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“Insensible” de Yves Gerbeau: Una joven voz de la literatura catalana a seguir.

Resulta complicado en un país donde se edita tanto como  Cataluña, realizar un seguimiento mínimo de las muchas novedades que van surgiendo, tanto en lengua catalana como castellana. Condicionados como estamos por la aplastante maquinaria mediático-publicitaria de las grandes editoriales que acaparan además la mayor parte del espacio disponible en librerías y tiendas de productos culturales, parece en ocasiones que apenas queda sitio para otros libros que no sean “best sellers” o escritos por autores más que consagrados (la mayor parte de la veces desde hace lustros, e incluso décadas).

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Por eso queremos intentar hacernos eco, ni que sea de vez en cuando, de autores más o menos jóvenes, con gran proyección y talento, pero que al no estar bajo el paraguas de una gran editorial pasan en exceso desapercibidos para la mayoría del público. En este sentido, nos referimos hoy a la publicación, por parte de la editorial Stonberg, de “Insensible”, segunda novela del escritor Yves Gerbeau (Barcelona, 1980), que nos ha dejado gratamente sorprendidos.

“Insensible” nos cuenta la historia de Henry, un escritor que siente que no encaja en el mundo; un ser perdido, excesivo y contradictorio que mira hacia el pasado para intentar situarse en el presente y, quizá, afrontar el futuro. Es por eso que la narración que estructura de forma brillante Gerbeau se mueve continuamente dando pasos del presente al pasado y viceversa, explicándonos acontecimientos relevantes de la niñez y juventud del protagonista, con un tono narrativo que en ocasiones difumina lo que parece ser real de aquello que podría resultar más propio de un sueño, o quizá, de una reinterpretación de lo vivido tiempo atrás.

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Yves Gerbeau

Con un uso del catalán rico (se nota la condición de filólogo del autor), lleno de matices, es “Insensible”, con todo, una novela de lectura ágil, que rezuma frescura. Un libro sin concesiones hacia el lector (sobre todo en su contundente final), pero que deja poso en él; algo no precisamente fácil de lograr.

De Gerbeau vale la pena leer también su primera novela, “El número 7”, así como sus relatos, algunos de los cuales se pueden encontrar en su blog, aunque también se pueden leer en revistas literarias como “Inèdits-Creació Literària” y “La lluna en un cove”, o en webs culturales como “Núvol”.

Os dejamos con el book-trailer de “Insensible”, y un enlace con el que podéis acceder a la página de Amazon donde se puede comprar su más que recomendable última novela. Esperamos que pronto Gerbeau consiga publicar un nuevo libro.

Ricard.

Enlace a Amazon.

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Relojes.

En esta ocasión os ofrecemos algo muy especial: se trata de un relato corto escrito por mí (Ricard) que fue publicado en el número 96 (primer trimestre del año) de la revista literaria La Bolsa de Pipas, de la Editorial Sloper. Esperamos que os guste:

 

RELOJES

 

Eran las 14:00 horas y Daniel disponía de muy poco tiempo para comer. Apenas si se había dado cuenta del período transcurrido entre el momento en que se había levantado de la cama y ese instante en que se disponía a regresar a casa después de una dura mañana en la oficina. Cuando llegó a su hogar colgó su chaqueta y se dirigió a la cocina. Puso a calentar algo de agua y sacó un sobre de comida preparada de la despensa. Después se sentó ante una mesa y se dedicó a ojear un periódico.

 

Oyó un claxon que sonaba detrás de él y cerró el periódico bruscamente. El semáforo se había puesto verde. Miró un instante el reloj de su coche que marcaba las 14:07. Soltó el periódico sobre el asiento contiguo y arrancó mientras veía por el retrovisor que el conductor del taxi que le seguía movía el brazo airadamente. Se sentía un poco aturdido. Finalmente giró hacia la derecha y al ver su parking tuvo una extraña sensación de alivio. Aparcó, salió del coche y cogió el ascensor.

