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Joana Serrat: Conexión catalanoamericana.

Parece mentira pero con el disco que queremos comentar aquí, “Dripping springs”, Joana Serrat ha llegado ya a lanzar cuatro trabajos. Y es que, como dice el tópico, el tiempo pasa rápido. Del tiempo, y de otros temas universales con los que el común de los mortales se puede sentir fácilmente identificado, nos viene a hablar la de Vic en este álbum que no hace más que volver a ratificar su gran talento para firmar canciones repletas de autenticidad y belleza. Y es que Joana lo tenía difícil para volver a hechizarnos como lo hizo con su anterior y sobresaliente “Cross the verge” (2016), un trabajo justamente aupado entre los mejores de la cosecha nacional del pasado año, pero lo cierto es que su nuevo disco no le anda a la zaga.

El álbum ha sido lanzado por el sello de la propia cantautora, Great Canyon Records, al cual le debemos también la publicación de discos de artistas como Marta Delmont o Murdoc entre otros (aunque a nivel internacional ha sido el sello británico Loose Music quien se ha encargado de su edición), y lo ha producido todo un referente del sonido Americana como es Israel Nash. Además, en él han colaborado el ingeniero de sonido Ted Young (quien ha llegado a trabajar con los mismísimos Rolling Stones), y también músicos del calibre de Joey y Aaron McClellan, John Fleishmann o Dave Simonett entre otros.

Todo ello no es óbice para que lo que resalte ante todo en este disco sea la personalidad de Joana, quien sigue moviéndose como pez en el agua entre las brumosas aguas de un folk-neocountry ensoñador, que tanto parece poder mirar a Jonny Cash como a unos Beach House acústicos.

Desde el principio, con “Wester cold win” (título más que representativo), Joana marca la pauta de un trabajo del cual no podremos desviar la atención mientras esté sonando. Con una voz templada en la emoción contenida, y una producción que es pura filigrana, la canción crece a lo largo de su recorrido y nos prepara para otros temas que nos sumergen aún más en esa tierra de nadie entre su Vic natal y una América neblinosa y mágica que quizá no exista pero en la que muchos queremos creer pese a todos los sinsabores en forma de desconcertantes noticias que muchas veces nos llegan desde el otro lado del Atlántico.

Es desde ese territorio donde fertilizan canciones como la melancólica “Keep on falling”, la intensa “Farewell”, o la más enérgica “Come Closer”. Temas en general en los que, pese a su clasicismo, Joana no tiene miedo de buscar recovecos que los alejen de un excesiva previsibilidad, llegando, en algún caso, a lidiar incluso con un cierto toque progresivo como ocurre en la dilatada “Unnamed”. Canciones, en cualquier caso, que pese a su hipnótico sonido nos hablan, como ya hemos apuntado, de temas bien humanos como el paso del tiempo, la memoria de aquello que quedó atrás y la necesidad de continuar adelante pese a todo.

Aunque este trabajo es el más americano de cuantos ha lanzado hasta ahora (no en vano está grabado en Texas), uno le diría a Joana si pudiera que en el futuro no tenga miedo de desmadrarse y robustecer aún más su sonido como nos consta que hace en ocasiones en sus maravillosos conciertos. Personalmente me gustaría escuchar una Joana Serrat puramente rockera, en una onda que la acercase a bandas como Drive By-Truckers o incluso el Neil Young más eléctrico (aunque sabemos que es una gran fan del canadiense) sin que, por supuesto, dejara de lado su propia personalidad como artista. Pero no hay de que quejarse; mientras siga entregando trabajos tan bellos como este “Dripping spring” seguiremos creyendo ciegamente en ella.

Ricard.

Os dejamos con la canción que abre el disco:

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Ryan Adams: Notable artesanía rock.

Dentro del interesante cartel del Festival Cruïlla que se va a celebrar en Barcelona el próximo mes de julio, destaca para nosotros el nombre de Ryan Adams, quien vendrá a presentar su último disco “Prisioner”.

Músico incontinente donde los haya (suma ya una veintena de álbumes en poco más de 20 años si contamos los que grabó con su primera banda Wiskeytown), Adams se ha caracterizado por poner en primera línea un estilo de rock enraizado en el country, el folk, o el blues (eso que algunos denominarían “Americana”), deudor de gigantes de este estilo como Bruce Springsteen o Tom Petty.

