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IN-EDIT: 15ª Edición de cine documental musical de Barcelona.

De nuevo, desde el 26 de octubre hasta el 5 de noviembre, se celebra el Festival In-Edit dedicado a los documentales musicales, evento que nos encanta y del que hemos ido hablando desde que empezamos con nuestro blog.

En esta nueva edición encontramos una muy variada y suculenta programación que se estructura en distintos bloques que se resumen en:

Sección oficial internacional: la sección competitiva del Festival que reúne grandes trabajos del documental musical traídos de todo el mundo.

Sección nacional: títulos patrios que en algunos casos forman parte de la sección competitiva y en otros no.

Etnia Barcelona presenta la mirada: mini sección dedicada a documentales que nos muestran a artistas que han destacado por su capacidad de innovar.

Excedlents: una selección de documentales escogidos por simple gusto por parte de los creadores-gestores del Festival. Se trata de títulos también muy variopintos y atractivos. Eso sí, fuera de concurso todos ellos.

Km0: una nueva sección del Festival que nos muestra historias cercanas e intenta dar a conocer artistas locales.

Sección premios: documentales que han ganado premios en ediciones extranjeras del In-Edit (recordemos que el evento se ha exportado a otros países como Chile o Colombia, y que se celebra de forma paralela en Madrid).

In-Edit shorts: nueva sección dedicada a cortos.

Muy difícil poder escoger entre todos los títulos que se van a proyectar en el Festival, pero a nosotros no nos gustaría perdernos (y os recomendamos especialmente):

“Faithfull” de Sandrine Bonnaire. Francia. 2017. Documental dedicado Marianne Faithfull quien nos habla de su presente y, por supuesto, su pasado como icono de los 60, desmontando tópicos sobre su figura.

“Liveration day” de Ugis Olte y Morten Traavik. Noruega. 2016. Título que documenta la visita del grupo esloveno Laibach a Corea del Norte. Se trató del primer concierto que una banda de pop occidental realizaba en este país absolutamente impermeable, si es que de libertad de información hablamos. Una oportunidad para adentrarse en una realidad a la vez chocante y fascinante.

The Allins” de Sami Saïf. Dinamarca. 2017. Pocos personajes tan extremos deben haber pasado por la faz de la tierra que puedan compararse a GG Allin. Y sin embargo, el malogrado mito punk tuvo, como casi todo el mundo, una familia que, gracias a este documental del danés Sami Saïf, podremos conocer. Ni que decir tiene que no se trata de una familia convencional.

“Eagles of death metal: nos amis” de Colin Hanks. Estados Unidos. 2015. Un trabajo que nos sitúa cuatros meses después de la terrible tragedia acontecida en la Sala Bataclan de Paris, en la que irrumpieron unos terroristas islamistas disparando indiscriminadamente contra el público que asistía a la actuación de la banda norteamericana Eagles of Death Metal causando un gran número de víctimas inocentes. El grupo regresó al local para realizar ese concierto que sentían que les debían a los parisienses. ¿Cómo puede afectar a un músico haber vivido una experiencia semejante?

“A life in the waves” de Brett Whitcom. Estados Unidos. 2017. Otro retrato femenino, en este caso sobre Susane Cianni, pionera de los sonidos electrónicos cuya personalidad nos resulta de lo más atrayente al margen del interés mayor o menor que podamos tener por la llamada música avanzada.

“Conny Plank – The potential of noise” de Reto Caduff y Stephan Plank. Alemania. 2017. Título dedicado a un productor que supo avanzarse a casi todo, ayudando a crear música a bandas de la escena germánica de los 70 tan variopintas, personales y fascinantes como Kraftwerk, Neu! o Cluster. Considerado como el padre espiritual del krautrock, Conny Plank fue un pionero obsesionado con el trabajo, al que nos acercamos a través de la mirada de su propio hijo Stephan Plank quien dirige el documental junto a Reto Caduff.

Queercore: How to punk a revolution” de Yony Leyser. Alemania. 2017. A mediados de los años 80 se acuñó el concepto “queercore” para dar nombre a un movimiento dentro del punk que criticaba la homofobia que existía en dicho género musical y estético. Auspiciado desde la ciudad de Toronto por artistas como G.B. Jones y Bruce LaBruce, el “queercore” (o “homocore”), impulsaba una nueva y subversiva forma de ver la identidad sexual diseminada por la música de bandas como Tribe 8 y Pansy Division, cuyo legado se extendió a través del movimiento Riot Grrrls y ha tenido influencia en artistas más estándar como Peaches o Gossip.

