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“The revenant” (El renacido): Una historia de supervivencia.

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Si en “Gangs of new York” vimos a Leonardo DiCaprio como protagonista de una historia que se ocupaba de los inicios de la gran ciudad, en esta ocasión cruza el país aunque no cambia de época, y aparece  caracterizado del audaz trampero Hugh Glass, que existió en la vida real, a finales del siglo XVIII,  y paradójicamente acabó sus días a manos de los indios arikara. La película se basa en la novela homónima sobre la vida del explorador escrita por  Michael Punke (escritor, profesor, asesor político, abogado y experto en asuntos exteriores del gobierno estadounidense).

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Nos situamos en los años de la conquista del Oeste; en concreto, de la parte noroeste de Estados Unidos, en las lejanas montañas de Dakota y Montana.  La expedición del capitán Andrew Henry  (interpretado por el actor irlandés Domhnall Gleeson a quien hemos visto hace poco en otro papel militar, el del avieso general Hux en el último episodio de “Star Wars”), es interceptada y diezmada por los arikara lejos de la base de Fort Kiowa, último lugar habitado antes de los bosques.

El agónico intento de regreso al fuerte es narrado con maestría por el genial Alejandro González Iñárritu, (director de películas tan dispares como “Amores perros” o “Birdman“).  No adelantaremos argumento, pero la resistencia frente a una naturaleza despiadada es también en la película una lucha contra la traición y el egoismo (brillante actuación de Tom Hardy en su papel de Fitgerald).

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Si algo hemos de destacar de la cinta es la sobrecogedora y majestuosa grandiosidad de la naturaleza en ella representada (excelente fotografía de Emmanuel Lubezki): magníficas localizaciones, incluso en la Tierra del Fuego argentina, que nos trasladan a ese escenario mítico de los primeros colonos y de su lucha frente a los que -con más razón de la que da a entender el sentido casi peyorativo de la expresión-, son llamados “native americans”, a quienes se les disputa el territorio, como a los franceses (que, dicho sea de paso, no son pintados de modo muy amable). También resaltamos la original e imponente banda sonora firmada por los prestigiosos Ryuychi Sakamoto y Alva Noto.

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La muy comentada escena de la lucha con el oso Grizzly es de un asombroso realismo, igual que el tormento  y venganza de Glass.  La gran versatilidad de DiCaprio da otra lección de buen hacer interpretativo.  Una impecable película de aventuras sin más pretensión que entretener un buen rato pero que exprime sus armas con oficio y delicadeza.

“The Revenant” ha sido premiada con tres Globos de Oro (mejor director, mejor película y mejor actor), tres Óscar (mejor director, mejor actor y mejor fotografía), cinco premios BAFTA (mejor director, mejor película, mejor actor, mejor fotografía y mejor sonido), el premio del Sindicato de Actores a Leonardo DiCaprio y dos premios Critics’ Choice Movie Awards (mejor actor y mejor fotografía).

Ignasi y Laura.

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“Sicario”: El Estado fallido.

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Hemos disfrutado con este gran film, dirigido por el canadiense Denis Villeneuve y protagonizado por Emily Blunt, Benicio del Toro y Josh Brolin, con guión de Taylor Sheridan.

Siguiendo la estela del extraordinario “Amexica” del periodista Ed Vulliamy y de la mas reciente “Cero Cero Cero” de Roberto Saviano,  la película, a partir de un argumento más o menos anecdótico -una sucia operación secreta para dar caza a un narcotraficante en el interior de México-, nos presenta con toda su intensidad y crudeza la durísima guerra de la droga que se disputa a ambos lados de la frontera entre México y Estados Unidos.

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Esta espeluznante guerra, que ya sólo es noticia cuando uno de sus episodios alcanza niveles mayores de los habituales (la masacre de los estudiantes normalistas, por ejemplo), es retratada con maestría en la película.

Así, observamos como la guerra de la droga es fruto, en buena parte, de la pobreza. Con gran parte de la población sumida en la miseria y con escasas alternativas al tráfico de droga, los habitantes de ciudades como Juárez  ven que el poder real no lo ejerce el Estado sino los narcotraficantes, quienes gobiernan con mano de hierro esos dominios, extorsionando a quien no quiere colaborar con ellos (incluída la policía) y aplicando castigos “ejemplares” a aquellos que se atreven a contrariarlos. La brutalidad es representada en el film no como una elección sino como un mecanismo de sometimiento y una amarga adaptación al medio.