Si bien ninguno de los álbumes que ha publicado el músico nacido en 1974 en Jacksonville (Florida) se puede comparar a las grandes obras de los antes mencionados, sí se puede estimar la carrera de Adams, vista en perspectiva, como más que interesante, siendo probablemente sus primeros trabajos en solitario, “Heartbreaker” (2000) y “Gold” (2001), los que más siguen destacando de su dilatada discografía. Además, se puede considerar que ha sabido cultivarse una cierta imagen cool (algo parecido a lo logrado por un artista de similar edad y características estilísticas, aunque a la postre más personal en lo musical como es Jack White), que lo hacen atractivo para muy distintos tipos de público: desde el más indie al más rockero, y desde el más joven al más maduro que puede tener como referencias musicales clásicas los nombres mencionados en el párrafo anterior.

En su último lanzamiento observamos que se subraya un cierto giro estilístico que empezó a vislumbrarse en su disco homónimo “Ryan Adams” (2015) y que siguió configurándose en el curioso “1989” (2015), álbum que versionaba íntegramente el disco del mismo nombre de la estrella del Pop Taylor Swift. Nos referimos sobre todo a un trabajo de producción que nos hace pensar inevitablemente en los años 80: desde el Springsteen de “Born in the USA” (1984) o “Tunnel of love” (1987), a (por qué no decirlo) los primeros álbumes de Bryan Adams; títulos nada desdeñables como “Cuts like a Knife” (1983), “Reckless” (1984), o “Into the fire” (1987). Tampoco es gratuito comparar lo que hace Ryan Adams en la actualidad con bandas del estilo de The War on Drugs.

En cualquier caso, “Prisioner” se inspira en la tormentosa ruptura amorosa sufrida por el músico de Florida recientemente, así como por ciertos problemas de salud que le han mantenido en vilo de un tiempo a esta parte, siendo el tono general del trabajo más bien melancólico, aunque no exento de músculo rockero. En este sentido, hay en el álbum canciones muy asequibles, con cierto aroma AOR, como el primer single “Do you still love me?”, o “Anything I say to you now”. También cortes que se acercan al pop y que nos pueden recordar un tanto a The Smiths como es el caso de la canción que da nombre al disco: “Prisioner”. Por otro lado, temas como “Shiver and shake”, “Breakdown” o “Broken anyway” son de esos que crecen con las escuchas, y que pertenecen a un compositor que forma parte de esa estirpe de músicos que podríamos considerar brillantes artesanos del rock.

En suma, un trabajo variado, muy compensado y que podríamos incluir ya entre la media docena de títulos más destacables de su autor. Ahora solo queda corroborar las nuevas canciones en directo. Nuestra ocasión de escucharlas en tal tesitura, como hemos dicho, será en el próximo Festival Cruïlla, a celebrar en Barcelona los días 7, 8 y 9 de julio.

Ricard.

Para más información sobre el Festival Cruïlla Barcelona clica abajo:

Web del Cruïlla

Os dejamos con el vídeo de presentación del último disco de Ryan Adams:

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12 sensaciones del Primavera Sound 2017.

Como ya hicimos en 2015  y 2016, os dejamos con una entrada dedicada al Festival Primavera Sound que se celebra esta semana, escrita por nuestro buen amigo Angel Luís Mena, gran melómano que abandona cada año por estas fechas su Granada adoptiva para disfrutar del que se puede considerar como el gran evento musical del año en Barcelona.

Es difícil escoger entre la avalancha de calidad y emoción que durante cuatro días llenará el Fórum. Estas son una docena de sensaciones, pero podría haber varias docenas más (hoy Saint Etienne y Local Natives, The XX, Flying Lotus, Kepa Junkera, Swans, King Krule, Elza Soares, The Zombies, !!!, Teenage Fanclub, Metronomy, Berri Txarrak, Sleaford Mods, etc).

El mito de Van Morrison:

El León de Belfast, Van the Man, el indomable irlandés que conjuga voz privilegiada, solidez musical inoxidable y un estado de gracia compositivo perenne. Una leyenda por la que vale la pena pagar la entrada de día e incluso un abono. Su timbre es tan negro como de un blanco inmaculado: es una de las grandes voces de la historia de la música popular y con una personalidad que llena el escenario o un estadio entero. Su último disco, Keep me singing es una joya que lo muestra en pleno estado de forma. Si además canta Moondance o Into the Mystic, la mística de su soul-jazz -folk se convertirá en momentos inolvidables.

