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“Galileu”: Ciencia y música.

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Hacer una versión del complejo texto de Bertolt Brecht, “Galileu” (“Leben des Galilei“), es todo un reto. Me encontré por primera vez con el texto original cuando estudiaba alemán. Me fascinaban tanto el gran científico como el famoso escritor, y me quedé maravillada. Ahora, la prestigiosa directora teatral Carme Portaceli y Fei Factoria Escènica Internacional traen la obra al Club Capitol de Barcelona  con una deliciosa y divertida puesta en escena, con vestuario actual pero manteniendo la época en la que vivió el ilustre genio Galileo Galilei, auténtico hombre del Renacimiento.

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Comienza la obra alrededor de 1605 con un Galileo reconocido como profesor de matemática, mecánica, cuántica, astronomía y arquitectura militar en la Universidad de Padua, que pertenecía a la poderosa República de Venecia. Allí gozaba de la libertad que necesitaba, ya que en ese estado la inquisición no tenía el gran poder del que gozaba en otras partes de Italia. Inventó el telescopio y pudo ir desarrollando sus investigaciones, como las observaciones sobre la Luna (el terminador, zona transitoria entre la luz y la sombra, no era nada regular y eso conllevó al descubrimiento de las montañas en este cuerpo celeste), la Vía Láctea,  el recuento de la constelación de Orión y la constatación de la existencia de los cúmulos de estrellas y de unos astros que giran alrededor del planeta Júpiter: los satélites, que pasarán a llamarse satélites galineanos. Para Galileo, Júpiter y sus satélites son un modelo del sistema solar y quiere demostrar que todos los cuerpos celestes no giran en torno a la Tierra o el Sol y las órbitas de cristal aristotélicas no existen. Con esto, retará a la Iglesia y refutará las teorías de algunos científicos copernicanos.

En 1610 publica en Florencia “El mensajero de las estrellas” y muestra con gran éxito los astros descubiertos en la corte de Toscana. Otro gran científico, el alemán Johannes Kepler, le apoya y confirmará su descubrimiento poco más tarde. En verano del mismo año Galileo comete un error: se traslada de la libre Venecia a Florencia para incorporarse como primer matemático en la Universidad de Pisa y primer matemático y filósofo del gran duque de Toscana, desoyendo los consejos de sus amigos, entre los que se encuentra Giovanni Francesco Sagredo (amigo íntimo de Galileo, fue quien añadió una escala a su termoscopio y produjo termómetros más llevables. Colaboró con él en sus estudios sobre el magnetismo, etc. Figura como uno de los personajes protagonistas del libro “Diálogo sobre los principales sistemas del mundo”). Poco después, descubre los anillos de Saturno, las manchas solares, y las fases de Venus.

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Más tarde es invitado por el cardenal Barberini a Roma con todos los honores, pasando a formar parte de la Academia de los Linces. Los científicos del Vaticano corroboran sus observaciones, pero no las confirman por miedo a las represalias de los más ortodoxos.

Van surgiendo los ataques, las censuras, las polémicas, en torno al sistema copernicano y las tesis de Galileo, hasta que el cardenal Belarmino (que había participado en el proceso a Giordano Bruno), ordena a la Inquisición que realice una investigación sobre el genio. Y poco después, comienza el infierno…

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Grandes interpretaciones del conjunto de actores: Laura Aubert impresionante encarnando a Galileu, Carlos Cuevas entrañable como Sagredo, Queralt Casasayas divertidísima y Oriol Guinart completando el reparto resolutivamente.

Muy acertada la incorporación de la música del grupo barcelonés Love of Lesbian, interpretada por Laura Aubert y Carlos Cuevas y bailada por el reparto. Queda muy gracioso, sobre todo en la escena del Vaticano, y da dinamismo a este clásico renovado. Lo recomendamos mucho para el público joven, que podrá hacer una inmersión en el mundo del sabio italiano y de la historia de la ciencia.