 

Pulsó el botón de bajada y miró su reloj. Eran las 14:16 y todavía estaba saliendo del edificio donde se encontraba su oficina. Con cierto sentimiento de descontento se dirigió a donde había aparcado su coche. Arrancó y condujo hasta un restaurante de comida rápida que conocía, a pocas manzanas de allí. Entró en él, y tras pedir un bocadillo y una cerveza se sentó en una mesa. Había un periódico encima de ésta. Lo ojeó con una mano mientras esperaba que le sirvieran. La manga de su chaqueta se desplazó y dejó ver su reloj.

 

Éste marcaba las 14:23 y Daniel ya se había olvidado de comer por aquel día. Tenía una reunión urgente aquella tarde en la delegación que su empresa tenía en Martorell y no había tiempo para eso. Pensó: “Esta noche me prepararé una buena cena para compensar”. El coche se paró al ponerse un semáforo en rojo. Una atractiva mujer pasó por delante de él al cruzar la acera. La mirada de Daniel no se desvió ni un instante.

 

Permanecía fija en su reloj, que ahora marcaba las 14:30. No valía la pena que saliese de la oficina. Se levantó, estiró el cuerpo y echó un vistazo a su alrededor. Algunos compañeros seguían pegados al teléfono o al ordenador. Daniel se acercó a una ventana y miró a la gente que pasaba por delante de ella, en la calle. Pensó entonces en la historia que se escondía detrás de cada una de esas personas. Daniel se preguntó si también estarían siempre pendientes de un reloj, como él en ese momento.

 

Cuando eran las 14:23 y se disponía a revisar todos los informes que su jefe le había pedido aquella misma mañana. Les dedicó varias horas hasta que se dio por satisfecho. Había hecho un gran trabajo y podía sentirse orgulloso de ello. Se levantó y se dirigió hacia el despacho de su superior. Al abrir la puerta lo primero que vio Daniel fue un reloj encima de la mesa.

 

El avión de vuelta a Barcelona salía a las 14:16. En aquel momento Daniel estaba contento. Había podido cerrar todos los compromisos que su empresa tenía con sus asociados franceses y ahora regresaba con un sentimiento de triunfo, si bien se sentía físicamente agotado después de pasar dos días en París sin apenas dormir. Miró en los monitores del andén del aeropuerto a qué hora debía embarcar.

 

¡Las 14:07! Pero Daniel pensó que incluso el reloj del ordenador podía equivocarse, así que se levantó y le preguntó la hora a un compañero con aspecto somnoliento. Éste se la confirmó y sintiéndose perplejo, Daniel pensó en lo rápido que podía pasar el tiempo cuando no estaba pendiente de él. Por esa misma razón se había quitado el bonito reloj de pulsera que le había regalado su madre hacía algunos años y lo había dejado en la mesita de su dormitorio. De esta manera podía trabajar sin sentirse agobiado por la necesidad de cumplir un horario estricto. Después de todo, su jefe le había agradecido personalmente todos los esfuerzos que estaba haciendo por la empresa y había prometido compensaciones de toda clase en el futuro, e incluso un posible ascenso. Daniel se sintió feliz al pensar en ello y se sentó de nuevo.

 

La silla era incómoda y el espacio reducido. Pero era la única oportunidad de comer algo caliente durante el día. El hogar de indigentes no era especialmente acogedor, pero era mejor que la dura realidad de la calle. Apenas si se oía nada en todo el comedor, excepto el movimiento de cubiertos y el ruido de las bocas al sorber la sopa o al beber el vino. Un gran reloj colgado en la pared se encontraba frente a él. Eran las 14:00 horas y Daniel disponía de muy poco tiempo para comer.

 

La bolsa de pipas. Ed. Sloper. Nº 96 Enero-Marzo de 2015.

 

Los-emprendedores-y-la-gestión-del-tiempo

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Manuel de Pedrolo: Recordando a uno de los grandes nombres de la literatura catalana.