The Public Image is Rotten” de Tabbert Fiiller. Estados Unidos. 2017. Y terminamos este pequeño repaso con un retrato en primera persona de uno de los grandes iconos del Punk, Johnny Rotten o mejor sería llamarlo John Lydon, de quien se nos cuenta en este documental su reinvención personal y musical al frente de los imprescindibles P.I.L. (En este caso os dejamos con un video-clip de P.I.L. ya que no hemos localizado ningún tráiler del documental).

Ricard.

Información sobre el In-Edit: Programación con horarios.

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The Doors: “The Doors”, 50 aniversario de uno de los mejores debuts de la historia del rock.

Mi primer recuerdo asociado con The Doors  tiene que ver con el cine Savoy, desaparecido hace ya muchos años, y que estaba situado en el Passeig de Gracia de Barcelona, muy cerca de la confluencia con la calle Provença y, por tanto, a pocos metros de la Pedrera de Antoni Gaudí. Hacía muy poco que se había estrenado la película de Oliver Stone que llevaba como título el nombre del grupo (aunque en realidad se centraba más bien en la figura de su líder, Jim Morrison), y precisamente el Savoy proyectaba el film en una sesión de madrugada a la que acudimos un sábado. Recuerdo de forma nítida el cartel de luces de neón verdes de la sala o la pequeña galería previa a las taquillas con sus expositores de vidrio a un lado y otro repletos de posters y fotografías de películas. Así mismo, me viene a la cabeza que durante la proyección del film había gente bebiendo cerveza o fumando porros sin ningún tipo de pudor. También que aquella noche, tras ver la película, la persona que me había acompañado y yo pasamos un largo rato de apasionado diálogo sobre ella en un pub de la calle Balmes.

Para nosotros, que apenas estábamos entrando en la veintena, The Doors eran una banda mítica muy alejada en el tiempo. Dado que el grupo estaba inactivo desde el fallecimiento de su cantante en 1971, no conocíamos especialmente su música más allá de sus dos o tres mayores hits clásicos. No ocurría como con Lou Reed o Neil Young, músicos de la misma quinta que los integrantes del grupo, que en aquellos tiempos (finales de los 80,s principios de los 90,s) acababan de publicar grandes trabajos que podían servir de punto de enganche para profundizar en sus respectivas discografías. Así las cosas, la visualización de una película como “The Doors” supuso toda una revelación para nosotros, aunque, revisado muchos años después, el film nos resulte un tanto hiperbólico y nos parezca que, en no pocos momentos, roce incluso lo ridículo por su empeño de mostrar a Jim Morrison, no como un ser humano normal (por muy genial que fuese) sino como alguien exageradamente excesivo, en permanente estado de alucinación lisérgica, y poco menos que capaz de adentrarse, literalmente, por dimensiones espirituales inaccesibles para el resto de personas.

Con todo, y como ya hemos apuntado, el film (aún impactante visualmente y con una gran banda sonora que incluye también algún tema de The Velvet Underground o el famoso y anónimo “Carmina Burana”), tiene el mérito de haber impulsado a muchos, como nosotros mismos, a querer escuchar más y más música de The Doors, y a intentar conocer hasta el último detalle de la historia de la banda, y muy particularmente de su carismático líder. Lo obvio en el caso de The Doors era empezar con su primer y homónimo álbum, dado que probablemente es el trabajo de la formación que incluye sus canciones más populares, y ese fue precisamente el primer disco que me compré. Justamente ahora, con la excusa del 50 aniversario de su lanzamiento, ha sido reeditado, y hemos querido rememorar esta gran obra discográfica como ya hemos hecho con otros grandes títulos de la historia de la música popular.

Publicado el 7 de febrero de 1967, “The Doors” se lanzó dos años después de la génesis de la banda, la cual, según cuenta la leyenda, se originó tras el encuentro en la playa californiana de Venice del futuro teclista del grupo Ray Manzarek, y de Jim Morrison (ambos habían sido estudiantes de teatro y cine en la universidad de UCLA). La conexión entre ambos fue inmediata y se cuenta que la conversación se alargó durante horas y terminó cuando Morrison recitó “Moonlight drive”, poema que con los años se convertiría en una de las canciones del grupo. Fue en ese instante cuando Manzarek decidió crear la banda.

