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A Perfect Circle: Sugerente e irregular retorno.

Catorce años han transcurrido desde que A Perfect Circle publicaran su último trabajo, aquel curioso “Emotive” que contenía versiones de otros artistas con el lazo en común de tratarse de temas con contenido de denuncia política en sus letras. Desde entonces, silencio absoluto. Aunque eso no es algo que debería extrañar sobremanera a los seguidores de alguien como Maynard James Keenan, co-lider de la banda junto al guitarrista y compositor Billy Howerdel. Y es que la trayectoria de Keenan tanto con APC, como con su banda principal Tool, es harto irregular en cuanto a lanzamientos, dilatándose el tiempo entre estos muchísimo.

Sea como sea, “Eat the elephant”, que es como se llama el nuevo trabajo de la banda publicado hace unas semanas, complementa la corta discografía del grupo que consta del ya mencionado “Emotive”, un primer album (“Mer de noms”, 2000) realmente soberbio, y otro (“Thirteen Step”, 2003) más desigual aunque muy interesante.

Podríamos definir la música de A Perfect Circle como una versión más accesible, menos oscura, de Tool (Keenan los ha descrito alguna vez como la formación donde puede dar rienda suelta a la versión femenina de sí mismo, mientras que en Tool sería la masculina la que predominaría); es decir, que la música se mueve entre distintas influencias que van del Metal al Rock alternativo, pero con preeminencia de la melodía. Este “Eat the elephant” (de, por cierto, espantosa portada), apuesta aún más por ella que su predecesores, y por crear atmósferas que se desarrollan con parámetros parecidos a los que definen un estilo como el Rock progresivo.

Así tenemos canciones como la inicial “Eat the elephant”, o la que le sigue, el single “Disillusioned”, donde los teclados adquieren mayor importancia que las  guitarras en relación a trabajos anteriores, y se hace palpable una intención por parte de la banda de sumergir al oyente en un viaje sonoro de intensidad creciente que cristaliza en temas más potentes como el también single “The Doomed”, o “Talk Talk”. Se configura con ello una primera parte del disco realmente brillante.

El problema lo encontramos en lo que podemos llamar la cara B del álbum donde hallamos temas como “Hourglass” que más bien oscila entre el Nu-Metal y una especie de Pop de laboratorio mal cocinado, interludios instrumentales vacíos como “DLB”, o canciones que no llegan a ninguna parte en su experimentación como la final y muy aburrida “Get the lead out”.

El conjunto, pues, acaba convirtiendo este “Eat the Elephant” en un álbum tan sugerente (sobre todo, como ya hemos dicho, en su primera parte), como irregular por momentos, aunque podemos decir que el balance general del disco es bastante positivo.

Hemos querido comentar este álbum de A Perfect Circle porque la banda es una de las que encabeza el cartel del festival “Be Prog My Friend” que se celebra en Barcelona (Poble Espanyol) los días 29 y 30 de junio (estamos seguros de que su concierto superará el listón de su último trabajo), complementándose el evento con artistas del nivel de Steve Hackett (ex miembro de Genesis que suele basar sus conciertos en buena parte en el repertorio de la mítica banda en la que militaron Peter Gabriel o Phil Collins), los excelentes Baroness (uno de los grandes grupos de Rock de la actualidad), los muy inquietantes y creativos Oranssi Pazuzu, o esa especie de superbanda del Rock progresivo que atiende al nombre de Sons of Apollo. Una alineación de nombres, en suma, que configuran una muy atractiva invitación para pasar un gran fin de semana musical en Barcelona.

Ricard.

Web del festival Be Prog My Friend

Os dejamos con un par de vídeos del último disco de “A Perfect Circle”:

En el momento en que publicamos esta entrada nos enteramos de que Maynard James Keenan ha sido acusado de violación, algo que ha caído como un auténtico jarro de agua fría sobre todos los seguidores del artista. Al parecer, los hechos habrían acontecido hace ahora unos 18 años, durante una gira compartida junto a Nine Inch Nails, y habrían ocurrido en el autobús de gira de la formación, donde Keenan podría haber forzado a una joven fan casi 20 años menor que él. Desde nuestra absoluta solidaridad con las víctimas de violación (afortunadamente, cada vez son más las que se animan a denunciar este terrible delito cuando lo han sufrido, lo cual ha activado una cada vez mayor concienciación sobre la violencia de género en nuestra sociedad), nos atenemos a la legítima presunción de inocencia que merece cualquier persona, y al hecho que esta entrada está también dedicada a promocionar un festival donde tocan otros músicos y bandas que nada tienen que ver con este asunto, para mantener este post tal y como estaba previsto.

