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Festival Brunzit 2017.

Nos hacemos eco de la segunda edición del Festival Brunzit, evento musical a celebrar el próximo sábado 27 de mayo en Martorelles (Barcelona), y que este año cuenta con artistas del nivel de Paul Vallvé, Cala Vento, Roba Estesa o The Crab Apples.

Pau Vallvé, cantautor destacado, prolífico músico y creador (autor de bandas sonoras, productor, realizador de vídeos, creador de páginas web, etc.), ha publicado un nuevo y brillante álbum, “Abisme cavall hivern primavera i tornar ” (del que os hablaremos próximamente con más amplitud), autoeditado y distribuido personalmente desde su página web, en alguna tienda pequeña y en los conciertos.

En cuanto al grupo musical Roba Estesa, que visitará Barcelona el 1 de junio en ocasión del festival Born de Cançons, están presentando su primer trabajo, “Descalces” (Coopula Records, 2016), y ha recibido diversos galardones, como el Premi Sons de la Mediterrània 2015 o cinco Premis Enderrock 2016. Se determina con un género propio, el folkcalentó, un folk que fusiona otros estilos, muy personal y característico de esta banda. Su objetivo es convertir la cultura en un espacio de transformación social, ofreciendo un espectáculo global, donde se combinan performance, calidad musical y puesta en escena. Reivindican también a la mujer, proponiendo nuevas dinámicas para disfrutar del ocio desde el empoderamiento y la visibilización.

Cala Vento es un grupo emergente en la escena musical catalana que estará también presente en la edición 2017 del festival Cruïlla. Considerados como la nueva joya del sello discográfico Bcore, presentan su nuevo álbum “Fruto Panorama”, publicado en 2017, con un estilo ecléctico y muy hipnótico, con un directo intenso y espontáneo.

Web de Bcore – Información sobre Cala Vento

The Crab Apples es un grupo que surge del certamen Sona 9 (organizado por la prestigiosa revista Enderrock). Este grupo formado por cuatro jóvenes entre los cuales predomina la presencia femenina, presentaba en su origen canciones en catalán y en inglés, que se definían más como pop, aunque su directo se acercaba al rock. Tienen en su haber el LP “Right Here” (Discmedi, 2014) y el EP “Hello Stranger” (Discmedi, 2016), con el que están realizando la gira actual. Con este nuevo trabajo, en inglés en su totalidad, el grupo muestra un cambio hacia adelante, con una base muy contundente, una sonoridad más formada y cruda, crítica social en sus letras, y un estilo ya más rockero y atmosférico, sin abandonar las melodías pop.

Enlace a Mondo Sonoro – EP Hello Stranger

The Black Suns, surgen de la banda barcelonesa Klaudia y presentan nuevo trabajo, de gran calidad, que aquí os mostramos:

Web de The Black Suns

Uno de los miembros de la banda, Raul Naro, también actuará en el festival Brunzit, ofreciendo su repertorio de música electrónica, cuya muestra os dejamos:

Mixcloud de Raul Naro

Y también tendremos la presencia de la banda de hard rock Rampa, con un potente sonido y un EP homónimo en su haber:

Nacido en 2016 a partir de la iniciativa de Victor Torremocha, nativo de Martorelles, el Brunzit quiere dar a conocer propuestas de música independiente autóctona, en un espacio natural y en pleno corazón de la primavera, y con la oportunidad de consumir productos ecológicos al mismo tiempo que se disfruta de buena música.

Deseamos a este festival gran éxito y larga vida. A continuación tenéis un enlace donde podréis encontrar toda la información sobre el evento: cartel completo, ubicación, forma de comprar las muy baratas entradas, etc.

Ricard y Laura.

Web del Brunzit 2017

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The Divine Comedy. Barcelona. 08/02/17: Un dandy en el Palau de la Música.

Dentro del marco del Festival Mil·leni, The Divine Comedy, la banda liderada por el carismático irlandés Neil Hannon, vuelve para presentar su último disco “Foreverland”, un trabajo que llega unos 6 años después del gran “Bang goes to Knighthood”.

