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The Doors: “The Doors”, 50 aniversario de uno de los mejores debuts de la historia del rock.

Mi primer recuerdo asociado con The Doors  tiene que ver con el cine Savoy, desaparecido hace ya muchos años, y que estaba situado en el Passeig de Gracia de Barcelona, muy cerca de la confluencia con la calle Provença y, por tanto, a pocos metros de la Pedrera de Antoni Gaudí. Hacía muy poco que se había estrenado la película de Oliver Stone que llevaba como título el nombre del grupo (aunque en realidad se centraba más bien en la figura de su líder, Jim Morrison), y precisamente el Savoy proyectaba el film en una sesión de madrugada a la que acudimos un sábado. Recuerdo de forma nítida el cartel de luces de neón verdes de la sala o la pequeña galería previa a las taquillas con sus expositores de vidrio a un lado y otro repletos de posters y fotografías de películas. Así mismo, me viene a la cabeza que durante la proyección del film había gente bebiendo cerveza o fumando porros sin ningún tipo de pudor. También que aquella noche, tras ver la película, la persona que me había acompañado y yo pasamos un largo rato de apasionado diálogo sobre ella en un pub de la calle Balmes.

Para nosotros, que apenas estábamos entrando en la veintena, The Doors eran una banda mítica muy alejada en el tiempo. Dado que el grupo estaba inactivo desde el fallecimiento de su cantante en 1971, no conocíamos especialmente su música más allá de sus dos o tres mayores hits clásicos. No ocurría como con Lou Reed o Neil Young, músicos de la misma quinta que los integrantes del grupo, que en aquellos tiempos (finales de los 80,s principios de los 90,s) acababan de publicar grandes trabajos que podían servir de punto de enganche para profundizar en sus respectivas discografías. Así las cosas, la visualización de una película como “The Doors” supuso toda una revelación para nosotros, aunque, revisado muchos años después, el film nos resulte un tanto hiperbólico y nos parezca que, en no pocos momentos, roce incluso lo ridículo por su empeño de mostrar a Jim Morrison, no como un ser humano normal (por muy genial que fuese) sino como alguien exageradamente excesivo, en permanente estado de alucinación lisérgica, y poco menos que capaz de adentrarse, literalmente, por dimensiones espirituales inaccesibles para el resto de personas.

Con todo, y como ya hemos apuntado, el film (aún impactante visualmente y con una gran banda sonora que incluye también algún tema de The Velvet Underground o el famoso y anónimo “Carmina Burana”), tiene el mérito de haber impulsado a muchos, como nosotros mismos, a querer escuchar más y más música de The Doors, y a intentar conocer hasta el último detalle de la historia de la banda, y muy particularmente de su carismático líder. Lo obvio en el caso de The Doors era empezar con su primer y homónimo álbum, dado que probablemente es el trabajo de la formación que incluye sus canciones más populares, y ese fue precisamente el primer disco que me compré. Justamente ahora, con la excusa del 50 aniversario de su lanzamiento, ha sido reeditado, y hemos querido rememorar esta gran obra discográfica como ya hemos hecho con otros grandes títulos de la historia de la música popular.

Publicado el 7 de febrero de 1967, “The Doors” se lanzó dos años después de la génesis de la banda, la cual, según cuenta la leyenda, se originó tras el encuentro en la playa californiana de Venice del futuro teclista del grupo Ray Manzarek, y de Jim Morrison (ambos habían sido estudiantes de teatro y cine en la universidad de UCLA). La conexión entre ambos fue inmediata y se cuenta que la conversación se alargó durante horas y terminó cuando Morrison recitó “Moonlight drive”, poema que con los años se convertiría en una de las canciones del grupo. Fue en ese instante cuando Manzarek decidió crear la banda.

Pocas semanas después, los dos amigos ya estaban grabando algunas maquetas con la colaboración de algunos conocidos músicos locales, entre los cuales, el batería Jon Densmore quien poco después se convertiría en miembro permanente del grupo. Meses más tarde se les uniría el guitarrista (aún primerizo) Robbie Krieger. Con él se completaría una de las formaciones definitivas del rock.