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Angel Olsen en Barcelona (Sala Barts, 09/05/18): Regreso al intimismo.

El pasado jueves la cantautora norteamericana Angel Olsen hizo honor al festival del cual iba a ser participe (Guitar BCN 2018) presentándose ante el público de la capital catalana con el instrumento al que hace referencia dicho evento, instrumento que no dejo en ningún momento de la velada y que fue su único acompañante durante ésta, pues la artista realizó su actuación sin banda.

Así pues, la cantante inauguró su concierto con “Sans”, corte incluido en su último disco publicado a finales del pasado año, el más que interesante “Phases”. En realidad, el mencionado álbum no es más que una colección de descartes y versiones varias que no había incluido en sus anteriores lanzamientos y que Olsen ha querido dar a conocer, consiguiendo, curiosamente, un trabajo de impecable conjunción.

Y es que las canciones de este disco funcionan muy bien tanto de forma individual como dentro de la secuencia que siguen en el álbum, de forma que en su conjunto, “Phases” no desmerece del resto de la discografía de una artista que, con su anterior trabajo (“My woman”, 2016) ha conseguido acercarse a un público bastante mayoritario que la había ignorado con sus dos primeras referencias (“Half way Home” de 2012, y “Burn your Fire for not Witness” de 2014).

Como si de una pequeña revancha por ello se tratara, tanto su último disco, como la gira que está realizando en la actualidad, vuelven a sacar el lado más intimista y melancólico de la músico, descartando, en el caso de sus actuaciones, los temas del más expansivo y por momentos incluso rockero “My woman”. De esta forma, Olsen parece querer dar a conocer a sus nuevos seguidores cuáles son sus raíces artísticas.

En cualquier caso, Angel Olsen consiguió encandilar al público que prácticamente abarrotaba la sala BARTS con canciones nuevas aún sin pulir, y una gran mayoría de su repertorio primigenio como “Some things cosmic”, “You are song”, “Lonely” o el díptico final en los bises con “Windows” y “White fire”, interpretadas a flor de piel con una voz que puede resultar tan potente como sutil, y una técnica a la guitarra nada desdeñable.

Al margen de la música, Olsen logró crear una sensación de calidez y cercanía con su audiencia gracias a sus ocurrencias contadas entre tema y tema (explicó que quería ir a la playa, comer pinchos y hablar de chicos con amigas como podría hacer cualquier otra joven, o invitó al público a seguir a su gata Violet por Instagram), que contribuyó a dejar con una sonrisa en la boca, una vez terminada la actuación, al respetable que se había acercado a la BARTS.

En resumen, una bonita velada que recordar, y que nos hizo refrendar nuestro interés por una artista de innegable personalidad.

Ricard.

Os dejamos con un concierto completo de esta gran artista, eso sí, en este caso con banda al completo:

Web de Angel Olsen

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LUIS BREA Y EL MIEDO – Sala Almo2bar – Barcelona (24/11/17).

Luis Brea surgió hace unos años como un fenómeno costumbrista de las calles madrileñas de Malasaña o de Alcorcón. Sus letras y estéticas audaces hicieron de él el rey del underground musical madrileño. No parecía que el camino fuera muy largo. Más tarde se transformó, formó un grupo , que se hacen llamar El Miedo, y grabaron su primer album: “Luis Brea y el Miedo”. Letras más intimistas y rock de sonido en el que destaca su enorme producción.

Su segundo album , “Usted se encuentra aquí”, confirma el excelente momento del músico y su banda. Después de hacer explotar la Joy Eslava en Madrid, llegaron en el que es su primer directo en Barcelona de esta gira. En la sala Almo2bar, Luis Brea hizo vibrar a los presentes con un sonido tan duro como trabajado y un repertorio que sólo los presentes recordaremos.

