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Ryan Adams: Notable artesanía rock.

Dentro del interesante cartel del Festival Cruïlla que se va a celebrar en Barcelona el próximo mes de julio, destaca para nosotros el nombre de Ryan Adams, quien vendrá a presentar su último disco “Prisioner”.

Músico incontinente donde los haya (suma ya una veintena de álbumes en poco más de 20 años si contamos los que grabó con su primera banda Wiskeytown), Adams se ha caracterizado por poner en primera línea un estilo de rock enraizado en el country, el folk, o el blues (eso que algunos denominarían “Americana”), deudor de gigantes de este estilo como Bruce Springsteen o Tom Petty.

Si bien ninguno de los álbumes que ha publicado el músico nacido en 1974 en Jacksonville (Florida) se puede comparar a las grandes obras de los antes mencionados, sí se puede estimar la carrera de Adams, vista en perspectiva, como más que interesante, siendo probablemente sus primeros trabajos en solitario, “Heartbreaker” (2000) y “Gold” (2001), los que más siguen destacando de su dilatada discografía. Además, se puede considerar que ha sabido cultivarse una cierta imagen cool (algo parecido a lo logrado por un artista de similar edad y características estilísticas, aunque a la postre más personal en lo musical como es Jack White), que lo hacen atractivo para muy distintos tipos de público: desde el más indie al más rockero, y desde el más joven al más maduro que puede tener como referencias musicales clásicas los nombres mencionados en el párrafo anterior.

En su último lanzamiento observamos que se subraya un cierto giro estilístico que empezó a vislumbrarse en su disco homónimo “Ryan Adams” (2015) y que siguió configurándose en el curioso “1989” (2015), álbum que versionaba íntegramente el disco del mismo nombre de la estrella del Pop Taylor Swift. Nos referimos sobre todo a un trabajo de producción que nos hace pensar inevitablemente en los años 80: desde el Springsteen de “Born in the USA” (1984) o “Tunnel of love” (1987), a (por qué no decirlo) los primeros álbumes de Bryan Adams; títulos nada desdeñables como “Cuts like a Knife” (1983), “Reckless” (1984), o “Into the fire” (1987). Tampoco es gratuito comparar lo que hace Ryan Adams en la actualidad con bandas del estilo de The War on Drugs.

En cualquier caso, “Prisioner” se inspira en la tormentosa ruptura amorosa sufrida por el músico de Florida recientemente, así como por ciertos problemas de salud que le han mantenido en vilo de un tiempo a esta parte, siendo el tono general del trabajo más bien melancólico, aunque no exento de músculo rockero. En este sentido, hay en el álbum canciones muy asequibles, con cierto aroma AOR, como el primer single “Do you still love me?”, o “Anything I say to you now”. También cortes que se acercan al pop y que nos pueden recordar un tanto a The Smiths como es el caso de la canción que da nombre al disco: “Prisioner”. Por otro lado, temas como “Shiver and shake”, “Breakdown” o “Broken anyway” son de esos que crecen con las escuchas, y que pertenecen a un compositor que forma parte de esa estirpe de músicos que podríamos considerar brillantes artesanos del rock.

En suma, un trabajo variado, muy compensado y que podríamos incluir ya entre la media docena de títulos más destacables de su autor. Ahora solo queda corroborar las nuevas canciones en directo. Nuestra ocasión de escucharlas en tal tesitura, como hemos dicho, será en el próximo Festival Cruïlla, a celebrar en Barcelona los días 7, 8 y 9 de julio.

Ricard.

Para más información sobre el Festival Cruïlla Barcelona clica abajo:

Web del Cruïlla

Os dejamos con el vídeo de presentación del último disco de Ryan Adams:

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JABIER MUGURUZA – FESTIVAL BARNASANTS: NOVA JAZZ CAVA- TERRASSA (26/02/17).

Jabier Muguruza es de esa clase de músicos tan necesarios como escasos en los días que corren. A sus espaldas, una larga carrera de discos (obras, como a él le gusta matizar) y de recitales a lo largo y ancho del planeta.

Quien escribe lo lleva siguiendo mucho más de cerca desde hace más de una década y ha podido comprobar, obra a obra, recital a recital, no sólo la dulzura de la música o de las letras sino también el cariño intenso que destila para con su público.