La emoción de Arcade Fire:

Todavía en el recuerdo el enérgico concierto del Primavera 2014; la banda de Will Butler vuelve al Fórum sin estrenar su esperado quinto disco, continuación del aclamado Reflektor. Los canadienses se han ganado por derecho propio un puesto en el Olimpo del rock alternativo y a la vez ser una banda con millones de fans que agotan entradas en grandes recintos. Verlos en directo es una experiencia que va más allá de la música, sus canciones tocan lo emocional con una frecuencia sorprendente.

La psicodelia de King Gizzard & The Lizard Wizzard:

Una de las sensaciones del rock en los últimos tiempos. Llegados desde Australia, la desmesura psicodélica es la marca de la casa. Capaces de colar un disco que se escucha como una única canción en (casi) todas las listas de lo mejor de 2016 y de que hablen de su directo como una experiencia sónica. Pueden convertirse en una de las revelaciones del Primavera con su mezcla de catarsis rítmica y mantra lisérgico.

El Oriente de Junun:

No contento con formar parte del grupo que marca el tempo de la modernidad rock, Radiohead, y de grabar excelsas bandas sonoras, el guitarrista Jonny Greenwood se ha embarcado en un proyecto con tintes épicos. Junto al israelí Shye Ben Tzur, el ensemble indio Rajasthan Expréss y el productor Nigel Godrich grabaron Junun, un mandala de música qawwali de raíz sufí, ecos de la exuberancia de Bollywood y la influencia del folk manganiar. Cantado en urdu, indi y hebreo, y grabado en documental por Paul Thomas Anderson (Magnolia, The Master), la cuota étnica del Primavera rebosará con esta iniciativa.

El infierno de Slayer:

Cada año el programa depara alguna delicatessen metal para devotos o curiosos, y este año Slayer podría ser un plato único. La legendaria banda trash-metal estadounidense demostró estar en forma en su último disco Repentless (2015) y su directo promete ser incendiario (nivel infierno). Los autores del seminal y brutal Reign in blood merecen ser escuchados aunque sólo sea por haber sido los primeros y los reyes de un género durante muchos años. Parafernalia satánica, velocidad o guitarras endiabladas son parte de un espectáculo para disfrutar por divergente en el cartel y su singularidad.

El grime de Skepta:

Y si de cuotas hablamos, la del hip hop es de alta calidad cada año. Después de la espantada del aclamado y esperado en Europa Frank Ocean, cancelando pocos días antes, y con el permiso de Run the Jewels, el británico Skepta es la estrella. Revitalizador del género grime, una mezcla de hip hop, dubstep, dancehall y UK Garage, su carrera hacia el estrellato es imparable. Su último trabajo, Konnichiwa, ganó el prestigioso Mercury Prize, el Nobel de la música británica que se entrega al mejor disco del año. Su influencia hoy día no tiene límites y en Barcelona esperamos que siga su ascenso.

El magnetismo de Angel Olsen:

La cantautora de Sant Louis, Missouri (EE UU) se ha convertido en una de las musas de la música independiente. Si su primer trabajo, Burn your fire with your witness (2014) sorprendía por su equilibrio entre candidez y personalidad, My woman la encumbró el año pasado a la primera división, mostrando una solidez compositiva que promete grandes canciones y emotivos conciertos. Con un toque retro, apegada a la tradición folk americana, su voz es magnética. ¿Su única pega? Que la han programado a la vez que Van Morrison.

La suavidad de Whitney:

Su disco Light Upon The Lake fue una de las sorpresas del año pasado, una maravilla de suave rock, pop y folk entrelazados en melodías sinuosas que arrastran a la pura ensoñación. Ternura y melancolía en canciones vestidas con un sonido intemporal. La banda de Chicago podría haberlo grabado en cualquier década, pero lo podemos disfrutar ahora.

La palabra de Kate Tempest:

La poetisa británica es un prodigio de spoken word, un espectáculo sobre el escenario donde sus versos fluyen con bases de hip hop y reflexiones críticas sobre la sociedad contemporánea. Desde sus inicios en el rap, su carrera literaria no conoce límites: reconocida dramaturga y novelista, se la considera una de las voces poéticas de referencia en lengua inglesa de la actualidad. Una artista con mayúsculas apenas treintañera que será una de las voces culturales de los próximos años, o décadas.