Los versos de sus canciones se cuentan por sentimientos constantes: “perder la ilusión por todo es tenerla por cualquier cosa” reza en “Tres cruces” o “el arañazo de un recuerdo escuece todo el tiempo” en “La casa del misterio”. Pero su demoladora banda no hace más que potenciar y resaltar las bonitas melodías. Es la banda española del momento que ha venido para quedarse. Un concierto inolvidable que reclama repetir en aforos donde Luis explote, esta vez de forma escandalosa, en la capital catalana. Al tiempo. Algunos salimos con los ojos húmedos de la sala.

Jordi Martínez, autor de esta crónica, junto a Luis Brea.

Setlist :

  1. El kraken
  2. Amanece
  3. Como una ola
  4. Discotecas
  5. Más de veinte
  6. Pefecto
  7. Nueva generación
  8. Berlin
  9. La casa del misterio
  10. Mil razones
  11. Tres cruces
  12. Dicen Por ahí
  13. After Crisalida
  14. El verano del incendio
  15. Baso se escribe con V
  16. Automaticamente

Jordi Martinez.

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Joana Serrat: Conexión catalanoamericana.

Parece mentira pero con el disco que queremos comentar aquí, “Dripping springs”, Joana Serrat ha llegado ya a lanzar cuatro trabajos. Y es que, como dice el tópico, el tiempo pasa rápido. Del tiempo, y de otros temas universales con los que el común de los mortales se puede sentir fácilmente identificado, nos viene a hablar la de Vic en este álbum que no hace más que volver a ratificar su gran talento para firmar canciones repletas de autenticidad y belleza. Y es que Joana lo tenía difícil para volver a hechizarnos como lo hizo con su anterior y sobresaliente “Cross the verge” (2016), un trabajo justamente aupado entre los mejores de la cosecha nacional del pasado año, pero lo cierto es que su nuevo disco no le anda a la zaga.

El álbum ha sido lanzado por el sello de la propia cantautora, Great Canyon Records, al cual le debemos también la publicación de discos de artistas como Marta Delmont o Murdoc entre otros (aunque a nivel internacional ha sido el sello británico Loose Music quien se ha encargado de su edición), y lo ha producido todo un referente del sonido Americana como es Israel Nash. Además, en él han colaborado el ingeniero de sonido Ted Young (quien ha llegado a trabajar con los mismísimos Rolling Stones), y también músicos del calibre de Joey y Aaron McClellan, John Fleishmann o Dave Simonett entre otros.

Todo ello no es óbice para que lo que resalte ante todo en este disco sea la personalidad de Joana, quien sigue moviéndose como pez en el agua entre las brumosas aguas de un folk-neocountry ensoñador, que tanto parece poder mirar a Jonny Cash como a unos Beach House acústicos.

Desde el principio, con “Wester cold win” (título más que representativo), Joana marca la pauta de un trabajo del cual no podremos desviar la atención mientras esté sonando. Con una voz templada en la emoción contenida, y una producción que es pura filigrana, la canción crece a lo largo de su recorrido y nos prepara para otros temas que nos sumergen aún más en esa tierra de nadie entre su Vic natal y una América neblinosa y mágica que quizá no exista pero en la que muchos queremos creer pese a todos los sinsabores en forma de desconcertantes noticias que muchas veces nos llegan desde el otro lado del Atlántico.

Es desde ese territorio donde fertilizan canciones como la melancólica “Keep on falling”, la intensa “Farewell”, o la más enérgica “Come Closer”. Temas en general en los que, pese a su clasicismo, Joana no tiene miedo de buscar recovecos que los alejen de un excesiva previsibilidad, llegando, en algún caso, a lidiar incluso con un cierto toque progresivo como ocurre en la dilatada “Unnamed”. Canciones, en cualquier caso, que pese a su hipnótico sonido nos hablan, como ya hemos apuntado, de temas bien humanos como el paso del tiempo, la memoria de aquello que quedó atrás y la necesidad de continuar adelante pese a todo.

Aunque este trabajo es el más americano de cuantos ha lanzado hasta ahora (no en vano está grabado en Texas), uno le diría a Joana si pudiera que en el futuro no tenga miedo de desmadrarse y robustecer aún más su sonido como nos consta que hace en ocasiones en sus maravillosos conciertos. Personalmente me gustaría escuchar una Joana Serrat puramente rockera, en una onda que la acercase a bandas como Drive By-Truckers o incluso el Neil Young más eléctrico (aunque sabemos que es una gran fan del canadiense) sin que, por supuesto, dejara de lado su propia personalidad como artista. Pero no hay de que quejarse; mientras siga entregando trabajos tan bellos como este “Dripping spring” seguiremos creyendo ciegamente en ella.

