Archivo mensual: agosto 2015

“L’Editto Bulgaro”: El poder y la libertad de expresión.

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La compañía La Calòrica nos presenta en El Maldà “L´Editto Bulgaro”, que se representa en esta sala de Barcelona hasta el 6 de septiembre, dirigida por Israel Solà. El texto, de Joan Yago, está inspirado directamente en los hechos ocurridos en la Italia gobernada por Berlusconi de hace trece años.

Se conoce con el nombre irónico de “Edicto Búlgaro” las palabras de Berlusconi en una rueda de prensa en la capital búlgara el día 18 de abril de 2002, palabras que instaban de modo abierto a la destitución de tres humoristas de la televisión pública italiana.  Las palabras que dan título a la obra fueron literalmente:

“El uso que Biagi, ¿Cómo se llama el otro?, Santoro, y el otro, Luttazzi, han hecho de la televisión pública, pagada con el dinero de todos, es delictivo. Creo que es un deber inequívoco de la nueva dirección (de la RAI) no permitir más lo que ha sucedido.”

Pocos días después los citados humoristas fueron despedidos y sus programas cancelados, lo que ocasionó un gran escándalo ante lo que se interpretó por algunos como un ataque del poder a la libertad de expresión.

Así, se entiende la carga irónica que el nombre edicto conlleva, ya que edicto era una figura legislativa del derecho romano emitida directamente por un magistrado (un pretor, o el propio príncipe). Dando este nombre al comentario, por tanto, se caracterizó a Berlusconi como un magistrado romano que decidía a su libre albedrío.

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La obra, que transcribe entrevistas y comparecencias reales de la época (por ejemplo la entrevista al escritor Marco Travaglio y la comparecencia del director de la RAI dando explicaciones cínicas a las destituciones,  que pretendían atribuirse a bajos índices de audiencia), así como la entrevista al premio nobel de literatura Dario Fo (genial monólogo de Aitor Galisteo) sobre el concepto de “sátira”, supone una interesante reflexión sobre el derecho a la libertad de expresión.

Dario Fo nos enseña por boca de Galisteo que la sátira precisamente no debe tener límites, no tiene una forma determinada, es una crítica ácida que se burla de los personajes elegidos, en especial políticos, y que es más punzante que la mera parodia.

Y en efecto, parece que ante un poder omnímodo, que usa las instituciones muchas veces no como organismos al servicio de los ciudadanos sino como fuente de perpetuación de privilegios, la sátira es una forma idónea de los medios de comunicación para poder tamizar y hasta cierto punto controlar ese poder.  Las reacciones de éste pueden ser tan fulgurantes como la de Berlusconi.

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Aun así, como la escena del directivo de la RAI deja patente, en las democracias occidentales hay un empeño por guardar las formas, por aparentar que la venganza no es tal, sino aplicación de la legalidad. Así, nos dicen que Luttazzi no fue defenestrado por defender la libertad de expresión, sino por hacer política y por injuriar.

En España hemos tenido ejemplos, como la célebre revista que fue multada por injurias a la monarquía. Recordemos las palabras de la sentencia condenatoria del Juzgado Central de la Audiencia Nacional, que finaliza con una buena bronca a los autores de las caricaturas, recordándoles la diferencia legal entre insulto y sátira:

“Y se mantiene la esperanza que una atenta lectura de esta sentencia por los acusados, que han proclamado al hacer uso de su derecho a la última palabra que no tenían conciencia de haber cometido delito alguno, les permita discernir entre la sátira , hasta la mas dura, en la que estarán amparados por sus derechos constitucionales y la pura injuria a las Instituciones de igual clase en que no podrán ampararse en estos derechos pues, como ya se ha dicho, no existe un derecho constitucional al insulto.”

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Así pues, tratar a alguien de vago o de mafioso se considera que excede del derecho a caricaturizar, (aunque todo el mundo pueda estar de acuerdo en esos calificativos).

No podemos estar de acuerdo con esa distinción: los medios de comunicación, si no utilizan directamente las palabras insultantes (por ejemplo “vago” o “mafioso”), deberían poder caricaturizar al menos a personajes públicos como tales.