La biografía de The Magnetic Fields:

El único concierto de pago en el Auditori Rock de Lux corresponde a la sesión doble de The Magnetic Fields, con una generosa duración de casi dos horas. Tiempo seguramente insuficiente para desplegar su último disco, 50 song memoir, un repaso de su líder Stephin Merrit a sus 50 años de vida, con una canción para cada uno. El resultado del inspirado bostoniano es a ratos irregular, pero su ambiciosa propuesta y el carisma del autor de 69 love songs son sin duda (y nunca mejor dicho) magnéticos.

El alegato de Solange:

¿Es un hype, es una jugada comercial o es la nueva esperanza negra de la música? Mucha curiosidad por ver el directo de la hermana de Beyoncé, encumbrada a la cima de la música alternativa con su disco A seat at the table, un maravilloso alegato social y personal, feminista y reivindicativo. Con joyas como Crane in the sky, su poderosa mezcla de R&B con el toque neosoul que triunfa en las plazas más exigentes, se espera un concierto de los que levantan almas.

El sabor de Seu Jorge:

Brasil está muy presente en el Primavera con gemas como la leyenda Elza Soares (nonagenaria, indie y mito a la par), el vitalismo de Liniker e os Caramelows, o el renovador Seu Jorge. Este último, maestro en la amalgama de samba, pop, funk, soul o bossa nova, aporta además notas emotivas y nostálgicas con un repertorio tributo a David Bowie, remodelando las canciones de la película The life aquatic: Changes, Life on Mars o Rebel Rebel con sabor carioca removerán el escenario Ray-Ban.

Angel Luis Mena.

Nos permitimos añadir a la excelente selección de Ángel a The Afghan Whigs, uno de los grupos favoritos de quienes hacemos realidad este blog, del que os hemos hablado anteriormente, y que vienen a presentar su nuevo disco, recien editado, titulado, In Spades.

Para más información clica abajo:

Web del Primavera Sound

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IN-EDIT: 13ª Edición de cine documental musical de Barcelona (I).

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Un año más damos cuenta de una nueva edición del IN-EDIT Festival de Barcelona, evento de documentales musicales por el cual tenemos gran debilidad. En total este año se proyectarán, entre el 27 de octubre y el 6 de noviembre, 48 filmes. Entre todos ellos, escogemos 5 sugerencias, aunque como ocurre siempre en estos casos, vale la pena explorar en la programación del festival, en busca de aquel título por el cual podemos sentir una especial predilección.

A song for you: The Austin City Limits Story” de Keith Maitland. USA. 2016.

¿Qué no daríamos nosotros por tener en nuestro país un programa de televisión pública como The Austin City Limits? Por sus escenarios han pasado una lista increíble de artistas de enorme calidad. Desde popes del country-rock alternativo como Steve Earle, Lucinda Williams, Wilco o Drive by-Truckers, hasta luminarias del sonido indie-pop-rock como Beck, Cat Power, Sufjan Stevens o The National, pasando, claro está, por leyendas atemporales de la música norteamericana (Ray Charles, Stevie Ray Vaughan, Kris Kristofferson, Tom Waits…). Esta película pretende resumir 40 años de actuaciones; cuatro décadas de historia desde una ciudad, Nashville, en pleno corazón de los Estados Unidos, que rezuma música por los cuatro costados.

Blur: New World Towers” de Sam Wrench. UK. 2015.

La historia de la creación de un disco siempre puede ser interesante. Esta película nos cuenta cómo se grabó “The magic whip”, álbum que supuso la reciente vuelta, tras una largo tiempo de separación, de la que es considerada junto a Oasis como la formación abanderada de eso que en los años 90 vino a llamarse Brit-Pop: Blur. Infinitamente más brillantes que el grupo de los hermanos Gallagher, Blur demostraron una vez más con la grabación de este disco su inquietud creativa que es fuente, en parte, de las habituales tensiones entre sus miembros y que en su momento tuvieron que ver en su separación. El documental muestra a los músicos de la banda tal cual y como son, y tal cual y como es la relación entre ellos, en un ejercicio de lo que podríamos llamar honestidad brutal.  Sin olvidar, claro, los buenos momentos musicales.

Eat that question: Fank Zappa in his own words” de Thorten Schüte. Francia/Alemania. 2016.

Nunca ha habido ni habrá nadie como Frank Zappa. Su arte iconoclasta, excéntrico y genial no tiene parangón en la historia de la música popular. Hasta tal punto que no hay nadie que pueda retratarlo como creador y persona de forma realmente certera. Nadie… salvo el propio Zappa. El director alemán Thorten Schüte, consciente de ello, nos muestra el genio en todo su esplendor a través de una serie de entrevistas y declaraciones propias, así como performances y momentos de actuaciones, que conforman un caleidoscopio que nos acerca como nunca al héroe freak por excelencia. Imprescindible es poco.