Pocas semanas después, los dos amigos ya estaban grabando algunas maquetas con la colaboración de algunos conocidos músicos locales, entre los cuales, el batería Jon Densmore quien poco después se convertiría en miembro permanente del grupo. Meses más tarde se les uniría el guitarrista (aún primerizo) Robbie Krieger. Con él se completaría una de las formaciones definitivas del rock.

Cogiendo el nombre para la banda del libro de Aldous Huxley “The doors of perception”, que a su vez se había inspirado en un texto de William Blake, The Doors consiguieron un primer contrato discográfico con Columbia que se rompió al no conseguir el sello un productor que pudiera grabar el disco de debut de la formación.

Mientras el grupo no conseguía registrar un álbum, empezó a componer canciones que sí tocaban en directo en clubs emblemáticos de California como el Wisky a Go Go o el London Fog. Parece ser que durante una de esas actuaciones, Arthur Lee, líder de los también imprescindibles Love, los vio y fue él quien recomendó la banda a los magnates de su sello discográfico, Elektra.

De esta forma, el grupo pudo grabar su inmejorable debut, un total de 11 canciones, en tan solo 6 días (tan por la mano tenían los temas), a finales de 1966. Con la producción de Paul A. Rotchild, y teniendo a Bruce Botnick como ingeniero de sonido, realizaron las sesiones con una mesa de tan solo cuatro pistas.

El primer single escogido para promocionar el álbum fue “Break on through (to the other side)”, que, pese a que no fue un gran éxito, ahora es considerada uno de los temas más reconocibles del grupo. “Light my fire”, elegido como segundo sencillo, sí obtuvo bastante repercusión siendo una de las canciones que, por tener el órgano de Manzarek en primer plano, se pueden estimar más representativas de lo que podríamos llamar el sonido The Doors. Y es que aún hoy en día, se puede considerar a la banda una formación atípica, con, tal y como hemos dicho, el sonido de tintes psicodélicos del órgano en primer plano (junto a la grave y expresiva voz de Morrison), substituyendo además el sonido del bajo el cual solo en estudio era asumido por algún músico de sesión. Si juntamos a todo ello el preciso sonido blues de la guitarra, y los ritmos de la batería, a menudo navegando por sutiles arreglos jazzísticos, podemos decir que The Doors es una de las formaciones más sui generis de la historia de la música popular.

El éxito del álbum se acabaría apuntalando con canciones como ‘The crystal ship”, “Twentieth century fox”, “I looked at you”, “End of the night” y “Take it as it comes”, todas ellas originales, y versiones tan acertadas como “Alabama song (Whisky bar)”, tema que dieran a conocer Bertolt Bretch y Kurt Weill en 1927, y “Back door man”, un corte blues compuesto por Willie Dixon y que popularizó Howlin’ Wolf.

Aunque la canción que probablemente más destaca del disco es la que lo cierra, “The end”, un tema largo, hipnótico, de letra tan hermosamente poética como misteriosa (las letras de Jim Morrison son, obviamente, otra de los logros a destacar del trabajo), con connotaciones incluso freudianas.

Finalmente, el álbum consiguió auparse al segundo puesto de la lista de discos más vendidos en los USA, situándose solo por debajo del “Sgt Peppers’s Lonely Hearts Club Band” de The Beatles. Un éxito expandido en el tiempo, de forma que el trabajo acumula más de 20 millones de copias despachadas.

Ahora, como ya hemos dicho anteriormente, se reedita, como suele ocurrir con los aniversarios redondos de muchos grandes discos de la historia, en formato de lujosa boxset que incluye el álbum remasterizado en stereo, la mezcla en mono, una versión en vinilo de dicha mezcla, y un disco en directo grabado el 7 de marzo del año en que se editó por primera vez “The Doors”, en la sala The Matrix de San Francisco. El lanzamiento se completa con un libro fotográfico, y anotaciones de David Fricke, conocido crítico de la revista Rolling Stone.