Tan tranquilo como hiperáctivo, Jabier prepara nuevo trabajo. Pero entre canciones nuevas y recitales diversos, Jabier asomó la cabeza en la Nova Jazz Cava de Terrassa en el marco de un Festival muy especial para él: el Barnasants. Escogido en 2015 como el cantante que hizo el mejor concierto dentro del evento, y que en inmortalizó en el disco “Barnasants 2015”, Jabier siempre acepta encantado las invitaciones del Festival. Esta vez repasaba su último trabajo : “Tonetti Anaiak” (Los hermanos Tonetti).

A partir de una experiencia personal en la que se enmarca la amistad de los Muguruza con los añorados payasos Tonetti, Jabier recupera el bello sentimiento infantil del niño que todos llevamos dentro. El trágico final de los payasos (uno de ellos se suicidó) que inicialmente ennegrece la historia, se torna luminoso cuando Jabier expresa que un payaso nunca muere (idea recuperada del documental de Oskar Alegría , “Emak Bakia”).

Ese es el espíritu y las canciones tan bonitas que inundaron el bello y mítico local de Terrassa. La última obra, sus explicaciones y algunos rescates, fueron la columna vertebral del recital.

Jabier emociona, y mucho. En esos espacios recogidos, esta vez tan sólo con su acordeón y un piano, se puede degustar aún más el sabor de sus bellas melodías. Jabier da luz y nos recuerda que ,en el frío Noviembre, el calor de tu amada  hace que el mes no sea tan malo (“Azaroak..”). Nos habla del diario de un niño envuelto por tristezas familiares (“Egunkari…”). Y por su puesto está el recuerdo del personaje africano de Bernardo Atxaga (“Mazisik:.”) o las letras de ese oculto y genial escritor, Iñaki Irazu, y que nos recuerda que siempre que vengas a casa tendrás mi caluroso recibimiento (Eskaintza).

Es algo mágico. Un concierto de Jabier es como una bella caricia al corazón. Por eso gusta tanto. Y siempre me maravilla cuando nuevo público (aún ocurre) lo descubre. Vuelve pronto, lagun, se te quiere mucho.

Jordi Martínez.

Repertorio:

  1. Sarrera (texto adaptado de Bernardo Axtaga)
  2. Katherine Schwitzer
  3. Tonetti anaiak
  4. Azaroak baditu gauza onak
  5. Maite zaitut, ez
  6. Ez da komeni exagetzareak
  7. Hurrengo geltokiak
  8. Mazisi Okeita Denbelek
  9. Benino edo benito
  10. Tan Petita
  11. Eskaintza

 

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“The night of”: Insuperable ficción televisiva.

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Ya hablamos hace algún tiempo de “Show me a hero”, miniserie de la cadena HBO (como hemos reiterado en diversas ocasiones en nuestro blog, famosa por estar tras la producción de series como “The sopranos”, “The wire”, “Juego de tronos” o más recientemente la irregular pero apreciable “Westworld”), y hoy enfocamos nuestra atención en otra ficción salida de esta gran factoría televisiva, referente ineludible en los últimos tres lustros largos en lo que tiene que ver con la producción audiovisual. Nos referimos a la extraordinaria “The night of”.

La mención inicial a “Show me a hero” no solo tiene que ver con el hecho que HBO esté detrás de las dos series; también comparten ambas producciones algunas particularidades. Para empezar se trata de series de una única temporada y con pocos episodios (6 en el caso de “Show me a hero”, 8 en el de “The night of”). Además, en ambas está clara la ambición de llegar más allá del mero entretenimiento y ser obras que radiografíen en cierta forma mucho de lo que está ocurriendo en el ámbito socio-político actual en los Estados Unidos, si bien “Show me a hero” se basa en un caso real acontecido en los años 80, mientras que “The night of” es una ficción total situada temporalmente en la actualidad.

