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Mercado escena contemporánea.

Nos hacemos eco hoy de “Mercado escena contemporánea”, web dedicada a la difusión y posible venta de obras artísticas (concretamente en disciplinas como música, teatro o espectáculos para niños).  Nos ha parecido una buena opción para que algunos creadores puedan dar a conocer sus trabajos, por lo que hemos decidido incluir un link aquí de manera que nuestros lectores puedan acceder a esta página y conocer cómo funciona.

Aquí lo tenéis: Mercado Escena Contemporánea

CABECERA mercado escena envio a cultura y más

La responsable de la web es Pepa del Pozo, gestora cultural y una muy interesante fotógrafa. Si queréis ver algo de su trabajo en esta última faceta podéis clicar en el siguiente enlace:  Pepa del Pozo

Ricard.

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Community management para productos y eventos culturales: 5 consejos a tener en cuenta.

“Community management” es una expresión acuñada a raíz de la aparición y rápida expansión de las llamadas redes sociales (facebook, twitter, lindkedin), con la que se denomina la gestión en estos medios de la comunicación entre un determinado producto, marca, entidad o empresa, y sus posibles consumidores o usuarios. Alrededor de dicha expresión se ha generado una cierta burbuja formativa, surgiendo en muy poco tiempo y por doquier toda clase de cursos y postgrados relacionados con ésta. Al margen de eso, no podemos desdeñar la importancia que ha obtenido la gestión de marketing y comunicación en redes sociales en los últimos años.

Lo cierto es que, si las mencionadas redes sociales han cambiado rápidamente las reglas del juego por lo que se refiere a las relaciones interpersonales, otro tanto podemos decir en nuestra manera de consumir. Los social media han impulsado la interacción de los ciudadanos con aquello en lo que están interesados, es decir, ahora no nos limitamos a comprar y consumir sin más, si no que queremos saber cómo podemos sacar el máximo partido de eso que hemos comprado, de qué manera conservarlo mejor, cómo y dónde se ha facturado, con qué otros productos puede combinar bien, etc. Y para ello buscamos a alguien, un representante de esa marca o empresa cuyo producto hayamos adquirido, que sea capaz de dar respuesta a nuestras dudas o generar un interés especial en nuevos artículos que se quieran lanzar al mercado. Si no obtenemos respuestas, las personas tendemos a decantarnos por otro producto de otra empresa o entidad que sí sea capaz de ofrecer una buena comunicación.

Si todo esto es cierto para una marca de chocolate o una de detergente, no lo es menos para un producto cultural sea del tipo que sea. Aun no siendo el único factor que puede llevar al éxito un artículo o evento que queramos promocionar, la capacidad para crear interés que tienen las redes sociales, su rápida, sencilla y barata forma de comunicar lo que queramos a muchos posibles usuarios, son aspectos que no debemos obviar. Conformarse con una forma de difusión plana, unidireccional, con consumidores pasivos de quien no recabamos información directamente, puede resultar poco menos que un esfuerzo estéril en unos tiempos en que las estadísticas indican que el tiempo que se pasa ante el ordenador puede superar (sobre todo en una franja de edad joven), al consumo de televisión o de medios tradicionales escritos.

En “Cultura y algo más” hemos decidido aventurarnos a dar 5 consejos para todos aquellos que quieran utilizar las redes sociales como forma de promoción de una entidad, producto o evento cultural:

1. Gestiona tú mismo la comunicación en redes sociales: como hemos comentado al principio de este post, el community management ha generado una suerte de burbuja formativa, haciendo que rápidamente haya surgido un gran número de personas, profesionales venidos de toda clase de ramas, expertos en comunicación y marketing en los social media. Sin embargo, el sector cultural tiene unas peculiaridades que hacen que sea mucho más interesante que el propio gestor, o incluso el artista, músico o escritor, realice las tareas de comunicación en redes sociales.  En este post hemos estado hablando de “producto” cultural. Pero como sabemos los profesionales de la cultura, no tenemos entre manos solamente un producto de consumo. Hay algo más que resulta incorpóreo. Podríamos hablar de los valores sociales, educativos o, por qué no, espirituales que tiene la cultura. Valores que probablemente un profesional del marketing no tenga suficientemente en cuenta, tendiendo a realizar acciones de fidelización (descuentos, abonos y demás), sin buscar un auténtico compromiso por parte del usuario de la cultura.

