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Joana Serrat: Conexión catalanoamericana.

Parece mentira pero con el disco que queremos comentar aquí, “Dripping springs”, Joana Serrat ha llegado ya a lanzar cuatro trabajos. Y es que, como dice el tópico, el tiempo pasa rápido. Del tiempo, y de otros temas universales con los que el común de los mortales se puede sentir fácilmente identificado, nos viene a hablar la de Vic en este álbum que no hace más que volver a ratificar su gran talento para firmar canciones repletas de autenticidad y belleza. Y es que Joana lo tenía difícil para volver a hechizarnos como lo hizo con su anterior y sobresaliente “Cross the verge” (2016), un trabajo justamente aupado entre los mejores de la cosecha nacional del pasado año, pero lo cierto es que su nuevo disco no le anda a la zaga.

El álbum ha sido lanzado por el sello de la propia cantautora, Great Canyon Records, al cual le debemos también la publicación de discos de artistas como Marta Delmont o Murdoc entre otros (aunque a nivel internacional ha sido el sello británico Loose Music quien se ha encargado de su edición), y lo ha producido todo un referente del sonido Americana como es Israel Nash. Además, en él han colaborado el ingeniero de sonido Ted Young (quien ha llegado a trabajar con los mismísimos Rolling Stones), y también músicos del calibre de Joey y Aaron McClellan, John Fleishmann o Dave Simonett entre otros.

Todo ello no es óbice para que lo que resalte ante todo en este disco sea la personalidad de Joana, quien sigue moviéndose como pez en el agua entre las brumosas aguas de un folk-neocountry ensoñador, que tanto parece poder mirar a Jonny Cash como a unos Beach House acústicos.

Desde el principio, con “Wester cold win” (título más que representativo), Joana marca la pauta de un trabajo del cual no podremos desviar la atención mientras esté sonando. Con una voz templada en la emoción contenida, y una producción que es pura filigrana, la canción crece a lo largo de su recorrido y nos prepara para otros temas que nos sumergen aún más en esa tierra de nadie entre su Vic natal y una América neblinosa y mágica que quizá no exista pero en la que muchos queremos creer pese a todos los sinsabores en forma de desconcertantes noticias que muchas veces nos llegan desde el otro lado del Atlántico.

Es desde ese territorio donde fertilizan canciones como la melancólica “Keep on falling”, la intensa “Farewell”, o la más enérgica “Come Closer”. Temas en general en los que, pese a su clasicismo, Joana no tiene miedo de buscar recovecos que los alejen de un excesiva previsibilidad, llegando, en algún caso, a lidiar incluso con un cierto toque progresivo como ocurre en la dilatada “Unnamed”. Canciones, en cualquier caso, que pese a su hipnótico sonido nos hablan, como ya hemos apuntado, de temas bien humanos como el paso del tiempo, la memoria de aquello que quedó atrás y la necesidad de continuar adelante pese a todo.

Aunque este trabajo es el más americano de cuantos ha lanzado hasta ahora (no en vano está grabado en Texas), uno le diría a Joana si pudiera que en el futuro no tenga miedo de desmadrarse y robustecer aún más su sonido como nos consta que hace en ocasiones en sus maravillosos conciertos. Personalmente me gustaría escuchar una Joana Serrat puramente rockera, en una onda que la acercase a bandas como Drive By-Truckers o incluso el Neil Young más eléctrico (aunque sabemos que es una gran fan del canadiense) sin que, por supuesto, dejara de lado su propia personalidad como artista. Pero no hay de que quejarse; mientras siga entregando trabajos tan bellos como este “Dripping spring” seguiremos creyendo ciegamente en ella.

Ricard.

Os dejamos con la canción que abre el disco:

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IN-EDIT: 15ª Edición de cine documental musical de Barcelona.

De nuevo, desde el 26 de octubre hasta el 5 de noviembre, se celebra el Festival In-Edit dedicado a los documentales musicales, evento que nos encanta y del que hemos ido hablando desde que empezamos con nuestro blog.