Ricard.

Os dejamos con la canción que abre el disco:

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IN-EDIT: 15ª Edición de cine documental musical de Barcelona.

De nuevo, desde el 26 de octubre hasta el 5 de noviembre, se celebra el Festival In-Edit dedicado a los documentales musicales, evento que nos encanta y del que hemos ido hablando desde que empezamos con nuestro blog.

En esta nueva edición encontramos una muy variada y suculenta programación que se estructura en distintos bloques que se resumen en:

Sección oficial internacional: la sección competitiva del Festival que reúne grandes trabajos del documental musical traídos de todo el mundo.

Sección nacional: títulos patrios que en algunos casos forman parte de la sección competitiva y en otros no.

Etnia Barcelona presenta la mirada: mini sección dedicada a documentales que nos muestran a artistas que han destacado por su capacidad de innovar.

Excedlents: una selección de documentales escogidos por simple gusto por parte de los creadores-gestores del Festival. Se trata de títulos también muy variopintos y atractivos. Eso sí, fuera de concurso todos ellos.

Km0: una nueva sección del Festival que nos muestra historias cercanas e intenta dar a conocer artistas locales.

Sección premios: documentales que han ganado premios en ediciones extranjeras del In-Edit (recordemos que el evento se ha exportado a otros países como Chile o Colombia, y que se celebra de forma paralela en Madrid).

In-Edit shorts: nueva sección dedicada a cortos.

Muy difícil poder escoger entre todos los títulos que se van a proyectar en el Festival, pero a nosotros no nos gustaría perdernos (y os recomendamos especialmente):

“Faithfull” de Sandrine Bonnaire. Francia. 2017. Documental dedicado Marianne Faithfull quien nos habla de su presente y, por supuesto, su pasado como icono de los 60, desmontando tópicos sobre su figura.

“Liveration day” de Ugis Olte y Morten Traavik. Noruega. 2016. Título que documenta la visita del grupo esloveno Laibach a Corea del Norte. Se trató del primer concierto que una banda de pop occidental realizaba en este país absolutamente impermeable, si es que de libertad de información hablamos. Una oportunidad para adentrarse en una realidad a la vez chocante y fascinante.

The Allins” de Sami Saïf. Dinamarca. 2017. Pocos personajes tan extremos deben haber pasado por la faz de la tierra que puedan compararse a GG Allin. Y sin embargo, el malogrado mito punk tuvo, como casi todo el mundo, una familia que, gracias a este documental del danés Sami Saïf, podremos conocer. Ni que decir tiene que no se trata de una familia convencional.

“Eagles of death metal: nos amis” de Colin Hanks. Estados Unidos. 2015. Un trabajo que nos sitúa cuatros meses después de la terrible tragedia acontecida en la Sala Bataclan de Paris, en la que irrumpieron unos terroristas islamistas disparando indiscriminadamente contra el público que asistía a la actuación de la banda norteamericana Eagles of Death Metal causando un gran número de víctimas inocentes. El grupo regresó al local para realizar ese concierto que sentían que les debían a los parisienses. ¿Cómo puede afectar a un músico haber vivido una experiencia semejante?

“A life in the waves” de Brett Whitcom. Estados Unidos. 2017. Otro retrato femenino, en este caso sobre Susane Cianni, pionera de los sonidos electrónicos cuya personalidad nos resulta de lo más atrayente al margen del interés mayor o menor que podamos tener por la llamada música avanzada.

“Conny Plank – The potential of noise” de Reto Caduff y Stephan Plank. Alemania. 2017. Título dedicado a un productor que supo avanzarse a casi todo, ayudando a crear música a bandas de la escena germánica de los 70 tan variopintas, personales y fascinantes como Kraftwerk, Neu! o Cluster. Considerado como el padre espiritual del krautrock, Conny Plank fue un pionero obsesionado con el trabajo, al que nos acercamos a través de la mirada de su propio hijo Stephan Plank quien dirige el documental junto a Reto Caduff.