En cualquier caso, en la obra queda claro que todas esas distinciones legales no son más que excusas para proteger al poder político y económico, como en la genial interpretación de las damas de la alta sociedad interpretadas por los mismos actores (Galisteo, Puig y Francés) que vemos en la función, que tras una inicial timidez se lanzan ávidas a contar chistes de mal gusto, racistas y clasistas.

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Nos ha encantado la gran interpretación de Xavi Francés en su papel de Berlusconi, con unos aires a lo joven Clemenza de el Padrino II, (interpretado por el malogrado Bruno Kirby ). Memorable la escena en que Marc Rius hace de Marco Travaglio (el autor de “L´Olor dels diners”, donde se exponen las liasons dangereuseses de Silvio Berlusconi, entrevistado por el propio Daniele Luttazzi (Arnau Puig, convincente y entregado, como acostumbra).

En definitiva, una excelente oportunidad para quien quiera conocer uno de los escándalos más sonados de la era Berlusconi, interpretado con la solvencia, rigor y amenidad a que La Calòrica nos tiene acostumbrados.

Actualización: “L’Editto Bulgaro” se representará en el Teatro del Barrio de Madrid del 26 al 30 de diciembre.

Ignasi y Laura.

Para más información clica abajo:

Web de El Maldà/Información sobre “L´Editto Búlgaro”

 

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París, New York, Barcelona: Miradas sobre ciudades en la colección Thyssen.

Hemos tenido ocasión de asistir en el Espai Carmen Thyssen del Monestir de Sant Feliu de Guixols a la exposición Barcelona, París, New York: d´Urgell a O´Keeffe, que estará hasta el 18 de octubre en dicha sala.

Diversos pintores de los tres países, a caballo entre el siglo XIX y XX, representan en sus obras diversas perspectivas sobre el entorno urbano que a cada uno era familiar, desde lo intimista a lo social, pasando por lo costumbrista.

Vimos obras de los catalanes Eliseu Meifrèn, Josep Amat, Joaquim Pursals, Joaquim Sunyer, Antoni Ferrater, y Antoni Clavé; los franceses Henri Le Sidaner, Camille Pissarro, Ferdinand Puigdadeau, Maurice Lobre, de los anglosajones John A. Grinshaw, Reginald Marsh, John George Brown, John William Hill, Lowell Newsit, y de varios otros como Georgia O Keefe, Childe Hassam o Kokoschka.

Gran amalgama de pintores y estilos (desde el postimpresionismo y el realismo, hasta las vanguardias) que conforman una variada y enriquecedora exposición.

Hemos seleccionado algunas de ellas para comentar en nuestro blog:

“La Nevada de 1887“del catalán Joaquim Pursals (mismo año), óleo sobre tela.  (Hay alguna incongruencia en algunos catálogos que la titulan la Nevada de 1881, aunque dado que precisamente la atípica gran nevada cayó en 1887 podemos suponer que ése es el título correcto).

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El autor, relativamente desconocido,  capta, como si de una fotografía se tratara, el improbable plácido paseo de un matrimonio burgués, durante la gran nevada de febrero de 1887 ( la obra se refiere a la histórica nevada que el 10 de febrero  cayó sobre Barcelona y que al parecer fue la más importante del siglo XIX). Resulta divertida la naturalidad con la que parecen tomarse los paseantes un fenómeno poco frecuente en nuestro litoral mediterráneo, y la escena resulta de un costrumbrismo entrañable, con sus tranvías tirados por caballos, el Teatro Principal al inicio de las Ramblas en primer plano (con su fachada original antes del incendio de 1913; la obra parece pintada desde la Plaça de Joaquim Xirau, y podemos apreciar también una deliciosa fachada neoclásica a la izquierda, en la confluencia con Escudellers, edificio que aún hoy existe).  La meritoria luminosidad, con unos acertados tonos grises sobre el blanco de la nieve, rotos tan sólo por el azul de lo que podría ser un cortinaje del teatro,  componen un exquisito cuadro realista que anticipa los valores mesurados del noucentisme frente a la exaltación modernista: el orden burgués, cercana la Exposición Universal del 1888,  es objeto de idealización e implícita alabanza.

