecto melancólico, como de lejana ensoñación, es el que ha querido subrayar Rotenstein. El director rinde homenaje a Williams entablando con él un diálogo, literal al principio y metafórico a lo largo de la obra, entre el retrato que cuelga en un extremo del escenario, quién sabe si del padre ausente, y el propio director, sentado expectante en el extremo opuesto.


Con el trasfondo de la crisis de los años 30, Amanda (Mercè Managuerra), la madre de una familia sureña venida a menos y abandonada por su marido se aferra a la esperanza de lograr que un buen partido se fije en su hija pequeña Laura (Alicia Lorente), insegura y tímida a causa de un defecto físico.

Tom (Jordi Robles), el protagonista, el hermano mayor, contempla con lucidez la huida de su madre, que se refugia en pasadas grandezas mientras trata de vender suscripciones a revistas de señoras, y la de su hermana, que se esconde en su habitación , donde guarda su colección de figurillas de cristal. No es extraño que el único de los tres que realmente quiere que algo cambie también acabe por huir.  El fugaz contacto con la familia del recién llegado Jim (Jorge Velasco) sólo sirve para acentuar que el trio protagonista está anclado en el pasado. La tristeza que empapa a la familia es remachada sin tamices por el desolador desenlace.

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Nos ha gustado especialmente el tratamiento sobrio del drama, sin aspavientos, con un discurrir pausado, vagamente amargo, hacia el inexorable final. El acertado juego de luces, el efecto conseguido con el velo que envuelve la escena, el retrato que preside la escena (procucto del buen trabajo de Marta Olivella en la regiduría y de Paula Miranda, Joan Viscasillas y Alfonso Ferri en el diseño y construcción del espacio) y el acompañamiento de la mirada lúcida del director componen un mosaico de gran expresividad y fuerza evocadora.

El director ha escogido a una buena parte del equipo artístico (incluyendo al gran fotógrafo David Ruano) y que formó parte de “La Gavina” en el mismo teatro. También destacamos la incorporación en el equipo de Gabriella Dilorenzo como productora ejecutiva y Georgina Viñolo como diseñadora de vestuario. Mercè Managuerra estupenda, como nos tiene acostumbrados, en su papel de dama con pretensiones, Jordi Robles, magnífico también a modo de narrador de esta historia triste,  Alicia Lorente, con un aire lánguido y delicado, y Jorge Velasco, el contrapunto vital y enérgico a la nostalgia de la familia, todos ellos nos han sabido presentar con acierto una de las obras clásicas del Teatro de entreguerras, que remite a la propia infancia infeliz de Williams.

La obra estará en el Teatre Akadèmia hasta el 30 de octubre.

Ignasi y Laura.

Para más información clica abajo:

“El zoo de vidre” en la web del Teatre Akadèmia

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“El preu”: Recuerdos de familia.

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En el Teatro Goya de Barcelona, y en el marco del festival Grec 2016, hemos asistido al clásico de Arthur Miller, “El preu” (“The price“), dirigida por Silvia Munt.

En esta excepcional obra aparecen en toda su crudeza los grandes temas de la dramaturgia norteamericana de mediados del siglo pasado: la crisis  económica, las tensiones y recuerdos  familiares y la introspección psicológica.

Víctor (Pere Arquillué), el menor de dos hermanos, se nos presenta como un personaje amargado y frustrado, el modesto hijo policia que se quedó junto al padre mientras el mayor, Walter Franz (Ramon Madaula), volaba en pos de su brillante carrera de cirujano. La obra reúne a los hermanos en un escenario nostálgico una vida más tarde: el piso donde pasaron su niñez que, fallecidos los padres, va a ser desmantelado.

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Un enorme montón de sillas a la derecha del escenario, junto con un arpa, un escritorio, un gramófono y otros objetos, son elementos de un decorado que transmite perfectamente esa sensación de tiempo pasado, de pasadas glorias que no volverán y que constituyen el hilo conductor de todas las familias. Y pasados esos tiempos mejores, aparece ahora en escena un histriónico comerciante, el Sr. Solomon (Lluís Marco -políticamente incorrectas referencias hebreas-) dispuesto, entre fintas y eufemismos, a sacar tajada de la liquidación.