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Ya acudimos hace unos meses a una previa al aire libre dentro del “Vida Festival”. Ahora tocaba en un escenario muy especial, el Palau de la Música Catalana. Lo cierto es que la mayoría de los últimos conciertos que he visto de ellos han sido en teatros y con el público sentado. Quizás se sienten más cómodos en esa intimidad de lugares más o menos pequeños donde crear mayor comunión con el público y favorecer la parte más crooner de Neil Hannon, un tío que siempre se acerca a su público y te hace cómplice del show. En todos los aspectos, por su majestuosidad, su magia… El  Palau era el mejor escenario para esta banda.

A pesar de esta introducción que parece patrocinada debo decir que “Foreverland” no me parece, ni de lejos, el mejor disco del año, ni tampoco de los mejores discos de los irlandeses. Pero las presentaciones de los discos están para esto, para defenderlos en directo y debo decir que, de nuevo, Neil  hizo que este álbum ganara texturas. Se descubren todas sus posibilidades. Los 5 cortes que repasa adquieren una nueva riqueza. Y también cabe admitir que Mr Hannon no estaba en el mejor estado de su voz, algo ronca al principio y sin poder llegar a algunas notas en algunos momentos, supongo a causa de que gira a concierto por día. Aunque fue mejorando y a mitad del show ya estaba casi al 100%.

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El Palau de la Música no es cualquier escenario. Tiene una fuerza especial. Está por encima de lo humano. A Divine Comedy le iba al pelo. Y Neil aparece enfundado en un traje de Napoleón, allí, en ese escenario clásico, dispuesto a cometer sus travesuras. Nos presentó la mayoría de los cortes del último disco en la primera mitad del concierto, intercalando antiguas canciones escogidas de entre casi todos los discos, repasando sus ya más de 25 años de carrera

Como los divos, se deshace de su traje napoleónico para volver a aparecer vestido como el dandy que es mientras acaba de sonar la maravillosa The Certainty of chance.  Tras la crítica The Complete Banker y Bang goes the Knighthood llega el primer subidón con Generation Sex. El Palau empieza a levantarse para volver a sentarse con la “dramática” Our Mutual Friend con un Neil que acaba estirado en el escenario.

Punto de inflexión y momento “cool” de esos típicos del rubio: el crooner enchufa un tocadiscos en el que suena la “guatequera” Spanish Flea, mientras se dedica a repartir cervezas y vino a la banda y prepara el escenario para cantar a dúo Funny Peculiar con su telonera, Lisa O’neill. El concierto sigue desarrollándose entre tempos medios y las llamadas al desfase del propio Neil (en catalán) con los hits más conocidos de The Divine Comedy (Something for the Weekend, National Express, Becoming more than Alfie) y otras más modernas que ya se están convirtiendo en clásicos como I like o At the Indie Disco (o cómo una canción puede retratar la mitad de tu juventud) y la preciosa Lady of a certain age entre otras.

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Cierra como de costumbre con Tonight we fly… Y puedes sentir que formas parte de algo especial. Ver saltos en los palcos del Palau es una imagen que quedará guardada en mi retina por mucho tiempo. Y sonríes. Porque no puedes evitarlo. Porque transmite tal cantidad de buen rollo que no hay quien se resista a caer rendido a sus pies. Me llevo a alguien nuevo a cada concierto de Neil… ¡¡¡y siempre acierto!!! Ahora siempre voy acompañada 😉

Así que si nunca habéis tenido la suerte de ver a este pequeño gran hombre, acompañado o no de su banda, DEBÉIS, una vez en la vida, pegaros un homenaje. Porque The Divine Comedy canta a la vida, con sus miserias y sus alegrías… y todas las canciones quedan bellas cuando estás ahí. Quedáis advertidos.

Laura Mart Sit.

Os dejamos con un concierto completo de la actual gira de The Divine Comedy recientemente emitido en Francia:

 

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Nirvana: 25 aniversario de “Nevermind”. Sigue importando.

