Archivo mensual: marzo 2015

“Días felices en el infierno” de György Faludy: Luz en medio de la tragedia.

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Extraer luz del pozo más oscuro. Quizá éste sea el mayor logro al que pueda aspirar una obra artística sea en la disciplina que sea. Y esa es la hazaña que György Faludy (Budapest 1910-2006), consiguió en un libro que me ha sorprendido gratamente. Autor (lo reconozco) desconocido hasta ahora para mí, el azar ha hecho que cayera en mis manos un ejemplar de su novela “Días felices en el infierno”, publicada a finales del pasado año con gran acierto por la editorial de Logroño Pepitas de Calabaza.

La novela es en realidad una suerte de autobiografía que nos cuenta la huída, en tiempos de la ascensión del nazismo, del autor desde su Hungría natal a un casi paradisíaco Marruecos, el exilio posterior a los Estados Unidos, y el regreso final a su propio país donde fue internado en un campo de concentración por el régimen estalinista impuesto tras el final de la Segunda Guerra Mundial.

Faludy creó un relato donde conviven con prodigioso equilibrio diferentes géneros (histórico, aventurero, erótico, ensayístico), condimentando el conjunto con una fina ironía y reflexiones que acaban calando hondo en el lector.

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A lo largo de la novela somos testigos de la desolación que trajo consigo la gran contienda iniciada por los regímenes totalitarios que infectaron Europa en las primeras décadas del Siglo XX, así como las devastadoras consecuencias de todo ello. Pero lejos de caer en la visión sombría sobre la condición humana que se podría extraer de todo lo vivido y observado en esa época por el autor/protagonista, la tesis que sustenta la novela es la de que, por encima del horror, la capacidad del hombre para elevar su espíritu más allá de la pura supervivencia, puede prevalecer . En este sentido, el libro tiene algún punto en común con esa indiscutible obra maestra del cine que es “La vida es bella” de Roberto Benigni, pero con una capacidad transgresora acaso mayor, si nos atenemos al hecho que la historia que se nos narra fue realmente vivida por su autor.

En suma, un libro que os recomendamos vivamente desde nuestro espacio.

Ricard.

Para más información clica abajo:

Web de la Editorial Pepitas de Calabaza/Información sobre  György Faludy

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“L´altra llum”: El evocador arte realista de los hermanos Santilari.

De entre las exposiciones inauguradas recientemente en Barcelona, hay una que nos ha llamado especialmente la atención. Se trata de una muestra dedicada a los hermanos gemelos Pere y Josep Santilari que estará abierta al público en la galería Artur Ramón Art hasta el próximo 25 de abril.

Nacidos en Badalona (Barcelona) en 1959, los hermanos Santilari han destacado en su trayectoria creativa por su estética figurativa-realista. Su meticulosa forma de trabajar hace que del taller que comparten no salgan más de 5 o 6 obras cada año. Tampoco se proliferan mucho en cuanto a exposiciones en Barcelona (la última databa de 2006).

En esta nueva muestra, que ya ha pasado por ciudades como Madrid, Zúrich o París, los artistas realizan en cierta forma una vuelta a sus orígenes, pero mostrando una madurez conseguida a base de tesón y mucho trabajo. En “L´altra llum” (título de la exposición), insuflan nueva vida a sus naturalezas muertas, transmiten sutiles emociones a través de la imagen, y exploran como nunca la figura hasta llegar a límites de un hiperrealismo tan técnicamente asombroso como poéticamente evocador. En la exposición destacan los paisajes urbanos, los retratos femeninos, y las vanitas a las que dan un aspecto renovado y moderno, mostrando elementos propios de nuestra época.

Podríamos seguir elogiando sin fin el trabajo de los hermanos Santilari, pero preferimos sencillamente mostraros algunas imágenes de su obra, e instaros a que, si tenéis la oportunidad, visitéis la Galería Artur Ramón Art de Barcelona, y disfrutéis in situ de sus maravillosos cuadros.

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Ricard.

Para más información clica abajo:

Web de la galería Artur Ramon Art/Información sobre la exposición “L´altra llum”

Os dejamos con una entrevista (en catalán) realizada hace poco a los hermanos Santilari, con motivo de la exposición de la que os hemos hablado:

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The Vaccines: Alegre directo en el BCN Live!

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Hola de nuevo gente de “Cultura y algo más”, seguidores y amigos.

Esta vez ya me empiezo a sentir como la reportera más dicharachera de… Vaya que me empiezan a gustar estos encargos. Porque disfruto yendo a conciertos, descubriendo grupos y, si encima te piden opinión, pues como que te sientes muy bien.