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“The nigt of” es una serie que se inspira a su vez en otra producción televisiva, la británica “Criminal justice”, y ha sido ideada por Steve Zaillan y Richard Price, ambos con experiencia contrastada en el mundo del cine y la televisión. Inicialmente iba a estar protagonizada por el malogrado James Gandolfini, inolvidable Tony Soprano en la serie de las series (junto a “The wire”) “The sopranos”. Sin embargo, tras la desaparición del añorado actor (quien luce como productor ejecutivo a título póstumo en los preciosos títulos de crédito de la serie) se barajaron varios nombres para substituirlo, incluyendo alguno tan insigne como el de Robert de Niro. Sin embargo, la repleta agenda de De Niro, y la negativa de otros intérpretes, hizo que el papel fuese a caer finalmente en John Turturro, quien, pese a tener dudas en un principio sobre si aceptarlo o no, se acabó incorporando al elenco de actores y actrices que forman parte del esplendido reparto de la producción.

Hacemos referencia en particular a Turturro y a su protagonismo porque es sobre él y su personaje sobre lo que pivota buena parte del éxito artístico de “The night of”. Sin él y su increíble trabajo interpretativo, de deslumbrante naturalidad, probablemente la serie resultaría muchísimo menos interesante, y el tono de la realización, mucho más grave y denso de lo que acaba siendo para el espectador. Su abogado “buscavidas”, de tintes entre patéticos y entrañables, merece entrar de pleno en una galería de los grandes personajes de ficción de los últimos años, ya no televisivos, sino de cualquier medio en general.

El argumento de “The night of”, sobre el que no queremos alargarnos mucho, se centra en el caso de un estudiante neoyorkino, de ascendencia pakistaní, al que se acusa del brutal asesinato de una chica. Durante el primer episodio de la serie seremos testigos de las circunstancias que llevan al joven a la acusación, y cómo aparentemente parece tenerlo todo (pruebas, testimonios, agravantes) en contra. Al final de dicho episodio, aparece el personaje de Turturro, quien de forma prácticamente casual asumirá la defensa del chico.

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“The night of” sigue la estructura de una gran ficción clásica. Se diría que podría ser una película o una novela en ocho capítulos. Con una linealidad temporal absoluta pues, y una economía de medios narrativos total (dicho sea en el mejor sentido). Los personajes están perfectamente retratados en el guión de la serie y en su puesta en escena, algo, esto último, a lo que contribuye su reparto, empezando por el mencionado abogado de Turturro, y pasando por el estudiante acusado del crimen (el ascendente Riz Ahmed), el policía veterano que interpreta Bill Camp (otro de esos actores que, lejos de ser estrellas, no pasan inadvertidos en cualquier aparición en pantalla que hagan), la abogada de origen indio que encarna con un trabajo lleno de matices la británica (con raíces familiares en Sri-Lanka) Amara Karan, y el siempre imponente Michael K. Williams, a quien recordamos especialmente por su trabajo como el gánster homosexual Omar Little en “The Wire” y que aquí interpreta un personaje con puntos en común con aquél.

Con una espléndida fotografía que podríamos calificar de hiperrealista, deudora de aquellos grandes filmes de los años 70 firmados por directores de la talla de Martin Scorsese o Sydney Lumet, en los que, en parte, “The night of” parece inspirarse, y con una maravillosa banda sonora, la serie es ante todo una gran historia de intriga, con generosas dosis de drama (se diría que de ecos dostoievskianos) y ramalazos de comedia, que engancha irremediablemente al espectador casi desde el primer instante. Pero también, como hemos apuntado al principio al compararla con “Show me a hero”, tiene la ambición de retratar una sociedad (la norteamericana, pero en realidad podría ser casi cualquiera del mundo occidental; solo hay que ver lo que está ocurriendo actualmente en países como Holanda o Francia) en un estado permanente de histeria y paranoia, devorada por los mensajes de odio al diferente que han llevado al poder al más reaccionario y ultraconservador presidente de los Estados Unidos en toda su historia.

En definitiva, “The night of” es, sencillamente, una insuperable ficción televisiva. No os la perdáis.

Ricard.

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The Divine Comedy. Barcelona. 08/02/17: Un dandy en el Palau de la Música.

Dentro del marco del Festival Mil·leni, The Divine Comedy, la banda liderada por el carismático irlandés Neil Hannon, vuelve para presentar su último disco “Foreverland”, un trabajo que llega unos 6 años después del gran “Bang goes to Knighthood”.