¿Cómo afrontar la revisión de una obra sobre la que se han vertido y se seguirán vertiendo ríos de tinta? La mejor manera de hacerlo es desde lo personal. En mi caso, la primera imagen que acude a mi mente cuando pienso en un disco como el “Nevermind” de Nirvana es la de mi mismo sentado en una clase de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Barcelona. Había acabado el COU y, a la espera de empezar el servicio militar obligatorio, acudía como oyente tanto a clases de Psicología como de Pedagogía con la idea de aclararme sobre cual de las dos carreras podía interesarme más si, una vez terminada la “mili”, me decidía a seguir estudiando como finalmente hice (para los curiosos, me decanté por Pedagogía). Fue allí donde entablé conversación espontanea con un estudiante de primer curso que llevaba su carpeta forrada con fotografías de grupos como Sex Pistols, The Clash, The Damned… “¿Has escuchado un grupo que se llama Nirvana?” me preguntó en un momento de la, para mí, apasionante charla que (ya os lo imaginaréis) versaba sobre el punk-rock. Como respuesta me encogí de hombros. Apenas hecho esto, y cuando mi contertuliano se disponía a darme algún tipo de explicación sobre quienes eran los tales Nirvana, apareció un profesor por la puerta, empezó a dar clase y, de esta manera, finalizó con cierta brusquedad ese diálogo musical que yo hubiese extendido hasta el infinito y que no tuvo continuación más tarde, sin que recuerde el motivo de ello.

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Apenas unos días después, un sábado al mediodía, me encontraba con un par de amigos en una tienda de discos, una de las muchas que por aquella época (situémonos definitivamente, finales de 1991) poblaban las calles del barrio gótico de Barcelona. En aquella pequeña y cerrada ágora para melómanos, un lugar (¡ay!) tan alejado en el tiempo (aquí no puedo evitar sentir cierta nostalgia), en las antípodas de los foros virtuales (redes sociales mediante) en los que se suele afrontar hoy en día el debate sobre lo musical, lo cultural y todo lo divino y humano,  fue donde escuché por primera vez “Smells like teen spirit”, canción escogida como primer single y que, de hecho, abría el que era segundo disco (primero para una multinacional, aunque entonces, lógicamente, no lo sabíamos) de Nirvana: “Nevermind”. “Tenéis que escuchar esto”, nos había dicho con evidente entusiasmo (creo recordar el brillo en sus ojos)  el tipo que se encontraba tras el mostrador de la tienda de discos hace años desaparecida que solía pinchar vinilos con un tocadiscos que se encontraba en un extremo de su lugar de trabajo. “¿Cómo se llama el grupo?” preguntó uno de mis colegas apenas transcurrido un minuto de la canción. “Nirvana”, respondió el vendedor. Me acordé entonces del nombre que había mencionado el estudiante con el que había conversado días atrás. Mi intervención en este momento es una frase memorable que debo transcribir tal cual: “Suena bien pero… esto no va a tener ningún éxito” (esta es una anécdota recurrente en mi vida, algo que he contado en múltiples ocasiones y que pongo como ejemplo de lo cortos de miras que podemos ser a veces). Ni que decir tiene que “Nevermind” se convirtió en pocas semanas en un fenómeno mundial, con millones de copias vendidas, propagándose además con mucha rapidez una suerte de histerismo colectivo que no solamente convirtió en hiperfamosos a los miembros de la banda que lo había creado (especialmente a su líder, Kurt Cobain), sino que catapultó a otras formaciones con influencias similares que probablemente sin el éxito de este disco no hubieran tenido la oportunidad de fichar para un gran sello, a los primeros puestos de ventas en todo el mundo, en lo que fue una (ciertamente difícil de prever poco tiempo antes) explosión de popularidad de lo que hasta entonces algunos denominábamos “rock alternativo”.

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¿Pero cómo se podía considerar “alternativo” algo que vendía millones de unidades? Nirvana aparecían continuamente en medios de comunicación convencionales, su música sonaba en cadenas de radio “mainstream” al estilo de los 40 principales…. Hasta aquellos compañeros de estudio que jamás habían mostrado el más mínimo interés por bandas que había escuchado durante mi adolescencia (The Replacements, Sonic Youth, Pixies), que bien se podían considerar en la órbita de lo que representaba a priori una banda como Nirvana y que, de hecho, habían influenciado claramente a Cobain y compañía, me preguntaban, al encontrarnos aquí o allá, por el grupo que había hecho popular el llamado sonido Seattle (ciudad de referencia del “grunge”, ese movimiento caracterizado por el desaliño estético y la angustia existencial que solían mostrar en las letras de sus canciones las bandas que se circunscribían a él), y me pedían recomendación sobre otras formaciones que pudieran sonar de manera similar.