En esta nueva edición encontramos una muy variada y suculenta programación que se estructura en distintos bloques que se resumen en:

Sección oficial internacional: la sección competitiva del Festival que reúne grandes trabajos del documental musical traídos de todo el mundo.

Sección nacional: títulos patrios que en algunos casos forman parte de la sección competitiva y en otros no.

Etnia Barcelona presenta la mirada: mini sección dedicada a documentales que nos muestran a artistas que han destacado por su capacidad de innovar.

Excedlents: una selección de documentales escogidos por simple gusto por parte de los creadores-gestores del Festival. Se trata de títulos también muy variopintos y atractivos. Eso sí, fuera de concurso todos ellos.

Km0: una nueva sección del Festival que nos muestra historias cercanas e intenta dar a conocer artistas locales.

Sección premios: documentales que han ganado premios en ediciones extranjeras del In-Edit (recordemos que el evento se ha exportado a otros países como Chile o Colombia, y que se celebra de forma paralela en Madrid).

In-Edit shorts: nueva sección dedicada a cortos.

Muy difícil poder escoger entre todos los títulos que se van a proyectar en el Festival, pero a nosotros no nos gustaría perdernos (y os recomendamos especialmente):

“Faithfull” de Sandrine Bonnaire. Francia. 2017. Documental dedicado Marianne Faithfull quien nos habla de su presente y, por supuesto, su pasado como icono de los 60, desmontando tópicos sobre su figura.

“Liveration day” de Ugis Olte y Morten Traavik. Noruega. 2016. Título que documenta la visita del grupo esloveno Laibach a Corea del Norte. Se trató del primer concierto que una banda de pop occidental realizaba en este país absolutamente impermeable, si es que de libertad de información hablamos. Una oportunidad para adentrarse en una realidad a la vez chocante y fascinante.

The Allins” de Sami Saïf. Dinamarca. 2017. Pocos personajes tan extremos deben haber pasado por la faz de la tierra que puedan compararse a GG Allin. Y sin embargo, el malogrado mito punk tuvo, como casi todo el mundo, una familia que, gracias a este documental del danés Sami Saïf, podremos conocer. Ni que decir tiene que no se trata de una familia convencional.

“Eagles of death metal: nos amis” de Colin Hanks. Estados Unidos. 2015. Un trabajo que nos sitúa cuatros meses después de la terrible tragedia acontecida en la Sala Bataclan de Paris, en la que irrumpieron unos terroristas islamistas disparando indiscriminadamente contra el público que asistía a la actuación de la banda norteamericana Eagles of Death Metal causando un gran número de víctimas inocentes. El grupo regresó al local para realizar ese concierto que sentían que les debían a los parisienses. ¿Cómo puede afectar a un músico haber vivido una experiencia semejante?

“A life in the waves” de Brett Whitcom. Estados Unidos. 2017. Otro retrato femenino, en este caso sobre Susane Cianni, pionera de los sonidos electrónicos cuya personalidad nos resulta de lo más atrayente al margen del interés mayor o menor que podamos tener por la llamada música avanzada.

“Conny Plank – The potential of noise” de Reto Caduff y Stephan Plank. Alemania. 2017. Título dedicado a un productor que supo avanzarse a casi todo, ayudando a crear música a bandas de la escena germánica de los 70 tan variopintas, personales y fascinantes como Kraftwerk, Neu! o Cluster. Considerado como el padre espiritual del krautrock, Conny Plank fue un pionero obsesionado con el trabajo, al que nos acercamos a través de la mirada de su propio hijo Stephan Plank quien dirige el documental junto a Reto Caduff.

Queercore: How to punk a revolution” de Yony Leyser. Alemania. 2017. A mediados de los años 80 se acuñó el concepto “queercore” para dar nombre a un movimiento dentro del punk que criticaba la homofobia que existía en dicho género musical y estético. Auspiciado desde la ciudad de Toronto por artistas como G.B. Jones y Bruce LaBruce, el “queercore” (o “homocore”), impulsaba una nueva y subversiva forma de ver la identidad sexual diseminada por la música de bandas como Tribe 8 y Pansy Division, cuyo legado se extendió a través del movimiento Riot Grrrls y ha tenido influencia en artistas más estándar como Peaches o Gossip.

