Archivo mensual: octubre 2019

“La plaça del diamant”: Años que valen una vida.

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Dirigida y adaptada por Paco Mir y producida por la compañía Eòlia, nos ha encantado esta soberbia adaptación dramatúrgica de la obra más conocida de Mercè Rodoreda. Carla Pueyo y Nuria Bonet dan vida a una tierna Colometa, mientras que Uri Callau toma el papel de Quimet, con excelentes interpretaciones de todos ellos.

Se nota la mano del Tricicle en la concepción escénica del espectáculos, con los actores y actrices continuamente entrando y saliendo por los laterales, recurso que, constatamos, no solamente sirve para teatro mímico sino también para dramas como esta obra.plaça 2

El espectáculo traslada al espectador el silencioso sufrimiento de Colometa, casada con el machista, histriónico, egoísta e irreflexivo Quimet, que no contento con fiscalizarla y maltratarla, la acaba embarcando en un absurdo proyecto de cría de palomas que fracasa estrepitosamente (es de suponer que, en la simbología rodorediana la obsesión con las palomas de Quimet sea una referencia a la expresión catalana “fer volar coloms” como paradigma de la ensoñación, lo poco práctico y lo disparatado)

Y a partir de ese matrimonio desgraciado, de ese marido que lejos de aportar cordura y solidez al hogar, aporta insensatez y riesgo, la obra nos muestra el discurrir de la vida de Colometa, el nacimiento de sus hijos, el advenimiento de la República, la guerra, la durísima postguerra….

El montaje transmite perfectamente ese contraste entre los sueños de Colometa, ese inicio con la escena de la verbena, ilusionante y esperanzador, y la amarga realidad que primero se insinúa con los primeros signos de alarma del caracter de Quimet, se afianza con la angustiosa llegada del primer hijo y se consolida con la guerra. Todo ello, con el elenco de personajes que lo acompañan y consuelan a Colometa, la vecina (Georgina Llauradó), el amigo (Fran Lahera), los rancios señores de la casa donde va a servir Colometa (en un excelente desdoblamiento también Bonet y Lahera).

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Los acontecimientos pasan raudos, como a cámara rápida, casi sin advertirlo, como pasa la vida misma.

Cómo bálsamo sanador , como paréntesis breve, el droguero (magnífico Rai Borrell), que proporciona a la Colometa madura (otro acertadísimo desdoblamiento entre Pueyo y Bonet) algo de estabilidad. Pero finalmente, aprendemos, todo vuelve a aquella verbena en la Plaça del Diamant, a aquellos años duros que modelaron su carácter y de los que ya nunca podrá escapar.

LO MEJOR DE LA OBRA: Todo, desde la extraordinaria interpretación de los actores y actrices, a la atmósfera de ensoñación subrayada por las continuas entradas de los personajes y una muy acertada iluminación de Ignasi Morros, así como el vestuario y escenografía de Jordi Bulbena, como los desdoblamientos que confieren una gran plasticidad y dinamismo, y en fin el diseño sonoro de Ricardo González. Es una obra imprescindible esta temporada para quien quiera conocer y / o recrear el universo de Rodoreda.

LO PEOR DE LA OBRA: Cuesta realmente encontrarle algún pero, como no sea que no será apta para quien quiera montajes no naturalistas o para quien guste de innovaciones dramatúrgicas.

La Plaça del diamant” estará hasta el 3 de noviembre en el Teatre Poliorama.

Ignasi.

Os dejamos un enlace a un tráiler de la obra:

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“Assaig sobre la lucidesa”: Amarga visión de la política.

 

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Producida por la compañía La Danesa, adaptada por Jumon Erra y dirigida por Roger Julià, este “Assaig sobre la lucidesa” a partir de la obra homónima de José Saramago, al que hemos asistido hace poco en el Teatre Akadèmia, no puede dejar a nadie indiferente. Sobre todo porque es imposible no reconocer en ella muchos de los reproches que se formulan a los políticos.

En efecto, partiendo de un desconcertante suceso en que los electores votan masivamente en blanco en unas elecciones menores, la obra disecciona sin piedad el círculo vicioso que generan los políticos a partir de ese hecho.  Porque la reacción de las autoridades no es la que sería éticamente esperable, es decir preguntarse qué es lo que ha desengañado a los electores hasta el punto de votar en blanco, sino  desencadenar una suerte de venganza contra quienes al parecer les niegan el derecho a seguir disfrutando de sus prebendas y poder.

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Un excelente Xavier Casán da vida a un primer ministro histérico, hipócrita y mentiroso, a quien sus electores le importan poco o nada, con tal de que lo voten.

Su acólito el Ministro del Interior (un fínisimo Xavier Torra) tampoco duda un instante en hacer uso de todos los medios a su alcance para acallar la disidencia.  Porque de eso va el espectáculo: de la lucha despiadada que emprenden los políticos contra sus electores, de la cruel persecución a que los someten por haber cometido el sacrilegio de no seguir el plan que tenían diseñado para ellos:  votarlos rutinariamente cada cuatro años, sin preguntas, controles ni reproches.

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Cuando los electores se niegan a seguir ese plan que les ha sido trazado la respuesta es simplemente la vendetta mafiosa y la búsqueda de chivos expiatorios, como la pobre mujer (encarnada por Júlia Santacana) que es acusada de, con su lucidez, haber desencadenado el ataque al sistema.

El alcalde (magnético Marc Pujol), es el que navega a través de los otros. Al principio es manipulado por los gobernantes más altos y va alcanzando lucidez, despojándose de su traje de político y ganando humanidad a medida que va avanzando la obra. Y el maestro de ceremonias, portavoz del gobierno, etc., personaje caleidoscópico interpretado con mucha energía por Elena Fortuny (también productora ejecutiva), va hilvanando la historia y va desvelando la trama al espectador.

