“Blam!”: El desahogo del oficinista.

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Si algo caracteriza a nuestra sociedad, e incluso más a las nórdicas, es el culto al trabajo, a la eficiencia y al sacrificio. Desde nuestra infancia se nos imponen horarios y actividades que hay que desarrollar con competencia. No es extraño que el rígido corsé de la orientación a la productividad cause ansiedad y depresiones, los males de nuestro tiempo.

La compañía danesa Kristján Ingimarsson Company (Neander), trata con Blam!, creado por el propio Ingimarsson,  de modo irónico, sobre todo ello.  No se trata esta vez de ningún espectáculo simbolista con sesudas disquisiciones;  se trata de dejar que jueguen y se desahoguen cuatro pobres tipos que llevan toda la vida encorsetados en las paredes reales y metafóricas de su existencia de oficinistas, entre proyectos, informes, objetivos trimestrales y querellas interdepartamentales.

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La tensión inicial se palpa en el ambiente, ya en el bigote de Joen Hojerslev, quien comienza como severo jefe y acaba como… juzgad vosotros.  Los otros protagonistas, el en apariencia tímido Lars Gregersen, el eficiente Anders Skatt y el guaperas Eos Karlsson, experimentan gradualmente una sútil transformación de la oficina, un leve rumor ahí, un parpadeo allá, un ruidito lejano… Quien sabe si se trata de sus propios anhelos enlatados que pugnan por salir a la superficie, pero lo cierto es que toda esa contención, esa circunspección, cambia por momentos:  primero en patio de colegio -con los otrora responsables oficinistas gastándose pueriles bromas de instituto-, y, después, mientras se desata la vitalidad contenida, ya en representación cinematográfica y por último en violento pero inofensivo ring de lo que en los inicios de las cadenas privadas se conocía como “pressing catch”, esa representación de lucha que nadie podía tomarse en serio.

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Despojados de todos los convencionalismos, que son sacrificados en la pira en que se ha convertido el escenario, los actores se entregan a un espectáculo de frenesí y lucha, que se desarrollan en potente coreografia (algunos de los artistas tienen formación circense, y ciertamente todos ellos acrobática), ayudados por los excelentes efectos lumínicos de Lee Curran y el rotundo sonido de Svend Kristensen. El escenario, en continúa transformación y movimiento (incluso llega a quedar en posición vertical, con los artistas deslizándose cuál si de superheroes se tratara), de Kristian Kudsen, también contribuye a la espectacularidad de la representación.

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“Blam!” es una obra de una gran fuerza y expresividad, una explosión de adrenalina que debe de dejar exhaustos a los actores, como si participaran en una prueba de gimnasia. La obra puede entenderse como un homenaje al mundo de Marvel y, más recientemente a películas de acción como Matrix (las referencias a esta última son continuas y, en nuestra opinión, muy acertadas).

Estará en la sala BARTS de Barcelona hasta el 25 de octubre y la recomendamos a quien quiera ver un espectáculo total, que huye de afectaciones y que pone el acento en la coreografía y en la vitalidad, más allá de argumentos, reflexiones o metáforas.

Ignasi y Laura.

Para más información clica abajo:

Web de la sala BARTS

Web de Neander

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