En esta ocasión me pidieron que cubriera el BCN Live!, mini festival promocionado por Sony, y allí que me fui. Inicialmente iba a ser en el Sant Jordi Club y en el primer cartel tocaban Standstill. Pero al final se cambió a la sala RAZZMATAZZ y el cartel quedó con las actuaciones de John Grvy (ganador del concurso de bandas previo), Zoot Woman, Izal y The Vaccines.

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Sí, lo confieso, no soy fan de ninguno de los grupos que tocaban. También confieso que llegué a mitad del concierto (por mucho que te guste ir de conciertos tienes que trabajar) y confieso que me tocó la entrada en un sorteo. Pero alego en mi defensa que: a) participé en el sorteo porque tenía muchas ganas de ver a The Vaccines en directo, b) si no estuviera en crisis (económica) hubiera comprado la entrada seguro y c) nunca hay que desdeñar un concierto… siempre hay algo que descubrir.

Yo me enamoré de ellos con “Post break up sex”. Quizás, aunque conocida, no es la canción que representa mejor el sonido Vaccines. Pero me atrapó y desde entonces ansiaba verlos.

En la sala grande del RAZZ había poca gente. Pero los poco que había se les veía con ganas de cantar junto a los madrileños Izal. Melodías y estribillos pegadizos para adolescentes y no tan adolescentes que desplegaron con energía y alegría. Quizás ya llegan tarde para mí. Con casi media hora de retraso salieron los londinenses The Vaccines. Grupo formado en el 2010 y con sólo 2 discos en el mercado: “What did you expected from the Vaccines?” (2011) y “Come of age” (2012) más un EP de 3 canciones “Melody Calling” (2013). Lo forman un cantante y guitarra – Justin Young -, otro guitarra – Freddie Cowan – , un bajo – Arni Hjörvar – y un batería – Pete Robertson.

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Puedes pensar y, de hecho lo pienso, que si han llegado hasta el 2015 sin sacar nuevo disco y haciendo conciertos es porque viven de viejos hits y que “rejuvenecieron” al ser escogidos para el veraniego anuncio de turno de la tele. Sacaron sus primeros discos casi uno detrás de otro y, sin embargo, hemos esperado más de 2 años para tener nuevo material. Pero quería ver qué tal se desenvolvían en directo… Los jóvenes Vaccines tienen un buen directo. Se les ve cómodos, con seguridad y experiencia. Suenan bien. Y te contagian.

Desgranaron temas de los discos mencionados anteriormente descargando la alegría del público en canciones como “Blow it up”, “Wrekin’ Bar (RA Ra Ra), “Post break up sex”, “Melody calling”, “Teenage Icon”, y además presentaron varias nuevas canciones de su nuevo trabajo, “English graffiti”, como la explosiva “Handsome”.

Como colofón se marcaron una cover de Nirvana de nada menos que de la canción “On a plain”, fantástico momento para los que rompíamos la media de edad (algunos no habían nacido en aquel momento) y feliz sorpresa. Previamente Justin Young “dejó caer” su guitarra… no sé si queriendo emular esa suciedad grunge de los 90… pero como el que tampoco se atreve… vaya que si has de tirar una guitarra al suelo no lo hagas descafeinadamente, hazlo con estilo y “rock and roll” como Kurt Cobain o Jimmy Hendrix. Se me ocurre pensar que aún están buscando una personalidad propia. Actitud tienen.4Y cerraron con “Norgaard“. Demasiado pronto. Con un concierto que superó por poco la hora de duración. No sé si fue por exigencias del guión del festival pero se nos hizo corto. Y nos dejaron con ganas de más. De más sonido Vaccines, punk, fresco pero algo sucio, directo, bailable, alegre y divertido. Su sonido puede recordarte al punk de los 70/80, a los Strokes, pero también pueden ser melódicos a lo Manic Street Preachers.

Esperamos verles más activos ahora que van a estar presentes en festivales veraniegos como el SOS y coincidiendo con la salida de su nuevo disco.

Si tuviera que ponerles una nota, una última palabra os diría… estos chicos lograron que pasara una noche divertida, consiguieron levantarme el ánimo y me dejaron un buen sabor de boca. Eso son valores a tener en cuenta, así que recomendables The Vaccines!!!!

¡Hasta la próxima!

Laura Mart Sit.

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“Smiley”: Tierna comedia gay.