2. Únete a una buena causa: asociar el evento que queramos divulgar o nuestro producto con algún acto reivindicativo o solidario, puede generar una rápida simpatía entre los posibles consumidores o usuarios que además tenderán a compartir la información que les hayamos proporcionado, generándose un fenómeno de marketing viral que puede dar muy buenos resultados. ¡Ojo! Esto no significa que esta asociación tenga que ser gratuita o falsa. La gente no es tonta y enseguida verán si realmente estás comprometido con aquello con lo que quieres que te relacionen. En nuestro primer post en este blog, colgamos una imagen en la que se leía “La cultura no es un lujo” y que se había movido por internet en los días previos a la subida del IVA en España al 21% en productos culturales. Lo hicimos porque creíamos (y seguimos creyendo) en ese lema y porque, además, nos pareció una buena forma de arrancar un espacio como éste.  Gracias a ello obtuvimos un gran número de visitas en los primeros días después de la creación del blog.

3. No tengas prisa en crear un grupo o una página en Facebook o Twitter: no es lo mismo querer promocionar un evento concreto (por ejemplo, un concierto), que un producto cultural (un libro) o una empresa que se dedique a la gestión de espacios de exposición. Crear un grupo o una página para según que cosas puede resultar una pérdida de tiempo o un esfuerzo suplementario poco útil. Valora si es más factible crear un evento o simplemente comunicar a tus contactos aquello que quieres divulgar. Es más que probable que si dispones de más de 500 amigos en Facebook y creas un grupo, solo un tanto por ciento muy pequeño de tus contactos se unan a éste, y por tanto, solo ellos verán la información que cuelgues en el muro de dicho grupo. En cambio, si esta información aparece en tu perfil, existe la posibilidad potencial de que esos 500 amigos la vean e incluso la compartan, como nos ocurrió a nosotros con nuestro primer post. En el caso de la mencionada red social, es recomendable que la comunicación que pongamos en nuestro muro sea abierta al público. De esta manera, cada vez que uno de nuestros amigos pulse a la acción “me gusta” o haga algún comentario al respecto de eso que hemos colgado, la información será visible para los amigos de nuestros amigos, los cuales, a su vez, pueden igualmente pulsar a la acción “me gusta” o hacer comentarios de manera que lo vean otros usuarios de Facebook, generándose así un efecto “viral” muy interesante. Pasado un tiempo, nos podemos plantear de nuevo la posibilidad de crear un grupo o página a la que se puedan suscribir los usuarios que hayan conocido por distintos medios nuestra web, blog, empresa o producto/evento cultural, con el objeto de fidelizar la comunicación con ellos y establecer nuevos canales de acceso a la información que queremos dar a conocer.

4. Personaliza el producto o empresa: la filosofía de las redes sociales es la de compartir y generar una comunicación activa entre sus usuarios, al margen del tipo de relación que exista entre ellos. Por eso es positivo que se asocie un producto con una personalidad concreta. Nuevamente estamos hablando de compromiso con aquello que hacemos, y la percepción positiva que puedan tener a partir de ello los posibles consumidores o usuarios. Los tiempos del músico o escritor divo que vivía en un mundo aislado han pasado a mejor vida. Lo mismo para los gestores o directivos de una empresa o entidad cultural. Ello no implica “vender” nuestra intimidad, pero sí comunicar nuestros gustos, dialogar con nuestro posible público e incluso implicarnos en debates que puedan generar controversia o polémicas.

