The Doors: “The Doors”, 50 aniversario de uno de los mejores debuts de la historia del rock.

Mi primer recuerdo asociado con The Doors  tiene que ver con el cine Savoy, desaparecido hace ya muchos años, y que estaba situado en el Passeig de Gracia de Barcelona, muy cerca de la confluencia con la calle Provença y, por tanto, a pocos metros de la Pedrera de Antoni Gaudí. Hacía muy poco que se había estrenado la película de Oliver Stone que llevaba como título el nombre del grupo (aunque en realidad se centraba más bien en la figura de su líder, Jim Morrison), y precisamente el Savoy proyectaba el film en una sesión de madrugada a la que acudimos un sábado. Recuerdo de forma nítida el cartel de luces de neón verdes de la sala o la pequeña galería previa a las taquillas con sus expositores de vidrio a un lado y otro repletos de posters y fotografías de películas. Así mismo, me viene a la cabeza que durante la proyección del film había gente bebiendo cerveza o fumando porros sin ningún tipo de pudor. También que aquella noche, tras ver la película, la persona que me había acompañado y yo pasamos un largo rato de apasionado diálogo sobre ella en un pub de la calle Balmes.

Para nosotros, que apenas estábamos entrando en la veintena, The Doors eran una banda mítica muy alejada en el tiempo. Dado que el grupo estaba inactivo desde el fallecimiento de su cantante en 1971, no conocíamos especialmente su música más allá de sus dos o tres mayores hits clásicos. No ocurría como con Lou Reed o Neil Young, músicos de la misma quinta que los integrantes del grupo, que en aquellos tiempos (finales de los 80,s principios de los 90,s) acababan de publicar grandes trabajos que podían servir de punto de enganche para profundizar en sus respectivas discografías. Así las cosas, la visualización de una película como “The Doors” supuso toda una revelación para nosotros, aunque, revisado muchos años después, el film nos resulte un tanto hiperbólico y nos parezca que, en no pocos momentos, roce incluso lo ridículo por su empeño de mostrar a Jim Morrison, no como un ser humano normal (por muy genial que fuese) sino como alguien exageradamente excesivo, en permanente estado de alucinación lisérgica, y poco menos que capaz de adentrarse, literalmente, por dimensiones espirituales inaccesibles para el resto de personas.

Con todo, y como ya hemos apuntado, el film (aún impactante visualmente y con una gran banda sonora que incluye también algún tema de The Velvet Underground o el famoso y anónimo “Carmina Burana”), tiene el mérito de haber impulsado a muchos, como nosotros mismos, a querer escuchar más y más música de The Doors, y a intentar conocer hasta el último detalle de la historia de la banda, y muy particularmente de su carismático líder. Lo obvio en el caso de The Doors era empezar con su primer y homónimo álbum, dado que probablemente es el trabajo de la formación que incluye sus canciones más populares, y ese fue precisamente el primer disco que me compré. Justamente ahora, con la excusa del 50 aniversario de su lanzamiento, ha sido reeditado, y hemos querido rememorar esta gran obra discográfica como ya hemos hecho con otros grandes títulos de la historia de la música popular.

Publicado el 7 de febrero de 1967, “The Doors” se lanzó dos años después de la génesis de la banda, la cual, según cuenta la leyenda, se originó tras el encuentro en la playa californiana de Venice del futuro teclista del grupo Ray Manzarek, y de Jim Morrison (ambos habían sido estudiantes de teatro y cine en la universidad de UCLA). La conexión entre ambos fue inmediata y se cuenta que la conversación se alargó durante horas y terminó cuando Morrison recitó “Moonlight drive”, poema que con los años se convertiría en una de las canciones del grupo. Fue en ese instante cuando Manzarek decidió crear la banda.

Pocas semanas después, los dos amigos ya estaban grabando algunas maquetas con la colaboración de algunos conocidos músicos locales, entre los cuales, el batería Jon Densmore quien poco después se convertiría en miembro permanente del grupo. Meses más tarde se les uniría el guitarrista (aún primerizo) Robbie Krieger. Con él se completaría una de las formaciones definitivas del rock.