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Ya acudimos hace unos meses a una previa al aire libre dentro del “Vida Festival”. Ahora tocaba en un escenario muy especial, el Palau de la Música Catalana. Lo cierto es que la mayoría de los últimos conciertos que he visto de ellos han sido en teatros y con el público sentado. Quizás se sienten más cómodos en esa intimidad de lugares más o menos pequeños donde crear mayor comunión con el público y favorecer la parte más crooner de Neil Hannon, un tío que siempre se acerca a su público y te hace cómplice del show. En todos los aspectos, por su majestuosidad, su magia… El  Palau era el mejor escenario para esta banda.

A pesar de esta introducción que parece patrocinada debo decir que “Foreverland” no me parece, ni de lejos, el mejor disco del año, ni tampoco de los mejores discos de los irlandeses. Pero las presentaciones de los discos están para esto, para defenderlos en directo y debo decir que, de nuevo, Neil  hizo que este álbum ganara texturas. Se descubren todas sus posibilidades. Los 5 cortes que repasa adquieren una nueva riqueza. Y también cabe admitir que Mr Hannon no estaba en el mejor estado de su voz, algo ronca al principio y sin poder llegar a algunas notas en algunos momentos, supongo a causa de que gira a concierto por día. Aunque fue mejorando y a mitad del show ya estaba casi al 100%.

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El Palau de la Música no es cualquier escenario. Tiene una fuerza especial. Está por encima de lo humano. A Divine Comedy le iba al pelo. Y Neil aparece enfundado en un traje de Napoleón, allí, en ese escenario clásico, dispuesto a cometer sus travesuras. Nos presentó la mayoría de los cortes del último disco en la primera mitad del concierto, intercalando antiguas canciones escogidas de entre casi todos los discos, repasando sus ya más de 25 años de carrera

Como los divos, se deshace de su traje napoleónico para volver a aparecer vestido como el dandy que es mientras acaba de sonar la maravillosa The Certainty of chance.  Tras la crítica The Complete Banker y Bang goes the Knighthood llega el primer subidón con Generation Sex. El Palau empieza a levantarse para volver a sentarse con la “dramática” Our Mutual Friend con un Neil que acaba estirado en el escenario.

Punto de inflexión y momento “cool” de esos típicos del rubio: el crooner enchufa un tocadiscos en el que suena la “guatequera” Spanish Flea, mientras se dedica a repartir cervezas y vino a la banda y prepara el escenario para cantar a dúo Funny Peculiar con su telonera, Lisa O’neill. El concierto sigue desarrollándose entre tempos medios y las llamadas al desfase del propio Neil (en catalán) con los hits más conocidos de The Divine Comedy (Something for the Weekend, National Express, Becoming more than Alfie) y otras más modernas que ya se están convirtiendo en clásicos como I like o At the Indie Disco (o cómo una canción puede retratar la mitad de tu juventud) y la preciosa Lady of a certain age entre otras.

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Cierra como de costumbre con Tonight we fly… Y puedes sentir que formas parte de algo especial. Ver saltos en los palcos del Palau es una imagen que quedará guardada en mi retina por mucho tiempo. Y sonríes. Porque no puedes evitarlo. Porque transmite tal cantidad de buen rollo que no hay quien se resista a caer rendido a sus pies. Me llevo a alguien nuevo a cada concierto de Neil… ¡¡¡y siempre acierto!!! Ahora siempre voy acompañada 😉

Así que si nunca habéis tenido la suerte de ver a este pequeño gran hombre, acompañado o no de su banda, DEBÉIS, una vez en la vida, pegaros un homenaje. Porque The Divine Comedy canta a la vida, con sus miserias y sus alegrías… y todas las canciones quedan bellas cuando estás ahí. Quedáis advertidos.

Laura Mart Sit.

Os dejamos con un concierto completo de la actual gira de The Divine Comedy recientemente emitido en Francia:

 

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Michael Kiwanuka: Soul expansivo.

Aunque hace ya unos meses que se publicó, es ahora, coincidiendo con la pronta fecha de su concierto en Barcelona (16 de noviembre, Sala Bikini, en el marco del Festival Mil·leni), cuando hablamos aquí de uno de los discos que debemos considerar como firme candidato a encabezar las recurrentes listas de lo mejor del año que a final de cada temporada pueblan las publicaciones y webs musicales, así como aquellos medios, como el nuestro, en que se habla de cultura en general, siendo la música, obviamente, parte de ella. Nos referimos a “Love and hate”, segundo trabajo de Michel Kiwanuka (Londres, 1987).