Cogiendo el nombre para la banda del libro de Aldous Huxley “The doors of perception”, que a su vez se había inspirado en un texto de William Blake, The Doors consiguieron un primer contrato discográfico con Columbia que se rompió al no conseguir el sello un productor que pudiera grabar el disco de debut de la formación.

Mientras el grupo no conseguía registrar un álbum, empezó a componer canciones que sí tocaban en directo en clubs emblemáticos de California como el Wisky a Go Go o el London Fog. Parece ser que durante una de esas actuaciones, Arthur Lee, líder de los también imprescindibles Love, los vio y fue él quien recomendó la banda a los magnates de su sello discográfico, Elektra.

De esta forma, el grupo pudo grabar su inmejorable debut, un total de 11 canciones, en tan solo 6 días (tan por la mano tenían los temas), a finales de 1966. Con la producción de Paul A. Rotchild, y teniendo a Bruce Botnick como ingeniero de sonido, realizaron las sesiones con una mesa de tan solo cuatro pistas.

El primer single escogido para promocionar el álbum fue “Break on through (to the other side)”, que, pese a que no fue un gran éxito, ahora es considerada uno de los temas más reconocibles del grupo. “Light my fire”, elegido como segundo sencillo, sí obtuvo bastante repercusión siendo una de las canciones que, por tener el órgano de Manzarek en primer plano, se pueden estimar más representativas de lo que podríamos llamar el sonido The Doors. Y es que aún hoy en día, se puede considerar a la banda una formación atípica, con, tal y como hemos dicho, el sonido de tintes psicodélicos del órgano en primer plano (junto a la grave y expresiva voz de Morrison), substituyendo además el sonido del bajo el cual solo en estudio era asumido por algún músico de sesión. Si juntamos a todo ello el preciso sonido blues de la guitarra, y los ritmos de la batería, a menudo navegando por sutiles arreglos jazzísticos, podemos decir que The Doors es una de las formaciones más sui generis de la historia de la música popular.

El éxito del álbum se acabaría apuntalando con canciones como ‘The crystal ship”, “Twentieth century fox”, “I looked at you”, “End of the night” y “Take it as it comes”, todas ellas originales, y versiones tan acertadas como “Alabama song (Whisky bar)”, tema que dieran a conocer Bertolt Bretch y Kurt Weill en 1927, y “Back door man”, un corte blues compuesto por Willie Dixon y que popularizó Howlin’ Wolf.

Aunque la canción que probablemente más destaca del disco es la que lo cierra, “The end”, un tema largo, hipnótico, de letra tan hermosamente poética como misteriosa (las letras de Jim Morrison son, obviamente, otra de los logros a destacar del trabajo), con connotaciones incluso freudianas.

Finalmente, el álbum consiguió auparse al segundo puesto de la lista de discos más vendidos en los USA, situándose solo por debajo del “Sgt Peppers’s Lonely Hearts Club Band” de The Beatles. Un éxito expandido en el tiempo, de forma que el trabajo acumula más de 20 millones de copias despachadas.

Ahora, como ya hemos dicho anteriormente, se reedita, como suele ocurrir con los aniversarios redondos de muchos grandes discos de la historia, en formato de lujosa boxset que incluye el álbum remasterizado en stereo, la mezcla en mono, una versión en vinilo de dicha mezcla, y un disco en directo grabado el 7 de marzo del año en que se editó por primera vez “The Doors”, en la sala The Matrix de San Francisco. El lanzamiento se completa con un libro fotográfico, y anotaciones de David Fricke, conocido crítico de la revista Rolling Stone.