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En el Club Capitol de Barcelona hemos asistido a Smiley: Una història d´amor, escrita y dirigida por Guillem Clua, que estrenó la obra en el año 2012 en la Sala Flyhard.  La obra ha cosechado tres premios Butaca 2013 (mejor actor -a Albert Triola-, texto y montaje de pequeño formato) y un premio a “Millor obra de l´any” de la guía Time Out.  Como anécdota, diremos que el diario “El mundo” le ha dedicado, en un reportaje publicado hace justo un año,  el epíteto de uno de los solteros gay de oro junto a Juan Julià o Juan Pedro Tudela entre otros.  La obra tuvo gran acogida en Santiago de Chile, donde los importantes sectores conservadores del país intentaron boicotearla aunque al parecer sin mucho éxito.

Si Guillem Clua  va a convertirse en un narrador del imaginario gay a la altura de un Ralf König el tiempo lo dirá, pero lo que si podemos decir es que la obra tiene todos los ingredientes para ser un referente. En primer lugar, el argumento es fresco y dinámico, discurre con fluidez y credibilidad. Nos presenta la historia de Alex (Ruben de Eguía) y Bruno (Albert Triola). El primero, treinteañero absolutamente trendy, que profesa el habitual culto al cuerpo y redes sociales, y que gracias a sus encantos y a su trabajo de camarero se codea (y liga) con lo más granado de la escena gay barcelonesa, tras sufrir un desengaño amoroso (el enésimo, casi nos atreveríamos a decir), conoce por una feliz casualidad,  a Bruno, arquitecto cuarentón mucho menos popular, ajeno a la escena de gimnasios y redes sociales (que no tenga perfil en Facebook es visto con más asombro que desagrado por Alex).

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A partir de ese fortuíto encuentro inicial, los protagonistas caen perdidamente enamorados, aunque  al acostumbrado modo postmoderno, no se atreven a quedar delante del otro como unos ilusos, lo que les hace aun más encantadores. De la mano de los geniales de Eguia y Triola, nos adentramos en los lugares comunes de la movida gay barcelonesa, (brillantes las acotaciones dirigidas al público heterosexual para educarle en los términos “grinder” “popper” o “gayromeo”). Desternillantes los personajes que se encuentra un despechado Alex a través de la aplicación: el vicioso, la loca, (“Tranquilo, no me importa la pluma”), para encontrar finalmente, como no, al porteño.

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De la obra destacamos especialmente la excelente caracterízación de los actores; Guillem Clúa logra describir dos arquetipos gays masculinos sin caer en clichés vacíos, sino dotando de una encantadora y marcada personalidad a los dos protagonistas.  También resulta cautivador observar los códigos homosexuales de la atracción al perderse la barrera de género. Es cierto que muchas de las situaciones (lo llamo no lo llamo) pueden darse perfectamente en parejas heterosexuales, pero éstas tienen la ventaja de una cierta codificación que marca las pautas y los ritmos del cortejo, mientras que en la obra observamos cómo los protagonistas se ven perdidos en cuánto a sus próximos pasos, lo que en realidad es el hilo conductor de la comedia.  Por último, nos encanta la reflexión sobre las expectativas que las redes sociales generan en nuestro comportamiento  y cómo muchas veces se actúa en función de la proyección en las mismas.

“Smiley, una història d’amor” finaliza su gira de manera improrrogable en el Club Capitol de Barcelona, donde se estará representando hasta el 22 de marzo.

Ignasi y Laura.

Para más información clica abajo:

Web del Grup Balaña/Información sobre “Smiley”

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“L´efecte”: El laboratorio se divierte.

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Estos días se representa en la Sala Beckett de Barcelona “L’efecte“, de la dramaturga y guionista de televisión británica Lucy Prebble, con traducción de Jordi Prat i Coll, dirección de Carol López y producción de Sixto Paz Produccions.

La obra se ambienta en los laboratorios Rauschen (veremos que ese nombre es irónico), y el título no hace solamente referencia al ensayo clínico sobre la efectividad de un fármaco antidepresivo, sino también a la experimentación con el juego de observaciones a la que asistimos: los protagonistas, al principio desconocidos entre ellos, Connie (Nausicaa Bonnin) y Tristán (Pau Roca) son observados por la doctora James (Montse Germán), que es a la vez supervisada por el director, Tom (Paul Berrondo) y todos ellos por el público.

