“Velvet Buzzsaw”: Ácida visión del mundo del arte.

Resulta extraño acostumbrarse al hecho de que algunos de los estrenos cinematográficos más sonados del año se puedan dar en las llamadas plataformas de streaming. Es decir, que sin salir de casa uno pueda ver alguno de los films que más van a sobresalir en las inevitables listas de lo mejor de la temporada que anualmente pueblan las secciones de cultura de prensa generalista, revistas especializadas, y mil y una webs dedicadas al arte cinematográfico.  Aunque en honor a la verdad, quien más ha querido jugar esta carta hasta el momento ha sido Netflix, capaz de generar una gran cantidad de contenidos de escasa repercusión artística y, a la vez, producir películas de una calidad incontestable como en el caso de la oscarizada (aunque no se llevase el premio a mejor película) “Roma”.

Sin llegar ni mucho menos al nivel de la película de Alfonso Cuarón, se ha estrenado no hace mucho “Velvet Buzzsaw”, film dirigido por Dan Gillroy, y que cuenta en su reparto con actores y actrices del prestigio de Jake Gyllenhaal, Rene Russo, Toni Collete, Zawe Ashton y John Malkovich.

Dan Gillroy ha dado muestras de su talento en películas recientes como “Nightcrawler”, contundente crítica contra el periodismo sensacionalista también con Jake Gyllenhaal en el papel principal y que me atrevo a calificar de obra maestra, o “Roman J. Israel”, trabajo protagonizado por Denzel Washington mucho menos destacable aunque interesante, que pasó discretamente por las sobrecargadas pantallas de nuestros cines y que versaba sobre un personaje real (al que da nombre el título del film) que sobresalió por su activismo social desde su posición de hombre de leyes.

Como hemos dicho, ahora ha estrenado directamente en Netflix “Velvet Buzzsaw”, cuyo argumento de entrada llama mucho la atención: un crítico de arte, de nombre Morf Vandewalt (interpretado por Gyllenhaal) y propietario de una galería de Los Ángeles regentada también por Rhodora Haze (Rene Russo), descubre por intermediación de una de sus empleadas (Zawe Ashton) la obra de un artista muerto completamente desconocido. Dándose cuenta de la genialidad de sus pinturas, los personajes mencionados y algunos otros, intentaran sacar partido mercantilista de dicha obra. Pero una serie de misteriosos y aparentemente sobrenaturales acontecimientos empezaran a trastocar sus intenciones.

El film juega a ser un trabajo de género (terror) con generosas dosis de humor negro. Aunque ambas cosas se ven engullidas un tanto por la crítica hacia el mundo del arte actual que está claro que quiere realizar Dan Gillroy. En este sentido, los personajes de la película, a cual más estereotipado, acaban teniendo un punto caricaturesco que no ayuda a sacar el mayor partido a interpretes del nivel de Toni Collete o John Malkovitch.

Con todo, los elementos que hacen distintivo el cine de Gillroy están ahí empezando por una muy elegante puesta en escena que, en este caso, y creemos que de forma consciente, deriva a un cierto formato televisivo, especialmente apreciable en la segunda mitad del film.

Y es precisamente el tramo que se inicia en ese punto intermedio de la película, cuando, de hecho, se abraza plenamente el género fantástico-terrorífico hasta entonces apenas insinuado, el momento clave en que el espectador tiene que decidir definitivamente si entrar en el juego que se le propone, teniendo en cuenta que la verosimilitud va a brillar por su ausencia a partir de ese instante (ya se sabe que el hecho de que una película sea de género fantástico no significa que tenga que ser inverosímil).

Desde esta perspectiva, “Velvet Buzzsaw” tiene un punto francamente divertido para el espectador que simplemente quiera dejarse llevar.

Y luego está el ya mencionado aspecto crítico sobre el mundo del arte actual. Ya hemos dicho que los personajes están estereotipados, pero no es menos cierto que los dardos envenenados que lanza el film apuntando a la sobrevaloración artificial de cierto tipo de trabajos artísticos, lo injustificado de la etiqueta “genio” colgada a según quien y el esnobismo de ciertos agentes que consideran que el arte solo debe pertenecer a una minoría selecta (sobre todo si dicha minoría está dispuesta a pagar un dineral por la obra de turno), tienen su punto de verdad. En este sentido, es más que reveladora la última escena del film que, obviamente, no vamos a explicaros aquí.

En definitiva, un título irregular, pero diferente y con puntos de interés que podéis contemplar con simplemente encender vuestro televisor.

Ricard.

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