“Galileu” estará en cartel en el Club Capitol (del Grup Balañá) de Barcelona hasta el domingo 21 de mayo.

Laura Clemente.

Web de Grup Balañá – información sobre “Galileu”

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“Fang i setge”: El musical romántico.

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La caída de Barcelona a manos de las tropas borbónicas el 11 de septiembre de 1714 es, en el imaginario del nacionalismo catalán, equivalente a los colonos del Mayflower para el nacionalismo americano, la toma de la Bastilla para el francés o el desembarco de Garibaldi en Sicilia para el italiano, hasta el punto que tan infausta fecha es la fiesta nacional catalana.

El dramaturgo Marc Rosich y el director Marc Angelet, junto a Salvador Brotons como compositor, y como letrista el ingenioso poeta  Josep Pedrals, (con su excelente dominio del lenguaje que el propio título atestigua), así como el coreógrafo Toni Mira y la escenógrafa Laura Clos, dan cuerpo a este excelente musical del que destacamos muchas virtudes.

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La obra está impregnada del acertado aire de abandono a su suerte que debieron sufrir los defensores catalanes y que transmiten, con amargura y resignación, los actores y actrices.  En efecto, ya desde el principio se nos anuncia la deserción de los ingleses, magníficamente encarnada en el personaje William Plowright (algo así como Guillermo “el que maneja bien el arado”) magníficamente interpretado por Jordi Llordella. El asunto catalán no era sino un pequeñísimo epígrafe del escenario europeo que enfrentaba a las casas de Borbón (Francia, Castilla y Baviera principalmente) con la de Habsburgo (Austria, muchos estados alemanes y de modo oportunista -como siempre-, Inglaterra). Cuando el hermano del emperador  austríaco Leopoldo muere, el peligro de que el Sacro Imperio y la corona de España queden bajo una misma mano hace que los ingleses se retiren. El tratado de paz de Utrecht acabaría de finiquitar las aspiraciones catalanas de que un rey les reconociera sus fueros. Tras el asalto final de Berwick, las instituciones propias quedarían definitivamente abolidas y el territorio incorporado a la monarquia absoluta borbónica.

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En la representación, se nos expone en elocuente dibujo el enfrentamiento civil entre catalanes partidarios de los borbónicos y catalanes defensores de los fueros. Así,  Onofre (Xavier Ribera Vall) es un noble que traiciona a las instituciones, un botifler (quién sabe si en alusión a la flor de lis francesa, “beauté fleur“), cuya hija Ònia (Neus Pàmies), decide en cambio apoyar la causa de los brazos de las cortes catalanas. El heroíco Villarroel (Ferran Frauca), se enfrenta no sólo a los asaltantes, sino también a los quintacolumnistas representados por Nuria (Annabel Totusaus) que quieren traicionar a los patriotas y vender la ciudad a los bornónicos. La niña Joana (jovencísima y soberbia Aina Quiñones) con ardor infantil, se enfrenta heroícamente a los sitiadores.

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La coreografia de la obra es sobría, mesurada, alejada de grandilocuencias y clichés. El texto, ingenioso y soberbio. La escenografía, encantadora.

En resumen, una representación que pese a su duración se hace amena, y consigue trasladar al espectador a uno de los momentos más graves de la historia catalana con frescura,  sobriedad y agudeza.

La obra estará en el Teatre Victoria hasta el 28 de marzo y es una gran cita para los amantes del musical y de las obras históricas.

Ignasi y Laura.

Para más información clica abajo:

Web de Fang i Setge

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“Ròmul, el gran”: Hundimiento tragicómico.

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Rómulo Augustulo (“Romulito el Agustino”), nombre peyorativo dado al último emperador de Roma, -y que en realidad era un muchacho quinceañero colocado como testaferro por su padre Orestes-, es presentado en esta obra de un joven Friedrich Dürrenmat (contaba veintipocos años cuando la escribió) con un giro burlesco que pone del revés la figura trágica del personaje (como lo hace el propio título).