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Pero el espacio simbólico de la casa que se desguaza alberga también una disección de lo vivido hace tiempo, cuando los dos hermanos se deciden a saldar, siquiera dialécticamente, sus viejas rencillas.  Y ahí surge sin ambages la amargura del hermano menor, un enorme Pere Arquillué, que con su modesto sueldo de policía ha visto como sus sueños de juventud, han quedado ensombrecidos por los éxitos de su hermano mayor (espléndido Madaula que imprime al personaje un halo de vaga disculpa, de mala conciencia, frente a Víctor).  Y, como pasa siempre con la envidia, al final Víctor se da cuenta que más tiene él que reprocharse a sí mismo que echarle en cara al hermano mayor…  La mujer Esther (Rosa Renom), también echa leña al fuego de la envidia.  Y la genialidad del argumento es tal vez que el supuesto triunfador, Walter, no se presenta como tal, no nos encontramos con un pedante o estirado doctor, o con un orgulloso y distante triunfador, sino con alguien muy humano que se ha divorciado y que parece de todo menos feliz con su vida.

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Pocas veces en el teatro vemos un decorado y attrezo tan bien escogido como en el de este “El Preu”.  El montón de sillas en un escenario por lo demás minimalista es como una metáfora del peso del pasado que amenaza con desplomarse sobre las cabezas de los protagonistas; casi podemos percibir el olor a cerrado,  y el moho que una iluminación con tonos verdosos contribuye magistralmente a transmitir (destacamos el trabajo de Enric Planas en la escenografía y Kiko Planas en el diseño de iluminación. También el delicioso vídeo realizado por Nanouk Films). El diálogo que se instaura entre los hermanos es interrumpido por la ridícula avaricia de Solomon, que no sabe que sus esfuerzos por hacerse con una ganga son del todo inútiles, pues los hermanos ansían desprenderse de la carga del pasado que les ha lastrado y que seguramente lo seguirá haciendo hasta el final de sus días.

La obra estará hasta el 7 de agosto en el Teatre Goya.

Actualización: “El preu” regresa al Teatre Goya del 8 de junio al 30 de julio de 2017.

Ignasi y Laura.

Para más información clica abajo:

Web del Teatre Goya/Información sobre “El preu”

 

 

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Propuestas teatrales para el verano (I): “Rosa de dos aromas” y “El profeta”.

Inauguramos esta nueva sección del blog con las propuestas del Teatre Tantarantana de Barcelona, donde podréis ver un amplio abanico de obras durante este verano:

En primer lugar, “Rosa de dos aromas (Primera parte)” en la sala Àtic22 (últimas sesiones el lunes 4 y el martes 5 de julio). Esta propuesta del prestigioso director Boris Rotenstein (os hablamos ampliamente sobre él y su universo teatral en una entrada anterior) a través de la compañía Perestroika-A-tak, fundada por él mismo, nos da a conocer a un gran dramaturgo mexicano de la generación de la década de 1950, Emilio Carballido.

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Dos mujeres se conocen por casualidad debido a que tienen algo en común de vital importancia. Son muy diferentes en cuanto a educación, estatus y personalidad, pero tendrán que acercarse, comprenderse y aliarse para conseguir lo que quieren. Carballido aquí nos muestra la hipocresía del ser humano y la fragilidad de las relaciones sentimentales y de instituciones como la familia.

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Rotenstein, cuya mano maestra nos fascinó en “La vida perdurable” y “La gavina“, nos da a conocer este magistral texto que ha sido fraccionado en dos partes (anhelamos que la segunda tarde poco en estrenarse), donde Marta Olivella y Montse Romero interpretan con mucha gracia y acierto a dos mujeres tan dispares como parecidas, cuya vida estaba en un punto muerto en el momento en que se encuentran. Justamente ese acontecimiento les hará reaccionar y activar su ingenio para poder encontrar una solución al problema que tienen, y a entablar una peculiar relación entre ellas.

