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“Turistas del Dharma” de Albert Franquesa: El lado oscuro del viaje.

Aunque ya os recomendamos este título en nuestra reciente entrada sobre sugerencias para el día de Sant Jordi, hemos querido realizar una reseña más amplia del libro por lo mucho que nos ha gustado.

Publicado por la editorial Hermenaute,  como ya os dijimos en la mencionada entrada “Turistas del Dharma” es un compendio de relatos en el que  Albert Franquesa (ya habíamos hablado de él a raíz de la edición de su primera novela “Barcelona Minority World”) vuelve a incidir en lo que parece una de sus obsesiones y grandes señas como autor: el turismo entendido como síntoma casi patológico de una sociedad inmadura e invasiva, obsesionada por la ostentación y la apariencia, y en permanente huída hacia adelante.

Sin embargo, si en “Barcelona Minority World” la perspectiva era la de unos personajes que se encontraban en una ciudad (obviamente, Barcelona) que recibía la invasión de oleadas de turistas en un futuro próximo en el que la metrópoli se ha convertido en una suerte de parque temático, y cómo afectaba esta situación a su vida cotidiana, en esta ocasión Franquesa se basa en viajes realizados por él mismo a distintos puntos del globo (países como Senegal, India, China o México) para fabular sobre individuos inmersos en toda clase de cuitas personales relacionadas con el trabajo, la vida sentimental o incluso las dudas existenciales, que se encuentran en un lugar distinto del que sería para ellos natural. Se generan así situaciones singulares que el autor pone en interesante perspectiva a partir del contexto en el que se mueven los protagonistas. En este sentido, Franquesa prefiere (con buen criterio) que sus personajes se sitúen en lo que podríamos llamar marcos exóticos, alejados de geografías occidentales (la relativa excepción sería el relato que acontece en la más o menos cercana Tenerife), donde sin duda salen a relucir con mayor fuerza sus contradicciones.

Y con todo, “Turistas del Dharma” no deja de ser un estupendo libro de viajes. El autor deslumbra a la hora de describir de forma medidamente exuberante, sensaciones, texturas, ambientes, paisajes… De tal manera que el lector tiene realmente la sensación de acabar conociendo de una forma veraz el espíritu esencial de esos lugares en los que se mueven de forma a menudo vacilante los personajes que protagonizan las diferentes historias. Es especialmente remarcable la manera en que Franquesa escribe en relación a todo lo que tiene que ver con la gastronomía de los distintos países (“Turistas del Dharma” es también, en este sentido, un muy buen libro culinario).

Una imagen del autor.

Como ya hiciera en “Barcelona Minority World”, Albert Franquesa se acerca en algunos cuentos a la literatura de anticipación, lidia en otros con el género fantástico, y se mantiene en varios relatos más anclado al realismo, pero siempre dando una visión crítica sobre aquello que describe, conservando como hilo común una idea del viaje como algo que nos puede arrastrar a la oscuridad (oscuridad entendida a la “Conradiana” manera), pero que también tiene un punto de autodescubrimento y de epifanía ante una realidad que nos era opaca vista desde la entumecedora y aséptica existencia vivida desde el sofá de nuestras tranquilas salas de estar.

Un libro imprescindible.

Ricard.

Para poder adquirir esta obra, aquí tenéis el enlace a la editorial Hermenaute: Ed Hermenaute

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“Velvet Buzzsaw”: Ácida visión del mundo del arte.

Resulta extraño acostumbrarse al hecho de que algunos de los estrenos cinematográficos más sonados del año se puedan dar en las llamadas plataformas de streaming. Es decir, que sin salir de casa uno pueda ver alguno de los films que más van a sobresalir en las inevitables listas de lo mejor de la temporada que anualmente pueblan las secciones de cultura de prensa generalista, revistas especializadas, y mil y una webs dedicadas al arte cinematográfico.  Aunque en honor a la verdad, quien más ha querido jugar esta carta hasta el momento ha sido Netflix, capaz de generar una gran cantidad de contenidos de escasa repercusión artística y, a la vez, producir películas de una calidad incontestable como en el caso de la oscarizada (aunque no se llevase el premio a mejor película) “Roma”.

