“Perfectos desconocidos”: ¡Apaguen los móviles!

En un momento en que la cartelera cinematográfica está especialmente repleta de títulos interesantes, pero acaso muchos de ellos con temáticas bastante densas (nos vienen a la cabeza películas como la sueca “The square”, la griega “El sacrificio de una ciervo sagrado” o la norteamericana “En realidad nunca estuviste aquí”), se nos antojaba a priori como un divertimento más que apetecible “Perfectos desconocidos”, del director donostiarra Alex De la Iglesia, adaptación del film italiano que fue un taquillazo de público en el país transalpino la pasada temporada.

Con más de 2 millones de espectadores que la han visto ya según reza la publicidad que se le está haciendo actualmente a la película, y convertida pues también aquí en un gran éxito, lo cierto es que el visionado del film ha resultado ser más satisfactorio de lo esperado, sobre todo teniendo en cuenta que logra transcender el puro divertimento vodevilesco del que estábamos predispuestos a disfrutar.

La premisa de la película no podía ser más estimulante: un grupo de amigos, en la cuarentena la mayoría, decide juntarse una noche para cenar en casa de dos de ellos, proponiendo una de las congregadas dejar los móviles encima de la mesa para leer en voz alta los mensajes que reciban y escuchar conjuntamente las llamadas que vayan surgiendo. El juego, que en principio se les antoja como algo puramente jocoso, propiciará situaciones cada vez más comprometidas.

Alex De la Iglesia maneja con elegancia la cámara por un espacio casi único, el apartamento de los anfitriones, sorteando la tentación de convertir el film en una especie de obra de teatro filmada. Lejos de ello, “Perfectos desconocidos” es una película con todas las de la ley, que bascula entre la comedia de equívocos y un cierto tono dramático que se acentúa en su tramo final. A falta de haber visto el film original italiano, y desconociendo pues las diferencias que puedan existir con éste, añadiríamos además que el trabajo de De la Iglesia tiene la inteligencia de ir desgranando sutilmente ciertos elementos fantásticos que hacen que, al final, no nos sorprenda demasiado el giro en forma de fábula que tiene la historia.

Con todo lo dicho, nada en esta película podría funcionar bien sin el brillante trabajo de su reparto (perfectos, y nunca mejor dicho, todos y cada uno de los actores y actrices).

Película, en suma, fresca, francamente entretenida, y que pone sobre la mesa una cuestión de plena actualidad: la diferencia que existe entre nuestro yo público, lo privado y lo directamente oculto, en un momento en que las nuevas tecnologías dan pie fácil a eliminar las fronteras entre estas tres dimensiones del individuo.

Ricard.

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