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“Ròmul, el gran”: Hundimiento tragicómico.

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Rómulo Augustulo (“Romulito el Agustino”), nombre peyorativo dado al último emperador de Roma, -y que en realidad era un muchacho quinceañero colocado como testaferro por su padre Orestes-, es presentado en esta obra de un joven Friedrich Dürrenmat (contaba veintipocos años cuando la escribió) con un giro burlesco que pone del revés la figura trágica del personaje (como lo hace el propio título).

La obra de la compañía Els McGregor, bajo la dirección y adaptación de Marta Domingo,  transmite igualmente la frescura y juntevud de su autor y de los componentes de la compañía. Es un espectáculo desenfadado y ágil con gran cantidad de actores y actrices en el escenario y continuas entradas y salidas a cual más disparatada, en un estilo caricaturesco-histórico que recuerda por ejemplo un “Black Adder” o unos “Monty Pyton”.

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Oriol Guinart borda su papel de desencantado y cínico Rómulo, un emperador venido a menos que pone a sus gallinas -que cría en su casa de campo- nombres de sus predecesores en la magistratura, mientras asiste con la más sonada indiferencia a las alarmantes noticias que le llegan sobre el avance de las tropas germánicas y la toma de Pavía. No hemos podido dejar de recordar la tenebrosa interpretación de Bruno Ganz en “Der Untergang” (“El hundimiento”) que relataba una situación parecida,  y aquí podemos ver la otra cara de la moneda: cómo asiste un emperador al hundimiento de su imperio con infantil jolgorio desprovisto de toda la solemnidad y dignidad que requeriría el momento.  Cuando un desesperado soldado Spurius Titus Mamma (Llúís Marqués) intenta que alguien haga algo para parar el desastre sólo recibe la más cordial indiferencia. La mujer de Rómulo, Julia (Lara Correa) tampoco se preocupa demasiado, como no sea por la pérdida de posición y disfrute de bienes materiales que le comportará la caída, igual que la hija Rea (Andrea Martinez).

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Nos han encantado Oreig Canela y Eleazar Masdeu, en su papel de ayudas de cámara del emperador, con unas encantadoras coreografías , y divertídismo igualmente Raül Perales en su histriónico papel de Zenón, el exiliado emperador del Imperio romano oriental que acude como delirante espectador a las últimas horas de su homólogo occiodental, a las que también asisten con abismal incompetencia los ministros del emperador, todos ellos contribuyendo al final de forma a cual más disparatada.

La mordaz obra de Dürrenmat, que caricaturizó los usos políticos de su Suiza natal, toma aquí una vis más bien cómica sin perder la carga reflexiva que jalona sus obras: el imperio es una creación humana, y por tanto imperfecta, víctima de su propios delirios de grandeza y que merece que los mal llamados bárbaros, capitaneados por el caudillo Odoacro, sustituyan el poder romano.  Y precisamente ha de ser un autor que proviene de un país mitad germánico mitad latino el que represente con sorna esa confrontación.

La obra estará en los Baixos del Teatre Tantarantana solamente hasta el día 17 de enero y esperamos con impaciencia ver más adaptaciones de esta prometedora compañía.

Actualización: “Ròmul, el Gran” se podrá volver a ver en los Baixos del Teatre Tantarantana del 28 al 31 de enero.

Ignasi y Laura.

Para más información clica abajo:

Web del Teatre Tantarantana/Información sobre “Ròmul el gran”

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“L’Editto Bulgaro”: El poder y la libertad de expresión.

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La compañía La Calòrica nos presenta en El Maldà “L´Editto Bulgaro”, que se representa en esta sala de Barcelona hasta el 6 de septiembre, dirigida por Israel Solà. El texto, de Joan Yago, está inspirado directamente en los hechos ocurridos en la Italia gobernada por Berlusconi de hace trece años.

Se conoce con el nombre irónico de “Edicto Búlgaro” las palabras de Berlusconi en una rueda de prensa en la capital búlgara el día 18 de abril de 2002, palabras que instaban de modo abierto a la destitución de tres humoristas de la televisión pública italiana.  Las palabras que dan título a la obra fueron literalmente:

“El uso que Biagi, ¿Cómo se llama el otro?, Santoro, y el otro, Luttazzi, han hecho de la televisión pública, pagada con el dinero de todos, es delictivo. Creo que es un deber inequívoco de la nueva dirección (de la RAI) no permitir más lo que ha sucedido.”