The Public Image is Rotten” de Tabbert Fiiller. Estados Unidos. 2017. Y terminamos este pequeño repaso con un retrato en primera persona de uno de los grandes iconos del Punk, Johnny Rotten o mejor sería llamarlo John Lydon, de quien se nos cuenta en este documental su reinvención personal y musical al frente de los imprescindibles P.I.L. (En este caso os dejamos con un video-clip de P.I.L. ya que no hemos localizado ningún tráiler del documental).

Ricard.

Información sobre el In-Edit: Programación con horarios.

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“Blade Runner 2049”: Hipnótico espectáculo.

Desde el momento en que se supo que iba a rodarse 35 años después de que fuese estrenada una secuela de la emblemática “Blade Runner” (1982), se generaron una serie de expectativas, alimentadas (cómo no) por las redes sociales, que han llevado a que el estreno hace apenas unos días de esta tardía segunda parte haya sido recibida con un nivel de ansiedad cinéfila poco dada a ver en los tiempos que corren. Sin ir más lejos, el que aquí firma se pasó una larga hora haciendo cola para entrar en un cine de Barcelona el sábado posterior a su estreno, algo que no recuerdo haber hecho desde aquellos lejanos tiempos de niñez y adolescencia en los que, dejando de lado la televisión o acaso los reproductores de vídeo, la forma habitual en que veíamos películas era en salas de cine, la mayoría de ellas de una sola pantalla, donde muy a menudo el estreno de determinados títulos era recibido como un auténtico acontecimiento, algo que muy raramente suele ocurrir en la actualidad. A la postre quizá la cosa no ha sido para tanto a tenor de las cifras de recaudación relativamente pobres que ha obtenido la película en Estados Unidos en sus primeros días de proyección.

Sea como sea, cuando me enteré de que se iba a realizar “Blade Runner 2049”, no pude más que tener una sensación de escepticismo. Es obvio que esa enorme maquinaria industrial que es Hollywood hace mucho tiempo que prefiere no arriesgar en proyectos de cierta originalidad y apuesta, en cambio, por secuelas que, en algunos casos (véase por ejemplo lo que está pasando con “Alien”) acaban casi malbaratando grandes títulos del cine popular. Aunque también se le puede dar la vuelta a esta idea y considerar que, precisamente, estas nuevas películas no hacen más que redimensionar el valor de los originales en los que están basados. Sea como sea, Blade Runner, como se sabe, film que dirigiera Ridley Scott basándose en un relato de Philip K. Dick, se me antoja una obra tan descomunal por si misma, que me resultaba extraña la idea de enfrentarme con una continuación tantos años después.

De entrada hay dos grandes aciertos que sí hay que reconocer en aquellos que pusieron en marcha el proyecto: alejarse temporalmente del momento en que terminaba la anterior película (algo, de todas formas, inevitable si se quería incluir personajes icónicos que aparecían en el film original, dado que los actores que los interpretan, obviamente, han envejecido) y escoger un gran director actual como es el canadiense Denis Villeneuve para llevar adelante el trabajo.

Debo decir que Villeneuve, realizador al que debemos títulos del mérito de “Prisioneros” (2013), “Sicario” (2015) o “La llegada” (2016) (película, esta última, que muchos consideran ya un referente del cine de ciencia ficción moderno), ha estado a la altura de la responsabilidad que se le ha dado, y ha conseguido crear un film en el que, sin duda, ha dejado su propia huella como autor.