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Kiwanuka se dio a conocer en 2012 con un primer álbum, “Home again”, en el que ya se apreciaba su talento para asimilar un estilo clásico como el soul (se le ha comparado a menudo con Ottis Redding o Marvin Gaye) y convertirlo en algo completamente personal, añadiendo ramalazos de folk o rock a sus canciones impregnadas de elegancia y sentimiento a partes iguales.

Sin embargo, no ha sido hasta la publicación, antes del verano, de su segundo larga duración, “Love and hate”, en que hemos visto plasmar todo el potencial que atesora el músico de ascendencia ugandesa. Y es que en este nuevo trabajo, Kiwanuka nos ha sorprendido con un sonido que parece querer expandirse de una forma similar a la entendida por bandas de rock progresivo como Pink Floyd, sin desmarcarse en ningún momento de sus raíces en la música negra, y añadiendo a todo ello una producción (en la que está metida Danger Mouse) que le da una pátina de modernidad bien entendida (un poco en la línea de lo que hizo la añorada Amy Winehouse) a la coctelera que maneja con mano maestra nuestro protagonista.

De esta forma, el disco se abre con un tema, “Cold Little heart”, de cerca de 10 minutos de duración, que es ya de por sí toda una declaración de intenciones, con una larga introducción puramente instrumental (salvo por algunos coros), que incluso nos puede llegar a recordar al genio de todo un Ennio Morricone. Después de eso, la canción deriva hacia un muy sentido, dolorido por momentos, canto de tintes épicos y espirituales, en la estela del mejor Ben Harper.

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En la misma línea se mueve otro de los momentos álgidos del álbum, el single que da título al disco, “Love and hate”, con un alargado solo de guitarra al final que nos hace pensar que el glorioso legado de Jimi Hendrix sigue presente entre las nuevas generaciones tantos años después de su desaparición.

Por otra parte, encontramos canciones más concisas, como el otro adelanto del álbum, “Black man in a white world”, de letra muy reivindicativa y con un gran sentido del ritmo, la bella “Rule the world”, o la pegadiza “One more night”, puro soul del siglo XXI.

En total son 10 canciones sin un solo momento de descenso en el nivel de las composiciones, aunque claramente destaque ese espectacular inicio que es “Cold Little heart”.

Un grandísimo disco, en suma, que os recomendamos fervientemente. Como decíamos al principio, en pocos días Michael Kiwanuka estará defendiendo sus nuevas canciones en directo en Barcelona, en un concierto que se nos antoja uno de los momentos especialmente remarcados del calendario musical en este año 2016 que encara ya su recta final.

Ricard.

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BLUR: “New world towers” o la magia de estar en una banda según Blur.

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Entre los filmes proyectados en la última edidión del In-Edit, hemos podido ver “Blur: New world towers”, documental dedicado a Blur.

La película gira en torno a dos conciertos de la banda británica, Hyde Park (2012) y Hong Kong (en lo que fue parte de la gira del 2015) y muestra cómo surgió su último trabajo The Magic Whip, disco nº 8 de su carrera, que había quedado desierta desde 2003 y que supone la reunión con Grahan Coxon tras su partida en 2002 en medio de la grabación de Think Tank. A través de material de grabación y entrevistas se dibuja cómo se gestó este último disco.

El documental de 2015 está dirigido por Sam Wrench y cabe mencionar la exquisita y galopante fotografía (Brett Turnbull, Bud Gallimore) así como el sonido espectacular (aseguramos que querrás no haberte perdido ninguno de esos conciertos tras ver el docu y nos ha costado no aplaudir, cantar o saltar en medio de la sala de proyección).