Hace unas pocas semanas (en concreto el 26 de junio) se celebró el 25 aniversario de la muerte del escritor catalán Manuel de Pedrolo. Decimos “se celebró”, pero dicho aniversario parece haber pasado sin pena ni gloria: apenas algunos artículos aislados en las secciones culturales de algunos periódicos, y el pase de un documental dedicado a su figura en el Canal33 de la Televisión Catalana. Siendo como es un escritor relativamente popular por ser una de sus obras (el famoso “Mecanoscrit del segon origen”) de lectura obligatoria en los institutos de Cataluña, parece que su verdadera dimensión como escritor sigue siendo no del todo reconocida aún hoy en día como, probablemente, no lo fue en vida. Quizá su perfil de autor inclasificable, tan cercano a la narrativa popular como a la llamada “alta literatura”, tenga mucho que ver en ello. Sea como sea, hemos querido rendirle un modesto homenaje desde nuestro blog.

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Manuel de Pedrolo.

Nacido en Arañó (provincia de Lleida) el 1 de abril de 1918, el autor quedó huérfano de madre siendo un niño, algo que lo marcaría profundamente, como le marcaría la relación con su padre, un hombre de convicciones cerradas, muy clasistas (su familia era de ascendencia noble).

Siendo joven, Pedrolo se traslada a Barcelona, donde reside en el periodo de la República, previo a la Guerra Civil, y vive con intensidad los ambientes artísticos y bohemios de la ciudad mientras cursa estudios de Medicina que no llegará a completar. Al estallar la contienda, combate junto al lado republicano, pero al finalizar el conflicto, es obligado a alistarse en el ejército nacional.

Hombre de carácter introvertido y taciturno, lo vivido durante la guerra le supone una experiencia traumática que le sume en una cierta depresión de la cual no se recuperará del todo nunca, y que impregna en parte de su obra caracterizada por una visión lúcida y bastante pesimista de la condición humana. A ello contribuye el hecho que su hermano muere joven estando el escritor en el frente de Falset (población cercana a Tarragona), aunque esta mirada se ve suavizada por la relación que mantiene con la que resultará ser el gran amor de su vida, Josefina Fabregat, a la que había conocido en Barcelona; un idilio que pervive contra viento y marea (la guerra, la frontal oposición del padre de Pedrolo que considera a Josefina indigna de formar parte de su familia por su origen humilde…). Ambos se casan en 1946 y viven durante un tiempo en Tàrrega, trasladándose después a Barcelona; en concreto a un piso de la calle Calvet perteneciente a la familia del autor donde residirán ya de forma permanente, y en el cual, en 1951, nacerá la única hija de la pareja, Adelais.

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Manuel de Pedrolo trabajando en el despacho de su piso de la calle Calvet.

Manuel de Pedrolo fue un autor prolífico (escribió 120 obras de toda clase de géneros, desde teatro a novela, pasando por poesía, relatos cortos o ensayo). Habiendo empezado a escribir muy joven (completó su primera novela con tan solo 16 años), tras dejar el ejército, Pedrolo concentró sus esfuerzos en las artes escénicas, redactando varias obras teatrales de perfil muy experimental. Las dificultades para estrenarlas, y el hecho de que ninguna de ellas tenga apenas éxito de público, suponen una decepción que hace que se concentre en otros géneros, particularmente el relato corto (del que se convierte en todo un maestro) y la novela, disciplina gracias a la cual llegará a ser reconocido, especialmente después de que en 1954 lograra publicar su libro “Estrictament personal”, que ganó el Premio Joanot Martorell, y que le supuso el espaldarazo definitivo como autor. Pese a este impulso, el escritor siempre tuvo dificultades en publicar sus trabajos. Se da el hecho además de que fue el autor con más libros censurados de la España franquista.