Como hemos apuntado y como de hecho indica el título de la película, la historia de esta secuela ocurre bastantes años después de la original. Nos encontramos con un replicante (ya se sabe, una suerte de androide) de nombre K (interpretado por un acertado Ryan Gosling) que ejerce como Blade Runner, es decir, se dedica a “retirar” (eufemísticamente hablando) a otros replicantes como él que han decidido ejercer el libre albedrio en contra de lo que se considera legalmente establecido. El mismo trabajo, pues, que tenía Rick Deckard, el personaje (en principio humano) de Harrison Ford en la película que él protagonizaba. En uno de sus encargos, K se enterará de algo que trastocará completamente los principios de programación con los que actúa, y empezará una historia de descubrimiento que tiene tanto de detectivesco como de proceso existencial. En este sentido, las grandes preguntas que planteaba el film original, y que no son otras que los grandes interrogantes que acarrea la existencia humana (¿quién soy yo? ¿cuál es el sentido de mi existencia? ¿hay algo más después de esta vida?), continúan presentes, unidos a otros que tienen que ver no ya con el futuro, si no con nuestro mundo actual (aspectos relacionados con la clonación, la realidad virtual…).

Villeneuve no descuida la parte de gran espectáculo que necesariamente tenía que tener la película. Todo lo contrario, “Blade Runner” es un film deslumbrante en su apartado visual y sonoro. Un trabajo de gran belleza formal que, ineludiblemente, hay que disfrutar en una sala de cine bien equipada tecnológicamente. Otra cosa bien distinta es que la película consiga llegar emocionalmente al espectador más allá de la capacidad de epatar que tengan sus poderosas imágenes. En este sentido, Villenueve juega básicamente con dos cartas: la aparición esporádica de viejos personajes (con, lógicamente, el que encarna un excelente Harrison Ford a la cabeza) que activa la nostalgia del espectador, y la relación que se establece entre el protagonista que personifica Gosling y una suerte de novia virtual interpretada por una sorprendente Ana de Armas. Es en dicha relación donde aparece la emoción autentica que se echa mucho de menos en buena parte del film. En este sentido, los villanos, encarnados por un excesivamente solemne Jared Leto, y una mucho más interesante Sylvia Hoeks, capaz de pasar de la fragilidad emocional a mostrarse francamente amenazadora en apenas un instante, quedan algo a medias si se trata de ofrecer al relato el contrapunto necesario que lleve a su héroe central a una evolución completamente verosímil. Tampoco nos parece que la relación que se establece entre éste y el personaje que interpreta Robin Wright (una actriz a la que, en cualquier caso, siempre agradecemos ver en pantalla) acabe de estar del todo bien definida.  También nos hubiera gustado que se hubiera desarrollado un poco más el personaje de la científica que encarna Carla Juri, joven intérprete de magnética presencia en pantalla cuya carrera habrá que seguir con interés. Igualmente, creemos que el personaje que encarna con solvencia Mackenzie Davis (vista anteriormente en uno de los episodios de la imprescindible serie “Black mirror”), se queda un poco cojo.

Con todo, hay que decir que no lo tenían nada fácil Hampton Fancher y Michael Green, los guionistas de la película, para llevar a buen puerto un proyecto de las dimensiones que se traían entre manos. El resultado, como hemos apuntado, es algo desigual, pero mantiene la esencia del film original. En el apartado técnico, la fotografía de Roger Deakins resulta portentosa, y tampoco está nada mal la música de Hans Zimmer y Benjamin Wallfisch, inevitablemente, muy en la estela de Vangelis.

En suma, Denis Villeneuve ha conseguido realizar una película quizá no perfecta pero sí a la altura de esas expectativas a las que nos referíamos al principio, hipnótica y de gran calado intelectual, con suficientes matices como para que, quizá, lleguemos a apreciarla incluso más con el paso del tiempo como, de hecho, ya nos pasó con el film en cuyo distópico mundo vuelve a sumergirnos.

Ricard con la colaboración de Laura Clemente.

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Alberto Manguel: Resonancias Borgianas.

Alberto Manguel (Buenos Aires, 1948), escritor, traductor y editor argentino-canadiense, es un autor por el que sentimos especial debilidad quienes hacemos posible este blog, y hace mucho tiempo que queríamos dedicarle una entrada.

