“Smiley”: Tierna comedia gay.

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En el Club Capitol de Barcelona hemos asistido a Smiley: Una història d´amor, escrita y dirigida por Guillem Clua, que estrenó la obra en el año 2012 en la Sala Flyhard.  La obra ha cosechado tres premios Butaca 2013 (mejor actor -a Albert Triola-, texto y montaje de pequeño formato) y un premio a “Millor obra de l´any” de la guía Time Out.  Como anécdota, diremos que el diario “El mundo” le ha dedicado, en un reportaje publicado hace justo un año,  el epíteto de uno de los solteros gay de oro junto a Juan Julià o Juan Pedro Tudela entre otros.  La obra tuvo gran acogida en Santiago de Chile, donde los importantes sectores conservadores del país intentaron boicotearla aunque al parecer sin mucho éxito.

Si Guillem Clua  va a convertirse en un narrador del imaginario gay a la altura de un Ralf König el tiempo lo dirá, pero lo que si podemos decir es que la obra tiene todos los ingredientes para ser un referente. En primer lugar, el argumento es fresco y dinámico, discurre con fluidez y credibilidad. Nos presenta la historia de Alex (Ruben de Eguía) y Bruno (Albert Triola). El primero, treinteañero absolutamente trendy, que profesa el habitual culto al cuerpo y redes sociales, y que gracias a sus encantos y a su trabajo de camarero se codea (y liga) con lo más granado de la escena gay barcelonesa, tras sufrir un desengaño amoroso (el enésimo, casi nos atreveríamos a decir), conoce por una feliz casualidad,  a Bruno, arquitecto cuarentón mucho menos popular, ajeno a la escena de gimnasios y redes sociales (que no tenga perfil en Facebook es visto con más asombro que desagrado por Alex).

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A partir de ese fortuíto encuentro inicial, los protagonistas caen perdidamente enamorados, aunque  al acostumbrado modo postmoderno, no se atreven a quedar delante del otro como unos ilusos, lo que les hace aun más encantadores. De la mano de los geniales de Eguia y Triola, nos adentramos en los lugares comunes de la movida gay barcelonesa, (brillantes las acotaciones dirigidas al público heterosexual para educarle en los términos “grinder” “popper” o “gayromeo”). Desternillantes los personajes que se encuentra un despechado Alex a través de la aplicación: el vicioso, la loca, (“Tranquilo, no me importa la pluma”), para encontrar finalmente, como no, al porteño.

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De la obra destacamos especialmente la excelente caracterízación de los actores; Guillem Clúa logra describir dos arquetipos gays masculinos sin caer en clichés vacíos, sino dotando de una encantadora y marcada personalidad a los dos protagonistas.  También resulta cautivador observar los códigos homosexuales de la atracción al perderse la barrera de género. Es cierto que muchas de las situaciones (lo llamo no lo llamo) pueden darse perfectamente en parejas heterosexuales, pero éstas tienen la ventaja de una cierta codificación que marca las pautas y los ritmos del cortejo, mientras que en la obra observamos cómo los protagonistas se ven perdidos en cuánto a sus próximos pasos, lo que en realidad es el hilo conductor de la comedia.  Por último, nos encanta la reflexión sobre las expectativas que las redes sociales generan en nuestro comportamiento  y cómo muchas veces se actúa en función de la proyección en las mismas.

“Smiley, una història d’amor” finaliza su gira de manera improrrogable en el Club Capitol de Barcelona, donde se estará representando hasta el 22 de marzo.

Ignasi y Laura.

Para más información clica abajo:

Web del Grup Balaña/Información sobre “Smiley”

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