Quizá por despecho a que hasta entonces no se hubiera prestado suficiente atención a esas bandas que tanto me habían gustado, no sentí en primera instancia una gran simpatía por Nirvana. Me gustaba muchísimo “Nevermind”. Durante un par o tres de años estuvo entre los discos que más escuché, claro está, pero en cierta forma tenía la sensación de que se había traicionado lo que podríamos llamar la ética del punk llevando esa clase de música a todo tipo de audiencias (recordemos que “Nevermind” superó en ventas al mismísimo Michael Jackson, que por entonces acababa igualmente de sacar un disco al mercado). Además, Kurt Cobain me parecía un tipo, por momentos, algo arrogante (una percepción absurda vista con la perspectiva que da el tiempo). Tonterías pseudoadolescentes por mi parte que, de forma brutal, con el trágico suicidio de Cobain en abril de 1994, se desvanecieron. En realidad “Nevermind” merecía todo el éxito que tuvo. Era (y es) un álbum brillante que aunaba en un sonido uniforme no solo influencias del punk y el rock alternativo, sino también del rock duro de inspiración setentera, el folk, y, desde luego, el pop (ese yeahhhh… tan beateliano de “Lithium”). Un trabajo sin mácula cargado de posibles singles, aunque siga destacando ese “Smells like teen spirit” con el que se abre el disco (ese mismo tema que, en mi opinión, no iba a triunfar) y que cargaba con oscura ironía contra la apatía de la llamada “Generación X”. Igualmente sobresalen canciones como la magnética “Como as you are”, la rotunda “In bloom”, la descaradamente punk “Territorial pissings”, la bella (en su sencillez) “Polly”, o la igualmente preciosa aunque lúgubre “Something in the way”. Mención aparte merece la acertadísima producción de Butch Vig, quien supo hacer relucir el buen material que había compuesto Kurt Cobain como probablemente nadie más lo hubiese podido hacer.

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Han pasado 25 años desde la edición de “Nevermind”. Hemos madurado (o eso queremos creer) y, evidentemente, nuestra capacidad para asombrarnos, para sentir el impacto de lo nuevo, ha disminuido con la experiencia, de forma que cuando escuchamos, vemos o leemos algo inédito, no tenemos tendencia a lanzar las campanas al vuelo como podíamos haberlo hecho antaño por muy gratificante que sea la experiencia. Puede que en parte sea por ello, pero no creo que haya mucha música hoy en día, al menos si nos circunscribimos al Rock o al Pop, música que alcance autentica relevancia entre las masas, que consideremos que pueda mirar de tú a tú a un álbum como “Nevermind”. La frescura, la sana mala leche, la fuerza de este disco, se mantienen incólumes. Sería tan necesario que en los tiempos que corren hubiera algo así. Seguimos echando tanto de menos a alguien como Kurt Cobain.

Decididamente, “Nevermind” sigue importando.

Ricard.

Os dejamos con un concierto completo de Nirvana:

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Michael Kiwanuka: Soul expansivo.

Aunque hace ya unos meses que se publicó, es ahora, coincidiendo con la pronta fecha de su concierto en Barcelona (16 de noviembre, Sala Bikini, en el marco del Festival Mil·leni), cuando hablamos aquí de uno de los discos que debemos considerar como firme candidato a encabezar las recurrentes listas de lo mejor del año que a final de cada temporada pueblan las publicaciones y webs musicales, así como aquellos medios, como el nuestro, en que se habla de cultura en general, siendo la música, obviamente, parte de ella. Nos referimos a “Love and hate”, segundo trabajo de Michel Kiwanuka (Londres, 1987).

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Kiwanuka se dio a conocer en 2012 con un primer álbum, “Home again”, en el que ya se apreciaba su talento para asimilar un estilo clásico como el soul (se le ha comparado a menudo con Ottis Redding o Marvin Gaye) y convertirlo en algo completamente personal, añadiendo ramalazos de folk o rock a sus canciones impregnadas de elegancia y sentimiento a partes iguales.

Sin embargo, no ha sido hasta la publicación, antes del verano, de su segundo larga duración, “Love and hate”, en que hemos visto plasmar todo el potencial que atesora el músico de ascendencia ugandesa. Y es que en este nuevo trabajo, Kiwanuka nos ha sorprendido con un sonido que parece querer expandirse de una forma similar a la entendida por bandas de rock progresivo como Pink Floyd, sin desmarcarse en ningún momento de sus raíces en la música negra, y añadiendo a todo ello una producción (en la que está metida Danger Mouse) que le da una pátina de modernidad bien entendida (un poco en la línea de lo que hizo la añorada Amy Winehouse) a la coctelera que maneja con mano maestra nuestro protagonista.