Sea en una presentación como la descrita, o sea en su formato de álbum (vinilo o cd) más sencillo, o incluso escuchado en streaming… de la forma que sea, “The doors” nos espera una y otra vez para abrirnos, ciertamente, nuevas puertas de percepción sonora, como ocurre, de hecho, con el resto de la discografía (en total, cinco disco más si nos ceñimos estrictamente a lo que The Doors publicó antes de la muerte de su cantante en Paris en 1971) de una banda tan singular como irrepetible.  Este verano os recomendamos que buena parte de vuestra banda sonora sea la que nos ofrece el legado de este grupo de inmarchitable recuerdo.

Ricard.

Os dejamos con un concierto completo de The Doors:

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“Barcelona Minority World” de Albert Franquesa: Distopía plausible.

Hace unas semanas, coincidiendo con la Diada de Sant Jordi, realizamos una serie de recomendaciones literarias entre las que se encontraba “Barcelona Minority World”, primera novela publicada del escritor nacido en Barcelona en 1974, Albert Franquesa. El libro, editado por Sven Jorgensen, supone la irrupción con fuerza de un autor con muchas cosas que decir.

Situada en un futuro inmediato en una Barcelona dominada por el turismo de masas, asolada por desastres naturales y en un contexto social, laboral y económico precario para la mayoría, la novela tiene como protagonista a Víctor (acaso un sosias del propio escritor), personaje situado en la horquilla de edad que va entre los 35 y 45 años, y que bien podríamos considerar como perteneciente a la llamada Generación X, ya oscilando entre esa fina línea que separa la juventud de la madurez.

Víctor, que es quien nos cuenta en primera persona sus peripecias, se ve acompañado por una serie de personajes que Franquesa perfila de manera brillante y que en conjunto pueden configurar un buen collage representativo de distintos arquetipos de persona en los que muchos se podrán sentir representados.

Con una prosa ágil pero musculosa, muy trabajada, la novela está muy bien estructurada, y resulta al mismo tiempo de lectura amena y densa en cuanto al substrato crítico que tiene. Es este un libro de ideas que nos sitúa en una distopía plausible, y nos hace cuestionar, ya no el futuro de nuestra ciudad, Barcelona, sino el mismo presente, aunque también se podría extrapolar lo que sucede en ella a otras tantas localidades del mundo occidental.

En suma, un gran libro que os queremos más que recomendar. Hace unos días tuve la suerte de ser invitado por el propio Albert Franquesa a acompañarlo a una presentación de su libro en la librería Gigamesh de la calle Bailen de Barcelona. El resultado lo podéis ver en el vídeo que tenéis a continuación y que os puede servir para conocer mucho más sobre esta magnífica novela y su autor:

Así mismo os dejamos un enlace a la web de la editorial Sven Jorgensen en la cual podéis solicitar un ejemplar del libro:

Web de Editorial Sven Jorgensen

Y aquí tenéis también la posibilidad de acceder al blog personal de Albert Franquesa donde cuelga escritos que en cierta forma complementan a la novela:

Blog de Albert Franquesa

Ricard.

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Ryan Adams: Notable artesanía rock.

Dentro del interesante cartel del Festival Cruïlla que se va a celebrar en Barcelona el próximo mes de julio, destaca para nosotros el nombre de Ryan Adams, quien vendrá a presentar su último disco “Prisioner”.

Músico incontinente donde los haya (suma ya una veintena de álbumes en poco más de 20 años si contamos los que grabó con su primera banda Wiskeytown), Adams se ha caracterizado por poner en primera línea un estilo de rock enraizado en el country, el folk, o el blues (eso que algunos denominarían “Americana”), deudor de gigantes de este estilo como Bruce Springsteen o Tom Petty.

Si bien ninguno de los álbumes que ha publicado el músico nacido en 1974 en Jacksonville (Florida) se puede comparar a las grandes obras de los antes mencionados, sí se puede estimar la carrera de Adams, vista en perspectiva, como más que interesante, siendo probablemente sus primeros trabajos en solitario, “Heartbreaker” (2000) y “Gold” (2001), los que más siguen destacando de su dilatada discografía. Además, se puede considerar que ha sabido cultivarse una cierta imagen cool (algo parecido a lo logrado por un artista de similar edad y características estilísticas, aunque a la postre más personal en lo musical como es Jack White), que lo hacen atractivo para muy distintos tipos de público: desde el más indie al más rockero, y desde el más joven al más maduro que puede tener como referencias musicales clásicas los nombres mencionados en el párrafo anterior.