Queercore: How to punk a revolution” de Yony Leyser. Alemania. 2017. A mediados de los años 80 se acuñó el concepto “queercore” para dar nombre a un movimiento dentro del punk que criticaba la homofobia que existía en dicho género musical y estético. Auspiciado desde la ciudad de Toronto por artistas como G.B. Jones y Bruce LaBruce, el “queercore” (o “homocore”), impulsaba una nueva y subversiva forma de ver la identidad sexual diseminada por la música de bandas como Tribe 8 y Pansy Division, cuyo legado se extendió a través del movimiento Riot Grrrls y ha tenido influencia en artistas más estándar como Peaches o Gossip.

The Public Image is Rotten” de Tabbert Fiiller. Estados Unidos. 2017. Y terminamos este pequeño repaso con un retrato en primera persona de uno de los grandes iconos del Punk, Johnny Rotten o mejor sería llamarlo John Lydon, de quien se nos cuenta en este documental su reinvención personal y musical al frente de los imprescindibles P.I.L. (En este caso os dejamos con un video-clip de P.I.L. ya que no hemos localizado ningún tráiler del documental).

Ricard.

Información sobre el In-Edit: Programación con horarios.

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The Doors: “The Doors”, 50 aniversario de uno de los mejores debuts de la historia del rock.

Mi primer recuerdo asociado con The Doors  tiene que ver con el cine Savoy, desaparecido hace ya muchos años, y que estaba situado en el Passeig de Gracia de Barcelona, muy cerca de la confluencia con la calle Provença y, por tanto, a pocos metros de la Pedrera de Antoni Gaudí. Hacía muy poco que se había estrenado la película de Oliver Stone que llevaba como título el nombre del grupo (aunque en realidad se centraba más bien en la figura de su líder, Jim Morrison), y precisamente el Savoy proyectaba el film en una sesión de madrugada a la que acudimos un sábado. Recuerdo de forma nítida el cartel de luces de neón verdes de la sala o la pequeña galería previa a las taquillas con sus expositores de vidrio a un lado y otro repletos de posters y fotografías de películas. Así mismo, me viene a la cabeza que durante la proyección del film había gente bebiendo cerveza o fumando porros sin ningún tipo de pudor. También que aquella noche, tras ver la película, la persona que me había acompañado y yo pasamos un largo rato de apasionado diálogo sobre ella en un pub de la calle Balmes.

Para nosotros, que apenas estábamos entrando en la veintena, The Doors eran una banda mítica muy alejada en el tiempo. Dado que el grupo estaba inactivo desde el fallecimiento de su cantante en 1971, no conocíamos especialmente su música más allá de sus dos o tres mayores hits clásicos. No ocurría como con Lou Reed o Neil Young, músicos de la misma quinta que los integrantes del grupo, que en aquellos tiempos (finales de los 80,s principios de los 90,s) acababan de publicar grandes trabajos que podían servir de punto de enganche para profundizar en sus respectivas discografías. Así las cosas, la visualización de una película como “The Doors” supuso toda una revelación para nosotros, aunque, revisado muchos años después, el film nos resulte un tanto hiperbólico y nos parezca que, en no pocos momentos, roce incluso lo ridículo por su empeño de mostrar a Jim Morrison, no como un ser humano normal (por muy genial que fuese) sino como alguien exageradamente excesivo, en permanente estado de alucinación lisérgica, y poco menos que capaz de adentrarse, literalmente, por dimensiones espirituales inaccesibles para el resto de personas.

Con todo, y como ya hemos apuntado, el film (aún impactante visualmente y con una gran banda sonora que incluye también algún tema de The Velvet Underground o el famoso y anónimo “Carmina Burana”), tiene el mérito de haber impulsado a muchos, como nosotros mismos, a querer escuchar más y más música de The Doors, y a intentar conocer hasta el último detalle de la historia de la banda, y muy particularmente de su carismático líder. Lo obvio en el caso de The Doors era empezar con su primer y homónimo álbum, dado que probablemente es el trabajo de la formación que incluye sus canciones más populares, y ese fue precisamente el primer disco que me compré. Justamente ahora, con la excusa del 50 aniversario de su lanzamiento, ha sido reeditado, y hemos querido rememorar esta gran obra discográfica como ya hemos hecho con otros grandes títulos de la historia de la música popular.