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En medio de ese caos, las autoridades, si quieren ir más allá de apresar al camello de barrio, no tienen más remedio que recurrir a la guerra sucia, incluyendo la utilización de miembros de bandas rivales (estupendo Benicio del Toro en su papel de antiguo miembro de una banda colombiana que ya no tiene nada que perder) para llegar hasta los capos. Emily Blunt interpreta con su habitual buen hacer el papel de policía convencional y bastante ingenua que tarda en comprender los métodos que un heterodoxo y cínico jefe del comando, Josh Brolin, tiene en mente.

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La cuidada elección de las localizaciones, la fotografía que transmite la calurosa e inmisericorde luz del desierto de Sonora, los papeles secundarios, con personajes que parecen realmente haber surgido de cualquiera de esas temibles bandas, nos transportan hasta ese desolador panorama de frontera y guerra despiadada; la escena con el capo cenando junto a su familia en su lujosa villa, ajeno a toda la desolación que sus implacables órdenes han generado, es un amargo epílogo a la película y resume la injusticia de esta guerra donde los que caen son, como siempre, los más débiles e indefensos.

Ignasi y Laura.

Para más información clica abajo:

Web de la película “Sicario”

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“Irrational man”: Un Allen nada desdeñable.

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Empieza a resultar un tópico decir que las películas de Woody Allen, de un tiempo a esta parte, resultan sistemáticamente mediocres o directamente malas. Incluso antes del estreno anual al que el cineasta neoyorkino nos tiene acostumbrados, ya sabemos que buena parte de la crítica especializada y del público va a darle rápido carpetazo al nuevo trabajo de Allen sin que tan siquiera se hayan dignado, en muchos casos, a pasar por una sala de cine para ver la película en cuestión. Y sin embargo, a nosotros nos parece que el nivel medio de los títulos que el director ha realizado en los últimos tres lustros largos es, cuanto menos, notable; algo que, teniendo en cuenta su ritmo de producción, resulta de lo más meritorio. Es verdad que, salvo por la excepción de algún film aislado como “Match point”(2005) —quizá la película menos “alleniana” junto a “Interiores” (1978), “Septiembre” (1987) y “El sueño de Cassandra (2007) de la filmografía del realizador—, no hay un título que sobresalga especialmente entre todos los estrenados en este periodo de tiempo, e incluso hay que admitir que encontramos alguno —pensamos en concreto en “Vicky, Cristina, Barcelona”(2008)—, que sí merece ciertamente el calificativo de mediocre.

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Sin embargo, en la mayoría de ellos sigue existiendo la impronta que, desde principios de los años 70, una vez superado un primer tramo de carrera cinematográfica repleto de títulos puramente cómicos, ha hecho grande al cine de Allen. Esto es: los imaginativos planteamientos argumentales de sus películas, la concreción, precisión y ritmo narrativo inalterable con que se desarrollan, la sabia, casi invisible (en el mejor sentido de la expresión) puesta en escena de sus films, la naturalidad y buen hacer que extrae de la mayoría de sus actores, etc.

Si bien sus más recientes trabajos basculan entre distintos géneros (más cercanos a la comedia unos, más dramáticos otros), “Irrational man”, última película del director, nos parece un buen ejemplo de lo que viene siendo el cine de Woody Allen desde hace un tiempo. En él encontramos, no solo los elementos antes descritos, si no alguno más que viene repitiéndose de forma remarcable en este postrero trecho de su carrera, como un gusto casi esteticista por el encuadre cinematográfico, algo que, si bien forma parte en general de su personalidad como realizador, se ha intensificado particularmente en su cine más reciente. Y es que Allen siempre ha tenido muy buen ojo tanto para escoger los escenarios donde acontecen sus películas (sea en su habitual New York o en otros parajes), como en elegir técnicos capaces de dar respuesta a sus exigencias en el ámbito de la fotografía.