Sea en una presentación como la descrita, o sea en su formato de álbum (vinilo o cd) más sencillo, o incluso escuchado en streaming… de la forma que sea, “The doors” nos espera una y otra vez para abrirnos, ciertamente, nuevas puertas de percepción sonora, como ocurre, de hecho, con el resto de la discografía (en total, cinco disco más si nos ceñimos estrictamente a lo que The Doors publicó antes de la muerte de su cantante en Paris en 1971) de una banda tan singular como irrepetible.  Este verano os recomendamos que buena parte de vuestra banda sonora sea la que nos ofrece el legado de este grupo de inmarchitable recuerdo.

Ricard.

Os dejamos con un concierto completo de The Doors:

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IN-EDIT: 13ª Edición de cine documental musical de Barcelona (I).

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Un año más damos cuenta de una nueva edición del IN-EDIT Festival de Barcelona, evento de documentales musicales por el cual tenemos gran debilidad. En total este año se proyectarán, entre el 27 de octubre y el 6 de noviembre, 48 filmes. Entre todos ellos, escogemos 5 sugerencias, aunque como ocurre siempre en estos casos, vale la pena explorar en la programación del festival, en busca de aquel título por el cual podemos sentir una especial predilección.

A song for you: The Austin City Limits Story” de Keith Maitland. USA. 2016.

¿Qué no daríamos nosotros por tener en nuestro país un programa de televisión pública como The Austin City Limits? Por sus escenarios han pasado una lista increíble de artistas de enorme calidad. Desde popes del country-rock alternativo como Steve Earle, Lucinda Williams, Wilco o Drive by-Truckers, hasta luminarias del sonido indie-pop-rock como Beck, Cat Power, Sufjan Stevens o The National, pasando, claro está, por leyendas atemporales de la música norteamericana (Ray Charles, Stevie Ray Vaughan, Kris Kristofferson, Tom Waits…). Esta película pretende resumir 40 años de actuaciones; cuatro décadas de historia desde una ciudad, Nashville, en pleno corazón de los Estados Unidos, que rezuma música por los cuatro costados.

Blur: New World Towers” de Sam Wrench. UK. 2015.

La historia de la creación de un disco siempre puede ser interesante. Esta película nos cuenta cómo se grabó “The magic whip”, álbum que supuso la reciente vuelta, tras una largo tiempo de separación, de la que es considerada junto a Oasis como la formación abanderada de eso que en los años 90 vino a llamarse Brit-Pop: Blur. Infinitamente más brillantes que el grupo de los hermanos Gallagher, Blur demostraron una vez más con la grabación de este disco su inquietud creativa que es fuente, en parte, de las habituales tensiones entre sus miembros y que en su momento tuvieron que ver en su separación. El documental muestra a los músicos de la banda tal cual y como son, y tal cual y como es la relación entre ellos, en un ejercicio de lo que podríamos llamar honestidad brutal.  Sin olvidar, claro, los buenos momentos musicales.

Eat that question: Fank Zappa in his own words” de Thorten Schüte. Francia/Alemania. 2016.

Nunca ha habido ni habrá nadie como Frank Zappa. Su arte iconoclasta, excéntrico y genial no tiene parangón en la historia de la música popular. Hasta tal punto que no hay nadie que pueda retratarlo como creador y persona de forma realmente certera. Nadie… salvo el propio Zappa. El director alemán Thorten Schüte, consciente de ello, nos muestra el genio en todo su esplendor a través de una serie de entrevistas y declaraciones propias, así como performances y momentos de actuaciones, que conforman un caleidoscopio que nos acerca como nunca al héroe freak por excelencia. Imprescindible es poco.

Keith Richards: The origin of the species” de Julien Temple. UK. 2016.

El reputado director inglés Julien Temple, se sumerge en la infancia y juventud del guitarrista de The Rolling Stones, Keith Richards. Más allá de los hits, el éxito masivo y la leyenda, descubrimos un ser humano que se adentra entre sus más tempranos recuerdos: su familia, la escasez de medios con la que vivían, el descubrimiento del blues y del rock n´roll… Pura emotividad.

Omega” de José Sanchez-Montes y Gervasio Iglesias. España. 2016.