De esta forma, el disco se abre con un tema, “Cold Little heart”, de cerca de 10 minutos de duración, que es ya de por sí toda una declaración de intenciones, con una larga introducción puramente instrumental (salvo por algunos coros), que incluso nos puede llegar a recordar al genio de todo un Ennio Morricone. Después de eso, la canción deriva hacia un muy sentido, dolorido por momentos, canto de tintes épicos y espirituales, en la estela del mejor Ben Harper.

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En la misma línea se mueve otro de los momentos álgidos del álbum, el single que da título al disco, “Love and hate”, con un alargado solo de guitarra al final que nos hace pensar que el glorioso legado de Jimi Hendrix sigue presente entre las nuevas generaciones tantos años después de su desaparición.

Por otra parte, encontramos canciones más concisas, como el otro adelanto del álbum, “Black man in a white world”, de letra muy reivindicativa y con un gran sentido del ritmo, la bella “Rule the world”, o la pegadiza “One more night”, puro soul del siglo XXI.

En total son 10 canciones sin un solo momento de descenso en el nivel de las composiciones, aunque claramente destaque ese espectacular inicio que es “Cold Little heart”.

Un grandísimo disco, en suma, que os recomendamos fervientemente. Como decíamos al principio, en pocos días Michael Kiwanuka estará defendiendo sus nuevas canciones en directo en Barcelona, en un concierto que se nos antoja uno de los momentos especialmente remarcados del calendario musical en este año 2016 que encara ya su recta final.

Ricard.

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BLUR: “New world towers” o la magia de estar en una banda según Blur.

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Entre los filmes proyectados en la última edidión del In-Edit, hemos podido ver “Blur: New world towers”, documental dedicado a Blur.

La película gira en torno a dos conciertos de la banda británica, Hyde Park (2012) y Hong Kong (en lo que fue parte de la gira del 2015) y muestra cómo surgió su último trabajo The Magic Whip, disco nº 8 de su carrera, que había quedado desierta desde 2003 y que supone la reunión con Grahan Coxon tras su partida en 2002 en medio de la grabación de Think Tank. A través de material de grabación y entrevistas se dibuja cómo se gestó este último disco.

El documental de 2015 está dirigido por Sam Wrench y cabe mencionar la exquisita y galopante fotografía (Brett Turnbull, Bud Gallimore) así como el sonido espectacular (aseguramos que querrás no haberte perdido ninguno de esos conciertos tras ver el docu y nos ha costado no aplaudir, cantar o saltar en medio de la sala de proyección).

Todo empieza cuando, debido a la cancelación de su show en Tokio, se ven obligados a quedarse 5 días en la ciudad de Hong Kong. Atrapados en esta situación,  deciden hacer aquello que mejor saben hacer y aquello que les hace felices… deciden encerrarse en un estrecho y poco lujoso estudio de grabación y pasar el rato, buscando sonidos, inventando melodías, como cuando eran 4 amigos que no tenían más pretensión que pasarlo bien mientras tocaban, y recuperando sensaciones perdidas al no tener ningún tipo de presión. Ni a nivel musical (nadie esperaba un nuevo disco de Blur ni su reunión como banda), ni a nivel personal. Porque “New world towers” no sólo enseña cómo se forjó el LP sino que también nos enseña como Coxon y Damon Albarn recuperan una amistad que se remonta a su infancia a través de la materialización de The Magic Whip.

En este film, se presenta a un Alex James y un Graham Coxon como germinadores de “The magic whip” junto a Stephen Street, productor de la mayoría de discos de la banda. Por primera vez la responsabilidad de empezar ya no recae en Albarn (quizás enfrascado en su trabajo en solitario Everyday robots y nuevo material de Gorillaz) y así Coxon puede exorcizar viejos remordimientos o culpabilidades por un pasado que él mismo reconoce como errores propios de un tío totalmente desbordado por el éxito que cosecharon ya desde los primeros discos. Graham Coxon entona su mea culpa. Decide usar las grabaciones de ese cuartucho de Hong Kong y ver si puede sacar algo, algo bueno, algo que ya siente (al igual que Alex James) que puede llegar a ser realmente grande.

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Así como os decía, Graham se sentó a revisar junto a Stephen Street el material grabado en esas jams improvisadas con la intención de poder presentar un buen producto a  sus compañeros. Y con la esperanza, la incertidumbre y el miedo pendiente de la respuesta de Damon.