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En la película además continúan presentes las obsesiones del autor: sus reflexiones sobre el amor, el sexo, el vacío de la existencia y muy particularmente el sentido (o no) del crimen como forma de quebrantamiento moral capaz de salvar, redimir o dar incluso sentido a la vida de una persona; ponderaciones que ya aparecían en films como el antes mencionado “Match point” o en el aún más afinado “Delitos y faltas” (1989). Aquí es un profesor de filosofía recién llegado al campus de una universidad que le ha contratado quien se plantea esta última cuestión con la intención de salir de una dinámica de autodestructiva desazón existencial. El personaje, interpretado por Joaquin Phoenix, quien logra darle una personalidad propia obviando los habituales histrionismos imitativos de Allen a los que suelen recurrir los actores principales de sus películas como si se vieran en la obligación de, en cierta forma, substituir en la pantalla a éste, nos habla por momentos directamente con voz en off, un recurso que se extiende también a su comparsa femenina encarnada por la muy expresiva Emma Stone. De esta forma, el espectador se ve guiado por dos voces distintas, dos puntos de vista diferentes que, de forma equívoca, parecen confluir en un momento de la película para separarse después hasta llegar a un final (obviamente, no lo vamos a desvelar aquí) tragicómico. A diferencia del protagonista de “Match point”, el cual sentía una gran sensación de culpabilidad por los crímenes que había cometido, el de este film no muestra el más mínimo arrepentimiento por lo que hace; todo lo contrario: se siente liberado y feliz. Allen crea un diálogo inteligente entre esa forma de transgresión y el convencionalismo que acaba mostrando el personaje de Stone; como si se tratara de las dos voces que pudieran enfrentarse en nuestra cabeza ante un dilema ético. Las conclusiones finales, a pesar de un cierre de la película que podría pasar incluso por moralista (a nosotros nos parece en realidad maliciosamente sarcástico o incluso cínico), quedan  en manos del espectador.

Un film, en suma, plenamente recomendable.

Ricard.

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“American Sniper”: Las raices emocionales del conservadurismo.

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La película “American Sniper” (traducida por “El francotirador” aunque el adjetivo American, a semejanza de la gran “American Psycho“, no sea en absoluto irrelevante), dirigida por Clint Eastwood y escrita por Jason Dean Hall, se basa en la autobiografía de Chris Kyle, un francotirador estadounidense que, tras servir en Irak, fue asesinado por un veterano paranoico (el juicio por los hechos ha tenido lugar hace poco). La película está protagonizada por Bradley Cooper, Sienna Miller, Luke Grimes, Kyle Gallner, Sam Jaeger, Jake McDorman, Kevin Lacz, Cory Hardrict y Navid Negahvan.

Ya hemos leído muchas críticas que tratan esa película con el típico distanciamiento intelectualoide del que se cree demasiado refinado para según qué plato, y por supuesto no vamos a ir por ese camino; ciertamente quien busque argumentos profundos, críticas políticas, giros insospechados o refinamientos intelectuales, mejor que no vaya a ver la película, recomendable en cambio para quien quiera comprender algunas de las claves del pensamiento conservador estadounidense.

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A partir de una reflexión del protagonista, para quien el mundo se divide en lobos, pastores y ovejas, -concepción del mundo como eterna lucha entre buenos y malos tan propia del conservadurismo-, la película subraya el papel central que los valores militares y el ejército juegan en los Estados Unidos, y más concretamente en Texas (en la película, en los barracones de las fuerzas especiales desplegadas en Irak no veíamos banderas estadounidenses, sino banderas del Estado de la estrella solitaria).

El militarismo de los Estados Unidos ha sido tan vilipendiado y caricaturizado que hasta hemos olvidado la esencia del mismo. Con todos sus defectos y virtudes, Estados Unidos es uno de los países que más se analizan a sí mismos, autocrítica que está en cambio alejada de otros modelos que muchos “progres” se dedican a encomiar. Miles de películas, movimientos políticos y sociales, investigaciones, filtraciones, han sacado a la luz sus miserias, que en otros países permanecen escondidas bajo tupidos velos. Si Estados Unidos defiende –nos dice el pensamiento canónico dominante- a sus multinacionales, otros defienden medievales concepciones religiosas o dictaduras corruptas. A partir de ahí, incluso admitiendo que los soldados americanos fueron a Irak a luchar por el petróleo, nos siguen pareciendo mejores que sus enemigos que en vez de pasar los fines de semana en la bolera del centro comercial se los pasan destruyendo monumentos.