Ya se sabe que “Omega” supuso la alquimia perfecta entre el flamenco de Enrique Morente, el rock de Lagartija Nick, la música de cantautor de Leonard Cohen, e incluso la poesía de Garcia Lorca. Ya se sabe, pero nunca está de más rememorar una de las obras maestras de la música popular, en este caso, cantada en castellano. Los protagonistas de este espectacular cruce de caminos musical nos hablan de ello en este documental.

Además de los 5 mencionados, recordaros también la posibilidad de ver el documental “Gimme danger” que sobre The Stooges ha rodado Jim Jarmusch y que se va a estrenar en el festival (os hablamos de ello en una reciente entrada de nuestro blog).

Como decíamos al principio, solo son algunas recomendaciones especiales. Pero hay mucho donde elegir. Os dejamos con un enlace donde podéis ver toda la programación del evento:

Web del In-Edit Festival 2016/Programación

Recordaros también que en paralelo a la edición del festival en Barcelona, se realizan proyecciones de algunos de los títulos que se mostrarán en la capital catalana en Madrid, Bilbao y Pamplona, entre los días 30 de octubre al 2 de noviembre, y en Valencia del 17 al 20 de noviembre. Así mismo, este mismo otoño, habrá ediciones hermanas del evento en Colombia, México y, ya en diciembre, Chile.

Ricard.

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CRUÏLLA BARCELONA 2016: Encrucijada de sonidos.

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Año tras año, el Cruïlla Festival está consiguiendo consolidarse como una de las propuestas más atractivas del verano cultural en Barcelona. Con un cartel cuantitativamente discreto, pero cualitativamente espléndido, y con un aforo controlado en número de asistentes, el Cruïlla es un festival claramente enfocado al público autóctono, que tiene aquí la oportunidad de vivir una experiencia muy alejada de los alienantes agobios propios de otros eventos musicales (no hace falta mencionar cuales) que quizá podemos decir que han acabado por morir de éxito.

Extendiéndose la propuesta del certamen además a otras sugerencias al margen de la música como puedan ser la gastronomía o el arte, y con una gran presencia en el recinto de ONGs y asociaciones de todo tipo, el Cruïlla parece haber encontrado una identidad propia como festival que lo convierte en un pequeño lujo para nuestra ciudad.

Por los cuatro escenarios que habrá repartidos en el Forum, alejados lo suficientemente como para que no se mezcle el sonido de los conciertos, pero a los que se podrá acceder sin que haya que hacer grandes caminatas, se podrá disfrutar de propuestas como las que siguen:

Robert Plant and The Sensational Space Shifters: el que fuera cantante de Led Zeppelin sigue explorando su pasión por la música africana y de otros lugares del mundo con su actual y espléndida banda, con la que seguro no olvidará recrear grandes clásicos zeppelinianos para gozo de todos los nostálgicos de la banda británica.

Cat Power: una de nuestras musas, favorita para los que hacemos este blog, regresa a Barcelona sin nuevo disco bajo el brazo, pero decidida quizá a que sus seguidores olvidemos el sabor agridulce de su última visita a Barcelona. Sea como sea, siempre es un placer reencontrarse con ella.

Damien Rice: el cantautor irlandés repite en el Festival. Su personal manera de interpretar el folk augura momentos de gran emotividad a orillas del Mar Mediterráneo.

Alabama Shakes: la banda de soul-southern rock realizará su segunda visita a la ciudad condal para presentar su, hasta ahora, último disco, el fabuloso “Sound and Colour”.

Bunbury: el músico zaragozano siempre es garantía de entrega e intensidad en el escenario. Estamos seguros que en el Cruïlla dará, una vez más, lo mejor de sí mismo como artista.

091: el mítico grupo granadino sigue adelante con su tour de regreso a los escenarios. En principio, parece que la formación no tiene prevista seguir más allá de este 2016, por lo que el Cruïlla puede ser una muy buena ocasión de rememorar su magnífico cancionero.

Adrià Puntí: tras una larga década de silencio, el cantautor catalán regresó en 2015 con un disco (“La clau de girar el taller”), unido a un libro (“Enclusa i un cop de mall”), que incluía textos, poemas e ilustraciones, siendo ambas cosas, disco y libro, complementarias, y una gran muestra de que Puntí ha vuelto en su mejor versión.