“El perdonavides del veïnat” (1866) , óleo sobre tela del inglés, afincado en Nueva York, John George Brown.

Nos ha encantado este delicioso retablo de la vida picaresca que nos remite a la añeja tradición de un Velázquez, aunque centrada en las calles de la pujante Nueva York del siglo XIX.

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Precisamente la vida de este pintor inglés, como hemos dicho, afincado en Nueva York, tiene algo de novela picaresca, ya que estudió artesanía del vidrio en Inglaterra, en un intento de su padre de disuadirle de que se dedicara a la pintura. Sin embargo, la artesanía le sirvió para acabar casándose con la hija del propietario de la fábrica de vidrio de Brooklyn en la que entró a trabajar. Sus cuadros con temática pandillera de barrio tenían al parecer mucho éxito entre las clases acomodadas de Nueva York lo que llevó al pintor a cosechar gran éxito.

La composición del cuadro, con los personajes en afectada pose, subraya ese clasicismo. Se trata seguramente de hijos de emigrantes irlandeses o italianos, aprendices de tiendas, limpiabotas o mendigos, desaliñado uno, descalzo o despeinado el otro; el cuadro  alude  vagamente a la problemática  social de la época, a unos hijos de emigrantes dejados de la mano de Dios que se buscan la vida como pueden, incluso cuidando a sus hermanos más pequeños. Los colores vivos y la forzada composición atenuan la dureza de la temática, despojándole de cualquier afán reivindicativo para dotarle más bien de un colorido costrumbrismo.

Visión diferente, más idealizada, la que nos trae el autor norteamericano John William Hill en su acuarela “Vista de Nueva York desde los altos de Brooklyn” (1836), donde la inmensa bahía, con Manhattan al fondo, y el estuario llamado East River en primer plano,  es representada con todo el esplendor y bullicio de una ciudad en efervescencia, con el recientemente abierto canal de Erie que conectaba con los Grandes Lagos y que supuso que la ciudad se convirtiera en la primera ciudad de Estados Unidos, por delante de Philadelphia.

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Las velas de los barcos y chimeneas de las fábricas sugieren la pujanza de una ciudad a la que esperaba un brillante futuro. Lo uniforme del color y la escasez de relieve sugieren una especie de modernización del género de los mapas medievales,  para transmitir una imagen estereotipada y acrítica del paisaje urbano, aunque lo armónico de la composición y la suavidad de los colores que elige el autor, nos transmite una vez más el orgullo de una clase burguesa que modernizaba el país, como la familia que en primer plano contempla el ajetreado paisaje.

De  vuelta a nuestro viejo continente, apreciamos la exiquisita “Tarda de tardor” (1895) óleo sobre tela del pintor francés Henri Le Sidaner:

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En este cuadro el autor recrea una escena intimista, sirviéndose de algunos de los principios del postimpresionismo: los colores no se mezclan en la paleta sino que se yuxtaponen para que sea el ojo del espectador el que los combine, para formar una deliciosa escena otoñal que invita al recogimiento: la luz tenue, la quietud de unos árboles de los que no parece moverse ninguna hoja, el silencio de la lectura. Todo en el cuadro nos remite también a un orden burgués, (el postimpresionismo suponía una reivindicación del sosiego frente a lo transgresor y colorista de los primeros impresionistas) , teniendo como protagonista a una mujer que parece no tener demasiadas preocupaciones mundanas en la cabeza.

Y el último cuadro del que queremos hablar en esta reseña es “El tocador de Jacques-Emile Blanche” (1888), óleo sobre tela del pintor francés Maurice Lobre.