Han llegado a nuestras manos dos de sus obras reeditadas en marzo del presente año por la muy interesante editorial Navona (NVN) dentro de su colección “Compactos”: se tratan de “El amante extremadamente puntilloso” y “El regreso”, dos novelas cortas (o si se quiere, dos relatos largos) de resonancias borgianas que resultan bastante representativas del estilo del escritor.

El regreso”, publicada inicialmente en 2005, se centra en Nestor Fabris, un ex militante político que regresa a Buenos Aires tras treinta años de exilio en Italia para asistir a la boda de un ahijado al que ni siquiera conoce. La ciudad a la que regresa se convertirá en un lugar espectral, desconocido para él, y en el que irá tropezando con antiguos camaradas ya muertos o desaparecidos con los que revisitará su propio pasado.

El amante extremadamente puntilloso” (2006), nos cuenta la historia de un personaje,  Anatole, supuestamente real, nacido en Poitiers (Francia) a finales del siglo XIX, trabajador de una casa de baños y aficionado a la fotografía de la cual extrae un desahogo a sus necesidades estéticas y eróticas. Su figura está vista a partir de una reconstrucción casi periodística aunque nos movamos en un marco de ficción total.

Tienen estas dos obras, como hemos dicho, algo de las formas conceptuales y laberínticas con las que nos encontramos al leer a Borges (autor al que, por cierto, Manguel llegó a conocer e incluso le hizo de lector en su juventud cuando el gran escritor argentino ya estaba completamente ciego), aunque al mismo tiempo se trata de dos libros de lectura ligera (en el mejor sentido de la palabra), que nos retrotraen también a la mejor literatura clásica, desde Stevenson a Kafka, y nos devuelven de nuevo, en cierta forma, ese enorme placer que sentimos en nuestra iniciación como lectores al adentrarnos en el universo literario de dichos autores u otros muchos que podríamos llegar a mentar aquí. Destacan también en estos dos títulos un gran sentido de la ironía que Manguel maneja como nadie, una capacidad para generar inquietud en el lector muy particular, y un estilo de escritura maravillosamente pulcro, ajustado al máximo a aquello que se quiere transmitir.

Siendo, como hemos dicho, un escritor argentino-canadiense, Alberto Manguel ha ido compaginando a lo largo de su carrera el inglés y el castellano, en la que es ya una riquísima obra trufada de premios y reconocimientos. Además, ha llegado a ser colaborador de publicaciones del prestigio de The New York Times y The Washington Post, e incluso se ha aventurado a escribir los libretos de un par de espectáculos musicales.

Nosotros creemos que “El amante extremadamente puntilloso” y “El regreso” pueden ser dos muy buenas puertas de acceso al mundo literario de un autor que nos atrevemos a calificar de fascinante.

Ricard.

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“Forest”: Estimulante adaptación de “La ronda” de Schnitzler.

Nos hacemos eco de “Forest”, espectáculo que podemos ver estos días en el Almeria Teatre de Barcelona y que adapta la obra “La ronda” del escritor austríaco Arthur Schnitzler (1862-1931).

Schnitzler, judío y de profesión médico, a quien Freud admiraba profundamente, tuvo una prolija y muy diversa (teatro, novela, relatos) producción literaria en la que quiso reflejar sus mayores obsesiones: la muerte, la sexualidad,  los profundos cambios sociales de la Europa de entre siglos…

Prohibido por los nazis en el advenimiento de la Segunda Guerra Mundial, su obra ha resistido admirablemente bien el paso del tiempo, de manera que no es extraño que una adaptación actual de alguna de sus obras funcione perfectamente (un ejemplo de ello sería la puesta al día que hizo Stanley Kubrick de uno de sus relatos en su postrera película “Eyes wide shut”), tal y como se demuestra en la puesta en escena a la que nos hemos referido al principio y que viene a cargo de 11 jóvenes y prometedores actores y actrices salidos del estudio de Laura Jou.