Keith Richards: The origin of the species” de Julien Temple. UK. 2016.

El reputado director inglés Julien Temple, se sumerge en la infancia y juventud del guitarrista de The Rolling Stones, Keith Richards. Más allá de los hits, el éxito masivo y la leyenda, descubrimos un ser humano que se adentra entre sus más tempranos recuerdos: su familia, la escasez de medios con la que vivían, el descubrimiento del blues y del rock n´roll… Pura emotividad.

Omega” de José Sanchez-Montes y Gervasio Iglesias. España. 2016.

Ya se sabe que “Omega” supuso la alquimia perfecta entre el flamenco de Enrique Morente, el rock de Lagartija Nick, la música de cantautor de Leonard Cohen, e incluso la poesía de Garcia Lorca. Ya se sabe, pero nunca está de más rememorar una de las obras maestras de la música popular, en este caso, cantada en castellano. Los protagonistas de este espectacular cruce de caminos musical nos hablan de ello en este documental.

Además de los 5 mencionados, recordaros también la posibilidad de ver el documental “Gimme danger” que sobre The Stooges ha rodado Jim Jarmusch y que se va a estrenar en el festival (os hablamos de ello en una reciente entrada de nuestro blog).

Como decíamos al principio, solo son algunas recomendaciones especiales. Pero hay mucho donde elegir. Os dejamos con un enlace donde podéis ver toda la programación del evento:

Web del In-Edit Festival 2016/Programación

Recordaros también que en paralelo a la edición del festival en Barcelona, se realizan proyecciones de algunos de los títulos que se mostrarán en la capital catalana en Madrid, Bilbao y Pamplona, entre los días 30 de octubre al 2 de noviembre, y en Valencia del 17 al 20 de noviembre. Así mismo, este mismo otoño, habrá ediciones hermanas del evento en Colombia, México y, ya en diciembre, Chile.

Ricard.

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Neil Young: “Ragged Glory”, electricidad y belleza.

Como para tantos otros grandes nombres de la música popular de los 70, la década de los 80´s no fue nada fácil para Neil Young. Acontecimientos de índole personal, el intento de adaptarse a los nuevos tiempos, y las ansias de experimentación, llevaron al músico a entrar en una dinámica de continuos giros estilísticos que abarcaron desde el rockabilly en el fallido “Everybody´s rockin” (1983), al techno en el, solo por momentos, interesante “Trans” (1982), pasando por un acercamiento al blues en “This note´s for you” (1988), haciendo de esa década, en suma, un tiempo creativamente errático en el cual se concentra buena parte de lo más prescindible de la discografía del canadiense, salvo por honrosas excepciones como el recomendable “Re-ac-tor” (1981).

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En 1989, con la publicación de “Freedom”, una de las indiscutibles obras maestras de Young, se produce un punto de inflexión tras el cual el músico parece entrar en una especie de segunda juventud. “Freedom” era un disco muy variado, pero cuyas canciones funcionaban admirablemente bien en conjunto. Un compendio que se movía entre el folk, el country, las baladas pianísticas y el rock más experimental, y entre cuyos surcos se encontraba una canción, como “Rockin´in the free world”, que se convirtió en todo un hit mundial, con su vídeo emitiéndose continuamente en las cadenas de televisión de clips como MTV, entonces de incipiente popularidad. La notoriedad que alcanzó “Freedom” llevó a muchos nuevos melómanos a interesarse por la música de Young, y paralelamente, no fueron pocas las bandas y artistas jóvenes que empezaron a reivindicarle como una de sus máximas influencias, siendo mencionado tanto por grupos de índole “alternativa”, como por otros más cercanos al rock clásico y la música de raíces.

Quién sabe si animado por el éxito de “Freedom” y de la mencionada “Rockin´…”, Neil Young decide juntarse con Crazy Horse, banda que le había acompañado en la grabación de diversos discos a lo largo de su carrera, y con la que se había embarcado en no pocas giras llenas de gloria rockera, y se encierra con sus miembros en el estudio para trabajar en nuevas canciones. El resultado se materializa en un álbum, “Ragged glory”, que debe considerarse justamente como uno de los más imprescindibles de su carrera.