Entre su obra narrativa destacan títulos como “Les finestres s´obren de nit” (1957), “La ma contra l´horitzò” (1961), “Cendra per Martina” (1965), y “Totes les besties de càrrega” (1967). A partir de 1968, con tres novelas, “Un camí amb Eva”, “Se´n va un estrany” i “Falgueras informa”, inicia un ciclo especialmente ambicioso que llevaría por título “Temps obert”, i del que forma parte el antes mencionado “Mecanoscrit del segon origen”, título éste del cual prácticamente llegará a renegar, considerándolo uno de los más flojos de su producción. El “Mecanoscrit…”, del cual se acaba de realizar una adaptación cinematográfica a cargo de Carles Porta que se estrenará en el próximo Festival de Sitges, cuenta la historia de una adolescente (Alba) y un niño negro (Dídac), abandonados a su suerte en un mundo desolado, postapocalíptico, en el que se verán obligados a madurar rápidamente, siendo, cual nuevos Adan y Eva, los padres de una segunda humanidad. Pese al desdén por el libro que llegó a proclamar su autor, sentimos un enorme cariño por esta novela que forma parte inequívoca de nuestra educación sentimental.

La obra de Manuel de Pedrolo se distingue por un simbolismo crítico expresado mediante originales y contradictorios procedimientos estilísticos, jugando con distintas estructuras de narración, o con el lenguaje, de una forma que tiene visos en común con otros autores contemporáneos a él, desde Faulkner a Cortázar.

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Pedrolo junto a la que fue su mujer Josefina Fabregat.

También, como hemos apuntado anteriormente, juguetea con distintos géneros narrativos, desde el policiaco (llegó a dirigir una colección de novela negra para Edicions 62) a la ciencia ficción. Siempre con una mirada abierta y transversal que, de alguna forma, convierten al escritor en una rara avis dentro de la literatura catalana del siglo XX, más centrada normalmente en un cierto costumbrismo y en una recreación localista e historicista del tiempo vivido. Puede que ese sea uno de los motivos por los que Pedrolo no es del todo bien visto dentro de los ambientes literarios catalanes de su época, pese a obtener diversos reconocimientos (llegó a recibir el Premio de Honor de la Letras Catalanas en 1979). Y ello aunque es uno de los escritores con mayor riqueza léxica de su generación y al hecho que nunca escondió su sentimiento profundamente catalán ni sus convicciones independentistas.

Manuel de Pedrolo no se dejó entrevistar en muchas ocasiones. Consideraba que todo lo que tenía que decir se encontraba en su obra. Nosotros estamos de acuerdo con esa apreciación, y por eso os invitamos a que disfrutéis de la lectura de sus libros (el escritor Oriol Pi de Cabanyes recomendaba hace unas semanas en un artículo en La Vanguardia títulos como “Totes les besties de càrrega”, “M´enterro en el fonaments” o “Un amor fora ciutat” para iniciarse en el autor), algunos traducidos al castellano y a otros idiomas, y  que consideramos que no han perdido ni un ápice de modernidad ni frescura; todo lo contrario, nos parece que su obra es más actual que nunca. Pese a ello, os dejamos con una entrevista que realizaron los propios lectores del escritor en una programa de televisión. Un extraordinario documento audiovisual, que (advertimos), es íntegramente en catalán.

Ricard.

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John Fante: El alter ego como figura literaria.

Hace unos meses, tuvimos la oportunidad de estar en la presentación de las traducciones al catalán de dos novelas ,“La germandat del raïm” y “Plens de vida”, de John Fante (Denver, 1909 – Los Ángeles, 1983). Fue poco después de la inauguración de la librería “La impossible”, de la que os hablamos en este espacio el pasado verano. Los libros han sido  traducidos magníficamente por Martí i Sales y publicados por “Edicions de 1984”, una editorial que ha ido incorporando poco a poco una muy atractiva lista de autores y títulos a su catálogo en lengua catalana. La presentación de los libros corrió a cargo del escritor Kiko Amat, gran conocedor de la obra de Fante del que se considera un absoluto admirador, además de reconocerlo como una de sus máximas influencias.

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Con motivo de la asistencia a este acto, pensamos en dedicarle un espacio al escritor norteamericano por el cual, al igual que Amat, sentimos gran devoción. No ha sido antes que lo hemos hecho porque queríamos leer las dos traducciones mencionadas arriba. Por otra parte, se da el hecho de que, justamente ahora, la editorial Anagrama ha cerrado la publicación completa en castellano de la obra de Fante con su recopilación de cuentos “El vino de la juventud”.