Publicado el 7 de febrero de 1967, “The Doors” se lanzó dos años después de la génesis de la banda, la cual, según cuenta la leyenda, se originó tras el encuentro en la playa californiana de Venice del futuro teclista del grupo Ray Manzarek, y de Jim Morrison (ambos habían sido estudiantes de teatro y cine en la universidad de UCLA). La conexión entre ambos fue inmediata y se cuenta que la conversación se alargó durante horas y terminó cuando Morrison recitó “Moonlight drive”, poema que con los años se convertiría en una de las canciones del grupo. Fue en ese instante cuando Manzarek decidió crear la banda.

Pocas semanas después, los dos amigos ya estaban grabando algunas maquetas con la colaboración de algunos conocidos músicos locales, entre los cuales, el batería Jon Densmore quien poco después se convertiría en miembro permanente del grupo. Meses más tarde se les uniría el guitarrista (aún primerizo) Robbie Krieger. Con él se completaría una de las formaciones definitivas del rock.

Cogiendo el nombre para la banda del libro de Aldous Huxley “The doors of perception”, que a su vez se había inspirado en un texto de William Blake, The Doors consiguieron un primer contrato discográfico con Columbia que se rompió al no conseguir el sello un productor que pudiera grabar el disco de debut de la formación.

Mientras el grupo no conseguía registrar un álbum, empezó a componer canciones que sí tocaban en directo en clubs emblemáticos de California como el Wisky a Go Go o el London Fog. Parece ser que durante una de esas actuaciones, Arthur Lee, líder de los también imprescindibles Love, los vio y fue él quien recomendó la banda a los magnates de su sello discográfico, Elektra.

De esta forma, el grupo pudo grabar su inmejorable debut, un total de 11 canciones, en tan solo 6 días (tan por la mano tenían los temas), a finales de 1966. Con la producción de Paul A. Rotchild, y teniendo a Bruce Botnick como ingeniero de sonido, realizaron las sesiones con una mesa de tan solo cuatro pistas.

El primer single escogido para promocionar el álbum fue “Break on through (to the other side)”, que, pese a que no fue un gran éxito, ahora es considerada uno de los temas más reconocibles del grupo. “Light my fire”, elegido como segundo sencillo, sí obtuvo bastante repercusión siendo una de las canciones que, por tener el órgano de Manzarek en primer plano, se pueden estimar más representativas de lo que podríamos llamar el sonido The Doors. Y es que aún hoy en día, se puede considerar a la banda una formación atípica, con, tal y como hemos dicho, el sonido de tintes psicodélicos del órgano en primer plano (junto a la grave y expresiva voz de Morrison), substituyendo además el sonido del bajo el cual solo en estudio era asumido por algún músico de sesión. Si juntamos a todo ello el preciso sonido blues de la guitarra, y los ritmos de la batería, a menudo navegando por sutiles arreglos jazzísticos, podemos decir que The Doors es una de las formaciones más sui generis de la historia de la música popular.

El éxito del álbum se acabaría apuntalando con canciones como ‘The crystal ship”, “Twentieth century fox”, “I looked at you”, “End of the night” y “Take it as it comes”, todas ellas originales, y versiones tan acertadas como “Alabama song (Whisky bar)”, tema que dieran a conocer Bertolt Bretch y Kurt Weill en 1927, y “Back door man”, un corte blues compuesto por Willie Dixon y que popularizó Howlin’ Wolf.

Aunque la canción que probablemente más destaca del disco es la que lo cierra, “The end”, un tema largo, hipnótico, de letra tan hermosamente poética como misteriosa (las letras de Jim Morrison son, obviamente, otra de los logros a destacar del trabajo), con connotaciones incluso freudianas.

Finalmente, el álbum consiguió auparse al segundo puesto de la lista de discos más vendidos en los USA, situándose solo por debajo del “Sgt Peppers’s Lonely Hearts Club Band” de The Beatles. Un éxito expandido en el tiempo, de forma que el trabajo acumula más de 20 millones de copias despachadas.

Ahora, como ya hemos dicho anteriormente, se reedita, como suele ocurrir con los aniversarios redondos de muchos grandes discos de la historia, en formato de lujosa boxset que incluye el álbum remasterizado en stereo, la mezcla en mono, una versión en vinilo de dicha mezcla, y un disco en directo grabado el 7 de marzo del año en que se editó por primera vez “The Doors”, en la sala The Matrix de San Francisco. El lanzamiento se completa con un libro fotográfico, y anotaciones de David Fricke, conocido crítico de la revista Rolling Stone.