Sin llegar ni mucho menos al nivel de la película de Alfonso Cuarón, se ha estrenado no hace mucho “Velvet Buzzsaw”, film dirigido por Dan Gillroy, y que cuenta en su reparto con actores y actrices del prestigio de Jake Gyllenhaal, Rene Russo, Toni Collete, Zawe Ashton y John Malkovich.

Dan Gillroy ha dado muestras de su talento en películas recientes como “Nightcrawler”, contundente crítica contra el periodismo sensacionalista también con Jake Gyllenhaal en el papel principal y que me atrevo a calificar de obra maestra, o “Roman J. Israel”, trabajo protagonizado por Denzel Washington mucho menos destacable aunque interesante, que pasó discretamente por las sobrecargadas pantallas de nuestros cines y que versaba sobre un personaje real (al que da nombre el título del film) que sobresalió por su activismo social desde su posición de hombre de leyes.

Como hemos dicho, ahora ha estrenado directamente en Netflix “Velvet Buzzsaw”, cuyo argumento de entrada llama mucho la atención: un crítico de arte, de nombre Morf Vandewalt (interpretado por Gyllenhaal) y propietario de una galería de Los Ángeles regentada también por Rhodora Haze (Rene Russo), descubre por intermediación de una de sus empleadas (Zawe Ashton) la obra de un artista muerto completamente desconocido. Dándose cuenta de la genialidad de sus pinturas, los personajes mencionados y algunos otros, intentaran sacar partido mercantilista de dicha obra. Pero una serie de misteriosos y aparentemente sobrenaturales acontecimientos empezaran a trastocar sus intenciones.

El film juega a ser un trabajo de género (terror) con generosas dosis de humor negro. Aunque ambas cosas se ven engullidas un tanto por la crítica hacia el mundo del arte actual que está claro que quiere realizar Dan Gillroy. En este sentido, los personajes de la película, a cual más estereotipado, acaban teniendo un punto caricaturesco que no ayuda a sacar el mayor partido a interpretes del nivel de Toni Collete o John Malkovitch.

Con todo, los elementos que hacen distintivo el cine de Gillroy están ahí empezando por una muy elegante puesta en escena que, en este caso, y creemos que de forma consciente, deriva a un cierto formato televisivo, especialmente apreciable en la segunda mitad del film.

Y es precisamente el tramo que se inicia en ese punto intermedio de la película, cuando, de hecho, se abraza plenamente el género fantástico-terrorífico hasta entonces apenas insinuado, el momento clave en que el espectador tiene que decidir definitivamente si entrar en el juego que se le propone, teniendo en cuenta que la verosimilitud va a brillar por su ausencia a partir de ese instante (ya se sabe que el hecho de que una película sea de género fantástico no significa que tenga que ser inverosímil).

Desde esta perspectiva, “Velvet Buzzsaw” tiene un punto francamente divertido para el espectador que simplemente quiera dejarse llevar.

Y luego está el ya mencionado aspecto crítico sobre el mundo del arte actual. Ya hemos dicho que los personajes están estereotipados, pero no es menos cierto que los dardos envenenados que lanza el film apuntando a la sobrevaloración artificial de cierto tipo de trabajos artísticos, lo injustificado de la etiqueta “genio” colgada a según quien y el esnobismo de ciertos agentes que consideran que el arte solo debe pertenecer a una minoría selecta (sobre todo si dicha minoría está dispuesta a pagar un dineral por la obra de turno), tienen su punto de verdad. En este sentido, es más que reveladora la última escena del film que, obviamente, no vamos a explicaros aquí.

En definitiva, un título irregular, pero diferente y con puntos de interés que podéis contemplar con simplemente encender vuestro televisor.

Ricard.

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Ruen Brothers: Elegancia clásica para el invierno.