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Los occidentales, nos pese o no, tenemos interiorizados unos valores que tienen mucho que ver con los de los norteamericanos, es decir, con democracias liberales: en España concretamente cada vez hay más conciencia de reivindicaciones sociales frente al poder político, de la libertad de expresión, de prensa… y acerca de las denostadas multinacionales, lo cierto es que si la gente no compra más en ellas es por la crisis, no por falta de ganas…

Con esas coordenadas, el protagonista, que por supuesto jamás escribirá un libro de filosofía pero que pretende ayudar a través de la acción y no de la contemplación, va a la guerra imbuido de un sentido del deber que le hace presentarse voluntario hasta en tres ocasiones, y de un sentimiento de protección de sus camaradas, a los que juzga menos preparados. La película se centra en la tensión emocional de quien debe dedicarse a proteger a soldados con la obligación de abatir a cualquiera que los amenace, ya sea hombre, mujer o niño. Víctima del estrés postraumático, cuando regresa temporalmente a casa tras cada misión, no logra adaptarse a la vida civil y familiar.

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Pese a sus detractores, la grandeza de la película reside en que los militares no son presentados como superhéroes sino como personas a las que, por más duros que intenten ser, el contacto diario con la muerte y la crueldad les acaba destruyendo, como precisamente le pasó al protagonista, cuya vida fue prematuramente sesgada por otro veterano enloquecido por el horror de la guerra. Gran interpretación de Bradley Cooper, que subraya la incapacidad del protagonista de alejarse emocionalmente del horror que estaba viviendo.

En definitiva, “American Sniper” es una película que nos presenta con marcado realismo una perspectiva, la de los soldados de élite, que es olvidada por incómoda y políticamente incorrecta, pero que forma parte de la realidad.

Ignasi y Laura.

Para más información clica abajo:

Web oficial de la película “American Sniper”

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“Birdman”: El sentido último del arte.

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Poco esperábamos algunos del director mexicano Alejandro González Iñárritu después de la maniquea y tramposa “Biutiful” (2010). En aquel film protagonizado por Javier Bardem (casi lo único salvable de la película) y que transcurría en una sórdida Barcelona, el realizador parecía querer radicalizar su habitual mirada crítica sobre el mundo globalizado actual, los contrastes sociales, el injusto reparto de la riqueza que lleva a tantos al abismo de la miseria y la delincuencia. Pero a diferencia de otros títulos pretéritos del autor como “Amores perros”, el film rezumaba una artificiosidad dramática que acababa por dar al traste con cualquier amago de verosimilitud que hiciese posible al espectador conectar realmente con aquello que se mostraba en la pantalla.

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En las antípodas de “Biutiful”, el nuevo título de Iñárritu, “Birdman”, ha resultado ser toda una gran sorpresa cinematográfica llena de frescura, ingenio, emoción y una exultante creatividad visual puesta al servicio de la historia que se nos cuenta. Ésta no es otra que la de un actor en horas bajas (genial histrión Michael Keaton, verdadera alma de la función), que pretende recuperar el prestigio perdido por haber protagonizado diversas películas de una saga de superhéroes en los años 90, dirigiendo y encabezando el reparto, en un teatro de Broadway, de la adaptación escénica de uno de los relatos del gran escritor norteamericano Raymond Carver; en concreto “¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?”.

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Iñárritu ha dirigido el film casi de principio a fin como si de un largo travelling se tratara, sin que aparentemente haya un solo corte, ni trabajo alguno de montaje. Lejos de la gratuidad, el realizador consigue con ello sumergirnos en el frenético y atormentado estado mental del protagonista de la película, sin menoscabo de obtener momentos de magnificencia visual y lograda comicidad. Con la ayuda imprescindible de un impresionante elenco actoral (ya hemos mencionado a Keaton, pero todos y cada uno de los intérpretes roza la perfección), una  brillante banda sonora de percusión jazzística, y una creativa fotografía, el film consigue el doble propósito de ser, al mismo tiempo, divertido y conmovedor, sin perder de vista esa perspectiva crítica que forma parte del perfil autoral del director y que aquí, a diferencia de lo que sucedía en “Biutiful”, está abierta a distintas interpretaciones. En este sentido, las reflexiones sobre los sinsabores del éxito y la popularidad, el papel de las redes sociales y nuevas formas de comunicación en nuestra vida cotidiana, o el sentido último del arte, están presentes para que el espectador pueda sacar sus propias conclusiones de ello.

En definitiva, una película que, si no llega a ser una obra maestra, se queda a las puertas de conseguirlo. No os la perdáis.

Ricard.

Trailer oficial de “Birdman”

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“Young ones”: Distopia en el desierto.

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El equipo de “Cultura y algo más” no podía dejar pasar esta edición (la 47) del Sitges Film FestivalFestival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya sin ver alguna de las interesantes novedades del cine fantástico que el certamen nos presenta.