En su último lanzamiento observamos que se subraya un cierto giro estilístico que empezó a vislumbrarse en su disco homónimo “Ryan Adams” (2015) y que siguió configurándose en el curioso “1989” (2015), álbum que versionaba íntegramente el disco del mismo nombre de la estrella del Pop Taylor Swift. Nos referimos sobre todo a un trabajo de producción que nos hace pensar inevitablemente en los años 80: desde el Springsteen de “Born in the USA” (1984) o “Tunnel of love” (1987), a (por qué no decirlo) los primeros álbumes de Bryan Adams; títulos nada desdeñables como “Cuts like a Knife” (1983), “Reckless” (1984), o “Into the fire” (1987). Tampoco es gratuito comparar lo que hace Ryan Adams en la actualidad con bandas del estilo de The War on Drugs.

En cualquier caso, “Prisioner” se inspira en la tormentosa ruptura amorosa sufrida por el músico de Florida recientemente, así como por ciertos problemas de salud que le han mantenido en vilo de un tiempo a esta parte, siendo el tono general del trabajo más bien melancólico, aunque no exento de músculo rockero. En este sentido, hay en el álbum canciones muy asequibles, con cierto aroma AOR, como el primer single “Do you still love me?”, o “Anything I say to you now”. También cortes que se acercan al pop y que nos pueden recordar un tanto a The Smiths como es el caso de la canción que da nombre al disco: “Prisioner”. Por otro lado, temas como “Shiver and shake”, “Breakdown” o “Broken anyway” son de esos que crecen con las escuchas, y que pertenecen a un compositor que forma parte de esa estirpe de músicos que podríamos considerar brillantes artesanos del rock.

En suma, un trabajo variado, muy compensado y que podríamos incluir ya entre la media docena de títulos más destacables de su autor. Ahora solo queda corroborar las nuevas canciones en directo. Nuestra ocasión de escucharlas en tal tesitura, como hemos dicho, será en el próximo Festival Cruïlla, a celebrar en Barcelona los días 7, 8 y 9 de julio.

Ricard.

Para más información sobre el Festival Cruïlla Barcelona clica abajo:

Web del Cruïlla

Os dejamos con el vídeo de presentación del último disco de Ryan Adams:

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“Molt soroll per res”: Eternamente enamorados de Shakesperare.

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En el Àtic22 del Teatre Tantarantana se puede ver estos días una adaptación de “Molt soroll per res”, inmarchitable comedia de William Shakespeare, adaptada en esta ocasión a una puesta en escena casi minimalista como corresponde al espacio donde se representa.

Con tan solo 4 personajes en el escenario, interpretados de forma entregada por Anna Bertran, Eloi Gomez, Oscar Romera y Marantònia Salas (Cia Amyralira), el espectáculo va al hueso de la obra; esto es, las vicisitudes amorosas de 2 parejas, incomunicaciones, equívocos, malentendidos, rupturas y reconciliaciones, mostradas de forma ligera y alegre (la mayor parte del tiempo), con el ingenio textual propio del gran bardo inglés.

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Siendo un trabajo de pequeño formato, cabe destacar la manera tan inteligente y francamente divertida o incluso poética en que se utilizan los pocos medios escénicos que vemos: una simple bolsa de plástico, unas velas artificiales, unas sombras proyectadas por detrás de un gran paraguas blanco… Debemos achacar buena parte del mérito de ello a la ajustada dirección de Gemma Sangerman.