Cogiendo el nombre para la banda del libro de Aldous Huxley “The doors of perception”, que a su vez se había inspirado en un texto de William Blake, The Doors consiguieron un primer contrato discográfico con Columbia que se rompió al no conseguir el sello un productor que pudiera grabar el disco de debut de la formación.

Mientras el grupo no conseguía registrar un álbum, empezó a componer canciones que sí tocaban en directo en clubs emblemáticos de California como el Wisky a Go Go o el London Fog. Parece ser que durante una de esas actuaciones, Arthur Lee, líder de los también imprescindibles Love, los vio y fue él quien recomendó la banda a los magnates de su sello discográfico, Elektra.

De esta forma, el grupo pudo grabar su inmejorable debut, un total de 11 canciones, en tan solo 6 días (tan por la mano tenían los temas), a finales de 1966. Con la producción de Paul A. Rotchild, y teniendo a Bruce Botnick como ingeniero de sonido, realizaron las sesiones con una mesa de tan solo cuatro pistas.

El primer single escogido para promocionar el álbum fue “Break on through (to the other side)”, que, pese a que no fue un gran éxito, ahora es considerada uno de los temas más reconocibles del grupo. “Light my fire”, elegido como segundo sencillo, sí obtuvo bastante repercusión siendo una de las canciones que, por tener el órgano de Manzarek en primer plano, se pueden estimar más representativas de lo que podríamos llamar el sonido The Doors. Y es que aún hoy en día, se puede considerar a la banda una formación atípica, con, tal y como hemos dicho, el sonido de tintes psicodélicos del órgano en primer plano (junto a la grave y expresiva voz de Morrison), substituyendo además el sonido del bajo el cual solo en estudio era asumido por algún músico de sesión. Si juntamos a todo ello el preciso sonido blues de la guitarra, y los ritmos de la batería, a menudo navegando por sutiles arreglos jazzísticos, podemos decir que The Doors es una de las formaciones más sui generis de la historia de la música popular.

El éxito del álbum se acabaría apuntalando con canciones como ‘The crystal ship”, “Twentieth century fox”, “I looked at you”, “End of the night” y “Take it as it comes”, todas ellas originales, y versiones tan acertadas como “Alabama song (Whisky bar)”, tema que dieran a conocer Bertolt Bretch y Kurt Weill en 1927, y “Back door man”, un corte blues compuesto por Willie Dixon y que popularizó Howlin’ Wolf.

Aunque la canción que probablemente más destaca del disco es la que lo cierra, “The end”, un tema largo, hipnótico, de letra tan hermosamente poética como misteriosa (las letras de Jim Morrison son, obviamente, otra de los logros a destacar del trabajo), con connotaciones incluso freudianas.

Finalmente, el álbum consiguió auparse al segundo puesto de la lista de discos más vendidos en los USA, situándose solo por debajo del “Sgt Peppers’s Lonely Hearts Club Band” de The Beatles. Un éxito expandido en el tiempo, de forma que el trabajo acumula más de 20 millones de copias despachadas.

Ahora, como ya hemos dicho anteriormente, se reedita, como suele ocurrir con los aniversarios redondos de muchos grandes discos de la historia, en formato de lujosa boxset que incluye el álbum remasterizado en stereo, la mezcla en mono, una versión en vinilo de dicha mezcla, y un disco en directo grabado el 7 de marzo del año en que se editó por primera vez “The Doors”, en la sala The Matrix de San Francisco. El lanzamiento se completa con un libro fotográfico, y anotaciones de David Fricke, conocido crítico de la revista Rolling Stone.

Sea en una presentación como la descrita, o sea en su formato de álbum (vinilo o cd) más sencillo, o incluso escuchado en streaming… de la forma que sea, “The doors” nos espera una y otra vez para abrirnos, ciertamente, nuevas puertas de percepción sonora, como ocurre, de hecho, con el resto de la discografía (en total, cinco disco más si nos ceñimos estrictamente a lo que The Doors publicó antes de la muerte de su cantante en Paris en 1971) de una banda tan singular como irrepetible.  Este verano os recomendamos que buena parte de vuestra banda sonora sea la que nos ofrece el legado de este grupo de inmarchitable recuerdo.

Ricard.

Os dejamos con un concierto completo de The Doors:

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