5. Ten paciencia: las prisas por conseguir un gran número de posibles consumidores o usuarios de nuestro producto nos pueden generar mucha frustración. En parte debido a que se cree que las redes sociales funcionan de una manera casi mágica, en que la comunicación fluye en todas direcciones con gran rapidez, tendemos a pensar que la información que lancemos en ellas nos proporcionará buenos resultados casi instantáneos. Hasta tal punto podemos concentrarnos y casi obsesionarnos con los social media que, en ocasiones, olvidamos lo más importante, que es el producto que queremos generar. Sencillamente, si éste es realmente bueno, aumentaremos nuestras posibilidades de obtener el éxito. Un éxito que, tal y como hemos comentado en el primer punto, se mide de forma distinta cuando estamos hablando de cultura (no necesariamente de forma cuantitativa). Como hemos dicho, la gente busca el compromiso en aquello que hacemos, y las redes sociales son una manera de mostrar dicho compromiso. Eso implica, sobre todo, perseverancia, trabajo y esfuerzo. Como casi todo lo que vale la pena en la vida.

Ricard.

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El “book tráiler”: Una opción de marketing editorial en expansión.

Hace alrededor de una década nacieron los llamados “book trailers” o “tráilers literarios”, una suerte de avances con imágenes y sonido, semejantes a los que se hacen para el cine, con los cuales se pretende promocionar un nuevo lanzamiento editorial. El primero del que se tiene constancia oficial pertenece al libro “Dark simphony” de Christine Feehan y fue presentado en una convención literaria en Los Angeles el año 2003, si bien es seguro que ya se habían realizado algunos con anterioridad.

Normalmente tienen una duración de unos 30 a 60 segundos, y las imágenes que se utilizan suelen ser de archivo (documentales, películas, montajes fotográficos), mezcladas con algún tipo de presentación elaborada ya sea con animaciones, infografía u otras técnicas. Sin embargo, no es imposible encontrar tráilers literarios con imágenes rodadas expresamente para éstos, sobre todo cuando se trata de lanzamientos de libros que, se prevé, tendrán gran éxito de ventas.

En países como Estados Unidos son muy habituales y tienen bastante aceptación gracias a su difusión por las redes sociales, mientras que en España u otros estados europeos, su uso todavía no está tan extendido, si bien las editoriales se animan, cada vez más, a utilizarlos como forma de dar a conocer sus novedades.

Se emplean sobre todo en el lanzamiento de novelas, pero también se publicitan con ellos otros géneros como la poesía. Es el caso del nuevo libro, de inminente aparición, de Paul Auster:

Su eficacia como instrumento de marketing viral es difícil de precisar. Sus detractores afirman que el hecho de que se quiera utilizar un tipo de publicidad tan visual para un producto literario, resulta, en cierta forma, un contrasentido, y que los lectores habituales prefieren otros métodos, desde la lectura de revistas y suplementos literarios, hasta las visitas a librerías o el consabido boca/oreja, para averiguar cuáles son los títulos que les pueden interesar.

Sin embargo, en una época como la actual en que las personas viven cada vez más interconectadas a través de las redes sociales, su potencial como forma de promoción no es algo que haya que desdeñar. Lo cierto es que nos encontramos en unos tiempos en que el lenguaje audiovisual suele predominar por encima del textual, y el uso de este tipo de vídeos puede resultar una buena forma de “enganchar” a nuevos lectores, sobre todo jóvenes que ya están habituados a los flamantes soportes (tabletas, smartphones) en que se instala el libro digital.

Aquí tenéis otro ejemplo reciente de tráiler literario. En este caso se trata de una novela:

Este tipo de tráilers, escuetos en información y que pretenden ser la antesala de una campaña de marketing completa, son conocidos como “teaser trailers”, y es un formato que se usa de forma habitual en cine, y de manera más parca, en música. Ofrecen al posible consumidor un mensaje publicitario planteado como un enigma y que estimula a éste a querer saber más sobre el producto anunciado.

De todo lo dicho, lo que parece estar claro es que las posibilidades que nos ofrece internet y el mundo digital para promocionar nuestros productos culturales (sean de la categoría que sean), no parecen tener fin.

Ricard.

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