Ana Tijoux: una de las propuestas que más nos ha llamado la atención del cartel de este año del Cruïlla es la de esta chilena, nacida en Francia, que es capaz de mezclar hip-hop, funk, soul y música de raíces varias de una forma tan contagiosa como brillante. Con letras muy reivindicativas y una actitud aguerrida, nos parece una de las artistas que mejor refleja el espíritu de encrucijada de sonidos que busca el Cruïlla.

A todo lo destacado hay que añadir el Rock alternativo y contundente de Skunk Anansie, el sensual jazz de Esperanza Spalding, el sonido indie de bandas como Love of Lesbian o Egon Soda, los ritmos bailables de Cristal Fighters o Digitalism, la música de raíces fronterizas de Calexico… Hay donde elegir en este evento que os queremos más que recomendar.

Ricard.

Para más información clica abajo:

Web del Cruïlla Barcelona

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PJ Harvey: Espléndida madurez.

Recibido con cierta tibieza por la crítica, el recientemente publicado nuevo disco de PJ Harvey (noveno de su carrera si descontamos sus trabajos en colaboración con John Parish) es el que ha sido lanzado con un mayor espacio de tiempo respecto a su antecesor, el magnífico “Let England shake” (2011). Y no deja de ser curioso porque es probablemente el álbum de la británica que menos rompe con la textura sonora de su precedente. Ello no significa que, como ocurre con todos los trabajos de la cantante y guitarrista, no goce de una personalidad propia; pero hay bastantes cosas que nos remiten al mencionado “Let England shake”. Es en este sentido comparativo en que se debe contextualizar el poco entusiasmo con que ha sido recibido por la prensa especializada “The hope six demolition project”, un disco que, en nuestra opinión, suma una nueva pieza (casi) maestra a una discografía que podríamos considerar prácticamente inmaculada.

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Y es que en “The hope six demolition project” hay nuevos elementos de interés a los que acaso no se ha prestado suficiente atención y que no hacen sino enriquecer las flamantes canciones de una autora, por lo demás, siempre reconocible por su incuestionable identidad artística. El saxo como instrumento que, transversalmente, parece coser todo el trabajo, y los ritmos y coros casi tribales, son algunos de esos nuevos componentes que, utilizados como están con gran sutileza y sentido, llegan a sorprender al oyente atento. Así ocurre en canciones como “The ministry of defence”, “Chain of keys”, “River anacostia”, o “The orange monkey”. “A line in the sand”, en cambio, es quizá la canción más claramente deudora del sonido de “Let England shake”, mientras que “The ministry of social affairs” nos recuerda que la música de PJ Harvey proviene en buena parte del blues. Por su parte, canciones como los dos singles escogidos para promocionar el álbum, “The Wheel” y “The community of hope”, estarían ya incluidas en ese paquete de clásicos que no pueden faltar nunca en un repertorio en directo.

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Por lo demás, en este disco destaca, como ya ocurriera en el anterior, una preocupación social y política en las letras (la cantautora se ha pasado los últimos cinco años visitando junto al fotógrafo Seamus Murphy lugares conflictivos como Kosovo o Afganistán, donde ha encontrado buena parte  de la inspiración para el álbum) que aleja a la actual PJ Harvey de aquella de sus inicios, tan inclinada a airear sus cuitas sentimentales (en forma, dicho sea de paso, de apasionadas, tremebundas e inolvidables canciones), para entrar de lleno en un periodo de espléndida madurez.

Un disco, en definitiva, este “The hope six demolition Project”, que merecerá ser recordado como uno de los más importantes publicados en 2016. Muy pronto podremos disfrutar en directo de las canciones que contiene en la nueva edición del festival Primavera Sound.

Ricard.

 

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“Dues bales perdudes”: Teatro y Rock n´Roll en el Eixample Teatre.

Os queremos informar de un acontecimiento que tendrá lugar este próximo miércoles día 3 de febrero en el Eixample Teatre de Barcelona. Se trata de la puesta en escena de “Dues bales perdudes”, una suerte de concierto teatralizado con auténticos himnos de Rock n´Roll  y Blues.

El espectáculo, creado por Silvia Navarro (“Alguien que apague la luz”, “RIP Rentadores”…), dirigido por Roger Julià (“Hair”, “Love and Rock musical”, “Miniatures”…) y producido por Factea Produccions, es una comedia que reflexiona sobre el precio de la fama y los requisitos necesarios para ser una estrella del Rock.