También queremos destacar la hermosa traducción al catalán de Salvador Oliva que pone en solfa todos los matices y juegos de significados del texto original, añadiendo más profundidad a los 4 personajes en escena, y otorgando si cabe un mayor protagonismo a las intérpretes femeninas. En este sentido, constatamos una vez más la imperturbable modernidad de la obra shakesperiana, siempre adaptable a los tiempos actuales en cualquier formato que uno pueda imaginar.

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Son trabajos como éste los que dan auténtico músculo cultural a una ciudad como Barcelona. Felicitamos a todos los participantes en este espectáculo que nos ha hecho pasar un gran rato y nos ha hecho recordar una vez más por qué estaremos eternamente enamorados de Shakespeare.

“Molt soroll per res” se puede ver hasta el próximo 2 de abril, aunque esperamos que se prorrogue o se vuelva a representar en el futuro. Os recomendamos encarecidamente que no os la perdáis.

Ricard.

Para más información clica abajo:

Web del Teatre Tantarantana – Información sobre “Molt soroll per res”

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“The night of”: Insuperable ficción televisiva.

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Ya hablamos hace algún tiempo de “Show me a hero”, miniserie de la cadena HBO (como hemos reiterado en diversas ocasiones en nuestro blog, famosa por estar tras la producción de series como “The sopranos”, “The wire”, “Juego de tronos” o más recientemente la irregular pero apreciable “Westworld”), y hoy enfocamos nuestra atención en otra ficción salida de esta gran factoría televisiva, referente ineludible en los últimos tres lustros largos en lo que tiene que ver con la producción audiovisual. Nos referimos a la extraordinaria “The night of”.

La mención inicial a “Show me a hero” no solo tiene que ver con el hecho que HBO esté detrás de las dos series; también comparten ambas producciones algunas particularidades. Para empezar se trata de series de una única temporada y con pocos episodios (6 en el caso de “Show me a hero”, 8 en el de “The night of”). Además, en ambas está clara la ambición de llegar más allá del mero entretenimiento y ser obras que radiografíen en cierta forma mucho de lo que está ocurriendo en el ámbito socio-político actual en los Estados Unidos, si bien “Show me a hero” se basa en un caso real acontecido en los años 80, mientras que “The night of” es una ficción total situada temporalmente en la actualidad.

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“The nigt of” es una serie que se inspira a su vez en otra producción televisiva, la británica “Criminal justice”, y ha sido ideada por Steve Zaillan y Richard Price, ambos con experiencia contrastada en el mundo del cine y la televisión. Inicialmente iba a estar protagonizada por el malogrado James Gandolfini, inolvidable Tony Soprano en la serie de las series (junto a “The wire”) “The sopranos”. Sin embargo, tras la desaparición del añorado actor (quien luce como productor ejecutivo a título póstumo en los preciosos títulos de crédito de la serie) se barajaron varios nombres para substituirlo, incluyendo alguno tan insigne como el de Robert de Niro. Sin embargo, la repleta agenda de De Niro, y la negativa de otros intérpretes, hizo que el papel fuese a caer finalmente en John Turturro, quien, pese a tener dudas en un principio sobre si aceptarlo o no, se acabó incorporando al elenco de actores y actrices que forman parte del esplendido reparto de la producción.

Hacemos referencia en particular a Turturro y a su protagonismo porque es sobre él y su personaje sobre lo que pivota buena parte del éxito artístico de “The night of”. Sin él y su increíble trabajo interpretativo, de deslumbrante naturalidad, probablemente la serie resultaría muchísimo menos interesante, y el tono de la realización, mucho más grave y denso de lo que acaba siendo para el espectador. Su abogado “buscavidas”, de tintes entre patéticos y entrañables, merece entrar de pleno en una galería de los grandes personajes de ficción de los últimos años, ya no televisivos, sino de cualquier medio en general.

El argumento de “The night of”, sobre el que no queremos alargarnos mucho, se centra en el caso de un estudiante neoyorkino, de ascendencia pakistaní, al que se acusa del brutal asesinato de una chica. Durante el primer episodio de la serie seremos testigos de las circunstancias que llevan al joven a la acusación, y cómo aparentemente parece tenerlo todo (pruebas, testimonios, agravantes) en contra. Al final de dicho episodio, aparece el personaje de Turturro, quien de forma prácticamente casual asumirá la defensa del chico.