La obra de la compañía Els McGregor, bajo la dirección y adaptación de Marta Domingo,  transmite igualmente la frescura y juntevud de su autor y de los componentes de la compañía. Es un espectáculo desenfadado y ágil con gran cantidad de actores y actrices en el escenario y continuas entradas y salidas a cual más disparatada, en un estilo caricaturesco-histórico que recuerda por ejemplo un “Black Adder” o unos “Monty Pyton”.

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Oriol Guinart borda su papel de desencantado y cínico Rómulo, un emperador venido a menos que pone a sus gallinas -que cría en su casa de campo- nombres de sus predecesores en la magistratura, mientras asiste con la más sonada indiferencia a las alarmantes noticias que le llegan sobre el avance de las tropas germánicas y la toma de Pavía. No hemos podido dejar de recordar la tenebrosa interpretación de Bruno Ganz en “Der Untergang” (“El hundimiento”) que relataba una situación parecida,  y aquí podemos ver la otra cara de la moneda: cómo asiste un emperador al hundimiento de su imperio con infantil jolgorio desprovisto de toda la solemnidad y dignidad que requeriría el momento.  Cuando un desesperado soldado Spurius Titus Mamma (Llúís Marqués) intenta que alguien haga algo para parar el desastre sólo recibe la más cordial indiferencia. La mujer de Rómulo, Julia (Lara Correa) tampoco se preocupa demasiado, como no sea por la pérdida de posición y disfrute de bienes materiales que le comportará la caída, igual que la hija Rea (Andrea Martinez).

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Nos han encantado Oreig Canela y Eleazar Masdeu, en su papel de ayudas de cámara del emperador, con unas encantadoras coreografías , y divertídismo igualmente Raül Perales en su histriónico papel de Zenón, el exiliado emperador del Imperio romano oriental que acude como delirante espectador a las últimas horas de su homólogo occiodental, a las que también asisten con abismal incompetencia los ministros del emperador, todos ellos contribuyendo al final de forma a cual más disparatada.

La mordaz obra de Dürrenmat, que caricaturizó los usos políticos de su Suiza natal, toma aquí una vis más bien cómica sin perder la carga reflexiva que jalona sus obras: el imperio es una creación humana, y por tanto imperfecta, víctima de su propios delirios de grandeza y que merece que los mal llamados bárbaros, capitaneados por el caudillo Odoacro, sustituyan el poder romano.  Y precisamente ha de ser un autor que proviene de un país mitad germánico mitad latino el que represente con sorna esa confrontación.

La obra estará en los Baixos del Teatre Tantarantana solamente hasta el día 17 de enero y esperamos con impaciencia ver más adaptaciones de esta prometedora compañía.

Actualización: “Ròmul, el Gran” se podrá volver a ver en los Baixos del Teatre Tantarantana del 28 al 31 de enero.

Ignasi y Laura.

Para más información clica abajo:

Web del Teatre Tantarantana/Información sobre “Ròmul el gran”

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“Ròmul el Gran”: Un proyecto de artes escénicas financiado mediante micromecenazgo.

Os queremos informar hoy de un proyecto teatral que se quiere financiar mediante micromecenazgo y que nos ha parecido especialmente estimulante. Se trata de una obra titulada “Ròmul el Gran”, escrita por Friedrich Dürrenmatt que tiene previsto su estreno el próximo 7 de enero y que se podrá ver hasta el 17 del mismo mes en el Teatre Tantarantana de Barcelona .

Friedrich Dürrenmatt (1921-1990) fue un escritor y artista polifacético nacido en Suiza. Su obra literaria fue escrita básicamente en alemán, destacando especialmente su trabajo como autor teatral, siendo “Ròmul el gran” la primera de una dilatada lista de títulos que superan siempre lo notable.