Henry y Rupert Stansall son los hermanos que integran Ruen Brothers, formación surgida de Inglaterra que hace unos pocos meses publicó su primer larga duración, titulado “All my shades of blue”.

Sorprende, teniendo en cuenta la juventud de sus componentes, que Ruen Brothers encuentren la inspiración en la más añeja música sobre la que se basa todo el Rock ´n´Roll. Estamos hablando de las canciones que crearon gigantes como Elvis Presley, Roy Orbison, Johnny Cash o, por qué no, Everly Brothers. Aunque en honor a la verdad, abría que añadir a los nombres referenciados otros más cercanos en el tiempo (Chris Issak o Richard Hawley por ejemplo), para hacerse la idea de lo que hacen Ruen Brothers.

En tiempos de r&b, trap y otros estilos que, gustos aparte, pecan muchas veces de sobreproducidos, nos encontramos con este sorprendente debut que, gracias no solo a unas composiciones muy inspiradas y cuidadas con mimo, sino también, precisamente, a una excelente producción (Rick Rubin, mítico productor de The Cult, Bestie Boys, Tom Petty, Red Hot Chili Peppers, Johny Cash y tantos otros, se encuentra tras las mesas de sonido en este caso), suenan nada trasnochadas, al contrario, absolutamente atemporales y tan válidas ahora como si hubiesen surgido hace 40 años o dentro de 30.

Nacidos en la ciudad industrial de Scunthorpe, en la mencionda Inglaterra, uno tiene la sensación, escuchando este bellísimo y adictivo “All my shades of blue”, que los hermanos Stansall podrían haber surgido perfectamente de algún lugar como Nashville o Memphis, pero lo cierto es que lo han hecho en un ambiente nada proclive para que aflore música del estilo que ellos crean. Aún y así, canciones como “Walk like a man”, “Finer things”, “Motor city”, “Summer sun”, “Caller” o la propia “All my shades of blue” (escogida como primer single del disco), te catapultan a algún sitio que uno imagina lleno de luz, incluso aunque por momentos, algunos de los temas mencionados tengan un aire nostálgico o melancólico.

En fin, que no se nos ha ocurrido otra manera mejor de desearos que hayáis empezado bien el año y que éste esté lleno de las mejores cosas para vosotros que recomendaros este tan clásico como elegante “All my shades of blue”.

Ricard.

Os dejamos con el vídeo de “All my shades of blue”:

 

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Jack White en el Cruïlla Barcelona (12/07/18): Rock a medio camino entre lo clásico y lo experimental.

En un inicio de verano musical explosivo en Barcelona, hemos podido disfrutar de diversos conciertos (desde Guns and Roses en el Estadi Olímpic hasta el especialmente memorable de Pearl Jam en el Palau Sant Jordi), de los cuales podíamos haber dado cuenta en nuestro blog, pero como sentimos una especial debilidad por Jack White (de quien ya habíamos comentado alguno de sus discos en el pasado), y también por un festival como el Cruïlla (del cual también hemos hablado anteriormente), nos hemos decantado por reseñar el reciente concierto del norteamericano en el contexto, creemos que inmejorable, de dicho evento.

De entrada nos sorprendió la buena entrada que recogió el festival en esta primera jornada en que solo actuaban otros dos músicos: el bluesman Seasick Esteve, y Bunbury, quien precedía en el primer caso y actuaba después en el segundo, a Jack White, completando un cartel curioso y muy atractivo al mismo tiempo.

Por lo que se refiere a Jack White (nuestros trabajos nos impidieron poder llegar a tiempo de ver a Seasick Esteve), el cantante salió a escena puntual, acompañado por un bajista-guitarrista a ratos, dos músicos que se encargaban de los teclados y otros instrumentos así como de hacer coros, y una fenomenal baterista, acometiendo una introducción de musculoso blues-rock que desembocó en una “Over and over and over” que es una de las canciones más enérgicas y asequibles de su último álbum, el muy experimental “Boarding house reach”.