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Así pues la obra no puede estar más de actualidad, en unos momentos especialmente convulsos en que mucha gente reacciona con rabia y desencanto contra los políticos, a quienes a menudo se ve como personas que anteponen sus intereses al bien común. Este texto, que conceptúa la política como una especie de coto de caza en que las piezas son los electores, se nos antoja imprescindible.

“Assaig sobre la lucidesa” estará en el Teatre Akadèmia hasta el 13 de octubre.

PROS DE LA OBRA:  La brillante interpretación de los protagonistas y la acertada adaptación del texto de Saramago de Jumon Erra y dramaturgia conjunta de Roger Julià (el director) y Jumon Erra. Como siempre, Sylvia Kuchinow realiza un gran trabajo en la iluminación.

CONTRAS DE LA OBRA:  El escenario inexistente (tal vez nos hubiera gustado algún montaje escénico).

Ignasi y Laura.

Web del Teatre Akadèmia – Información sobre “Assaig sobre la lucidesa”

Os dejamos un enlace a tráiler:

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“Día de lluvia en Nueva York”: Romanticismo para días convulsos.

Cualquiera que esté atento a la realidad que nos rodea, la más cercana y lo que acontece lejos de nuestro radio de acción inmediato, puede darse cuenta que los tiempos por venir van a ser de todo menos fáciles. La situación política, económica, medioambiental… no da para muchas alegrías precisamente. Quizá es por ese motivo, o quizá porque hacía bastante tiempo que no se estrenaba nada de él, hemos recibido como agua de mayo el nuevo trabajo como director de Woody Allen, “Día de lluvia  en Nueva York”, que hemos podido disfrutar ya en su reciente prestreno en los cines Verdi de Barcelona (está previsto poder verse en nuestras salas a partir del 11 de octubre).

“Día de lluvia en Nueva York” se estrena dos años después de la muy apreciable “Wonder Wheel” (dos años es un tiempo largo tratándose de un realizador acostumbrado a estrenar prácticamente cada año desde el inicio de su carrera a finales de los 60s, algo que tiene que ver con sus dificultades para financiar sus nuevos proyectos pese a su reconocidísima carrera, y a los problemas personales que le acosan y que son tristemente conocidos por todos), y supone el regreso de Allen a la comedia romántica, un género a menudo vilipendiado por la crítica más “seria”, pero que ha dado títulos gloriosos a lo largo de la historia del séptimo arte, algunos de los cuales pertenecen, precisamente, al director neoyorkino.

En “Día de lluvia en Nueva York”, Allen da el protagonismo a un elenco de jóvenes actores y actrices entre los cuales destacan Timothée Chalamet, Elle Fanning o Selena Gómez, mientras que otorga un papel más secundario a intérpretes más que consagrados de la talla de Jude Law, Liev Schreiber, Diego Luna o Cherry Jones. Ni que decir tiene que extrae de todos y cada uno de ellos auténtico petróleo (ya se sabe que Allen es un fabuloso director de actores).

La trama, nada del otro mundo en realidad, nos cuenta las vicisitudes de una joven pareja encarnada por Chalamet (se diría que alter ego posmillenial del propio director) y Fanning, dispuestos a pasar un día romántico juntos en Nueva York. Las cosas no saldrán ni mucho menos como esperaban en una jornada persistentemente lluviosa en la gran ciudad que acabarán viviendo por separado debido a distintos incidentes que irán ocurriendo (los cuales, obviamente, no vamos a desgranar aquí), y que llevarán al personaje de Chalamet (que por cierto, se llama Gatsby) a replantearse su relación.

“Día de lluvia en Nueva York” está bellamente rodada (la fotografía pertenece ni más ni menos que a Vittorio Storaro), con la ciudad retratada casi como si de un protagonista más se tratara (un elemento muy propio del cine de Allen que una vez más volvemos a encontrar aquí), está trufada de grandes diálogos como solo el director de la gran manzana sabe escribir y resulta, en su conjunto, tan ligera como un papel de liar tabaco (ligera, dicho sea en el mejor sentido de la palabra).

Cierto que también es de lo más inverosímil, partiendo del hecho de ver a personajes de poco más de veinte años hablando de referencias culturales que les resultarán del todo ajenas a la inmensa mayoría de personas de su generación (si bien hay que contar con el hecho que sean universitarios), o ateniéndose a que casi todo ocurre de forma prácticamente casual.

Pero Allen no pretender rodar un film realista, sino un divertimento romántico en la línea de “Medianoche en Paris” o “A Roma con Amor”, películas donde las respectivas ciudades mencionadas en los títulos también cobraban pleno protagonismo, y que tienen en común con el trabajo que reseñamos aquí un tono de fábula encantador y lleno de ingenio.

Sospechamos que “Día de lluvia en Nueva York” será recibida, en el mejor de los casos, como un film menor en la carrera del realizador de “Annie Hall” o “Manhattan”, algo que viene siendo habitual tras cada uno de sus estrenos cuando, en realidad, muchas de sus películas recientes merecen ser reivindicadas como grandes trabajos (quizá ocurra con el tiempo). Nosotros sentimos que el estreno de una película de Woody Allen siempre es un pequeño acontecimiento que vale la pena tener en cuenta. Ya lo apuntábamos al principio, en los tiempos que se avecinan, encerrarse en una sala a ver una película como “Día de lluvia en Nueva York” puede ser todo un refugio emocional.

Ricard.

 

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