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“The night of”: Insuperable ficción televisiva.

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Ya hablamos hace algún tiempo de “Show me a hero”, miniserie de la cadena HBO (como hemos reiterado en diversas ocasiones en nuestro blog, famosa por estar tras la producción de series como “The sopranos”, “The wire”, “Juego de tronos” o más recientemente la irregular pero apreciable “Westworld”), y hoy enfocamos nuestra atención en otra ficción salida de esta gran factoría televisiva, referente ineludible en los últimos tres lustros largos en lo que tiene que ver con la producción audiovisual. Nos referimos a la extraordinaria “The night of”.

La mención inicial a “Show me a hero” no solo tiene que ver con el hecho que HBO esté detrás de las dos series; también comparten ambas producciones algunas particularidades. Para empezar se trata de series de una única temporada y con pocos episodios (6 en el caso de “Show me a hero”, 8 en el de “The night of”). Además, en ambas está clara la ambición de llegar más allá del mero entretenimiento y ser obras que radiografíen en cierta forma mucho de lo que está ocurriendo en el ámbito socio-político actual en los Estados Unidos, si bien “Show me a hero” se basa en un caso real acontecido en los años 80, mientras que “The night of” es una ficción total situada temporalmente en la actualidad.

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“The nigt of” es una serie que se inspira a su vez en otra producción televisiva, la británica “Criminal justice”, y ha sido ideada por Steve Zaillan y Richard Price, ambos con experiencia contrastada en el mundo del cine y la televisión. Inicialmente iba a estar protagonizada por el malogrado James Gandolfini, inolvidable Tony Soprano en la serie de las series (junto a “The wire”) “The sopranos”. Sin embargo, tras la desaparición del añorado actor (quien luce como productor ejecutivo a título póstumo en los preciosos títulos de crédito de la serie) se barajaron varios nombres para substituirlo, incluyendo alguno tan insigne como el de Robert de Niro. Sin embargo, la repleta agenda de De Niro, y la negativa de otros intérpretes, hizo que el papel fuese a caer finalmente en John Turturro, quien, pese a tener dudas en un principio sobre si aceptarlo o no, se acabó incorporando al elenco de actores y actrices que forman parte del esplendido reparto de la producción.

Hacemos referencia en particular a Turturro y a su protagonismo porque es sobre él y su personaje sobre lo que pivota buena parte del éxito artístico de “The night of”. Sin él y su increíble trabajo interpretativo, de deslumbrante naturalidad, probablemente la serie resultaría muchísimo menos interesante, y el tono de la realización, mucho más grave y denso de lo que acaba siendo para el espectador. Su abogado “buscavidas”, de tintes entre patéticos y entrañables, merece entrar de pleno en una galería de los grandes personajes de ficción de los últimos años, ya no televisivos, sino de cualquier medio en general.

El argumento de “The night of”, sobre el que no queremos alargarnos mucho, se centra en el caso de un estudiante neoyorkino, de ascendencia pakistaní, al que se acusa del brutal asesinato de una chica. Durante el primer episodio de la serie seremos testigos de las circunstancias que llevan al joven a la acusación, y cómo aparentemente parece tenerlo todo (pruebas, testimonios, agravantes) en contra. Al final de dicho episodio, aparece el personaje de Turturro, quien de forma prácticamente casual asumirá la defensa del chico.

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“The night of” sigue la estructura de una gran ficción clásica. Se diría que podría ser una película o una novela en ocho capítulos. Con una linealidad temporal absoluta pues, y una economía de medios narrativos total (dicho sea en el mejor sentido). Los personajes están perfectamente retratados en el guión de la serie y en su puesta en escena, algo, esto último, a lo que contribuye su reparto, empezando por el mencionado abogado de Turturro, y pasando por el estudiante acusado del crimen (el ascendente Riz Ahmed), el policía veterano que interpreta Bill Camp (otro de esos actores que, lejos de ser estrellas, no pasan inadvertidos en cualquier aparición en pantalla que hagan), la abogada de origen indio que encarna con un trabajo lleno de matices la británica (con raíces familiares en Sri-Lanka) Amara Karan, y el siempre imponente Michael K. Williams, a quien recordamos especialmente por su trabajo como el gánster homosexual Omar Little en “The Wire” y que aquí interpreta un personaje con puntos en común con aquél.

Con una espléndida fotografía que podríamos calificar de hiperrealista, deudora de aquellos grandes filmes de los años 70 firmados por directores de la talla de Martin Scorsese o Sydney Lumet, en los que, en parte, “The night of” parece inspirarse, y con una maravillosa banda sonora, la serie es ante todo una gran historia de intriga, con generosas dosis de drama (se diría que de ecos dostoievskianos) y ramalazos de comedia, que engancha irremediablemente al espectador casi desde el primer instante. Pero también, como hemos apuntado al principio al compararla con “Show me a hero”, tiene la ambición de retratar una sociedad (la norteamericana, pero en realidad podría ser casi cualquiera del mundo occidental; solo hay que ver lo que está ocurriendo actualmente en países como Holanda o Francia) en un estado permanente de histeria y paranoia, devorada por los mensajes de odio al diferente que han llevado al poder al más reaccionario y ultraconservador presidente de los Estados Unidos en toda su historia.