La respuesta es totalmente positiva y el resultado es The Magic Whip, un disco quizás demasiado ecléctico para mi gusto, producto  de los días vividos en la ciudad de Hong Kong. Todas las letras giran en torno a momentos vividos allí y las situaciones personales que surgen de esa inesperada convivencia (hasta tiene una canción, “Terracota Heart”, que Albarn dedica a Coxon).

El film adquiere un relato bastante íntimo donde hay cabida para confesiones de lucha de egos, de comportamientos fuera de lugar (“Antes Coxon era mejor que yo… pero ahora creo que estamos iguales” ríe Albarn), se revisan los locos inicios, la tendencia a la bebida, se les ve en situaciones cotidianas, haciendo bromas… Quizás nos quieren “vender la moto” pero este documental habla de la madurez, de cómo el tiempo ayuda a ver errores pasados. Habla del paso del tiempo, de lo efímero de ciertas sensaciones y momentos… Habla de hacernos mayores, responsables. Habla de cuando la rebeldía se convierte en aceptación, de que la vida es como es. Habla de que las relaciones entre personas son un tema complicado… hablan de que todo tiene un momento y un por qué. Pero por encima de todo, habla del amor hacia la música. De que cuando alguien ha nacido para tocar música es difícil que no lo haga.

Y vayamos a la parte “groupie”. “Dios no puedo perderme el docu de Blur” pienso la tarde de la proyección, y la larga cola en los cines Aribau evidencian que no soy la única. Blur son esa burbuja de la que no quiero caer, son ese grupo que nos hacía saltar hace 20 años, son la BSO de muchos de nosotros… es la guitarra de Coxon, la voz de Damon y hasta el sexy de Alex (sí… mi amor entero era para el rubio travieso pero los bajistas siempre han sido mi debilidad)… Y los ves ahora y piensas que se conservan bastante bien. Damon sigue siendo guapísimo, ¡tenía que decirlo! Pero lo que más adoro de él es que es un fucking musical genious!!!!!!!!!!!! Y el tiempo les ha dado la razón… Ni Oasis ni hostias. Está claro que si eras una “blurette” no podías ser de Oasis, pero ahora viendo toda la trayectoria de Albarn… ¡sé que tomé la decisión correcta!

A nivel personal, este documental ha sido una revelación en el sentido en que cuando fue lanzado, pensaba que era un disco forzado… que sacaron aprovechando la ráfaga de esas giras multitudinarias… pero ha sido como un disco de catarsis… Y eso me ha emocionado mucho… Ver cómo han recuperado las ganas de tocar, ver cómo han sentido la magia, la ilusión y cómo lo han transmitido. Y que todo esto permita que podamos tener en el sonido Blur la añorada guitara de Graham Coxon… no tiene precio. Ya no soy “blurette” pero me saco el sombrero antes los músicos, los buenos músicos… Respect.

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Y hay un paralelismo entre los que explican estos chicos londinenses y las propias vivencias del público que abarrotó este pase del IN-EDIT… hemos crecido juntos, nos hemos hecho mayores juntos. Y estamos en esa época en que tienes fresco el fulgor de la adolescencia, pero ya vislumbras esa madurez….pero eres incapaz de querer crecer del todo… porque hay una burbuja musical que nunca va a petar… y eso te mantiene vivo. La música te sigue sosteniendo y no contemplas la vida sin ella.

Y si ellos quieren hacerse mayores haciendo lo que les hace felices, es decir, música; yo les seguiré porque me hace feliz escuchar buena música.

Para los fans más fans… maybe yes, maybe not… juegan al despiste acerca de si volverán, de si seguirán grabando nuevos discos. Pero ahora mismo me tiene sin cuidado… la guitarra de “Bettelbum” sigue resonando en mis oídos. Momento de piel de gallina. Y “The Universal” sigue siendo una de las mejores canciones que he escuchado (momento lagrimita).

La música… ese compañero fiel para muchos de nosotros… Como dice Damon Albarn… THERE’S NOTHING EXCEPT THE MUSIC… el mundo te da igual… Y este me parece el broche final como sensación que se te queda en un festival dedicado íntegramente al documental musical. Y en este credo… estoy segura de que somos muchos los creyentes.

Laura Mart Sit.