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A ritmo de temas de clásicos de la música como Jimi Hendrix, Bob Dylan, Rolling Stones, The Beatles, Muddy Waters, Eric Clapton, Joe Cocker o Led Zeppelin, “Dues bales perdudes” explica la historia de Chuck (Pablo Lammers), Levi (Daniel Foll) y su banda antes y durante un concierto que cambiará sus vidas para siempre.

La historia comienza en el 32 concierto de la gira, en Milwaukee, a 20 minutos de empezar la actuación. El pianista no ha llegado y el cantante se desespera. Aparece una prostituta china contorsionista que resulta muerta a causa de una bala perdida que no iba dirigida a ella. El hecho provoca evidentes nervios entre los miembros del grupo: empiezan a salir los trapos sucios, peleas… Todo por la maldita fama. Y la gran reflexión es ¿qué demonios puedes hacer cuando tienes que realizar un concierto en Milwauke y tienes una prostituta china contorsionista dentro de la funda de una guitarra Les Paul 59 Black Pearl?

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“Dues bales perdudes” sigue a referentes míticos como la película “This is Spinal Tap”, donde la comedia enloquecida suaviza la cruda realidad del precio de la fama o las tensiones internas que se producen dentro del sino de una grupo de Rock, sin que la parodia afecte al virtuosismo musical; en este caso con 6 músicos/actores en el escenario: Pablo Lammers (“New Order”, “Ego”, “Burundanga”…), Daniel Foll (“El musical més petit”, “Feísima enfermedad”, “L’Inspector”…), Jorge Carrasco (“Cop de Rock”, “Moonwakler”, “Boney M”…), Maximiliano Molina (“Quatre Barres”, Lucas Masciano…), Nacho Olivar (Amelie Angebault Quartet, “Un jeta, dos jefes”, The Adicts…) y Ariel Vigo (Ron Carter, Benny Golson, Scott Henderson…).

Como hemos dicho al principio, “Dues bales perdudes” tendrá de momento una sola representación este próximo miércoles día 3 de febrero.

Ricard.

Podéis ver el tráiler a continuación:

Trailer de “Dues bales perdudes”

Para más información clica abajo:

Web de l´Eixample Teatre/Información sobre”Dues bales perdudes”

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The Rolling Stones: “Sticky fingers”, la provocación sigue vigente.

El pasado 9 de junio se reeditó lujosamente uno de los discos clave no solamente de la larga carrera de The Rolling Stones, si no de la música popular de las últimas décadas entendida genéricamente. Se trata de “Sticky fingers”.

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Publicado originalmente en 1971, el disco forma parte de una tetralogía de álbumes que muchos consideran la mejor en la historia del grupo, y que viene conformada por “Beggars Banquet” (1968), “Let it Bleed” (1969), el propio “Sticky Fingers” y “Exile on Main Street” (1972). Un tramo en la historia de la banda donde ésta se abandona completamente a los sonidos deudores de la música de raíces norteamericana, o lo que es lo mismo, al blues, country o soul, unido todo ello por la textura sonora del mejor rock n´roll.

Previa a esta etapa, la formación provenía de un relativo fracaso de éxito y crítica tras la edición del psicodélico “Their Satanic Majesties Request” (1968), motivo por el cual se habían generado ciertas tensiones en el seno del grupo. En el cambio de rumbo de la banda fue clave la contratación de un nuevo productor, el norteamericano Jimmy Miller, quien estuvo detrás de los mandos en la grabación de “Beggars Banquet”. Pese al éxito que sí obtuvo este álbum, las relaciones entre los miembros del grupo siguieron deteriorándose, especialmente entre Brian Jones, con graves problemas de adicción a las drogas, y el resto de la formación.  El resultado de todo ello fue la expulsión de Jones, a quien, como se sabe, se encontró muerto en la piscina de su casa poco después, generándose, aún hoy en día, toda clase de especulaciones sobre los motivos del fallecimiento, y aumentando una cierta leyenda negra en torno a la banda, aderezada por los trágicos sucesos ocurridos en el Festival de Altamont de 1969 durante la actuación del grupo en la que murieron varias personas.

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Los Stones con Brian Jones aún en el grupo.