En definitiva, “The night of” es, sencillamente, una insuperable ficción televisiva. No os la perdáis.

Ricard.

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“Amanda T”: La realidad supera a la ficción.

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En la Sala Atrium de Barcelona nos hemos inquietado con esta “Amanda T“, escrita y dirigida por Àlex Mañas, la desazonadora historia de Amanda Todd, la adolescente canadiense que se suicidó tras contar su historia de acoso y bullying en youtube por medio de concisos carteles que iba desplegando ante la cámara.

La asombrosa actuación de Greta Fernández da vida a esta adolescente que queda atrapada entre dos fuegos: un acosador sin escrúpulos y sus compañeros de colegio, que se erigen en jueces y verdugos, culpándola no se sabe muy bien de qué.

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Es una obra de un gran realismo, con solo dos actores (Greta Fernández y un también meritorio Xavi Sáez) en el escenario, actores que alternan diversos papeles: principalmente el acosador y su víctima, pero también compañeras de colegio, un profesor, el padre de Amanda, “amigos” de la víctima, etc. La idea de ir proyectando al fondo del escenario los mismos carteles que la Amanda real escribió y proyectó en youtube, le dan a la obra un cierto aire tétrico y duro que permiten acercarnos y compartir hasta cierto punto  el sufrimiento que debió de padecer la infortunada joven.

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Además de este planteamiento realista nos ha gustado el debate social latente sobre el uso de la redes sociales, el sexismo que permanece en muchas formas, los ciberdelincuentes, y al final, la vulnerabilidad de una chica, una niña casi, que tiene que sufrir el distanciamiento y condena de sus condiscípulos que la hacen víctima por segunda vez tras el abuso a manos de su acosador.

La obra estará en la Sala Atrium hasta el 20 de noviembre.

Ignasi y Laura.

Para más información clica abajo:

Web de Sala Atrium/Información sobre “Amanda T”

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“El cartero de las noches blancas”: Viaje a la Rusia profunda.

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Estos días se proyecta en el cine Maldà de Barcelona “El Cartero de las Noches Blancas”,  la última película del director ruso afincado en Estados Unidos Andrei Konchalovsky, ganadora del León de Plata a la Mejor Película Ecológica en el Festival de Venecia del año 2014.

La película es más bien un documental dramatizado sobre algunos días en la vida de un cartero de provincias de mediana edad, Liokha (Aleksey Tryapitsyn). Lo particular es que el cartero reparte la correspondencia en barca a los dispersos y escasos habitantes de los márgenes del lago Kenozero, en el extremo septentrional de Rusia, cerca de la ciudad de Arkhangelsk, en la región del mismo nombre (el lago pertenece al Parque Nacional Kenozersky) Los actores son amateurs y habitantes reales de la zona.

 

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La cinta nos muestra los majestuosos paisajes que rodean el lago, donde el tiempo parece en suspenso, como detenida parece también la vida de los protagonistas habitantes de esa remota región.
Al comienzo, en un resumen fotográfico de la vida del cartero,  ya nos enteramos de su fracaso matrimonial, su ya superada dependencia del acohol, y su soledad actual. Y así es como la belleza del paisaje no se contagia a la vida de las personas que lo habitan: el film nos habla de una comunidad pobre, que sobrevive de poco más que la pensión que acordó el gobierno al declarar la zona parque nacional e impedir así casi toda la actividad económica del lugar.  La única actividad que presenciamos es la pesca ilegal y la presencia militar, con una imponente base (nos resulta curioso que muchos personajes aparezcan vestidos con ropas militares), único atisbo de modernidad en la película.
Lejos de la civilización la vida discurre monótona, como repite el cartero su ritual de servirse la infusión por las mañanas y partir en su barca para compartir la cotidianidad de sus paisanos.

 

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En seguida se nos hace evidente, por las torpes e inocentes proposiciones del cartero a las mujeres con las que se cruza a lo largo del día, que está necesitado de compañía. Por ejemplo, cuando se reencuentra con Irina (Irina Ermolova), antigua compañera de clase divorciada con un hijo, Timur (Timur Bondarenko). Irina  también lleva una vida gris -además enfrentándose en su cargo de guardia forestal a algunos pescadores ilegales-, y en algún momento parece que surgirá el amor entre ella y el cartero, pero a ella le interesa más abandonar el ambiente opresivo y sin perspectivas del lago.

El otro protagonista, apodado “el Bollo” (Viktor Kolobkov), es un alcohólico recalcitrante a quien la vida no ha tratado bien, abandonado en un hospicio cuando niño y cuya única ayuda es Liokha.