Os dejamos con un concierto completo de la gira de presentación de The magic whip:

 

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IN-EDIT: 13ª Edición de cine documental musical de Barcelona (I).

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Un año más damos cuenta de una nueva edición del IN-EDIT Festival de Barcelona, evento de documentales musicales por el cual tenemos gran debilidad. En total este año se proyectarán, entre el 27 de octubre y el 6 de noviembre, 48 filmes. Entre todos ellos, escogemos 5 sugerencias, aunque como ocurre siempre en estos casos, vale la pena explorar en la programación del festival, en busca de aquel título por el cual podemos sentir una especial predilección.

A song for you: The Austin City Limits Story” de Keith Maitland. USA. 2016.

¿Qué no daríamos nosotros por tener en nuestro país un programa de televisión pública como The Austin City Limits? Por sus escenarios han pasado una lista increíble de artistas de enorme calidad. Desde popes del country-rock alternativo como Steve Earle, Lucinda Williams, Wilco o Drive by-Truckers, hasta luminarias del sonido indie-pop-rock como Beck, Cat Power, Sufjan Stevens o The National, pasando, claro está, por leyendas atemporales de la música norteamericana (Ray Charles, Stevie Ray Vaughan, Kris Kristofferson, Tom Waits…). Esta película pretende resumir 40 años de actuaciones; cuatro décadas de historia desde una ciudad, Nashville, en pleno corazón de los Estados Unidos, que rezuma música por los cuatro costados.

Blur: New World Towers” de Sam Wrench. UK. 2015.

La historia de la creación de un disco siempre puede ser interesante. Esta película nos cuenta cómo se grabó “The magic whip”, álbum que supuso la reciente vuelta, tras una largo tiempo de separación, de la que es considerada junto a Oasis como la formación abanderada de eso que en los años 90 vino a llamarse Brit-Pop: Blur. Infinitamente más brillantes que el grupo de los hermanos Gallagher, Blur demostraron una vez más con la grabación de este disco su inquietud creativa que es fuente, en parte, de las habituales tensiones entre sus miembros y que en su momento tuvieron que ver en su separación. El documental muestra a los músicos de la banda tal cual y como son, y tal cual y como es la relación entre ellos, en un ejercicio de lo que podríamos llamar honestidad brutal.  Sin olvidar, claro, los buenos momentos musicales.

Eat that question: Fank Zappa in his own words” de Thorten Schüte. Francia/Alemania. 2016.

Nunca ha habido ni habrá nadie como Frank Zappa. Su arte iconoclasta, excéntrico y genial no tiene parangón en la historia de la música popular. Hasta tal punto que no hay nadie que pueda retratarlo como creador y persona de forma realmente certera. Nadie… salvo el propio Zappa. El director alemán Thorten Schüte, consciente de ello, nos muestra el genio en todo su esplendor a través de una serie de entrevistas y declaraciones propias, así como performances y momentos de actuaciones, que conforman un caleidoscopio que nos acerca como nunca al héroe freak por excelencia. Imprescindible es poco.

Keith Richards: The origin of the species” de Julien Temple. UK. 2016.

El reputado director inglés Julien Temple, se sumerge en la infancia y juventud del guitarrista de The Rolling Stones, Keith Richards. Más allá de los hits, el éxito masivo y la leyenda, descubrimos un ser humano que se adentra entre sus más tempranos recuerdos: su familia, la escasez de medios con la que vivían, el descubrimiento del blues y del rock n´roll… Pura emotividad.

Omega” de José Sanchez-Montes y Gervasio Iglesias. España. 2016.

Ya se sabe que “Omega” supuso la alquimia perfecta entre el flamenco de Enrique Morente, el rock de Lagartija Nick, la música de cantautor de Leonard Cohen, e incluso la poesía de Garcia Lorca. Ya se sabe, pero nunca está de más rememorar una de las obras maestras de la música popular, en este caso, cantada en castellano. Los protagonistas de este espectacular cruce de caminos musical nos hablan de ello en este documental.

Además de los 5 mencionados, recordaros también la posibilidad de ver el documental “Gimme danger” que sobre The Stooges ha rodado Jim Jarmusch y que se va a estrenar en el festival (os hablamos de ello en una reciente entrada de nuestro blog).