La obra que se quiere presentar se sitúa en la época del imperio romano; concretamente en un momento (año 476) en el que los germánicos se encuentran a las puertas de invadirlo. El emperador Rómulo, pese a lo grave de la situación, no tiene tiempo para preocuparse de ello: la cría de gallinas, su gran afición, llena todo su tiempo. Obstinado en recolectar huevos, el emperador deja de lado todas sus responsabilidades. El imperio ha llegado a un punto de dejadez que hace que no se pueda pagar a los funcionarios, el reparto de los cargos sea totalmente arbitrario y se deterioren el arte y la cultura hasta extremos nunca vistos. El imperio está pues al borde del colapso, pero ¿es Rómulo un loco o un visionario?

En realidad todo forma parte de un plan del emperador para hundir a Roma desde dentro. Una Roma que se ha vuelto cruel, corrupta, tirana, brutal, y que está manchada de sangre. Cuando los bárbaros llegan a Roma, Rómulo espera resignado su muerte… pero Odoacre, el caudillo germánico, tiene otros planes.

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La compañía Els Mc Gregor Teatre con Raül Perales en el centro de la imagen.

Con un argumento tan intrigante, y sabiendo que tras la puesta en escena de esta obra se encuentra la pujante compañía  Els Mc Gregor Teatre, responsables de un más que apreciable primer espectáculo como fue “Up all night”, debemos promocionar esta iniciativa que nos parece, como hemos dicho al principio, de lo más estimulante. En la puesta en escena de la obra, además, está implicado un actor y productor teatral y cinematográfico como es Raül Perales del que ya os hemos hablado anteriormente, y cuya presencia es sinónimo siempre de calidad. Tenemos que añadir que éste será el debut como directora de la hasta ahora actriz Marta Domingo, y que el personaje del emperador Ròmul será encarnado por Oriol Guinart.

Así pues os animamos a que participéis en la medida de vuestras posibilidades a que este proyecto se haga realidad. Aquí os dejamos un enlace para que podáis colaborar en él y sepáis además todas las ventajas que ello supone: http://www.verkami.com/projects/13300-romul-el-gran

Ricard.

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ONZE.NOU.CATORZE (1714): La angustiosa caída de una ciudad sitiada.

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Hace unos días asistimos en el Convent de Sant Agustí (en el marco del Festival Grec 2014) a la impactante “ONZE.NOU.CATORZE (1714)” producida por Zitzània Teatre, que narra los sucesos acaecidos en las últimas horas del sitio de Barcelona de ese año. La obra se representó en dos únicas funciones el 17 y 18 de julio.

En la conciencia colectiva del pueblo catalán está grabada a fuego la caída de Barcelona el 11 de septiembre de 1714 frente a las tropas borbónicas dirigidas por el Duque de Berwick. Es natural que precisamente ese día pasara a la historia, porque con esa capitulación se produce la entrada definitiva, por la fuerza, de Cataluña en la estructura absolutista de la monarquía hispánica.

Para recapitular un poco, cada uno de los reinos formados en la península a raíz de la reconquista tenía personalidad e instituciones propias, notablemente las cortes de cada reino donde estaban representados los tres brazos (nobleza, clero y ciudades), cortes que intentaban denodadamente limitar el poder de los distintos soberanos, fundamentalmente a base de instituir contrapartidas a las peticiones dinerarias que el rey formulaba a los brazos. No era un sistema democrático, porque en definitiva el poder se lo repartían unas élites que conseguían su dinero en parte por medio de extorsionar a las capas más bajas de la población (los remences se llamaban así por el rescate que tenían que pagar a cambio de su libertad, aunque con la Baja Edad Media ganaron importancia los comerciantes y artesanos que se instalaron en las ciudades). En ese contexto, las grandes instituciones catalanas de autogobierno, la Diputació del General y el Consell de Cent, entraron en franca crisis ya en el siglo XVII, con la monarquía de los austrias, ya unificada para todos los territorios de la península. Las empresas militares castellanas eran un pozo sin fondo y las peticiones monetarias y de alojamiento de tropas por parte de Felipe IV y su valido, el Conde-duque de Olivares, exasperaban a las instituciones catalanas que invocaban cada vez con menor éxito sus constituciones (leyes pactadas entre el rey y las cortes).