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También nos ha gustado mucho la nueva e interesante propuesta de la compañía La Calòrica (ver nuestra anterior entrada sobre “L’Editto Bulgaro“). Su obra “El profeta“, dirigida por Israel Solà, que yuxtapone en el escenario tres historias que transcurren en momentos diferentes, con dos denominadores comunes: de una parte el trío formado por Aitor Galisteo-Rocher, Esther Lopez y Julia Truyol, y de la otra el “estudio de las dinámicas” que es la verdadera esencia de esta obra.

¿Qué tiene en común por un lado la historia de un pueblo a inicios del siglo XIX, donde en una pequeña vivienda rural una mujer es presa de extraños ataques de histeria, y cuya hermana está más preocupada del qué dirán que de ayudarla, y cuyo único recurso consiste en llamar a un almidonado sacerdote, con, por otro lado, la historia del doctor sudafricano Barnard, que llevó a cabo el primer trasplante de corazón, y finalmente con la historia de otros dos hermanos uno de los cuales desaparece sin dejar rastro tras ser desahuciado por una enfermedad incurable? Aparentemente nada,  y sin embargo, como decíamos, intuimos que se trata de mostrarnos una serie de dinámicas en que incurre cada uno de esos particulares trios.

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La hermana mayor de principios del siglo XIX afronta con rigidez la enfermedad de su hermana, y el sacerdote, un tanto ridículamente, está más pendiente de rebatir teológicamente los delirios que de la enferma; ambos afrontan desde la ajenidad más absoluta el trastorno y delirio de la hermana.

Igualmente, un siglo más tarde, un hombre y su pareja tratan con incomodidad y rechazo el retorno de la desahuciada (por los médicos) hermana de éste, ambos más centrados en sus experimentos de laboratorio que de ocuparse emocionalmente de consolar a una mujer desconcertada.

Y, genialmente, en el medio de la obra, el doctor Barnard es presentado como un personaje egoísta y egocéntrico que sacrifica a su enfermera y a la joven donante del primer corazón trasplantado de la historia, al altar de sus ansias de grandeza.

Tres historias que se fijan en el uso del otro, en el egoísmo y en la indiferencia con la que muchas veces nos acercamos a los problemas de los demás, que sólo nos interesan en cuanto alimenten nuestro ego.

Nos han gustado mucho los tres protagonistas, Aitor Galisteo-Rocher, Esther López y Julia Truyol, que miman sus papeles con maestría y les dotan de gran credibilidad, transmitiendo al espectador perfectamente la esencia de sus personajes y conformando una obra fresca y original que recomendamos con entusiasmo.

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La obra, que forma parte de El Cicló (Cicle de Companyies Independents de Barcelona) estará en el Teatre Tantarantana hasta el próximo 10 de julio.

Ignasi y Laura.

Para más información clica abajo:

Web del Teatre Tantarantana

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“El zoo de vidre”: Una obra hecha de recuerdos.

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Hace poco hemos asistido en el Teatre Goya de Barcelona  a la representación de “El zoo de vidre” (“The Glass Menagerie” en su original en inglés), del autor estadounidense Tennessee Williams, que estará en cartel hasta el próximo 3 de agosto. La traducción del texto ha estado a cargo de Emili Teixidor y la dirección teatral del consagrado Josep Maria Pou. En el  reparto, Miriam Iscla (Amanda Wingfield), Dafnis Balduz (Tom Wingfield), Meritxell Calvo (Laura Wingfield) y Peter Vives (Jim O´Connor). La ambientación de espacio ha ido a cargo de Sebastià Brosa, la iluminación de Albert Faura,  el vestuario de María Araujo, el espacio sonoro de Alex Polls, la caracterización de Toni Santos y la producción de Focus.

