The Rolling Stones: “Sticky fingers”, la provocación sigue vigente.

El pasado 9 de junio se reeditó lujosamente uno de los discos clave no solamente de la larga carrera de The Rolling Stones, si no de la música popular de las últimas décadas entendida genéricamente. Se trata de “Sticky fingers”.

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Publicado originalmente en 1971, el disco forma parte de una tetralogía de álbumes que muchos consideran la mejor en la historia del grupo, y que viene conformada por “Beggars Banquet” (1968), “Let it Bleed” (1969), el propio “Sticky Fingers” y “Exile on Main Street” (1972). Un tramo en la historia de la banda donde ésta se abandona completamente a los sonidos deudores de la música de raíces norteamericana, o lo que es lo mismo, al blues, country o soul, unido todo ello por la textura sonora del mejor rock n´roll.

Previa a esta etapa, la formación provenía de un relativo fracaso de éxito y crítica tras la edición del psicodélico “Their Satanic Majesties Request” (1968), motivo por el cual se habían generado ciertas tensiones en el seno del grupo. En el cambio de rumbo de la banda fue clave la contratación de un nuevo productor, el norteamericano Jimmy Miller, quien estuvo detrás de los mandos en la grabación de “Beggars Banquet”. Pese al éxito que sí obtuvo este álbum, las relaciones entre los miembros del grupo siguieron deteriorándose, especialmente entre Brian Jones, con graves problemas de adicción a las drogas, y el resto de la formación.  El resultado de todo ello fue la expulsión de Jones, a quien, como se sabe, se encontró muerto en la piscina de su casa poco después, generándose, aún hoy en día, toda clase de especulaciones sobre los motivos del fallecimiento, y aumentando una cierta leyenda negra en torno a la banda, aderezada por los trágicos sucesos ocurridos en el Festival de Altamont de 1969 durante la actuación del grupo en la que murieron varias personas.

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Los Stones con Brian Jones aún en el grupo.

Jones había sido substituido por el joven guitarrista Mick Taylor, quien contribuiría a impulsar el nuevo sonido, más americano, de la banda, aún más patente en “Let it Bleed”, y que explotaría decididamente en “Sticky Fingers”. De hecho, buena parte de los arreglos del disco se pueden atribuir al propio Taylor, pese a que en el álbum los cortes viniesen firmados únicamente por Mick Jagger y Keith Richards, como había sido habitual hasta ese momento, algo que contribuiría a la frustración del guitarrista y que, tiempo después, lo llevaría a dejar la formación.

“Sticky fingers” fue el primer disco editado por el propio sello del grupo, el cual había decidido dejar Decca en pro de una mayor libertad creativa, y también (por qué no decirlo) para lograr un mayor control empresarial de la marca que se había generado en torno a la banda. En él encontramos una profundización en un estilo que, como hemos dicho, bebía del blues, el country o el soul, con el rock como leit motiv. En esta ocasión, condimentándolo todo más que nunca con letras que eran pura provocación, o incluso transgresión, y que hablaban de temas aún tabú por aquella época como el amor interracial o las drogas. A todo ello hay que añadir una portada, diseño de Andy Warhol, donde se veía una entrepierna masculina embutida en unos vaqueros y que causó gran controversia (en España, la portada fue censurada y substituida por otra, acaso más inquietante, en la que aparecen tres dedos femeninos asomando desde el interior de un pote de melaza). En la carátula aparece además por primera vez el famoso logo de la lengua que se convertiría en icono oficial del grupo, y que fue diseñado por John Pasche (y no por Warhol, como popularmente se cree) al cual hay que responsabilizar también de la portada alternativa del disco.

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Andy Warhol y Mick Jagger.

Por lo que se refiere las canciones del trabajo, éste empieza con “Brown sugar”, tema emblemático en el que Jagger juguetea magistralmente con la ambigüedad (no sabemos si se está refiriendo a una mujer negra o a las drogas), y que viene marcado por su irresistible sentido del ritmo. Una canción que suele ser uno de los momentos álgidos en cualquier concierto de los Stones. A este corte le sigue el medio tiempo “Sway”, canción de exquisitos arreglos. Igualmente memorable es “Wild horses”, considerada, junto a “Angie”, la balada por excelencia del grupo. “Can´t you hear me knocking” es puro rock n´roll atemporal; imposible dejar de agitarse mientras escuchas la canción. “You gotta move” es un blues primigenio; una versión que conecta a la banda con la más bella música de raíces. “Bitch” empezaba la cara b del vinilo original de forma inmejorable con un riff afilado marca de la casa y un estribillo como solo alguien como Jagger podría idear. “I got the blues” es un tema donde afloran influencias góspel; otra canción (una más) extraordinaria. Por su parte “Sister morphine” es acaso el corte más lánguido del disco, aunque igualmente intenso; se trata de la adaptación de un tema originariamente escrito por Marianne Faithful y que cuenta con la slide guitar de Ry Cooder; una canción sencillamente sobrecogedora. “Dead flowers” en cambio, a medio camino entre el country y el pop, es un tema mucho más alegre y que bien podría haber inspirado a bandas actuales de Americana como The Jayhawks. Finalmente, el disco se cierra de manera inmejorable con “Moonlight mile”, preciosa canción de reminiscencias folk en la que destacan sus arreglos orquestales.

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Imagen de promoción de la época de “Sticky Fingers” con Mick Taylor ya formando parte de la banda.

Aunque el siguiente disco de los Stones, “Exile on main street”, suele ser considerado justamente como la cumbre definitiva del grupo, “Sticky fingers” es igualmente imprescindible. Pocas colecciones de canciones tan variadas y, a la vez, equilibradas y de tan alto nivel encontramos a lo largo de la historia de la música popular. Incluso “Exile…” (recordemos, álbum doble) puede tener algún muy ligero bajón, algo que no ocurre con “Sticky fingers”. La nueva edición viene acompañada además de joyas como una versión completamente acústica de “Wild horses”, otra de “Brown sugar” con Eric Clapton en la guitarra, tomas alternativas, información detallada sobre los pormenores de la grabación del disco, fotografías inéditas…

En suma, escuchar “Sticky fingers” es escuchar un pedazo imprescindible de la música popular de nuestra época. Algo que os animamos a disfrutar.

Ricard.

Os dejamos con una fabulosa versión en directo de “Brown sugar”:

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