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En este contexto, desde mediados de siglo menudearon los levantamientos (el más célebre, la Guerra dels Segadors de 1640) contra los representantes del poder real capitaneados por el virrey. Hasta tal punto exasperó la casa de Austria a Cataluña, que sus instituciones no dudaron, por decirlo de modo pintoresco, en “cambiar de rey”, jurando en 1641 fidelidad al Rey de Francia, Luis XIII. En efecto, pasado hacía largo tiempo el esplendor militar catalán, la única esperanza para esa pequeña nación era conseguir los apoyos de algún rey que se aviniera a respetar el derecho e instituciones propias. Empresa quimérica: poco había que hacer entre el Escila castellano y el Caribdis francés, monarquías que derivaban de modo abierto hacia el absolutismo (quod principet placuit legis habet vigorem, “aquello que place al príncipe tiene fuerza de ley”) y que no estaban por la labor de reconocer instituciones que se les opusieran.

Tampoco bajo la monarquía francesa se consiguió nada, -además de la partición del territorio por el Tratado de los Pirineos (1659) como consecuencia de la recuperación de Cataluña por la casa de Austria-. Los franceses apenas consideraban a Cataluña como una marca lejana, un territorio de frontera para contener a la Corona de Castilla, llevando a cabo también la soldadesca acciones deleznables contra la población.

Pero aún no habían acabado las desgracias, porque al poco de abrirse la cuestión sucesoria al morir Carlos II sin descendencia, y saberse que en el testamento se había dejado instituido como heredero a Felipe de Anjou, las Corts Catalanes, reunidas en Barcelona en 1701, le juraron fidelidad con el nombre de Felipe IV de Aragón. Éste se avino a jurar las constituciones catalanas al parecer aconsejado por su abuelo Luis XIV, lo que incluso fue celebrado por muchos como la monarquía que más había transigido en su relación con Cataluña.

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Sin embargo, una gran mayoría del pueblo estaba impregnado de un amplio sentimiento antifrancés y se decantó a favor del otro pretendiente, el archiduque Carlos de Austria. Finalmente en 1705 se pacta con Inglaterra una alianza a favor del archiduque. Las fuerzas angloaustríacas tomaron así la ciudad ese año y el archiduque juró también las constituciones.

Las tropas borbónicas, lejos de rendirse continuaron combatiendo, tomando Almansa en 1707 (que supuso la capitulación de Valencia). La relativa igualdad de fuerzas entre borbónicos (“gabachos”) e imperiales (“aguiluchos”) quedó dramáticamente truncada cuando en 1711 muere el emperador José I de Austria, siendo su heredero precisamente el archiduque. Inglaterra hizo merecida su fama de que no tiene aliados sino intereses y, dado que el heredero del trono imperial de Viena era precisamente el archiduque Carlos, evidentemente no tenía ningún entusiasmo en reeditar el Gran Imperio Hispánico del Siglo XVI, con lo que Inglaterra retiró su apoyo al archiduque.

Con el restablecido equilibrio de las potencias europeas, la suerte de los catalanes estaba echada. Aun parece que la reina Ana de Inglaterra intentó incluir en los Tratados de Utrecht-Randstatt alguna cláusula que permitiera a los catalanes mantener sus constituciones, pero ello fue rechazado por Felipe V. Ese año aciago de 1712 se retiraron las tropas inglesas, portuguesas y holandesas y al año siguiente lo hicieron las austriacas.

Así, la batalla final sobre Barcelona, capital de la región “rebelde” se presentaba desigual entre las tropas bien entrenadas del Duque de Berwick, unos 40.000 hombres formados en su mayoría por curtidos regimientos franceses contra unos 4.000 hombres procedentes en su mayoría de las milicias catalanas de los gremios (las coronelas). Al frente de las fuerzas catalanas, el General Villarroel y el conseller en cap Rafael Casanova. El resto es historia. Los borbónicos entraron en la ciudad en la fecha que da título a la obra y con los decretos de Nueva Planta suprimieron las instituciones catalanas de autogobierno, pasando a ser una mera provincia de la monarquía absolutista hispánica.