CTB.1999.17[1]

Exquisita muestra de la llamada pintura de género. En ella se ve muy clara la influencia de un Rembrandt o un Velázquez, (al que el autor fue a estudiar al Prado junto con su condiscípulo Ramon Casas). Jacques-Emile Blanche era otro pintor (autor del célebre retrato de Proust, por ejemplo), y en el cuadro se nos muestra el interior de una de las estancias de su casa, con el clásico juego de reflejos, y una joven a punto de abandonar la escena, con una precisa iluminación lateral, intimismo burgués de interior en contraposición al exterior que hemos contemplado en el cuadro anterior. La armonía de la composición, lo preciso y claro del trazo, anticipan el hiperrealismo, a la vez que la suavidad de los colores invitan a un cálido recogimiento, sugieren una salida seguramente breve para retornar pronto a la seguridad del hogar y en fin, dibujan un preciosismo de los objetos colocados con cuidado en el tocador y sobre el alfeizar, signos todos ellos una vez más de la seguridad y valores de una determinada clase social.

Una exposición deliciosa con una muestra del rico panorama pintórico de finales del siglo XIX e inicios del XX, que desde el blog recomendamos a todos los amantes de la pintura.

Ignasi y Laura.

Para más información clica abajo:

Web del “Espai Carmen Thyssen”

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Manuel de Pedrolo: Recordando a uno de los grandes nombres de la literatura catalana.

Hace unas pocas semanas (en concreto el 26 de junio) se celebró el 25 aniversario de la muerte del escritor catalán Manuel de Pedrolo. Decimos “se celebró”, pero dicho aniversario parece haber pasado sin pena ni gloria: apenas algunos artículos aislados en las secciones culturales de algunos periódicos, y el pase de un documental dedicado a su figura en el Canal33 de la Televisión Catalana. Siendo como es un escritor relativamente popular por ser una de sus obras (el famoso “Mecanoscrit del segon origen”) de lectura obligatoria en los institutos de Cataluña, parece que su verdadera dimensión como escritor sigue siendo no del todo reconocida aún hoy en día como, probablemente, no lo fue en vida. Quizá su perfil de autor inclasificable, tan cercano a la narrativa popular como a la llamada “alta literatura”, tenga mucho que ver en ello. Sea como sea, hemos querido rendirle un modesto homenaje desde nuestro blog.

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Manuel de Pedrolo.

Nacido en Arañó (provincia de Lleida) el 1 de abril de 1918, el autor quedó huérfano de madre siendo un niño, algo que lo marcaría profundamente, como le marcaría la relación con su padre, un hombre de convicciones cerradas, muy clasistas (su familia era de ascendencia noble).

Siendo joven, Pedrolo se traslada a Barcelona, donde reside en el periodo de la República, previo a la Guerra Civil, y vive con intensidad los ambientes artísticos y bohemios de la ciudad mientras cursa estudios de Medicina que no llegará a completar. Al estallar la contienda, combate junto al lado republicano, pero al finalizar el conflicto, es obligado a alistarse en el ejército nacional.

Hombre de carácter introvertido y taciturno, lo vivido durante la guerra le supone una experiencia traumática que le sume en una cierta depresión de la cual no se recuperará del todo nunca, y que impregna en parte de su obra caracterizada por una visión lúcida y bastante pesimista de la condición humana. A ello contribuye el hecho que su hermano muere joven estando el escritor en el frente de Falset (población cercana a Tarragona), aunque esta mirada se ve suavizada por la relación que mantiene con la que resultará ser el gran amor de su vida, Josefina Fabregat, a la que había conocido en Barcelona; un idilio que pervive contra viento y marea (la guerra, la frontal oposición del padre de Pedrolo que considera a Josefina indigna de formar parte de su familia por su origen humilde…). Ambos se casan en 1946 y viven durante un tiempo en Tàrrega, trasladándose después a Barcelona; en concreto a un piso de la calle Calvet perteneciente a la familia del autor donde residirán ya de forma permanente, y en el cual, en 1951, nacerá la única hija de la pareja, Adelais.

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Manuel de Pedrolo trabajando en el despacho de su piso de la calle Calvet.