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Neil Young en una foto promocional de la época de “Ragged Glory”

Si, como hemos dicho, “Freedom” era un disco muy variado, donde destacaba una canción como “Rockin in the free world” que se podía circunscribir al rock más denso y poderoso, aquí son todos y cada uno de los temas, con la excepción del final “Mother earth”(una especie de canto espiritual dedicado a la naturaleza), los que se pueden enmarcar en el más rotundo y eléctrico rock n´roll.

Si bien algunas canciones ya hacía tiempo que eran interpretadas en directo por la formación (es el caso de los dos primeros cortes del disco, y muy especialmente de “Country home”, tema que ya sonó en la gira que Young y su banda de acompañamiento realizaron en 1976), y encontramos además una versión (“Farmer John” del dúo Don and Dewey), la mayor parte de canciones fueron compuestas para la ocasión, o en cualquier caso adaptadas para que en conjunto formaran un bloque de monolítica intensidad, una abrumadora tormenta eléctrica, tan imperfecta como llena de pasión, en la que, a pesar del atronador sonido, jamás se pierde el sentido de la melodía, llegando a alcanzarse auténticas cimas de estremecedora belleza.

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Neil Young en una actuación en directo junto a Crazy Horse

En “Ragged glory” hay dos canciones que superan los 10 minutos de duración (“Love to burn” y “Love and only love”), y en general los cortes son bastante largos. Pero lejos de caer en el posible aburrimiento que muchos podrían preconcebir, el álbum se convierte para el oyente en un auténtico viaje épico, certificado por sencillos como “Mansion on the hill”, “Over and over” o la especialmente contundente “Fuckin´up”, que no hacen sino dar muestra del estado de gracia en el que se encontraba en aquellos momentos un artista que acababa de entrar (como se ha dicho, con su anterior disco “Freedom”) en una nueva época de éxitos, creativos y populares, pareja a la vivida en la década de los 70.

Pasados más de 25 años de su creación, “Ragged glory” mantiene intacta toda su frescura e increíble vigor. El próximo lunes día 20, Neil Young estará tocando en el Poble Espanyol de Barcelona. Todos sus seguidores esperamos que, de entre el vasto listado de temas del que puede extraer un setlist de concierto, el músico canadiense no descuide algunas canciones de este excepcional trabajo que, sin otro motivo especial, os invitamos encarecidamente a descubrir o redescubrir.

Ricard.

Os dejamos con algunos vídeos promocionales de “Ragged glory”:

 

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10 motivos para no revender tu abono del Primavera Sound… …o rabiar por no haberlo comprado a tiempo.

 

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Como ya ocurriera el año pasado, contamos con nuestro buen amigo y puntual colaborador Angel Luis Mena para dar cuenta de algunas sugerencias para el inmimente Primavera Sound Festival 2016. Aquí las tenéis:

1.El adorado Brian Wilson

Celebrando el 50 aniversario del Pet Sounds de los Beach Boys, uno de los discos fundamentales de la historia del rock, el tiempo se parará en el Fórum con canciones como Wouldn’t it be nice, Sloop John B, Caroline No o la joya de la corona melódica, God Only knows. Brian Wilson, a punto de cumplir los 74 años, proveerá la cuota de nostalgia a la que en otras ediciones dejaron recuerdos indelebles Patti Smith, Dr John o Big Star. Pero es más que eso: el festival honra un disco magistral, con la incógnita de cómo se reproducirá y escuchará su fabulosa riqueza de matices en un espacio abierto. Y a la vez nos permite honrar a un artista único que se colapsó a los 23 años pero tuvo tiempo de aportar su genialidad a la música moderna. Desdeñar la fama, el parné y la gloria en la cúspide de la inspiración es terrible. Aplaudirle será de justicia.

2. La mística de Radiohead

La banda de Thom Yorke trasciende el negocio musical. Hacen lo que quieren y cuando quieren. Cuanto más abstracta y personal es su música, más adeptos reclutan a su cruzada creativa. Sin estridencias, han abanderado la rebeldía desde dentro del sistema. Y su público comparte sus secretas verdades con deleite y compromiso. En una suerte de beatlemania posmoderna, sus conciertos hace ya varios discos que dejaron de ser karaokes de hits con Creep o Karma Police a la cabeza. Son reuniones místicas de culto a los líderes de lo novísimo bajo control maquinal. De espera y aceptación de la catarsis entre el guitarrazo y el loop. Para entender la evolución del rock en las dos últimas décadas, hay que ver a Radiohead en directo.