Desde ese momento, White se dedicó a hacer un repaso a su ya extensa carrera en la que no faltaron temas de la banda que lideró junto a Meg White, The White Stripes (“Hotel yorba”, “The hardest button to button” o la inevitable “Seven nation army” como colofón a la actuación entre otras), o de otros proyectos paralelos como The Raconteurs, con ese pequeño hit que es “Steady as she goes”, canción que sonó en el tramo final del concierto y que fue especialmente bien recibida por la audiencia.

En medio de todo ello, temas del cantante en solitario, con especial parada en ese “Boarding house reach” que ha recibido críticas muy tibias (algunas terriblemente malas), pero que a nosotros nos parece uno de los grandes trabajos discográficos del año. Y es que canciones como la deconstruida “Corporation” o la preciosa “Connected by love” valen su peso en oro. También destacaron cortes de su anterior disco solista como “The black bat licorice” o “Would you fight for my love?”.

Con un sonido potente pero nítido y una puesta en escena preciosa donde dominaban, como en las portadas de sus discos en solitario, los colores azules en las luces y en unas proyecciones que podríamos calificar de retrofuturistas, el rock engarzado en las raíces clásicas del género mezclado con elementos experimentales (menos evidentes en directo que en estudio) de Jack White, brilló con intensidad frente al mar de Barcelona dejando satisfechos a todos los asistentes al concierto.

Poco después, en el mismo escenario, aparecería Bunbury. Dicen algunos que su actuación superó a la de Jack White (solo pudimos ver el principio del show por tener que madrugar al día siguiente y la verdad es que sonaba muy bien). Debió ser realmente grande si fue así.

Ricard y Laura.

Os dejamos con los dos vídeos de adelanto del último disco de Jack White:

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A Perfect Circle: Sugerente e irregular retorno.

Catorce años han transcurrido desde que A Perfect Circle publicaran su último trabajo, aquel curioso “Emotive” que contenía versiones de otros artistas con el lazo en común de tratarse de temas con contenido de denuncia política en sus letras. Desde entonces, silencio absoluto. Aunque eso no es algo que debería extrañar sobremanera a los seguidores de alguien como Maynard James Keenan, co-lider de la banda junto al guitarrista y compositor Billy Howerdel. Y es que la trayectoria de Keenan tanto con APC, como con su banda principal Tool, es harto irregular en cuanto a lanzamientos, dilatándose el tiempo entre estos muchísimo.

Sea como sea, “Eat the elephant”, que es como se llama el nuevo trabajo de la banda publicado hace unas semanas, complementa la corta discografía del grupo que consta del ya mencionado “Emotive”, un primer album (“Mer de noms”, 2000) realmente soberbio, y otro (“Thirteen Step”, 2003) más desigual aunque muy interesante.

Podríamos definir la música de A Perfect Circle como una versión más accesible, menos oscura, de Tool (Keenan los ha descrito alguna vez como la formación donde puede dar rienda suelta a la versión femenina de sí mismo, mientras que en Tool sería la masculina la que predominaría); es decir, que la música se mueve entre distintas influencias que van del Metal al Rock alternativo, pero con preeminencia de la melodía. Este “Eat the elephant” (de, por cierto, espantosa portada), apuesta aún más por ella que su predecesores, y por crear atmósferas que se desarrollan con parámetros parecidos a los que definen un estilo como el Rock progresivo.

Así tenemos canciones como la inicial “Eat the elephant”, o la que le sigue, el single “Disillusioned”, donde los teclados adquieren mayor importancia que las  guitarras en relación a trabajos anteriores, y se hace palpable una intención por parte de la banda de sumergir al oyente en un viaje sonoro de intensidad creciente que cristaliza en temas más potentes como el también single “The Doomed”, o “Talk Talk”. Se configura con ello una primera parte del disco realmente brillante.