Estrenada en 1944, el propio autor la denominó “obra de recuerdos”. Y ellos son los que nos presenta uno de los protagonistas y a la vez narrador:  Tom Wingfield, magistralmente encarnado por Dafnis Balduz; desde un aparte del escenario, Tom rememora su época de primera juventud que vivió, junto a su hermana y su madre,  en Saint Louis, a finales de la Gran Depresión americana. La madre, Amanda Wingfield, intenta huir de las estrecheces del día a día y de la tristeza provocada por el abandono del marido, refugiándose en un pasado acomodado, dominado por los bailes, los pretendientes y lo mundano; sin embargo, todo eso hace ya tiempo que pasó y los tres Wingfield luchan ahora por llegar a fin de mes, sin un padre y marido que les sostenga, en su humilde vivienda de Sant Louis. La fijación de la madre es buscar un pretendiente a Laura, de carácter tímido e introvertido, que además arrastra una cojera congénita y se refugia en su colección de animales de cristal.  El propio Tom, empleado en un almacén, está igualmente insatisfecho y se consuela con frecuentes escapadas nocturnas.

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Muchos de los datos que aparecen en “El zoo de vidre” son autobiográficos del propio Williams: así, una madre con un comportamiento histriónico, sobreprotector y preocupada por la apariencia social, un padre ausente (el padre de Tennessee Williams era representante comercial de una empresa de calzado y viajaba mucho), o un trabajo alienante (al cumplir los veintiún años el padre hizo que Williams entrara en la empresa de calzado, ocupación que odiaba y de la que se evadía mediante la escritura); el personaje de Laura está inspirado en la propia hermana del autor, Rose, quien sufría esquizofrenia y como consecuencia de ser sometida a uno de los agresivos tratamientos de la época, quedó ingresada de por vida en una institución.

La obra nos presenta un determinado contexto histórico dominado por la crisis económica y los vientos de guerra que soplaban en Europa (Tom se refiere con admiración a la Guerra Civil española, de la que contrapone la grandiosidad de la lucha contra el fascismo con la gris existencia que lleva en el almacén), contexto que sirve de lejano escenario a las ilusiones rotas de una familia. La tristeza melancólica que impregna la obra queda subrayada por su simbolismo, frecuente en la obra de Tennessee Williams: la frágil Laura tiene como figura favorita de la colección a un delicado unicornio, ser que existe tan poco como el pretendiente que nunca llega; el traje de marinero de Tom,  que abandona también a la madre y hermana en busca de otros puertos, contrasta con la elegancia de Jim, demasiado pragmático para tanta ensoñación; Amanda, la madre, en fin, desempolva un vestido que recuerda tiempos mejores sin lograr producir más que una patética conmiseración. El amor y la familia se truncan como lo hace la figurita de cristal…

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Si Tolstoi decía que todas las familias felices se parecen y que las infelices lo son cada una a su manera, esta pequeña familia  es infeliz porque ha perdido al padre, ha perdido el bienestar económico, y, en fin, ha perdido la esperanza de volver a la sociedad por medio de un matrimonio conveniente para la hija. Es una familia rota y aislada. La llegada de Jim no representa más que una fugaz bocanada de aire que en seguida se desvanece como niebla matutina. La única solución que encuentra Tom es la fuga, pero ella no le trae el olvido, y una vida más tarde, regresa atormentado para contarnos su historia.

Excelente trabajo de los actores, que tenían ante si la difícil tarea de interpretar personalidades muy marcadas, precisamente por el simbolismo de la obra. Y lo consiguen: Miriam Iscla modela una Amanda a ratos patética, a ratos determinada y siempre herida. Dafnis Balduz está soberbio en su interpretación de un melancólico Tom, que ya no se hace ilusiones y asiste al imparable deterioro de su familia con resignación no exenta de cariño. Meritxell Calvo es una Laura cuya fragilidad, su incapacidad para enfrentarse al mundo, no le restan un ápice de bondad y delicadeza. Finalmente, Peter Vives, encarna, al modo de un  magnífico contrapunto,  al joven que aún concibe esperanzas de mejora, entusiasmado con sus clases de oratoria, que nos transmite optimismo y empuje. A pesar de su inequívoco cariño por Laura,  nunca podrá encajar en la desolada familia Wingfield.

“El zoo de vidre” es una encantadora y altamente recomendable representación. Esperamos que tras el 3 de agosto vuelva pronto a la cartelera barcelonesa.

Ignasi y Laura.

Para más información clica abajo:

Web del Teatre Goya Codorníu

Biografía de Tenesse Williams

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