3.Los indomables Tame Impala

El rock psicodélico de masas tiene hoy nombre y apellido: Tame Impala. La banda de Perth, Australia, se estrenó en Barcelona hace tres años con un concierto memorable en un atardecer violáceo por el que se difuminaron las experimentaciones sonoras de su inspirado líder, Kevin Parker. Este año vuelven como cabeza de cartel en horario central y nocturno, como estrellas del jueves y es que su doble LP Currents no es para menos. Un collage de melodías, distorsión, travesuras y creatividad al alcance de muy pocos que se encumbró como uno de los discos del año en 2015.

4.La divina PJ Harvey

Polly Jean vuelve a Barcelona cinco años después de presentar el imperial Let England Shake. Parece que la crítica esperaba que subiera el listón con el nuevo disco, el estupendo The Community of Hope, y no ha sido muy complaciente. Para gustos, discos de PJ Harvey; lo que es indiscutible es el poderío en directo de la inglesa. Por su música, por su presencia, por su canto de sirena. Y a poco que entone This is Love, Good Fortune o Down by the water, vamos a temblar hasta el tuétano con la voz de la divina. Y sólo con The Wheel nos estremeceremos.

5.El rítmico LCD Soundsystem

Cuando parecía que la banda del neoyorquino James Murphy dormía el sueño de los exhaustos después de 14 años proveyendo de algunos de los más aditivos ritmos de la electrónica indie, vuelven. Sólo un lustro después han regresado a la carretera. Han anunciado un nuevo disco que todavía no ha llegado y del que se espera algún anticipo. En su retorno triunfal a Coachella no hubo concesión, aunque sí dos emotivas versiones: Controversy de Prince y Heroes de Bowie. Será un concierto de síncope y emoción. Aquí no ha pasado nada y LCD seguirán guiando nuestros esforzados pasos de baile.

6.El hedonismo de The Last Shadow Puppets

Parece que el líder de Arctic Monkeys, Alex Turner, no tiene suficiente con partir la pana con su banda y retoma su alianza con Miles Kane en The Last Shadow Puppets, del que han lanzado su segundo disco, Everything you’ve come to expect. Un alegría de rock hedonista, una amalgama de estilos deliciosa y efectista, tocada por la varita mágica de Owen Pallet. Han perdido el agradable regusto de la urgencia sesentera de su álbum de debut, hace ya ocho años. Pero han vuelto con la arrogancia de unas canciones impecables y una presencia y actitud que encenderá miles de corazones en la noche barcelonesa.

7.La intensa bruma de Sigur Rós

Que la música raruna no anglosajona podía tener un éxito mundial tuvo en los islandeses uno de sus emblemáticos abanderados. Desde el impacto y reconocimiento en 1999 de su disco Ágætis byrjun no han dejado de experimentar y consolidar un estilo propio ajeno al ruido externo a su isla creativa. Citados a la medianoche del sábado, ofrecerán su música brumosa y sus descargas de luna eléctrica para regalar momentos de plácido e intenso éxtasis.

8.Ración hip hopera con Pusha T

Hace varios años que sabemos que del Primavera no te irás sin conocer una estrella del hip hop más. Tras alucinar con Kendrick Lamar, Run the Jewels, Odd future o Wu Tang Klan en las últimas ediciones, este año el cartel ha reunido a figuras como Vince Staples, Jay Rock o Action Bronson. Sin desmerecerlos, por horario, mi elegido es Pusha T, compinche de los omnipotentes (cada uno a su manera) Kanye West y Kendrick Lamar o de Tyler the Creator, llega del Bronx con un disco para todos los públicos, King Push – Darkest Before Dawn: The Prelude, y una puesta en escena poderosa y sugerente.

9.El hechizo de Suede

El grupo de Bret Anderson ha vuelto para quedarse, sin renunciar a su legado, imprescindible en el pop británico de los 90, pero creando un repertorio digno veinte años después. Traen al Primavera su Night Thoughts, una fusión entre su flamante último disco y las imágenes de Roger Sargent. Quienes vivimos el DogManStar Tour en Zeleste hace dos décadas aún recordamos el impacto y el hechizo de las imágenes proyectadas contra la figura del sinuoso Brett. La banda británica regalará además un concierto en la jornada de puertas abiertas del miércoles, donde todos podrán conocer una parte de su último trabajo y también rememorar cuando canciones como Heroine, Animal Nitrate o Filmstar eran lo más excitante de Inglaterra.