El problema lo encontramos en lo que podemos llamar la cara B del álbum donde hallamos temas como “Hourglass” que más bien oscila entre el Nu-Metal y una especie de Pop de laboratorio mal cocinado, interludios instrumentales vacíos como “DLB”, o canciones que no llegan a ninguna parte en su experimentación como la final y muy aburrida “Get the lead out”.

El conjunto, pues, acaba convirtiendo este “Eat the Elephant” en un álbum tan sugerente (sobre todo, como ya hemos dicho, en su primera parte), como irregular por momentos, aunque podemos decir que el balance general del disco es bastante positivo.

Hemos querido comentar este álbum de A Perfect Circle porque la banda es una de las que encabeza el cartel del festival “Be Prog My Friend” que se celebra en Barcelona (Poble Espanyol) los días 29 y 30 de junio (estamos seguros de que su concierto superará el listón de su último trabajo), complementándose el evento con artistas del nivel de Steve Hackett (ex miembro de Genesis que suele basar sus conciertos en buena parte en el repertorio de la mítica banda en la que militaron Peter Gabriel o Phil Collins), los excelentes Baroness (uno de los grandes grupos de Rock de la actualidad), los muy inquietantes y creativos Oranssi Pazuzu, o esa especie de superbanda del Rock progresivo que atiende al nombre de Sons of Apollo. Una alineación de nombres, en suma, que configuran una muy atractiva invitación para pasar un gran fin de semana musical en Barcelona.

Ricard.

Web del festival Be Prog My Friend

Os dejamos con un par de vídeos del último disco de “A Perfect Circle”:

En el momento en que publicamos esta entrada nos enteramos de que Maynard James Keenan ha sido acusado de violación, algo que ha caído como un auténtico jarro de agua fría sobre todos los seguidores del artista. Al parecer, los hechos habrían acontecido hace ahora unos 18 años, durante una gira compartida junto a Nine Inch Nails, y habrían ocurrido en el autobús de gira de la formación, donde Keenan podría haber forzado a una joven fan casi 20 años menor que él. Desde nuestra absoluta solidaridad con las víctimas de violación (afortunadamente, cada vez son más las que se animan a denunciar este terrible delito cuando lo han sufrido, lo cual ha activado una cada vez mayor concienciación sobre la violencia de género en nuestra sociedad), nos atenemos a la legítima presunción de inocencia que merece cualquier persona, y al hecho que esta entrada está también dedicada a promocionar un festival donde tocan otros músicos y bandas que nada tienen que ver con este asunto, para mantener este post tal y como estaba previsto.

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Angel Olsen en Barcelona (Sala Barts, 09/05/18): Regreso al intimismo.

El pasado jueves la cantautora norteamericana Angel Olsen hizo honor al festival del cual iba a ser participe (Guitar BCN 2018) presentándose ante el público de la capital catalana con el instrumento al que hace referencia dicho evento, instrumento que no dejo en ningún momento de la velada y que fue su único acompañante durante ésta, pues la artista realizó su actuación sin banda.

Así pues, la cantante inauguró su concierto con “Sans”, corte incluido en su último disco publicado a finales del pasado año, el más que interesante “Phases”. En realidad, el mencionado álbum no es más que una colección de descartes y versiones varias que no había incluido en sus anteriores lanzamientos y que Olsen ha querido dar a conocer, consiguiendo, curiosamente, un trabajo de impecable conjunción.

Y es que las canciones de este disco funcionan muy bien tanto de forma individual como dentro de la secuencia que siguen en el álbum, de forma que en su conjunto, “Phases” no desmerece del resto de la discografía de una artista que, con su anterior trabajo (“My woman”, 2016) ha conseguido acercarse a un público bastante mayoritario que la había ignorado con sus dos primeras referencias (“Half way Home” de 2012, y “Burn your Fire for not Witness” de 2014).

Como si de una pequeña revancha por ello se tratara, tanto su último disco, como la gira que está realizando en la actualidad, vuelven a sacar el lado más intimista y melancólico de la músico, descartando, en el caso de sus actuaciones, los temas del más expansivo y por momentos incluso rockero “My woman”. De esta forma, Olsen parece querer dar a conocer a sus nuevos seguidores cuáles son sus raíces artísticas.