Pocos días después los citados humoristas fueron despedidos y sus programas cancelados, lo que ocasionó un gran escándalo ante lo que se interpretó por algunos como un ataque del poder a la libertad de expresión.

Así, se entiende la carga irónica que el nombre edicto conlleva, ya que edicto era una figura legislativa del derecho romano emitida directamente por un magistrado (un pretor, o el propio príncipe). Dando este nombre al comentario, por tanto, se caracterizó a Berlusconi como un magistrado romano que decidía a su libre albedrío.

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La obra, que transcribe entrevistas y comparecencias reales de la época (por ejemplo la entrevista al escritor Marco Travaglio y la comparecencia del director de la RAI dando explicaciones cínicas a las destituciones,  que pretendían atribuirse a bajos índices de audiencia), así como la entrevista al premio nobel de literatura Dario Fo (genial monólogo de Aitor Galisteo) sobre el concepto de “sátira”, supone una interesante reflexión sobre el derecho a la libertad de expresión.

Dario Fo nos enseña por boca de Galisteo que la sátira precisamente no debe tener límites, no tiene una forma determinada, es una crítica ácida que se burla de los personajes elegidos, en especial políticos, y que es más punzante que la mera parodia.

Y en efecto, parece que ante un poder omnímodo, que usa las instituciones muchas veces no como organismos al servicio de los ciudadanos sino como fuente de perpetuación de privilegios, la sátira es una forma idónea de los medios de comunicación para poder tamizar y hasta cierto punto controlar ese poder.  Las reacciones de éste pueden ser tan fulgurantes como la de Berlusconi.

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Aun así, como la escena del directivo de la RAI deja patente, en las democracias occidentales hay un empeño por guardar las formas, por aparentar que la venganza no es tal, sino aplicación de la legalidad. Así, nos dicen que Luttazzi no fue defenestrado por defender la libertad de expresión, sino por hacer política y por injuriar.

En España hemos tenido ejemplos, como la célebre revista que fue multada por injurias a la monarquía. Recordemos las palabras de la sentencia condenatoria del Juzgado Central de la Audiencia Nacional, que finaliza con una buena bronca a los autores de las caricaturas, recordándoles la diferencia legal entre insulto y sátira:

“Y se mantiene la esperanza que una atenta lectura de esta sentencia por los acusados, que han proclamado al hacer uso de su derecho a la última palabra que no tenían conciencia de haber cometido delito alguno, les permita discernir entre la sátira , hasta la mas dura, en la que estarán amparados por sus derechos constitucionales y la pura injuria a las Instituciones de igual clase en que no podrán ampararse en estos derechos pues, como ya se ha dicho, no existe un derecho constitucional al insulto.”

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Así pues, tratar a alguien de vago o de mafioso se considera que excede del derecho a caricaturizar, (aunque todo el mundo pueda estar de acuerdo en esos calificativos).

No podemos estar de acuerdo con esa distinción: los medios de comunicación, si no utilizan directamente las palabras insultantes (por ejemplo “vago” o “mafioso”), deberían poder caricaturizar al menos a personajes públicos como tales.

En cualquier caso, en la obra queda claro que todas esas distinciones legales no son más que excusas para proteger al poder político y económico, como en la genial interpretación de las damas de la alta sociedad interpretadas por los mismos actores (Galisteo, Puig y Francés) que vemos en la función, que tras una inicial timidez se lanzan ávidas a contar chistes de mal gusto, racistas y clasistas.

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Nos ha encantado la gran interpretación de Xavi Francés en su papel de Berlusconi, con unos aires a lo joven Clemenza de el Padrino II, (interpretado por el malogrado Bruno Kirby ). Memorable la escena en que Marc Rius hace de Marco Travaglio (el autor de “L´Olor dels diners”, donde se exponen las liasons dangereuseses de Silvio Berlusconi, entrevistado por el propio Daniele Luttazzi (Arnau Puig, convincente y entregado, como acostumbra).

En definitiva, una excelente oportunidad para quien quiera conocer uno de los escándalos más sonados de la era Berlusconi, interpretado con la solvencia, rigor y amenidad a que La Calòrica nos tiene acostumbrados.

Actualización: “L’Editto Bulgaro” se representará en el Teatro del Barrio de Madrid del 26 al 30 de diciembre.

Ignasi y Laura.

Para más información clica abajo:

Web de El Maldà/Información sobre “L´Editto Búlgaro”

 

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