“El grito en el cielo”: Drama funerario.

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Hemos asistido en el Teatre Romea de Barcelona a la inquietante “El grito en el cielo“, de la compañía andaluza  La Zaranda, -Teatro inestable de Andalucía la Baja- escrita por Eusebio Calonge y dirigida por Francisco Sánchez, conocido como Paco de La Zaranda. Los intérpretes,  Celia Bermejo, Enrique Bustos, Gaspar Campuzano, Iosune Onraita y Francisco Sánchez.

Esta obra surgió cuando la compañía fue invitada a la Biennale di Venezia de teatro durante el verano de 2014 para realizar una residencia artistica, y se estrenó en noviembre del mismo año en el festival Temporada Alta de Girona. La compañía ha participado también este verano en la Biennale, cuya edición de 2015 ha sido dirigida por Àlex Rigola, para impartir un workshop en la Biennale College y presentar “El régimen del pienso“, estrenada en la edición de 2012 del Temporada Alta.

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El argumento (un grupo de decrépitos ancianos en una residencia geriátrica sueñan con escapar de ella) no es más que la excusa para hilvanar una obra sórdida que se recrea incomodando al espectador con el desagradable aire funerario de las salas de enfermos terminales, presentándonos sin misercordia a las personas que asisten al final de sus vidas con desconcierto y muchas veces sin conciencia de ello. En seguida asistimos a una muerte, la de una de las ancianas protagonistas, quien, en un limbo indefinido, sueña no sabemos si, viva, con que está muerta o, muerta, con que está viva.

Decrepitud, demencia, fallecimiento, son palabras que no invitan precisamente a la joie de vivre, sino que nos hacen contemplar, anclados en nuestros asientos, lo que no queremos ver, lo que tratamos de ignorar y que en cambio, con sarcasmo y cierta dosis de mala idea, nos es mostrado sin tapujos.  Lo más inquietante de la obra es que es apenas una ficción, lo que vemos en el escenario es lo que está sucediendo en el hospital más cercano, a diario, aunque nos empeñemos en girar la cabeza. La escenografía es sobrecogedora: nos espanta y angustia con una colección de carros hospitalarios, máscaras de oxígeno, sillas de ruedas, depósitos de cadáveres y grotescos disfraces que causan desazón y rechazo. El mensaje de la obra no puede ser más nihilista. Nada al otro lado, como en la sobrecogedora escena de los ancianos desfilando hacia ninguna parte en una demencial y fantasmagórica huida.

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La sádica supervisora de la residencia / sala terminal no supone contrapunto alguno al desolador panorama, sino simplemente añade algo de brutalidad al conjunto.

La esperpéntica asunción final hacia los cielos, en cruel caricatura de una obra de El Greco, con los ancianos tristemente subidos en los carros del hospital, mientras suena el Aleluya del Tanhäuser de Wagner, es el amargo final de una obra que empieza como acaba, sin nada que ofrecer excepto dolor, decrepitud, y muerte. Ni los actores salen a saludar.

Se representará hasta el 20 de septiembre en la cartelera de Barcelona y la recomendamos a quien quiera ver una obra genuinamente expresionista y a los amantes del teatro que no hace concesiones al público.

Ignasi y Laura.

Para más información clica abajo:

Web del Teatre Romea/Información sobre el grito en el cielo

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