Sea en una presentación como la descrita, o sea en su formato de álbum (vinilo o cd) más sencillo, o incluso escuchado en streaming… de la forma que sea, “The doors” nos espera una y otra vez para abrirnos, ciertamente, nuevas puertas de percepción sonora, como ocurre, de hecho, con el resto de la discografía (en total, cinco disco más si nos ceñimos estrictamente a lo que The Doors publicó antes de la muerte de su cantante en Paris en 1971) de una banda tan singular como irrepetible.  Este verano os recomendamos que buena parte de vuestra banda sonora sea la que nos ofrece el legado de este grupo de inmarchitable recuerdo.

Ricard.

Os dejamos con un concierto completo de The Doors:

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Ryan Adams: Notable artesanía rock.

Dentro del interesante cartel del Festival Cruïlla que se va a celebrar en Barcelona el próximo mes de julio, destaca para nosotros el nombre de Ryan Adams, quien vendrá a presentar su último disco “Prisioner”.

Músico incontinente donde los haya (suma ya una veintena de álbumes en poco más de 20 años si contamos los que grabó con su primera banda Wiskeytown), Adams se ha caracterizado por poner en primera línea un estilo de rock enraizado en el country, el folk, o el blues (eso que algunos denominarían “Americana”), deudor de gigantes de este estilo como Bruce Springsteen o Tom Petty.

Si bien ninguno de los álbumes que ha publicado el músico nacido en 1974 en Jacksonville (Florida) se puede comparar a las grandes obras de los antes mencionados, sí se puede estimar la carrera de Adams, vista en perspectiva, como más que interesante, siendo probablemente sus primeros trabajos en solitario, “Heartbreaker” (2000) y “Gold” (2001), los que más siguen destacando de su dilatada discografía. Además, se puede considerar que ha sabido cultivarse una cierta imagen cool (algo parecido a lo logrado por un artista de similar edad y características estilísticas, aunque a la postre más personal en lo musical como es Jack White), que lo hacen atractivo para muy distintos tipos de público: desde el más indie al más rockero, y desde el más joven al más maduro que puede tener como referencias musicales clásicas los nombres mencionados en el párrafo anterior.

En su último lanzamiento observamos que se subraya un cierto giro estilístico que empezó a vislumbrarse en su disco homónimo “Ryan Adams” (2015) y que siguió configurándose en el curioso “1989” (2015), álbum que versionaba íntegramente el disco del mismo nombre de la estrella del Pop Taylor Swift. Nos referimos sobre todo a un trabajo de producción que nos hace pensar inevitablemente en los años 80: desde el Springsteen de “Born in the USA” (1984) o “Tunnel of love” (1987), a (por qué no decirlo) los primeros álbumes de Bryan Adams; títulos nada desdeñables como “Cuts like a Knife” (1983), “Reckless” (1984), o “Into the fire” (1987). Tampoco es gratuito comparar lo que hace Ryan Adams en la actualidad con bandas del estilo de The War on Drugs.

En cualquier caso, “Prisioner” se inspira en la tormentosa ruptura amorosa sufrida por el músico de Florida recientemente, así como por ciertos problemas de salud que le han mantenido en vilo de un tiempo a esta parte, siendo el tono general del trabajo más bien melancólico, aunque no exento de músculo rockero. En este sentido, hay en el álbum canciones muy asequibles, con cierto aroma AOR, como el primer single “Do you still love me?”, o “Anything I say to you now”. También cortes que se acercan al pop y que nos pueden recordar un tanto a The Smiths como es el caso de la canción que da nombre al disco: “Prisioner”. Por otro lado, temas como “Shiver and shake”, “Breakdown” o “Broken anyway” son de esos que crecen con las escuchas, y que pertenecen a un compositor que forma parte de esa estirpe de músicos que podríamos considerar brillantes artesanos del rock.

En suma, un trabajo variado, muy compensado y que podríamos incluir ya entre la media docena de títulos más destacables de su autor. Ahora solo queda corroborar las nuevas canciones en directo. Nuestra ocasión de escucharlas en tal tesitura, como hemos dicho, será en el próximo Festival Cruïlla, a celebrar en Barcelona los días 7, 8 y 9 de julio.

Ricard.

Para más información sobre el Festival Cruïlla Barcelona clica abajo:

Web del Cruïlla

Os dejamos con el vídeo de presentación del último disco de Ryan Adams:

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