En esta ocasión hemos asistido a la proyección de “Young Ones“, película dirigida por Jake Paltrow (el hermano menor de Gwyneth Paltrow), que también ha escrito el guión. Paltrow comenzó su carrera como director de televisión, dirigiendo algunos episodios de la serie “NYPD BLUE”.  También dirigió en 2007 la película “The Good Night“, con Martin Freeman, Dani de Vito y Penélope Cruz, y en la que también aparecía su hermana Gwyneth.

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“Young Ones” es una distopia al modo por ejemplo de “In the country of last things” de Paul Auster, que nos sitúa en un futuro no muy lejano en que el agua prácticamente ha desaparecido y en que las pequeñas comunidades rurales luchan por acceder a los escasos puntos de suministro, monopolizados además por una oscura horda de obreros que construyen las canalizaciones.

En este endurecido entorno  lucha por intentar un acceso al agua una familia constituída por el padre, Ernest Holm (caracterizado por Michael Shannon), la hija mayor, Mary (Elle Fanning) y el hijo menor, Jerome (Kodi Smith-McPhee). La madre, Katherine Holm (Aimee Mullins) está afectada por una parálisis que la tiene confinada en un fantasmagórico sanatorio. Finalmente,  el novio de la hija, Flem Lever, interpretado por Nicholas Hoult, va a intentar parasitar los esfuerzos del padre…

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Esta inquietante antiutopía nos presenta los caracteres propios del género, la tradición de la ficción post apocalíptica que hunde sus raíces en la ciencia ficción victoriana, por ejemplo con la obra “After London” del escritor del siglo XIX Richard Jefferies, o “The Last Man” de su contemporánea Mary Shelley, ambientada en una sociedad asolada por una enfermedad,  o, ya en el siglo XX, a René Barjavel que situó en la Francia de 2052 su novela “Ravage“, en la que la humanidad había perdido la electricidad.

En esa tradición, muchos escritores han imaginado el fin del mundo de la mano de plagas, extraterrestres, carencias, destrucciones y otras calamidades: un mundo exterior en apariencia recognoscible pero que ha sufrido una transformación cualitativa ante la cual los protagonistas están resignados; ese mundo transformado se utiliza como escenario para experimentar con las reacciones de sus protagonistas.

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El director nos explicó cómo estuvo en España buscando localizaciones, aunque finalmente se decidieron por Sudafrica, por la árida región de Namaqualand que retrata a la perfección el sentimiento de desértico vacío, de escasez y de dificultad que impregna la película.

En ese ambiente extraño, con el sol cayendo a plomo toda la película, un sol que casi podemos sentir como algo despiadado, las personas reaccionan según su naturaleza, con dulzura unas y brutalidad otras, de modo que la dureza ambiental se torna escenario de vilezas y mezquindades. La lucha del todos contra todos, que está simplemente soterrada o disimulada en nuestro entorno, se torna franca en esta película.

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Otro aspecto a remarcar es la visión irónica y amarga que tiene de la tecnología la película, con un entrañable robot mula o unas grotescas prótesis cibernéticas que supuestamente ayudan a la postrada mujer de Ernest. En la película la tecnología, más que ser un instrumento de apoyo o desarrollo, es una parábola de la miserable condición humana. En el descarnado entorno de la película, esas máquinas parecen caricaturas de lo inútil o lo superfluo.

En resumen, recomendamos esta magnífica obra para todos aquellos a los que les guste la ciencia ficción en su vertiente post apocalíptica y quieran disfrutar de una película que nos sumerge en una atmósfera extraña e inquietante.

Ignasi y Laura.

Os dejamos con el trailer de esta película:

Para más información clica abajo:

Web oficial de la película “The young ones”

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“Solo los amantes sobreviven”: Reflexiones sobre la atemporalidad.

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Imagen del cartel de “Solo los amantes sobreviven”

Que en un cartel de una película que está próxima a estrenarse rece la frase “La película más cool del año”, sería suficiente motivo para que algunos de nosotros nos alejáramos sin dudarlo de cualquier sala de cine donde se proyectara el film en cuestión. Sin embargo, si el título que se quiere promocionar está dirigido por Jim Jarmusch (Akron, Ohio, 1953), responsable de maravillas como “Extraños en el paraíso” (1984), “Bajo el peso de la ley” (1986) o “Una noche en la tierra” (1991) (por citar algunos ejemplos), no cabe otra cosa que ignorar cualquier torpeza publicitaria y acercarse a un cine para ver una película que, cuanto menos, sabes que no va a dejarte indiferente (algo que no podemos decir de la gran mayoría de films que se estrenan semana tras semana).