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Con el trasfondo de esos luctuosos hechos, se nos presenta el musical ONZE.NOU.CATORZE (1714) en que el protagonista, un adolescente llamado Otger, hace un salto al pasado para asistir a las últimas horas del sitio antes de la capitulación, junto a los heroicos defensores de la ciudad. Aunque conoce el trágico final de la historia, ello no le impedirá contagiarse finalmente del fervor de los milicianos y hasta enamorarse por el camino.

El marco del Convent de Sant Agustí, situado precisamente en el barrio de la Ribera de Barcelona, principal escenario del asalto final y cerca de donde está situado el museo de la batalla (El Born Centre Cultural), nos facilita el tránsito hasta ese triste episodio de nuestra historia.

La representación evoca toda esa iconografía, liturgia, tantas veces repetida a lo largo de la historia, de la ciudad que, rodeada por el enemigo, resiste impotente al cerco, luchando con el arrojo de la desesperación. Así nos es familiar la imagen de soldados que en sus improvisadas posiciones, reciben noticias cada vez más funestas de la aproximación del enemigo, y al mismo tiempo aun conciben vanas esperanzas de que alguna fuerza exterior les libere (en la obra son muchas las referencias a una intervención inglesa que nunca llegaría).

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Los autores de la obra son Victor Alexandre, Roger CònsulPere Planella. El equipo artístico es el mismo que en la aplaudida “Trifulkes de la KatalanaTribu” (que se estrenó en el TNC en 2012). La dirección corre a cargo de los mencionados Pere Planella (director) y Roger Cònsul (ayudante de dirección). El reparto, formado por un equipo de más de cuarenta personas, está encabezado por Marc Balaguer (“Polseres vermelles”), Feliu Formosa (galardonado con el Premi d’Honor de les Lletres Catalanes), Paula Sunyer, Joan Manuel Brunet, Jordi Llovet (“Aquellos días azules” – consultar nuestra reseña anterior) y Pep Cortés. En las funciones del Grec han participado más de 35 actores y actrices de la compañía GESPA del Centre Sant Pere Apòstol.

La música, de gran importancia en este espectáculo, tiene canciones originales de Toni Xuclà (música original) y Joan Vilamala (letras) y está interpretada por la pianista Marina Miralles y la cantante Aina Sánchez (que también es la narradora de la historia).

En cuanto al resto del equipo artístico, la escenografía es de Jon Berrondo, el vestuario de Montse Miralles, la iluminación de Bernat Tresserra, las pinturas digitales de Guillem H. Pongiluppi, la animación de vídeo de Eduard Asensio y Xavier Colom, el diseño gráfico de Jaume Bach, la producción ejecutiva de Aina Bujosa y el asesoramiento literario y de historia de Arnau Cònsul.

Nos encantó asistir a una obra tan sobrecogedora, al anochecer, al aire libre y en un marco monumental. Fue una bonita manera de rendir homenaje al general Villarroel, al conseller Rafael Casanova y a todos los hombres y mujeres que lucharon por proteger sus instituciones.

Deseamos que este espectáculo se vuelva a representar pronto en Barcelona. Actualmente, los municipios de Sant Cugat, Sabadell, Valls, El Vendrell, Lliçà d’Amunt y El Catllar ya están trabajando para preparar su propio estreno de la obra de cara a los meses de septiembre u octubre.

Ignasi y Laura.

Para más información clica abajo:

Blog de Zitzania Teatre/Información sobre Onze.Nou.CATorze (1714)

Web de Barcelona Cultura/Información sobre Onze.Nou.CATorze (1714)

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“Tomás Moro, una utopía”: Convicciones frente a razón de estado.