Imagen de los jóvenes actores y actrices que forman el reparto de la obra.

Con la dirección de Pau Miró y Gerard Oms, “Forest” es un espectáculo que ya se había estrenado con gran éxito en junio y que ahora regresa por tiempo muy limitado (del 13 al 24 de septiembre).

Se puede considerar que “Forest” es un ejercicio de creación entre intérpretes y directores que pretende seguir emocionando y abrir una puerta a la reflexión sobre las contradicciones que aparecen cuando decides hacer o decir algo por primera vez.

La obra nos sitúa en un bosque solitario y aislado que da vida a un espacio onírico donde tienen lugar unos encuentros clandestinos entre los habitantes del lugar y distintos personajes que vienen de fuera a buscar o dejar alguna cosa. Estos encuentros reveladores sirven de punto de inflexión y nos muestran diferentes rostros y contradicciones que obligan a dichos personajes a tomar decisiones por primera vez.

En suma, un espectáculo de lo más estimulante que queremos recomendaros muy especialmente desde nuestro blog.

Ricard.

Web del Almeria Teatre/Información sobre “Forest”

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The Doors: “The Doors”, 50 aniversario de uno de los mejores debuts de la historia del rock.

Mi primer recuerdo asociado con The Doors  tiene que ver con el cine Savoy, desaparecido hace ya muchos años, y que estaba situado en el Passeig de Gracia de Barcelona, muy cerca de la confluencia con la calle Provença y, por tanto, a pocos metros de la Pedrera de Antoni Gaudí. Hacía muy poco que se había estrenado la película de Oliver Stone que llevaba como título el nombre del grupo (aunque en realidad se centraba más bien en la figura de su líder, Jim Morrison), y precisamente el Savoy proyectaba el film en una sesión de madrugada a la que acudimos un sábado. Recuerdo de forma nítida el cartel de luces de neón verdes de la sala o la pequeña galería previa a las taquillas con sus expositores de vidrio a un lado y otro repletos de posters y fotografías de películas. Así mismo, me viene a la cabeza que durante la proyección del film había gente bebiendo cerveza o fumando porros sin ningún tipo de pudor. También que aquella noche, tras ver la película, la persona que me había acompañado y yo pasamos un largo rato de apasionado diálogo sobre ella en un pub de la calle Balmes.

Para nosotros, que apenas estábamos entrando en la veintena, The Doors eran una banda mítica muy alejada en el tiempo. Dado que el grupo estaba inactivo desde el fallecimiento de su cantante en 1971, no conocíamos especialmente su música más allá de sus dos o tres mayores hits clásicos. No ocurría como con Lou Reed o Neil Young, músicos de la misma quinta que los integrantes del grupo, que en aquellos tiempos (finales de los 80,s principios de los 90,s) acababan de publicar grandes trabajos que podían servir de punto de enganche para profundizar en sus respectivas discografías. Así las cosas, la visualización de una película como “The Doors” supuso toda una revelación para nosotros, aunque, revisado muchos años después, el film nos resulte un tanto hiperbólico y nos parezca que, en no pocos momentos, roce incluso lo ridículo por su empeño de mostrar a Jim Morrison, no como un ser humano normal (por muy genial que fuese) sino como alguien exageradamente excesivo, en permanente estado de alucinación lisérgica, y poco menos que capaz de adentrarse, literalmente, por dimensiones espirituales inaccesibles para el resto de personas.

Con todo, y como ya hemos apuntado, el film (aún impactante visualmente y con una gran banda sonora que incluye también algún tema de The Velvet Underground o el famoso y anónimo “Carmina Burana”), tiene el mérito de haber impulsado a muchos, como nosotros mismos, a querer escuchar más y más música de The Doors, y a intentar conocer hasta el último detalle de la historia de la banda, y muy particularmente de su carismático líder. Lo obvio en el caso de The Doors era empezar con su primer y homónimo álbum, dado que probablemente es el trabajo de la formación que incluye sus canciones más populares, y ese fue precisamente el primer disco que me compré. Justamente ahora, con la excusa del 50 aniversario de su lanzamiento, ha sido reeditado, y hemos querido rememorar esta gran obra discográfica como ya hemos hecho con otros grandes títulos de la historia de la música popular.