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“The night of” sigue la estructura de una gran ficción clásica. Se diría que podría ser una película o una novela en ocho capítulos. Con una linealidad temporal absoluta pues, y una economía de medios narrativos total (dicho sea en el mejor sentido). Los personajes están perfectamente retratados en el guión de la serie y en su puesta en escena, algo, esto último, a lo que contribuye su reparto, empezando por el mencionado abogado de Turturro, y pasando por el estudiante acusado del crimen (el ascendente Riz Ahmed), el policía veterano que interpreta Bill Camp (otro de esos actores que, lejos de ser estrellas, no pasan inadvertidos en cualquier aparición en pantalla que hagan), la abogada de origen indio que encarna con un trabajo lleno de matices la británica (con raíces familiares en Sri-Lanka) Amara Karan, y el siempre imponente Michael K. Williams, a quien recordamos especialmente por su trabajo como el gánster homosexual Omar Little en “The Wire” y que aquí interpreta un personaje con puntos en común con aquél.

Con una espléndida fotografía que podríamos calificar de hiperrealista, deudora de aquellos grandes filmes de los años 70 firmados por directores de la talla de Martin Scorsese o Sydney Lumet, en los que, en parte, “The night of” parece inspirarse, y con una maravillosa banda sonora, la serie es ante todo una gran historia de intriga, con generosas dosis de drama (se diría que de ecos dostoievskianos) y ramalazos de comedia, que engancha irremediablemente al espectador casi desde el primer instante. Pero también, como hemos apuntado al principio al compararla con “Show me a hero”, tiene la ambición de retratar una sociedad (la norteamericana, pero en realidad podría ser casi cualquiera del mundo occidental; solo hay que ver lo que está ocurriendo actualmente en países como Holanda o Francia) en un estado permanente de histeria y paranoia, devorada por los mensajes de odio al diferente que han llevado al poder al más reaccionario y ultraconservador presidente de los Estados Unidos en toda su historia.

En definitiva, “The night of” es, sencillamente, una insuperable ficción televisiva. No os la perdáis.

Ricard.

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“Mirta en espera”: Gran espectáculo de pequeño formato.

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Barcelona es una ciudad en la que la oferta cultural oscila muchas veces entre lo que podríamos llamar cultura popular de calle, el gran evento “cool” a lo Primavera Sound, o la endogamia (especialmente en las artes escénicas) en cuanto se refiere a un circuito de creadores y público que parece retroalimentarse continuamente y que a menudo no permite ver que haya algo más que pueda ser igual o más interesante que las obras que ofrecen aquellos que podríamos llamar “sospechosos habituales”. Por eso no es sencillo sacar adelante espectáculos de pequeño formato como el que está llevando a cabo Ángela Palacios (Logroño, 1984), autora, actriz y desde hace dos años máxima responsable de la plataforma de creación multidisciplinar “Los espejos son para mirarse”, en el emblemático Teatre Llantiol de la calle Riereta.

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Mirta en espera”, que es como se titula la obra en cuestión, es en realidad un monólogo, con una única actriz pues en escena (aunque acompañada en algunas representaciones por una persona que traduce la obra a la lengua de signos; un hecho del que nos felicitamos), con ramalazos de musical (la propia Ángela interpreta las canciones), y con la mirada puesta también en el mundo de los clowns.