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Hoy os presentamos la obra teatral que se representa en la Sala BARTS de Barcelona, “Tomás Moro, una utopía”, producida por la Fundación UNIR (Universidad Internacional de la Rioja), bajo la dirección de la directora teatral inglesa afincada en España –primero en Barcelona y luego en Madrid-,  Tamzin Townsend (Liverpool, 1967) , directora de numerosos éxitos teatrales de los últimos años como “El Método Grönholm” y “Un Dios Salvaje”.

Obra adaptada por Ignacio García May (Madrid, 1965), antiguo director de la Real  Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid, y reconocido especialista en teatro isabelino inglés y del Siglo de Oro español, (suyas son adaptaciones de “Hamlet” de Shakespeare o “Viaje al Parnaso” de Cervantes), con José Luís Patiño en el papel principal de Tomás Moro.

La obra original en la que se basa la adaptación es  “Sir Thomas More” (1552).  Escrita en la clandestinidad (dada la velada crítica a Enrique VIII que rezuma la obra) a los diecisiete años de la ejecución de Tomás Moro en 1535, por Anthony MundayHenry Chettle, con adiciones de Thomas Heywood, Thomas Dekker y William Shakespeare, que es el autor de tres de sus páginas, según un amplio consenso académico.  En 1964, la obra se representó en los escenarios con Ian McKellen como protagonista. La película “Un hombre para la eternidad” (1966), dirigida por Fred Zinnemann y basada en la obra de teatro homónima de Robert Bolt, describe los últimos años de la vida de Tomás Moro. Obtuvo 6 premios Oscar.

Tomás Moro (1478-1535) fue un humanista y  abogado de la nobleza inglesa que debido a sus brillantes dotes oratorias, su talento como letrado y su sentido de la justicia alcanzó importantes cargos en la Inglaterra de Enrique VIII: Alguacil de Londres (una especie de Consejero de Interior de la época), y Lord Chancellor (responsable del funcionamiento e independencia de los Tribunales de Justicia, figura equivalente a un Ministro de Justicia).

La obra se presenta con una estructura circular, con comienzo y final en la celda de la Torre de Londres en que Moro aguarda su ejecución, y se estructura con diversos episodios independientes que ilustran, con tintes míticos, la vida de Tomás Moro, presentándolo como una persona de gran inteligencia,  vivaz, irónica y honesta.

El trasfondo de la obra, sin embargo, es trágico. Como es sabido, Tomás Moro fue ajusticiado por oponerse a la llamada Acta de Supremacía, ley que suponía la ruptura con el Papa y la creación de una Iglesia de Inglaterra independiente con el rey como líder. Como ferviente católico, que había destacado por la controvertida persecución en Inglaterra de los protestantes luteranos, y hombre de principios, Tomás Moro no podía estar de acuerdo con la ruptura con el Papa, que veía como una auténtica herejía (como heréticos le debían de parecer los motivos de Enrique VIII, al menos oficialmente la obtención de la nulidad de su matrimonio con Catalina de Aragón).

Pero la obra trasciende los hechos históricos concretos para presentarnos algunos de los grandes temas de la literatura universal: la lucha de los oprimidos contra los poderosos (memorable la escena de Moro arengando a la muchedumbre sublevada) y, en fin, la independencia de la opinión y expresión frente al dogmatismo o los dictados del poder político. ¿Alguien puede dejar de pensar qué le pasaría a todo un Ministro de Justicia que se opusiera públicamente a una ley defendida digamos por el Presidente del Gobierno? Salvando las distancias, ¿no recuerda el encarcelado Moro a Tolokonnikova confinada en una prisión de Monrovia por haberse expresado contra Putin?

Una obra muy recomendable que el equipo de “Cultura y algo más” os recomienda vivamente.

“Tomas Moro, una utopía” estará representándose en la sala BARTS de Barcelona hasta el domingo 9 de marzo y se podrá ver en el Teatro Campos Elíseos de Bilbao el 29 de marzo.

Laura.

Para más información clica abajo:

Web de la revista Unir

Web de Barts

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