10.Las ensoñaciones de Beach House

Otro grupo para paladear con deleite su directo infalible y sus canciones evocadoras. Más allá del dream pop, con una adictiva profundidad, el dúo de Baltimore está cimentando una sólida carrera con discos maravillosos como Bloom, Teen dream o sus dos últimos trabajos, Depression Cherry y Thank you lucky stars. En 2012 ofrecieron una actuación memorable, una larga caricia sonora que transporta a lugares y espacios tan lejanos como interiores.

Angel Luis Mena.

Para más información clica abajo:

Web del Primavera Sound Festival

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Bruce Springsteen: “The River”, la cumbre creativa del Boss reeditada en su 35 aniversario.

En 1980 Bruce Springsteen acababa de cumplir 30 años y encaraba una nueva década sumido en una cierta crisis personal y creativa. A pesar de la increíble progresión de su carrera desde su aparición en 1973 con “Greetings from Asbury Park, N.J.”, y del éxito conseguido con álbumes tan representativos como “Born tu run” (1975) o “Darkness on the edge of town” (1978), seguía siendo un tipo bastante más inseguro de lo que podía aparentar en sus enérgicas, increíbles actuaciones en vivo.

En la tesitura de entregar un nuevo trabajo discográfico capaz de dar respuesta a las muchas expectativas depositadas en él, descarta “The ties that bind”, álbum con 10 temas que siguen la estela de “Darkness…”, pero de los cuales Springsteen no se siente satisfecho por considerar que no tienen una unidad conceptual que los haga merecedores de ser publicados como un trabajo completo (qué tiempos aquéllos en que se pensaba en el disco como una obra que debía responder a una cierta coherencia en cuanto a sonido y temática de las canciones).

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Así las cosas, se embarca en la grabación del que será su disco más ambicioso, y el que lo lanzará además definitivamente como estrella de la música. Un trabajo para el que decide contar de nuevo (no lo había hecho con el disco descartado) con la E. Street Band al completo, sin que ésta aparezca acreditada como tal en la carpeta del álbum.

El resultado fueron 20 canciones distribuidas en un trabajo doble que musicalmente venían a ser un compendio de todo lo que había hecho Springsteen hasta aquel momento (un muy personal rock urbano mezclado con ramalazos de soul, folk y un nada ortodoxo country), y de casi todo lo que iba a hacer en el futuro.  Así, el álbum nos mostraba un autor con todas las de la ley que cabalga sobre los lomos de la épica cotidiana en canciones que resumen la existencia, miserias y pequeñas glorias del común de los mortales con admirable precisión y sensibilidad. Temas que se mueven de lo jovial (“The ties that bind”, que debía pertenecer obviamente al disco descartado, “Sherry darling”, “Cadillach ranch” o el super éxito “Hungry heart” son buenos ejemplos de ello), a lo melancólico (la bellísima “Independence day”, “Point black”, “Drive all night”, la emblemática “The river”), sin que se resienta en ningún momento esa coherencia conceptual que Springsteen consideraba imprescindible (de esto hay que darle buena parte del mérito al productor del trabajo, Jon Landau, habitual colaborador del músico).

Ahora, coincidiendo con el 35 aniversario de la publicación del disco, se ha reeditado como una monumental obra que incluye, entre otras cosas, el álbum tal y como fue lanzado en su momento aunque convenientemente remasterizado, dos CDs extra con un total de 22 cortes descartados de las sesiones de grabación (resulta increíble pensar en la creatividad del Boss en la época en que grabó el trabajo), varios Dvds con un concierto filmado el mismo año en que apareció el disco y un documental de cómo se hizo éste, un libro repleto de fotos, carteles y recortes de prensa…

brucespringsteen

Aunque cuatro años después con la publicación de “Born in the USA” (1984) -previo paso por el peaje del intimista “Nebraska” (1982)-, el Boss alcanzaría cotas de popularidad aún más altas, “The River” sigue siendo considerado justamente como el punto de inflexión definitivo y obra cumbre en la carrera de un músico que, si bien en las dos últimas décadas largas ha dado muchas muestras de irregularidad, debe ser valorado justamente como uno de los más grandes en la historia del Rock, o en general de la música popular de la segunda mitad del siglo XX en adelante.

Como ya hemos hecho con otros discos emblemáticos que hemos comentado en nuestro blog anteriormente, os invitamos a descubrir o redescubrir una obra que, como toda que se considere clásica, no ha perdido ni lo más mínimo con el tiempo.

Ricard.

Os dejamos con una de las grandes canciones de “The River”, la muy exitosa “Hungry heart”:

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