Todo empieza cuando, debido a la cancelación de su show en Tokio, se ven obligados a quedarse 5 días en la ciudad de Hong Kong. Atrapados en esta situación,  deciden hacer aquello que mejor saben hacer y aquello que les hace felices… deciden encerrarse en un estrecho y poco lujoso estudio de grabación y pasar el rato, buscando sonidos, inventando melodías, como cuando eran 4 amigos que no tenían más pretensión que pasarlo bien mientras tocaban, y recuperando sensaciones perdidas al no tener ningún tipo de presión. Ni a nivel musical (nadie esperaba un nuevo disco de Blur ni su reunión como banda), ni a nivel personal. Porque “New world towers” no sólo enseña cómo se forjó el LP sino que también nos enseña como Coxon y Damon Albarn recuperan una amistad que se remonta a su infancia a través de la materialización de The Magic Whip.

En este film, se presenta a un Alex James y un Graham Coxon como germinadores de “The magic whip” junto a Stephen Street, productor de la mayoría de discos de la banda. Por primera vez la responsabilidad de empezar ya no recae en Albarn (quizás enfrascado en su trabajo en solitario Everyday robots y nuevo material de Gorillaz) y así Coxon puede exorcizar viejos remordimientos o culpabilidades por un pasado que él mismo reconoce como errores propios de un tío totalmente desbordado por el éxito que cosecharon ya desde los primeros discos. Graham Coxon entona su mea culpa. Decide usar las grabaciones de ese cuartucho de Hong Kong y ver si puede sacar algo, algo bueno, algo que ya siente (al igual que Alex James) que puede llegar a ser realmente grande.

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Así como os decía, Graham se sentó a revisar junto a Stephen Street el material grabado en esas jams improvisadas con la intención de poder presentar un buen producto a  sus compañeros. Y con la esperanza, la incertidumbre y el miedo pendiente de la respuesta de Damon.

La respuesta es totalmente positiva y el resultado es The Magic Whip, un disco quizás demasiado ecléctico para mi gusto, producto  de los días vividos en la ciudad de Hong Kong. Todas las letras giran en torno a momentos vividos allí y las situaciones personales que surgen de esa inesperada convivencia (hasta tiene una canción, “Terracota Heart”, que Albarn dedica a Coxon).

El film adquiere un relato bastante íntimo donde hay cabida para confesiones de lucha de egos, de comportamientos fuera de lugar (“Antes Coxon era mejor que yo… pero ahora creo que estamos iguales” ríe Albarn), se revisan los locos inicios, la tendencia a la bebida, se les ve en situaciones cotidianas, haciendo bromas… Quizás nos quieren “vender la moto” pero este documental habla de la madurez, de cómo el tiempo ayuda a ver errores pasados. Habla del paso del tiempo, de lo efímero de ciertas sensaciones y momentos… Habla de hacernos mayores, responsables. Habla de cuando la rebeldía se convierte en aceptación, de que la vida es como es. Habla de que las relaciones entre personas son un tema complicado… hablan de que todo tiene un momento y un por qué. Pero por encima de todo, habla del amor hacia la música. De que cuando alguien ha nacido para tocar música es difícil que no lo haga.

Y vayamos a la parte “groupie”. “Dios no puedo perderme el docu de Blur” pienso la tarde de la proyección, y la larga cola en los cines Aribau evidencian que no soy la única. Blur son esa burbuja de la que no quiero caer, son ese grupo que nos hacía saltar hace 20 años, son la BSO de muchos de nosotros… es la guitarra de Coxon, la voz de Damon y hasta el sexy de Alex (sí… mi amor entero era para el rubio travieso pero los bajistas siempre han sido mi debilidad)… Y los ves ahora y piensas que se conservan bastante bien. Damon sigue siendo guapísimo, ¡tenía que decirlo! Pero lo que más adoro de él es que es un fucking musical genious!!!!!!!!!!!! Y el tiempo les ha dado la razón… Ni Oasis ni hostias. Está claro que si eras una “blurette” no podías ser de Oasis, pero ahora viendo toda la trayectoria de Albarn… ¡sé que tomé la decisión correcta!

A nivel personal, este documental ha sido una revelación en el sentido en que cuando fue lanzado, pensaba que era un disco forzado… que sacaron aprovechando la ráfaga de esas giras multitudinarias… pero ha sido como un disco de catarsis… Y eso me ha emocionado mucho… Ver cómo han recuperado las ganas de tocar, ver cómo han sentido la magia, la ilusión y cómo lo han transmitido. Y que todo esto permita que podamos tener en el sonido Blur la añorada guitara de Graham Coxon… no tiene precio. Ya no soy “blurette” pero me saco el sombrero antes los músicos, los buenos músicos… Respect.