Como decíamos al principio, solo son algunas recomendaciones especiales. Pero hay mucho donde elegir. Os dejamos con un enlace donde podéis ver toda la programación del evento:

Web del In-Edit Festival 2016/Programación

Recordaros también que en paralelo a la edición del festival en Barcelona, se realizan proyecciones de algunos de los títulos que se mostrarán en la capital catalana en Madrid, Bilbao y Pamplona, entre los días 30 de octubre al 2 de noviembre, y en Valencia del 17 al 20 de noviembre. Así mismo, este mismo otoño, habrá ediciones hermanas del evento en Colombia, México y, ya en diciembre, Chile.

Ricard.

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CRUÏLLA BARCELONA 2016: Encrucijada de sonidos.

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Año tras año, el Cruïlla Festival está consiguiendo consolidarse como una de las propuestas más atractivas del verano cultural en Barcelona. Con un cartel cuantitativamente discreto, pero cualitativamente espléndido, y con un aforo controlado en número de asistentes, el Cruïlla es un festival claramente enfocado al público autóctono, que tiene aquí la oportunidad de vivir una experiencia muy alejada de los alienantes agobios propios de otros eventos musicales (no hace falta mencionar cuales) que quizá podemos decir que han acabado por morir de éxito.

Extendiéndose la propuesta del certamen además a otras sugerencias al margen de la música como puedan ser la gastronomía o el arte, y con una gran presencia en el recinto de ONGs y asociaciones de todo tipo, el Cruïlla parece haber encontrado una identidad propia como festival que lo convierte en un pequeño lujo para nuestra ciudad.

Por los cuatro escenarios que habrá repartidos en el Forum, alejados lo suficientemente como para que no se mezcle el sonido de los conciertos, pero a los que se podrá acceder sin que haya que hacer grandes caminatas, se podrá disfrutar de propuestas como las que siguen:

Robert Plant and The Sensational Space Shifters: el que fuera cantante de Led Zeppelin sigue explorando su pasión por la música africana y de otros lugares del mundo con su actual y espléndida banda, con la que seguro no olvidará recrear grandes clásicos zeppelinianos para gozo de todos los nostálgicos de la banda británica.

Cat Power: una de nuestras musas, favorita para los que hacemos este blog, regresa a Barcelona sin nuevo disco bajo el brazo, pero decidida quizá a que sus seguidores olvidemos el sabor agridulce de su última visita a Barcelona. Sea como sea, siempre es un placer reencontrarse con ella.

Damien Rice: el cantautor irlandés repite en el Festival. Su personal manera de interpretar el folk augura momentos de gran emotividad a orillas del Mar Mediterráneo.

Alabama Shakes: la banda de soul-southern rock realizará su segunda visita a la ciudad condal para presentar su, hasta ahora, último disco, el fabuloso “Sound and Colour”.

Bunbury: el músico zaragozano siempre es garantía de entrega e intensidad en el escenario. Estamos seguros que en el Cruïlla dará, una vez más, lo mejor de sí mismo como artista.

091: el mítico grupo granadino sigue adelante con su tour de regreso a los escenarios. En principio, parece que la formación no tiene prevista seguir más allá de este 2016, por lo que el Cruïlla puede ser una muy buena ocasión de rememorar su magnífico cancionero.

Adrià Puntí: tras una larga década de silencio, el cantautor catalán regresó en 2015 con un disco (“La clau de girar el taller”), unido a un libro (“Enclusa i un cop de mall”), que incluía textos, poemas e ilustraciones, siendo ambas cosas, disco y libro, complementarias, y una gran muestra de que Puntí ha vuelto en su mejor versión.

Ana Tijoux: una de las propuestas que más nos ha llamado la atención del cartel de este año del Cruïlla es la de esta chilena, nacida en Francia, que es capaz de mezclar hip-hop, funk, soul y música de raíces varias de una forma tan contagiosa como brillante. Con letras muy reivindicativas y una actitud aguerrida, nos parece una de las artistas que mejor refleja el espíritu de encrucijada de sonidos que busca el Cruïlla.

A todo lo destacado hay que añadir el Rock alternativo y contundente de Skunk Anansie, el sensual jazz de Esperanza Spalding, el sonido indie de bandas como Love of Lesbian o Egon Soda, los ritmos bailables de Cristal Fighters o Digitalism, la música de raíces fronterizas de Calexico… Hay donde elegir en este evento que os queremos más que recomendar.

Ricard.

Para más información clica abajo:

Web del Cruïlla Barcelona

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