En cualquier caso, Angel Olsen consiguió encandilar al público que prácticamente abarrotaba la sala BARTS con canciones nuevas aún sin pulir, y una gran mayoría de su repertorio primigenio como “Some things cosmic”, “You are song”, “Lonely” o el díptico final en los bises con “Windows” y “White fire”, interpretadas a flor de piel con una voz que puede resultar tan potente como sutil, y una técnica a la guitarra nada desdeñable.

Al margen de la música, Olsen logró crear una sensación de calidez y cercanía con su audiencia gracias a sus ocurrencias contadas entre tema y tema (explicó que quería ir a la playa, comer pinchos y hablar de chicos con amigas como podría hacer cualquier otra joven, o invitó al público a seguir a su gata Violet por Instagram), que contribuyó a dejar con una sonrisa en la boca, una vez terminada la actuación, al respetable que se había acercado a la BARTS.

En resumen, una bonita velada que recordar, y que nos hizo refrendar nuestro interés por una artista de innegable personalidad.

Ricard.

Os dejamos con un concierto completo de esta gran artista, eso sí, en este caso con banda al completo:

Web de Angel Olsen

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“Perfectos desconocidos”: ¡Apaguen los móviles!

En un momento en que la cartelera cinematográfica está especialmente repleta de títulos interesantes, pero acaso muchos de ellos con temáticas bastante densas (nos vienen a la cabeza películas como la sueca “The square”, la griega “El sacrificio de una ciervo sagrado” o la norteamericana “En realidad nunca estuviste aquí”), se nos antojaba a priori como un divertimento más que apetecible “Perfectos desconocidos”, del director donostiarra Alex De la Iglesia, adaptación del film italiano que fue un taquillazo de público en el país transalpino la pasada temporada.

Con más de 2 millones de espectadores que la han visto ya según reza la publicidad que se le está haciendo actualmente a la película, y convertida pues también aquí en un gran éxito, lo cierto es que el visionado del film ha resultado ser más satisfactorio de lo esperado, sobre todo teniendo en cuenta que logra transcender el puro divertimento vodevilesco del que estábamos predispuestos a disfrutar.

La premisa de la película no podía ser más estimulante: un grupo de amigos, en la cuarentena la mayoría, decide juntarse una noche para cenar en casa de dos de ellos, proponiendo una de las congregadas dejar los móviles encima de la mesa para leer en voz alta los mensajes que reciban y escuchar conjuntamente las llamadas que vayan surgiendo. El juego, que en principio se les antoja como algo puramente jocoso, propiciará situaciones cada vez más comprometidas.

Alex De la Iglesia maneja con elegancia la cámara por un espacio casi único, el apartamento de los anfitriones, sorteando la tentación de convertir el film en una especie de obra de teatro filmada. Lejos de ello, “Perfectos desconocidos” es una película con todas las de la ley, que bascula entre la comedia de equívocos y un cierto tono dramático que se acentúa en su tramo final. A falta de haber visto el film original italiano, y desconociendo pues las diferencias que puedan existir con éste, añadiríamos además que el trabajo de De la Iglesia tiene la inteligencia de ir desgranando sutilmente ciertos elementos fantásticos que hacen que, al final, no nos sorprenda demasiado el giro en forma de fábula que tiene la historia.

Con todo lo dicho, nada en esta película podría funcionar bien sin el brillante trabajo de su reparto (perfectos, y nunca mejor dicho, todos y cada uno de los actores y actrices).

Película, en suma, fresca, francamente entretenida, y que pone sobre la mesa una cuestión de plena actualidad: la diferencia que existe entre nuestro yo público, lo privado y lo directamente oculto, en un momento en que las nuevas tecnologías dan pie fácil a eliminar las fronteras entre estas tres dimensiones del individuo.

Ricard.

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