John Fante nació en el seno de una familia italoamericana de clase humilde-trabajadora. Su padre, Nicola Fante, albañil con tendencias alcohólicas, y su madre, Mary Capolungo, mujer de fuertes creencias católicas, marcaron profundamente la niñez del autor. Motivado por una profesora de instituto, quien vio en él un talento natural para la escritura, John Fante empezó a elaborar sus primeros textos recién llegada la adolescencia y, poco después, se animó a enviar algunos relatos a revistas literarias viendo publicados algunos de ellos.

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La mala suerte hizo que cuando iba a lanzarse su novela “Pregúntale al polvo” (la más famosa y, seguramente, la mejor de sus obras), la editorial que tenía que hacerlo desviase el dinero inicialmente previsto para publicarla con el propósito de sufragar la sanción correspondiente al hecho de haber editado el “Mein Kampf” de Hitler sin tener los permisos de autor necesarios (nos encontramos en 1939 y Estados Unidos todavía no ha entrado en la segunda guerra mundial).

La mala fortuna, de hecho, fue algo que acompañó al autor durante casi toda su vida, hasta el punto de que, probablemente, si no hubiese sido por la admiración que le profesaba Charles Bukowski (una de las pocas influencias reconocidas abiertamente por el sin par escritor angelino), todavía ahora sería prácticamente un desconocido. De allí que se le considere a veces como escritor referencial a la hora de hablar de eso que se ha denominado “malditismo” en la literatura; un calificativo, el de “maldito”, que, como ya reflexionamos aquí en una ocasión aludiendo a la publicación de todos los cuentos del también norteamericano Breece D’J Pancake, puede llevar a equívocos e impulsar a muchos a leer a un autor por los motivos más equivocados.

Lo cierto es que la literatura de John Fante hubiese tenido el mismo valor aunque hubiese conseguido publicar “Preguntale al polvo” en 1939 y éste hubiese sido el pistoletazo de salida a una carrera larga, fructífera y llena de éxitos, tanto por las ventas de sus libros, como por el beneplácito ganado a la crítica. Lejos de ello, a la no publicación de la novela siguió un largo periplo en el desierto en el que Fante dedica su esfuerzo a los guiones cinematográficos en un intento de salir de las muchas penurias económicas a las que se había visto expuesto hasta ese momento.  No fue hasta 1952 que volvió a escribir literatura y, de hecho, publicó su novela “Llenos de vida”, obra que tendría más adelante una traslación al cine.

La escritura y publicación de “Llenos de vida” fue un pequeño paréntesis en realidad, ya que, hasta 1977, Fante no volvió a escribir y editar ningún libro. En 1959 se le diagnosticó diabetes, cosa que le llevó a alejarse del alcohol del cual había abusado durante años para sufrimiento de su mujer y de sus múltiples hijos (entre ellos, el que sería también escritor Dan Fante). Fue pues a finales de la década de los 70 que, gracias a Charles Bukowski que la recomendó apasionadamente a su editor, el autor consiguió ver publicada de nuevo “Pregúntale al polvo”, novela que había sido descatalogada y que, en esta ocasión, iba a ser prologada por el propio Bukowski, algo que sin duda hizo atraer a muchos nuevos lectores a la obra de Fante.

En los años siguientes, fueron publicándose títulos inéditos del autor que éste había ido escribiendo en diferentes etapas previas a la edición de “Llenos de vida”, y consiguió completar algún manuscrito más que también fue editado, pero la mala suerte volvió a cebarse en él, y el progresivo aumento de su reconocimiento como escritor corrió paralelo al deterioro de su salud que se agravó hasta su fallecimiento en 1983, no sin que antes terminara una última novela, dictándosela casi a ciego (tal era su mal estado físico) a su mujer.

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En la literatura de Fante destaca el hecho de que sus personajes principales, como el Arturo Bandini protagonista de varias de sus novelas incluida “Pregúntale al polvo”, sean, de facto, alter egos del propio autor, algo en lo que el escritor fue, en cierta forma, un precursor al acercar ficción y autobiografía hasta llegar a crear una frontera difusa entre ambas cosas. Influenciado por ello, Bukowski  concibió el personaje de Henry Chinaski como sosias de él mismo a la hora de protagonizar un gran número de sus novelas y relatos.