Y es que Jarmusch, considerado a veces como un cierto icono de la modernidad, es uno de esos escasos directores contemporáneos que, trabajo a trabajo, y aún tocando muy distintos géneros, es capaz de dejar una impronta propia que lo eleva muy por encima de la mediocridad industrializada del cine actual.

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Tom Hiddleston y Tilda Swinton en un fotograma de la película

“Solo los amantes sobreviven” no es, en este sentido, una excepción en la filmografía del director. Si en películas como “Dead man” (1995) o “Ghost dog” (1999), se apropiaba del western y del cine de acción respectivamente para convertirlos en algo completamente propio, subyugando dichos géneros a su mirada personal e intransferible, en “Solo los amantes sobreviven” es el terror (subgénero vampírico) el que cae en sus redes para transfigurarlo en algo que bien podríamos calificar de jarmuschiano. Incluso afirmaríamos que, con este film, su personalidad creativa se estiliza hasta un punto no visto en los anteriores títulos del realizador quien, lejos de domesticarse con la edad, parece más dispuesto que nunca a ser una rara avis en el presente panorama cinematográfico.

Así las cosas, no sorprende saber que el director tuvo serios problemas para financiar la película, de manera que ésta se fue retrasando varios años hasta que por fin Jarmusch pudo filmarla. Con la ayuda de un puñado de grandes intérpretes (la siempre inquietante Tilda Swinton, los ascendentes Tom Hiddleston y Mia Wasikowska, o ese soberbio actor que es el veterano John Hurt), el film ha conseguido finalmente estrenarse siendo bien recibida por crítica y público en general.

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Mia Wasikowska, Anton Yelchin y Tilda Swinton en otro de los momentos de la película

“Solo los amantes sobreviven” nos cuenta la historia de Adam, un músico de rock tendente a la depresión, y Eve, su amante de fuerte y, a la vez, enigmática personalidad. A ambos les une su condición vampírica que los vuelve casi inmortales. Su amor ha durado varios siglos, pero viven separados desde hace tiempo, intentando sobrevivir en un mundo donde la sangre de la mayoría de los seres humanos “normales” se ha vuelto prácticamente tóxica. Su reencuentro y la irrupción en sus vidas de Ava, la incontrolable hermana de Eve, supondrá para ellos un nuevo punto de inflexión. Ambientada en Detroit y Tánger, en realidad el leve esbozo sobre el argumento de la película que acabamos de hacer no refleja casi nada de la esencia del film, pues es éste un trabajo donde lo alegórico tiene mayor importancia que la mera resolución de un conflicto dramático.

En “Solo los amantes sobreviven” los personajes hablan por los codos de todo lo divino y lo humano: de música (el rock n´roll tiene gran importancia en este film), de arte, de cultura, literatura, ciencia, filosofía… En cierta forma los vampiros son aquí el baluarte de una refinada e ilustrada forma de entender la vida, en contraposición a los alienados humanos, en permanente decadencia. El exceso de intelectualismo que podríamos considerar que existe en el film a partir de lo dicho, se ve compensado por cierto humor negro que es también seña de identidad habitual de las películas de Jarmusch. A esto hay que añadir una puesta en escena muy cuidada, una preciosa fotografía del francés Yorick Le Saux, y un especial mimo por parte del director a las interpretaciones del elenco de actores (atención a la aparición del antes mencionado John Hurt).

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El director Jim Jarmusch

El resultado es un film hipnótico, una historia auténticamente romántica, un rendido homenaje al lado más gótico y oscuro del rock n´roll… Una película fascinante que, paradójicamente, acaba convirtiendo a Jim Jarmusch (como hemos dicho anteriormente, considerado muchas veces como abanderado de la modernidad) en un apologista de todo lo que es más auténtico en el arte y en la vida, y que en tiempos superficiales como en los que nos encontramos parece haber sido desterrado de la cotidianeidad. En suma, en defensor de aquello que acaba convirtiéndose en clásico, tan válido ahora como lo ha sido años atrás o lo será en el futuro.

Ricard.

Para finalizar, os dejamos con el tráiler de esta magnífica película:

Tráiler oficial de “Solo los amantes sobreviven” (V.O.)

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