Publicado el 7 de febrero de 1967, “The Doors” se lanzó dos años después de la génesis de la banda, la cual, según cuenta la leyenda, se originó tras el encuentro en la playa californiana de Venice del futuro teclista del grupo Ray Manzarek, y de Jim Morrison (ambos habían sido estudiantes de teatro y cine en la universidad de UCLA). La conexión entre ambos fue inmediata y se cuenta que la conversación se alargó durante horas y terminó cuando Morrison recitó “Moonlight drive”, poema que con los años se convertiría en una de las canciones del grupo. Fue en ese instante cuando Manzarek decidió crear la banda.

Pocas semanas después, los dos amigos ya estaban grabando algunas maquetas con la colaboración de algunos conocidos músicos locales, entre los cuales, el batería Jon Densmore quien poco después se convertiría en miembro permanente del grupo. Meses más tarde se les uniría el guitarrista (aún primerizo) Robbie Krieger. Con él se completaría una de las formaciones definitivas del rock.

Cogiendo el nombre para la banda del libro de Aldous Huxley “The doors of perception”, que a su vez se había inspirado en un texto de William Blake, The Doors consiguieron un primer contrato discográfico con Columbia que se rompió al no conseguir el sello un productor que pudiera grabar el disco de debut de la formación.

Mientras el grupo no conseguía registrar un álbum, empezó a componer canciones que sí tocaban en directo en clubs emblemáticos de California como el Wisky a Go Go o el London Fog. Parece ser que durante una de esas actuaciones, Arthur Lee, líder de los también imprescindibles Love, los vio y fue él quien recomendó la banda a los magnates de su sello discográfico, Elektra.

De esta forma, el grupo pudo grabar su inmejorable debut, un total de 11 canciones, en tan solo 6 días (tan por la mano tenían los temas), a finales de 1966. Con la producción de Paul A. Rotchild, y teniendo a Bruce Botnick como ingeniero de sonido, realizaron las sesiones con una mesa de tan solo cuatro pistas.

El primer single escogido para promocionar el álbum fue “Break on through (to the other side)”, que, pese a que no fue un gran éxito, ahora es considerada uno de los temas más reconocibles del grupo. “Light my fire”, elegido como segundo sencillo, sí obtuvo bastante repercusión siendo una de las canciones que, por tener el órgano de Manzarek en primer plano, se pueden estimar más representativas de lo que podríamos llamar el sonido The Doors. Y es que aún hoy en día, se puede considerar a la banda una formación atípica, con, tal y como hemos dicho, el sonido de tintes psicodélicos del órgano en primer plano (junto a la grave y expresiva voz de Morrison), substituyendo además el sonido del bajo el cual solo en estudio era asumido por algún músico de sesión. Si juntamos a todo ello el preciso sonido blues de la guitarra, y los ritmos de la batería, a menudo navegando por sutiles arreglos jazzísticos, podemos decir que The Doors es una de las formaciones más sui generis de la historia de la música popular.

El éxito del álbum se acabaría apuntalando con canciones como ‘The crystal ship”, “Twentieth century fox”, “I looked at you”, “End of the night” y “Take it as it comes”, todas ellas originales, y versiones tan acertadas como “Alabama song (Whisky bar)”, tema que dieran a conocer Bertolt Bretch y Kurt Weill en 1927, y “Back door man”, un corte blues compuesto por Willie Dixon y que popularizó Howlin’ Wolf.

Aunque la canción que probablemente más destaca del disco es la que lo cierra, “The end”, un tema largo, hipnótico, de letra tan hermosamente poética como misteriosa (las letras de Jim Morrison son, obviamente, otra de los logros a destacar del trabajo), con connotaciones incluso freudianas.

