“Calígula”: Las razones del mal.

 

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En el Teatre Romea de Barcelona hemos asistido a uno de los platos fuertes de la temporada: una obra sólida y extraordinariamente lúcida, este Calígula de Albert Camus dirigido por Mario Gas, relato centrado en el emperador romano de ingrato recuerdo, símbolo de lo peor de esa época, la otra cara de la moneda de la civilización fundadora de la cultura occidental, que también llevó a sus extremos el poder absoluto, la asfixia financiera de sus llamados ciudadanos, las intrigas palaciegas, los espectáculos crueles… de lo que Calígula ha pasado a la historia como paradigma.

Desde el inicio nos recibe una impactante puesta en escena, con el escenario en  pronunciado desnivel y arquitéctura aséptica en contraste con el desatado frenesí al que asistiremos,  escenario que contribuye a aumentar nuestros desasosiego;  en seguida comprendemos que el Calígula (Pablo Derqui) que anhela capturar la Luna no lo hace porque desee aprehender su belleza, sino porque no tolera ninguna limitación en su poder.

A partir de esa inicial escena, contemplamos con el corazón encogido como una persona con poder absoluto sobre la vida y la muerte de sus subalternos, experimenta con ellos la contradicción que le produce saber que obra el mal y que disfruta con ello.

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Pablo Derqui está sin duda apoteósico, enorme: su interpretación capta toda la miseria moral del personaje, que no duda en crear artificiales distinciones entre quienes van a morir: los que considera más cobardes caen los primeros, pero eso no hace que ni su amigo Quereas (Borja Espinosa), ni su antigua cuidadora Cesonia (Mónica López), ni su propio hijo Escipión (Bernat Quintana) estén completamente a salvo. Resulta fascinante el juego al que somete a un dignísimo Quereas, a quien, pese a que el emperador conoce su papel director en el complot, perdona la vida desde su bañera. Tan sólo Helicón, (David Vert), esclavo liberto, acompaña a su amo hasta el final.

La aparición de este Calígula despierta el terror entre sus corifeos, ese terror servil,  a duras penas disimulado con heladas sonrisas y vacuas lisonjas; pero Calígula sólo atiende a Calígula, quien está en continuo monólogo con su poder, su capacidad de causar el mal y su decisión de hacerlo.

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El espectáculo va pasando y nos deja con el corazón encogido: humillaciones, asesinatos, abusos, el poder absoluto no tiene ninguna limitación más allá de la imaginación del soberano. Un estudio del mal en toda regla, un experimento sobre las raíces de la crueldad, sobre el bestial placer de hacer daño.

PROS DE LA OBRA: La deslumbrante interpretación de Pablo Derqui y la acertadísima puesta en escena.

CONTRAS: No apta para estómagos delicados.

Estará en el Teatre Romea hasta el próximo 10 de diciembre.

Ignasi y Laura.

Web del Teatre Romea – información sobre “Calígula”

Trailer de la Obra:

 

 

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Archivado bajo Literatura y Cómic, Teatro y Danza

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