El personaje que se nos presenta es una actriz a la espera de un representante con el que se ha citado en un banco de algún punto de la ciudad. Durante el tiempo que está en el escenario sabremos de su vida, de sus esperanzas de ser reconocida algún día como una gran intérprete (con premio Oscar incluido), de sus sinsabores en el amor…

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Es “Mirta en espera” una obra con momentos de muy conseguida comicidad, pero en su interior subyace una cierta tristeza; la de los sueños rotos, el autoengaño, la incapacidad para comunicarse con otros, doblemente frustrante en el caso de alguien que precisamente quiere expresar emociones, sentimientos e ideas a los demás a través de su arte. Mirta es una actriz, pero cualquiera puede sentirse fácilmente identificada con ella, y en eso reside el éxito de la obra. En eso y en la chispeante interpretación de Ángela Palacios. No resulta nada fácil que un actor o actriz pueda sustentar por si solo una obra durante más de hora y cuarto sin que decrezca ni un momento el interés por parte del espectador sobre aquello que está viendo y escuchando. Si hay justicia en este mundo, le auguramos un gran futuro profesional a Ángela; está claro que talento, tanto como autora como intérprete, lo tiene a raudales.

Ricard.

Os invitamos a asistir a alguna de las pocas representaciones que aún quedan de la obra en el Llantiol, y así mismo a conocer más de Ángela Palacios y de su proyecto “Los espejos son para mirarse”, clicando en los enlaces que encontraréis a continuación:

Web de “Los espejos son para mirarse”

Web de Ángela Palacios

Web del Teatre Llantiol-Información sobre “Mirta a la espera”

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“Americana”: El Festival de Cine Independiente Norteamericano de Barcelona se consolida en su cuarta edición.

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Algunos podrían discutir la necesidad de crear un festival de cine norteamericano en Barcelona estando como están las salas de proyección de la ciudad copadas por títulos procedentes de los Estados Unidos. Lo cierto es que el interés real que puedan tener dichas producciones en muchas ocasiones resulta poco menos que nulo, mientras que muchos trabajos creados en ese país que no han sido auspiciados por un gran estudio/productora apenas si llegan a tener distribución aquí, o si la tienen, se entrenan en muy pocas salas, con apenas promoción y normalmente duran muy poco tiempo en pantalla. De allí que nos felicitemos de la consolidación de un festival como el “Americana” en el que se pueden ver películas muy atractivas a priori que no han tenido la posibilidad de ser estrenadas en nuestra ciudad, u otras que quizá lo serán en el futuro pero que ya podremos disfrutar a modo de pre-estreno.

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Fotograma de “Certain women”

De la misma forma que en ediciones pasadas, el festival ordena su programación con diversas secciones: por segundo año tenemos la sección DOCS, dedicada al documental, donde destacan títulos como “The JT Leroy Story” de Jeff Feuerzeig, o “Life animated” de Roger Ross Williams;  SHORTS, en la que se podrán ver diversos cortos; NEXT, que sigue dando a conocer nuevos talentos y en la que este año se podrán ver films como “Donald Cried” de Kristopher Avedisian (película financiada por micromecenazgo) o la animada “My entire high school sinking  into the sea” de Dash Shaw; y TOPS, con proyecciones de títulos ya vistos en otros festivales como puedan ser “Certain women” de Kelly Reichardt con actrices del calibre de Michelle Williams o Kristen Stewart, “Christine” de Antonio Campos, con una, dicen que impresionante, Rebecca Hall, o “Swis army man” de Dan Kwan y Daniel Scheinert, con las interpretaciones de los más que consolidados Paul Dano y Daniel Radcliffe.

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Fotograma de “Swis army man”

Así mismo, este año existe una sección de proyecciones gratuitas y destacamos actividades paralelas como pueda ser el taller “El crítico de cine al desnudo”, o el seminario “Funambulistas americanos” donde se reflexiona sobre qué es lo que se entiende por cine “indie” norteamericano.

Una programación de proyecciones y actividades pues más que atrayente que hará que, como decíamos al principio, ésta sea la edición de consolidación de un festival decididamente indispensable.

Ricard.

Os dejamos con un ingenioso (como lo fue el de la anterior edición) vídeo-presentación del Festival, y un enlace a la web de éste donde podréis ver la parrilla de programación con los horarios de las proyecciones (la mayoría de ellas en el Cine Girona) de todas las películas que pasarán por el evento:

Web del Americana Film Fest

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