 

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Nos encontramos ante una película detallista, sin aspavientos, donde las pequeñeces del día a día nos enseñan las vidas de unas personas que viven un ritmo muy diferente al habitual de nuestras ciudades, un ritmo pausado, sin grandes ambiciones (la gran preocupación del cartero es procurarse un nuevo motor para su barca, ya que se lo han robado). La excelente fotografía, la belleza de unos paisajes que adivinamos inhóspitos (suponemos que se filmó en las escasas semanas del año en que el tiempo no era demasiado inclemente), el ritmo como un arrullo, una canción de cuna, conforman una película preciosista que nos presenta la condición humana desprovista de la retórica heróica de las grandes producciones, una crónica de lo cotidiano, una reminiscencia de una sociedad antigua. El buen hacer de Andrei Konchalovsky, director y coguionista, y de Aleksandr Simonov, director de fotografía, queda imprimido en esta poética obra de arte.

La película está en el Cinema Maldà de Barcelona en versión original, y desde aquí la recomendamos a estudiantes de ruso y a los amantes del cine en general.

Ignasi y Laura.

Os dejamos con el trailer de la película:

Para más información clica abajo:

Web del cine Maldà/Información sobre “El cartero de las noches blancas”

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“El Drac d´Or”: El drama de la inmigración (II).

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Una vez más con el hilo conductor de la inmigración, hemos asistido al montaje “El drac d´Or” (“Der goldene Drache”), del autor alemán Roland Schimmelpfennig, que es la seguna vez que se representa este año en el Teatre Akademia, como ya os comentamos en una anterior entrada.  Obra que coincide con Lina Prosa en presentarnos la inmigración como sufrimiento; significativamente, también esta obra tiene un símil marino igual de trágico que “Lampedusa Beach”, con los mismos director y traductora.

Schimmelpfennig nos narra la historia de dos personas que inmigran de China a un país occidental -Alemania, probablemente-, y coinciden en el mismo edificio donde se encuentra el restaurante chino-thai-vietnamita “El Drac d´Or”, junto a un colmado abierto 24 horas y unos pisos habitados por gente corriente…. Pero no os esperéis una narración convencional; a un ritmo trepidante, seguimos la historia del trabajador ilegal chino que es explotado en el restaurante, hilo que se superpone con las historias de los distintos vecinos de la finca, -todos ellos insatisfechos, pensando en tiempos mejores que irremisiblemente pasaron-: el anciano que se añora por la juventud perdida, el hombre que es abandonado por su mujer, la pareja que espera un hijo no deseado, las auxiliares de vuelo de caracteres dispares…  Todo ello superpuesto en febril amalgama; las historias van rotando, presentándose en cortos episodios que siempre nos dejan esperando el desenlace, aunque en seguida nos interesamos por la siguiente que se nos presenta.

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Esta sucesión de escenas, y el hecho que los actores y actrices no interpreten el papel que les corresponde según sexo y edad, confieren un peculiar lenguaje narrativo a la obra, como lo confieren las particulares imagenes que nos presenta: una muy especial visión de la fábula de la cigarra y la hormiga, los familiares alojados en la boca del inmigrante, el diente en la sopa, el cuerpo enrollado en la alfombra, los sincopados movimientos de los cocineros, Imágenes chocantes que Schimmelpfennig emplea para remover al espectador… y que, como un rumor de fondo que se incrementa sutilmente, o como el lobo que se acerca a su presa haciendo disimulados meandros, nos hacen comprender que el tono de comedia de la obra no es más que una distracción breve, un engaño pasajero.

Hay un momento en que comprendemos el vil significado de la fábula, que asistimos a la común lascivia de los vecinos, que somos conscientes del triste destino del trabajador ilegal…. Y es así, entre imágenes pintorescas, con tono despreocupado, con juegos de palabras (“Barbifucker”!!) y fábulas, como llegamos, casi sin quererlo, como le ocurre al personaje de Conrad, al horror… que nos salta en la sopa, como lo hace el diente del trabajador ante la mirada de asco de la elegante azafata.

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Tras las sonrisas, entonces comprendemos la punzante crítica, o mejor la desengañada mirada de Schimmelpfennig sobre el modo en que nuestras sociedades occidentales tratan a los inmigrantes o a todos quienes no están engarzados en la rueda capitalista: como productos de usar y tirar, carne fresca que sirve durante un tiempo y que luego se desecha hasta que se pierde en el mar en forma de detrito.

La obra ha sido traducida por Anna Soler i Horta, dirigida por Moisès Maicas, producida por Teatre Invisible (compañía residente del Teatre Akadèmia), con producción ejecutiva, dirección técnica y distribución del espectáculo de Factea Produccions e interpretada por  Oriol Casals (Premi BBVA de teatro 2014 al mejor actor), Òscar Molina, Mingo Ràfols, Bàrbara Roig y Clara del Ruste y estará en cartel hasta el próximo 30 de noviembre.

Ignasi y Laura.

Os dejamos el trailer de la obra:

Para más información clica abajo:

Web del Teatre Akadèmia/Información sobre “El drag d´Or”

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