Jones había sido substituido por el joven guitarrista Mick Taylor, quien contribuiría a impulsar el nuevo sonido, más americano, de la banda, aún más patente en “Let it Bleed”, y que explotaría decididamente en “Sticky Fingers”. De hecho, buena parte de los arreglos del disco se pueden atribuir al propio Taylor, pese a que en el álbum los cortes viniesen firmados únicamente por Mick Jagger y Keith Richards, como había sido habitual hasta ese momento, algo que contribuiría a la frustración del guitarrista y que, tiempo después, lo llevaría a dejar la formación.

“Sticky fingers” fue el primer disco editado por el propio sello del grupo, el cual había decidido dejar Decca en pro de una mayor libertad creativa, y también (por qué no decirlo) para lograr un mayor control empresarial de la marca que se había generado en torno a la banda. En él encontramos una profundización en un estilo que, como hemos dicho, bebía del blues, el country o el soul, con el rock como leit motiv. En esta ocasión, condimentándolo todo más que nunca con letras que eran pura provocación, o incluso transgresión, y que hablaban de temas aún tabú por aquella época como el amor interracial o las drogas. A todo ello hay que añadir una portada, diseño de Andy Warhol, donde se veía una entrepierna masculina embutida en unos vaqueros y que causó gran controversia (en España, la portada fue censurada y substituida por otra, acaso más inquietante, en la que aparecen tres dedos femeninos asomando desde el interior de un pote de melaza). En la carátula aparece además por primera vez el famoso logo de la lengua que se convertiría en icono oficial del grupo, y que fue diseñado por John Pasche (y no por Warhol, como popularmente se cree) al cual hay que responsabilizar también de la portada alternativa del disco.

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Andy Warhol y Mick Jagger.

Por lo que se refiere las canciones del trabajo, éste empieza con “Brown sugar”, tema emblemático en el que Jagger juguetea magistralmente con la ambigüedad (no sabemos si se está refiriendo a una mujer negra o a las drogas), y que viene marcado por su irresistible sentido del ritmo. Una canción que suele ser uno de los momentos álgidos en cualquier concierto de los Stones. A este corte le sigue el medio tiempo “Sway”, canción de exquisitos arreglos. Igualmente memorable es “Wild horses”, considerada, junto a “Angie”, la balada por excelencia del grupo. “Can´t you hear me knocking” es puro rock n´roll atemporal; imposible dejar de agitarse mientras escuchas la canción. “You gotta move” es un blues primigenio; una versión que conecta a la banda con la más bella música de raíces. “Bitch” empezaba la cara b del vinilo original de forma inmejorable con un riff afilado marca de la casa y un estribillo como solo alguien como Jagger podría idear. “I got the blues” es un tema donde afloran influencias góspel; otra canción (una más) extraordinaria. Por su parte “Sister morphine” es acaso el corte más lánguido del disco, aunque igualmente intenso; se trata de la adaptación de un tema originariamente escrito por Marianne Faithful y que cuenta con la slide guitar de Ry Cooder; una canción sencillamente sobrecogedora. “Dead flowers” en cambio, a medio camino entre el country y el pop, es un tema mucho más alegre y que bien podría haber inspirado a bandas actuales de Americana como The Jayhawks. Finalmente, el disco se cierra de manera inmejorable con “Moonlight mile”, preciosa canción de reminiscencias folk en la que destacan sus arreglos orquestales.

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Imagen de promoción de la época de “Sticky Fingers” con Mick Taylor ya formando parte de la banda.

Aunque el siguiente disco de los Stones, “Exile on main street”, suele ser considerado justamente como la cumbre definitiva del grupo, “Sticky fingers” es igualmente imprescindible. Pocas colecciones de canciones tan variadas y, a la vez, equilibradas y de tan alto nivel encontramos a lo largo de la historia de la música popular. Incluso “Exile…” (recordemos, álbum doble) puede tener algún muy ligero bajón, algo que no ocurre con “Sticky fingers”. La nueva edición viene acompañada además de joyas como una versión completamente acústica de “Wild horses”, otra de “Brown sugar” con Eric Clapton en la guitarra, tomas alternativas, información detallada sobre los pormenores de la grabación del disco, fotografías inéditas…

En suma, escuchar “Sticky fingers” es escuchar un pedazo imprescindible de la música popular de nuestra época. Algo que os animamos a disfrutar.

Ricard.

Os dejamos con una fabulosa versión en directo de “Brown sugar”:

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