Manuel de Pedrolo fue un autor prolífico (escribió 120 obras de toda clase de géneros, desde teatro a novela, pasando por poesía, relatos cortos o ensayo). Habiendo empezado a escribir muy joven (completó su primera novela con tan solo 16 años), tras dejar el ejército, Pedrolo concentró sus esfuerzos en las artes escénicas, redactando varias obras teatrales de perfil muy experimental. Las dificultades para estrenarlas, y el hecho de que ninguna de ellas tenga apenas éxito de público, suponen una decepción que hace que se concentre en otros géneros, particularmente el relato corto (del que se convierte en todo un maestro) y la novela, disciplina gracias a la cual llegará a ser reconocido, especialmente después de que en 1954 lograra publicar su libro “Estrictament personal”, que ganó el Premio Joanot Martorell, y que le supuso el espaldarazo definitivo como autor. Pese a este impulso, el escritor siempre tuvo dificultades en publicar sus trabajos. Se da el hecho además de que fue el autor con más libros censurados de la España franquista.

Entre su obra narrativa destacan títulos como “Les finestres s´obren de nit” (1957), “La ma contra l´horitzò” (1961), “Cendra per Martina” (1965), y “Totes les besties de càrrega” (1967). A partir de 1968, con tres novelas, “Un camí amb Eva”, “Se´n va un estrany” i “Falgueras informa”, inicia un ciclo especialmente ambicioso que llevaría por título “Temps obert”, i del que forma parte el antes mencionado “Mecanoscrit del segon origen”, título éste del cual prácticamente llegará a renegar, considerándolo uno de los más flojos de su producción. El “Mecanoscrit…”, del cual se acaba de realizar una adaptación cinematográfica a cargo de Carles Porta que se estrenará en el próximo Festival de Sitges, cuenta la historia de una adolescente (Alba) y un niño negro (Dídac), abandonados a su suerte en un mundo desolado, postapocalíptico, en el que se verán obligados a madurar rápidamente, siendo, cual nuevos Adan y Eva, los padres de una segunda humanidad. Pese al desdén por el libro que llegó a proclamar su autor, sentimos un enorme cariño por esta novela que forma parte inequívoca de nuestra educación sentimental.

La obra de Manuel de Pedrolo se distingue por un simbolismo crítico expresado mediante originales y contradictorios procedimientos estilísticos, jugando con distintas estructuras de narración, o con el lenguaje, de una forma que tiene visos en común con otros autores contemporáneos a él, desde Faulkner a Cortázar.

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Pedrolo junto a la que fue su mujer Josefina Fabregat.

También, como hemos apuntado anteriormente, juguetea con distintos géneros narrativos, desde el policiaco (llegó a dirigir una colección de novela negra para Edicions 62) a la ciencia ficción. Siempre con una mirada abierta y transversal que, de alguna forma, convierten al escritor en una rara avis dentro de la literatura catalana del siglo XX, más centrada normalmente en un cierto costumbrismo y en una recreación localista e historicista del tiempo vivido. Puede que ese sea uno de los motivos por los que Pedrolo no es del todo bien visto dentro de los ambientes literarios catalanes de su época, pese a obtener diversos reconocimientos (llegó a recibir el Premio de Honor de la Letras Catalanas en 1979). Y ello aunque es uno de los escritores con mayor riqueza léxica de su generación y al hecho que nunca escondió su sentimiento profundamente catalán ni sus convicciones independentistas.

Manuel de Pedrolo no se dejó entrevistar en muchas ocasiones. Consideraba que todo lo que tenía que decir se encontraba en su obra. Nosotros estamos de acuerdo con esa apreciación, y por eso os invitamos a que disfrutéis de la lectura de sus libros (el escritor Oriol Pi de Cabanyes recomendaba hace unas semanas en un artículo en La Vanguardia títulos como “Totes les besties de càrrega”, “M´enterro en el fonaments” o “Un amor fora ciutat” para iniciarse en el autor), algunos traducidos al castellano y a otros idiomas, y  que consideramos que no han perdido ni un ápice de modernidad ni frescura; todo lo contrario, nos parece que su obra es más actual que nunca. Pese a ello, os dejamos con una entrevista que realizaron los propios lectores del escritor en una programa de televisión. Un extraordinario documento audiovisual, que (advertimos), es íntegramente en catalán.

Ricard.

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