Finalmente, el álbum consiguió auparse al segundo puesto de la lista de discos más vendidos en los USA, situándose solo por debajo del “Sgt Peppers’s Lonely Hearts Club Band” de The Beatles. Un éxito expandido en el tiempo, de forma que el trabajo acumula más de 20 millones de copias despachadas.

Ahora, como ya hemos dicho anteriormente, se reedita, como suele ocurrir con los aniversarios redondos de muchos grandes discos de la historia, en formato de lujosa boxset que incluye el álbum remasterizado en stereo, la mezcla en mono, una versión en vinilo de dicha mezcla, y un disco en directo grabado el 7 de marzo del año en que se editó por primera vez “The Doors”, en la sala The Matrix de San Francisco. El lanzamiento se completa con un libro fotográfico, y anotaciones de David Fricke, conocido crítico de la revista Rolling Stone.

Sea en una presentación como la descrita, o sea en su formato de álbum (vinilo o cd) más sencillo, o incluso escuchado en streaming… de la forma que sea, “The doors” nos espera una y otra vez para abrirnos, ciertamente, nuevas puertas de percepción sonora, como ocurre, de hecho, con el resto de la discografía (en total, cinco disco más si nos ceñimos estrictamente a lo que The Doors publicó antes de la muerte de su cantante en Paris en 1971) de una banda tan singular como irrepetible.  Este verano os recomendamos que buena parte de vuestra banda sonora sea la que nos ofrece el legado de este grupo de inmarchitable recuerdo.

Ricard.

Os dejamos con un concierto completo de The Doors:

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“Barcelona Minority World” de Albert Franquesa: Distopía plausible.

Hace unas semanas, coincidiendo con la Diada de Sant Jordi, realizamos una serie de recomendaciones literarias entre las que se encontraba “Barcelona Minority World”, primera novela publicada del escritor nacido en Barcelona en 1974, Albert Franquesa. El libro, editado por Sven Jorgensen, supone la irrupción con fuerza de un autor con muchas cosas que decir.

Situada en un futuro inmediato en una Barcelona dominada por el turismo de masas, asolada por desastres naturales y en un contexto social, laboral y económico precario para la mayoría, la novela tiene como protagonista a Víctor (acaso un sosias del propio escritor), personaje situado en la horquilla de edad que va entre los 35 y 45 años, y que bien podríamos considerar como perteneciente a la llamada Generación X, ya oscilando entre esa fina línea que separa la juventud de la madurez.

Víctor, que es quien nos cuenta en primera persona sus peripecias, se ve acompañado por una serie de personajes que Franquesa perfila de manera brillante y que en conjunto pueden configurar un buen collage representativo de distintos arquetipos de persona en los que muchos se podrán sentir representados.

Con una prosa ágil pero musculosa, muy trabajada, la novela está muy bien estructurada, y resulta al mismo tiempo de lectura amena y densa en cuanto al substrato crítico que tiene. Es este un libro de ideas que nos sitúa en una distopía plausible, y nos hace cuestionar, ya no el futuro de nuestra ciudad, Barcelona, sino el mismo presente, aunque también se podría extrapolar lo que sucede en ella a otras tantas localidades del mundo occidental.

En suma, un gran libro que os queremos más que recomendar. Hace unos días tuve la suerte de ser invitado por el propio Albert Franquesa a acompañarlo a una presentación de su libro en la librería Gigamesh de la calle Bailen de Barcelona. El resultado lo podéis ver en el vídeo que tenéis a continuación y que os puede servir para conocer mucho más sobre esta magnífica novela y su autor:

Así mismo os dejamos un enlace a la web de la editorial Sven Jorgensen en la cual podéis solicitar un ejemplar del libro:

Web de Editorial Sven Jorgensen

Y aquí tenéis también la posibilidad de acceder al blog personal de Albert Franquesa donde cuelga escritos que en cierta forma complementan a la novela:

Blog de Albert Franquesa

Ricard.

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