Por otra parte, las novelas de Fante acontecen en los ambientes en los que se movió el escritor durante su infancia en su pueblo del estado de Colorado, o bien en la ciudad de Los Ángeles donde se trasladó más tarde. Siempre con un pie en lo dramático y sentimental, y otro en lo irónico o directamente cómico, en las historias de John Fante no es difícil ver reflejada su propia experiencia familiar, la angustia casi existencial de un chico abocado aparentemente a la pobreza y la mediocridad, o el absurdo cotidiano en una ciudad como Los Ángeles capaz de devorar a sus habitantes y despojarlos de cualquier esencia espiritual.

Otra de las características que hacen especial la obra de Fante es su capacidad de concreción: la mayoría de sus novelas no son demasiado largas y tienen un estilo vivo, dinámico y aparentemente sencillo que, en realidad, esconde la gran depuración de su trabajo narrativo conseguida con enorme esfuerzo y tesón. Probablemente, solo Hemingway, entre los escritores norteamericanos de la misma época, se acerca en este sentido a Fante.

9788433967763Tierna en algunos momentos, dura y explícita en otros, a la literatura de Fante se le critica a veces la ligereza de su prosa, uno de los aspectos que personalmente me resultan más atractivos del estilo del autor italoamericano. También se le achaca en ocasiones un exceso de sentimentalismo. Lo cierto es que sus textos rezuman una conseguida frescura, que logran atrapar al lector sin remedio, y que consiguen transmitir una emoción que a través de la lengua escrita es muy difícil llegar a crear sin caer (Fante nunca lo hace) en una excesiva e impostada afectación.

Sea como sea, vale la pena que os acerquéis o redescubráis su obra, ya sea en las flamantes ediciones en catalán, las traducciones al castellano de Anagrama o, quizá, si domináis bien el idioma inglés, en alguna edición original donde podréis disfrutar de la especial musicalidad del lenguaje del autor (otra de las características de su prosa).

Terminamos con el tráiler de la adaptación cinematográfica que se hizo en 2006 de “Preguntale al polvo”, protagonizada por Salma Hayek y Colin Farrell, y dirigida por el poco prolífico Robert Towne. Una película cuyo título en su versión española fue traducido por obra y gracia de algún avispado distribuidor como “Preguntale al viento”.

Ricard.

Tráiler oficial de “Ask the dust”

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Recomendaciones editoriales para el día del libro.

Mañana se celebra en Cataluña la festividad de Sant Jordi y en todo el mundo el día del libro. Por ese motivo hemos querido elaborar una lista de recomendaciones editoriales que, esperamos, sean de vuestro interés.  Aquí la tenéis:

FICCIÓN

Narrativa en habla hispana:

portada-mala-indole_grande“Mala índole” Javier Marías Ed. Alfaguara

Nueva colección de cuentos del célebre autor madrileño.

“Estaba en el aire” Alberto Vila San Juan Ed. Destino

Novela intimista situada en los años sesenta que ha ganado el Premio Nadal 2013.

“Constructores de monstruos” Javier Tomeo Alpha Decay

Historia a medio camino entre el surrealismo y la novela gótica, llena del humor negro que caracteriza a su autor.

Narrativa en catalán:

plans-de-futur-marius-serra“Plans de futur” Marius Serra Ed. Proa

El escritor y columnista de “La Vanguardia” ha sido reconocido con el Premi Sant Jordi por esta novela sobre el matemático Ferran Sunyer.

”No eixuguis els plats”  Carles Hac Mor  Pagès Editors

Siete relatos sobre el azar de este prolífico escritor, ganador del premio “7 lletres”.

“Climent” Josep Maria Fonalleras Ámsterdam llibres

Relato de reminiscencias autobiográficas sobre la vida, la amistad y la literatura.