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Y hay un paralelismo entre los que explican estos chicos londinenses y las propias vivencias del público que abarrotó este pase del IN-EDIT… hemos crecido juntos, nos hemos hecho mayores juntos. Y estamos en esa época en que tienes fresco el fulgor de la adolescencia, pero ya vislumbras esa madurez….pero eres incapaz de querer crecer del todo… porque hay una burbuja musical que nunca va a petar… y eso te mantiene vivo. La música te sigue sosteniendo y no contemplas la vida sin ella.

Y si ellos quieren hacerse mayores haciendo lo que les hace felices, es decir, música; yo les seguiré porque me hace feliz escuchar buena música.

Para los fans más fans… maybe yes, maybe not… juegan al despiste acerca de si volverán, de si seguirán grabando nuevos discos. Pero ahora mismo me tiene sin cuidado… la guitarra de “Bettelbum” sigue resonando en mis oídos. Momento de piel de gallina. Y “The Universal” sigue siendo una de las mejores canciones que he escuchado (momento lagrimita).

La música… ese compañero fiel para muchos de nosotros… Como dice Damon Albarn… THERE’S NOTHING EXCEPT THE MUSIC… el mundo te da igual… Y este me parece el broche final como sensación que se te queda en un festival dedicado íntegramente al documental musical. Y en este credo… estoy segura de que somos muchos los creyentes.

Laura Mart Sit.

Os dejamos con un concierto completo de la gira de presentación de The magic whip:

 

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“Insensible” de Yves Gerbeau: Una joven voz de la literatura catalana a seguir.

Resulta complicado en un país donde se edita tanto como  Cataluña, realizar un seguimiento mínimo de las muchas novedades que van surgiendo, tanto en lengua catalana como castellana. Condicionados como estamos por la aplastante maquinaria mediático-publicitaria de las grandes editoriales que acaparan además la mayor parte del espacio disponible en librerías y tiendas de productos culturales, parece en ocasiones que apenas queda sitio para otros libros que no sean “best sellers” o escritos por autores más que consagrados (la mayor parte de la veces desde hace lustros, e incluso décadas).

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Por eso queremos intentar hacernos eco, ni que sea de vez en cuando, de autores más o menos jóvenes, con gran proyección y talento, pero que al no estar bajo el paraguas de una gran editorial pasan en exceso desapercibidos para la mayoría del público. En este sentido, nos referimos hoy a la publicación, por parte de la editorial Stonberg, de “Insensible”, segunda novela del escritor Yves Gerbeau (Barcelona, 1980), que nos ha dejado gratamente sorprendidos.

“Insensible” nos cuenta la historia de Henry, un escritor que siente que no encaja en el mundo; un ser perdido, excesivo y contradictorio que mira hacia el pasado para intentar situarse en el presente y, quizá, afrontar el futuro. Es por eso que la narración que estructura de forma brillante Gerbeau se mueve continuamente dando pasos del presente al pasado y viceversa, explicándonos acontecimientos relevantes de la niñez y juventud del protagonista, con un tono narrativo que en ocasiones difumina lo que parece ser real de aquello que podría resultar más propio de un sueño, o quizá, de una reinterpretación de lo vivido tiempo atrás.

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Yves Gerbeau

Con un uso del catalán rico (se nota la condición de filólogo del autor), lleno de matices, es “Insensible”, con todo, una novela de lectura ágil, que rezuma frescura. Un libro sin concesiones hacia el lector (sobre todo en su contundente final), pero que deja poso en él; algo no precisamente fácil de lograr.

De Gerbeau vale la pena leer también su primera novela, “El número 7”, así como sus relatos, algunos de los cuales se pueden encontrar en su blog, aunque también se pueden leer en revistas literarias como “Inèdits-Creació Literària” y “La lluna en un cove”, o en webs culturales como “Núvol”.

Os dejamos con el book-trailer de “Insensible”, y un enlace con el que podéis acceder a la página de Amazon donde se puede comprar su más que recomendable última novela. Esperamos que pronto Gerbeau consiga publicar un nuevo libro.

Ricard.

Enlace a Amazon.

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