“Himmelweg”: Lo cruel.

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Uno de los mitos acerca del Holocausto consiste en presentarlo como obra de unos fanáticos que ejecutaban con frialdad un plan preconcebido. Los campos de concentración son referidos  como “fábricas de la muerte”, haciendo hincapié en el sistema de industria de asesinatos desarrollada por los nazis. Si matanzas ha habido muchas en la historia de la ¿Humanidad?, la del nazismo ha sido objeto de especial atención literaria y cinematográfica por el halo que rodea a la misma, un halo forjado con el familiar imaginario de calaveras, cruces gamadas y uniformes impecables. Creemos que todo ello, más que servir para denunciar lo monstruoso e inmoral de la matanza, se usa, si no para exculpar de algún modo a sus autores, sí para fomentar una especie de síndrome de Estocolmo respecto a los mismos, fenómeno parecido al que experimentamos con peliculas como “Uno de los nuestros” en que al final personajes inmorales parecen perder su maldad, al sernos ya tan familares.

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Pero no, hay que denunciar esa banalización. La esencia de la crueldad nazi no es diferente a la del narco que tortura brutalmente en un sótano a un confidente, que la de un hutu que mata a machetazos a un tutsi o que un miembro del EI (Estado Islámico) que ahoga ante las cámaras a unos prisioneros enjaulados. La falta de respeto a la vida humana, el atentado contra la dignidad de la persona, la crueldad de la tortura, no depende de que los ejecutores sean más o menos cultos, vayan peor o mejor uniformados, sean alemanes o africanos. El daño que se inflinge a un inocente y la malignidad del ejecutor es igual sea como sea el imaginario que rodea al mismo.

Al hilo de estas reflexiones, podemos admitir que los nazis llevaron a cabo no solamente una espantosa matanza sino que además, inflingieron más dolor a sus víctimas haciéndolos servir de cobayas, recluyéndolos en los campos de concentración para, antes de matarlos, aterrarlos, pues todos sabían que estaban en un lugar totalmente a merced de sus torturadores, quienes administraban la vida y la muerte como les placía. “Himmelweg (camino del cielo)“, leyenda macabra que retuerce un lema cristiano para convertirlo en sarcasmo.

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Este poder de vida y muerte al que sometían a sus víctimas, esa burla de hacerles actuar como en pantomimas (totalmente real, como demuestran las fotos de las “orquestas” en Mauthausen que acompañaban a los presos que iban a ejecutar),  como humillación añadida antes de matarlos, es el tema de la obra de Juan Mayorga, premio nacional de literatura dramática 2013.

Raimon Molins dirige esta representación  en la que el comandante de un campo, ante la visita de una delegada de la Cruz Roja (Patricia Mendoza), decide montar un pequeño espectáculo y obsequiarle con una muy partícular obra de teatro, de un sadismo inimaginable.

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Los espectadores nos aferramos al inicio de la obra a la fútil esperanza de que en el comandante haya un poco de humanidad, pero se nos engaña como a los prisioneros; de pronto, con la misma tristeza que transmite la delegada de la Cruz Roja al ser consciente de su engaño,  asistimos sobrecogidos a los ensayos de la obra a los que el representante de los prisioneros (Guillem Gefaell) no puede sino dar su consentimiento mientras el comandante, encarnado por un soberbio Raimon Molins, se dedica a desplegar toda su indecencia y crueldad,  revolcándose en el fango de su odio. Porque aunque pretenda refugiarse en algunos libros, sabe muy bien lo que hace, sabe muy bien que él es el amo y que no tendrá piedad ni con los niños, pobres marionetas a los que el amor de los personajes que encarnan Gefaell y Mendoza apenas pueden ahorrar un ápice de brutalidad. En un lugar monstruoso donde el reloj se ha detenido, las marionetas del comandante son sacrificadas en maligno aquelarre.

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Una obra sin duda perturbadora, que nos intenta acercar a la esencia del mal, que pese a sus superficiales escondites, salta como una bestia apenas contenida, como lo hace el propio Molins en diversos momentos de la obra.

Estará en la Sala Atrium de Barcelona hasta el 8 de noviembre, y os la recomendamos con vehemencia.

Ignasi y Laura.

Para más información clica abajo:

Web de Sala Atrium

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