Narrativa traducida:

lo-que-mueve-el-mundo-ebook-9788432215810

”Lo que mueve el mundo”/ “El que mou el món”  Kirmen Uribe  Ed. Seix Barral/ Ed. 62

El reputado escritor vasco ha creado esta fascinante historia sobre lo que aconteció tras el bombardeo de Guernica.

”Aromas/Aromes ” Philippe Claudel  Ediciones Salamandra

El escritor francés vuelve al terreno intimista para tratar sobre la relación entre los sentidos y la memoria.

“La escoba del sistema” /“L’escombra del sistema” David Foster Walace Pálido fuego/ Edicions del periscopi

Primera novela del fallecido genio estadounidense sobre las desventuras y relaciones de la joven Leoneore Beadsman.

Narrativa Infantil y juvenil:

AgenciaSalamandraEpidemiaMisteriosa“Agencia Salamandra. El cofre de otro mundo” Ana Alonso y Javier Pelegrín Ed. La Galera

Nuevo relato policíaco del tándem Alonso-Pelegrín en el que algunos de los sospechosos son fantasmas.

“Les fruites viatgeres” Mercè Baronet Jordana i Montserrat Serra Giró Ed.Cal Siller

Deliciosa historia sobre las aventuras de unas frutas con poderes mágicos.

“Cyboria. El despertar del Galeno” Pierdomenico Baccalario  Anaya Infantil y Juvenil

Galeno, el autómata, es el único guía que puede conducir a la Ciudad Nueva, lugar ideal donde se puede vivir la utopía de Cyboria.

NO FICCIÓN:

51UjNJqvkmL“Enigmático Edipo. Mito y tragedia” Carlos Garcia Gual  Ed.Fondo Cultura Economica

Fabuloso trabajo del experto en literatura clásica sobre el mito de Edipo.

“El zorro rojo. Biografía de Carrillo” Paul Preston Ed.Debolsillo

Este prestigioso biógrafo nos acompaña en un apasionante recorrido por la vida del fundador del PCE.

“Muerte aparente en el pensar” Peter Sloterdijk Ed. Siruela

El filosofo y catedrático alemán habla sobre la ciencia a través de sistemas de ejercicios como planteaba en “Has de cambiar tu vida”.

POESÍA:

alma venus“Alma Venus”  Pere Gimferrer Ed. Seix Barral

El famoso poeta nos habla, entre diversos temas, sobre la situación polítia y social actual.

“Poesía completa” Anne Sexton Ed.Linteo

Antología de la gran poeta americana que, junto a Sylvia Plath, marcó una época.

“5 cm (la cicatriu)” Mireia Vidal-Conte Curbet edicions

Confesiones poéticas sobre el dolor y la enfermedad de este gran valor de la poesía catalana.

Y para mañana os tenemos reservada una sorpresa muy especial.

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Breece D´J Pancake: ¡Maldito malditismo!

Como es bien sabido, las teorías psicoanalíticas nos hablan de una doble tendencia instintiva en el ser humano: el eros (es decir, la pulsión que nos lleva hacia el sexo y, por extensión, a la reproducción y la preservación de la especie), y el thanatos (aquello que nos mueve a utilizar la violencia, una tendencia destructiva que, paradójicamente, puede ayudarnos a sobrevivir en según que situaciones). Tal dicotomía ha sido y es fuente de estudio y reflexión en casi todos los ámbitos del conocimiento humano, desde los científicos hasta los sociales, filosóficos y, por supuesto, artísticos.

Tampoco resulta especialmente novedoso comentar que en la naturaleza casi todo tiene una doble vertiente que puede ser positiva o negativa según los casos, de la misma forma que las virtudes y los defectos de los individuos suelen ser una misma cosa (ser ordenado está bien, ser demasiado ordenado puede resultar un auténtico engorro para las personas que estén a nuestro alrededor que probablemente nos tratarán de maniáticos).

Hace unos meses, mientras curioseaba por una conocida librería situada en el centro de Barcelona, mi mirada fue a parar a la portada de un libro que me llamó especialmente la atención. Los motivos de ello fueron varios: en primer lugar, la editorial que publicaba el libro, Alpha Decay, la cual viene haciendo una labor estupenda habiendo creado, de un tiempo a esta parte, un catálogo de títulos realmente interesante, con autores, en ocasiones, poco o nada conocidos aquí. Otra razón que me hizo coger aquel libro en particular fue la portada en la que se observa la cabeza de un zorro. No tengo una fijación especial por dicho animal pero, por algún motivo, ese dibujo me resultó poderosamente atractivo. Y finalmente, diría que otra causa que hizo que me sintiera interesado por aquel libro fue el nombre de su autor, el cual me pareció un tanto exótico y en cualquier caso de difícil pronunciación: Breece D´J Pancake.

En realidad, el nombre del escritor proviene de una errata ocurrida en una revista literaria en la que algunos de sus relatos fueron publicados. Por alguna razón, Pancake decidió firmar a partir de entonces sus cuentos manteniendo dicha errata. De todas formas, fuese cual fuese el motivo que hizo que aquel libro captara mi interés, lo cierto es que podría haberlo devuelto al lugar de donde lo había cogido, como habré hecho tantas otras veces en otras tantas situaciones similares, después de leer su contraportada y hojearlo brevemente. Sin embargo, decidí comprar ese libro y llevármelo a casa. ¿Cuál fue la razón que me impulsó a ello?

Me temo que algo del thanatos que todos llevamos dentro tuvo que ver en esta resolución. En la mencionada contraportada del libro se empieza hablando del autor de la siguiente forma: “Breece D’J Pancake se suicidó en Charlottesville en 1979 a la edad de veintiséis años”. También en la web de la editorial Alpha Decay aparece esta frase en la página donde se informa de la obra. Debo confesar, pues, que el hecho de saber que el autor se suicidó a tan temprana edad jugó morbosamente a favor de mi decisión de comprar el libro.

Esta reflexión a posteriori me ha hecho ver hasta que punto aquéllos que consumimos cultura en sus diferentes disciplinas podemos sentirnos seducidos a veces por eso que hemos venido a llamar “malditismo” en el arte. Una atracción que, como ocurre en ocasiones cuando nos dejamos llevar por nuestros instintos, nos puede jugar una mala pasada. Lo cierto es que el hecho de que un escritor se suicide a los veintiséis años no debería suponer un condicionante que tener en cuenta a la hora de evaluar su obra. Podría haberse dado el caso de que, “Trilobites”, que es como se titula el libro en cuestión, hubiese sido un completo desastre. Que, por una vez, el habitual buen criterio de Alpha Decay no hubiese sido tal.

Pero no es el caso. “Trilobites” es un libro de relatos francamente recomendable. Una obra que respira una enorme verosimilitud y en la que se muestra de una forma sorprendente, dada la juventud del autor cuando escribió los cuentos, una voz literaria, quizá emparentada con otras grandes de la narrativa norteamericana (Hemingway, Steinbeck o incluso Faulkner), pero de una fuerte, singularísima personalidad. Un libro que tendría el mismo valor si el escritor hubiese vivido, con todas las vicisitudes que ello implica, hasta una edad tardía. De hecho, cabe lamentar redobladamente que no haya sido así. Releyendo algunos de los relatos que componen “Trilobites” (sutiles historias que versan sobre personas de origen humilde en un entorno rural, de espacios abiertos), me doy cuenta de la gran pérdida que supone la desaparición de Pancake, de todo lo que podría haber dado con los años.

Quizá hablar  de “malditismo” resulte un tanto injusto en el caso de este autor, dado que en su corta vida disfrutó de cierto reconocimiento literario y que no nos consta que su personalidad fuera especialmente excesiva, siendo las razones de su suicidio, todavía, un misterio. En cualquier caso, vale la pena acercarse a su sucinta pero brillante obra y es algo que queremos aconsejar en “Cultura y algo más”. Pero no lo hagáis por los motivos equivocados, como yo. Que sea el amor a la buena literatura lo que os impulse a ello.

Ricard.

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