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El juego de observador/observados se produce ya desde el guiño inicial cuando al espectador se le hace escoger entre dos pastillas, una de las cuales produciría el efecto de incrementar la experiencia teatral. Igual que los espectadores, los protagonistas van a experimentar si una pastilla mejora su estado de ánimo y aumenta su sensibilidad… la comedia está servida; el seductor Tristán ni siquiera pasa de la sala de espera para empezar a flirtear con Connie, a la que obviamente le gusta el chico pero que se siente ligada a su actual pareja…

Pese a que el inicio nos recordó por momentos a la célebre “Das Experiment” de Oliver Hirschbiegel, y así esperábamos ver una aséptica doctora que contemplaría con sadismo las evoluciones de sus cobayas, en seguida descubrimos que la doctora es la más vulnerable del cuarteto, depresiva, medio enamorada de su supervisor con quien tuvo una aventura tiempo atrás e incapaz de imponer disciplina a sus díscolos conejillos de indias, pese a esforzarse en aparentar seriedad.

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El debate entre quienes creen en el amor como algo espiritual y quienes lo conceptúan como un coctel químico, debate muy del gusto anglosajón, como ya vimos en “Pensaments Secrets“, de David Lodge, toma aquí una vis cómica con el divertido equívoco entre el medicamento real y el placebo, que engaña hasta a quien no debería engañar…

Entretenida comedia donde los protagonistas lejos de comportarse de modo disciplinado como se esperaría de una eficiente doctora y de unos partícipes en un experimento remunerados por ello, caen en una divertida transgresión del entorno formal que se supone, (el nombre del laboratorio, Rauschen, viene a traducirse como rumor o ruido de fondo, pero también puede hacer referencia a Berauschen, embriagarse y eso parece que les sucede a los protagonistas, aunque no se sabe si ese embriagarse procede del fármaco o de su propia fogosidad juvenil… ) En esa alocada transgresión, la doctora se pone a fumar, se adivina una masturbación, Tristán pierde la memoria… El adusto entorno hospitalario (acertada escenografía de Paula Bosch y encantadora iluminación, paneles cenitales incluídos, de Luis Martí) es transformado, a modo de salón de los espejos, en una caricatura.

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Una divertida reflexión sobre los límites entre lo académico, lo aséptico, la química y el erotismo, que contempla con ironía como los medicamentos han sustituído a los remedios milagrosos de antaño, aunque la gente los toma con la misma fe que aquéllos.
La obra estará en la Sala Beckett hasta el 29 de marzo y la recomendamos a todo el que quiera pasar un rato divertido. Otro aliciente es el precio, ya que funciona con el sistema de taquilla inversa, donde el pago de precio es el que el espectador desee.

Ignasi y Laura.

Para más información clica abajo:

Web de la Sala Becket/Información sobre “L´efecte”

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“American Sniper”: Las raices emocionales del conservadurismo.

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La película “American Sniper” (traducida por “El francotirador” aunque el adjetivo American, a semejanza de la gran “American Psycho“, no sea en absoluto irrelevante), dirigida por Clint Eastwood y escrita por Jason Dean Hall, se basa en la autobiografía de Chris Kyle, un francotirador estadounidense que, tras servir en Irak, fue asesinado por un veterano paranoico (el juicio por los hechos ha tenido lugar hace poco). La película está protagonizada por Bradley Cooper, Sienna Miller, Luke Grimes, Kyle Gallner, Sam Jaeger, Jake McDorman, Kevin Lacz, Cory Hardrict y Navid Negahvan.

Ya hemos leído muchas críticas que tratan esa película con el típico distanciamiento intelectualoide del que se cree demasiado refinado para según qué plato, y por supuesto no vamos a ir por ese camino; ciertamente quien busque argumentos profundos, críticas políticas, giros insospechados o refinamientos intelectuales, mejor que no vaya a ver la película, recomendable en cambio para quien quiera comprender algunas de las claves del pensamiento conservador estadounidense.

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A partir de una reflexión del protagonista, para quien el mundo se divide en lobos, pastores y ovejas, -concepción del mundo como eterna lucha entre buenos y malos tan propia del conservadurismo-, la película subraya el papel central que los valores militares y el ejército juegan en los Estados Unidos, y más concretamente en Texas (en la película, en los barracones de las fuerzas especiales desplegadas en Irak no veíamos banderas estadounidenses, sino banderas del Estado de la estrella solitaria).

El militarismo de los Estados Unidos ha sido tan vilipendiado y caricaturizado que hasta hemos olvidado la esencia del mismo. Con todos sus defectos y virtudes, Estados Unidos es uno de los países que más se analizan a sí mismos, autocrítica que está en cambio alejada de otros modelos que muchos “progres” se dedican a encomiar. Miles de películas, movimientos políticos y sociales, investigaciones, filtraciones, han sacado a la luz sus miserias, que en otros países permanecen escondidas bajo tupidos velos. Si Estados Unidos defiende –nos dice el pensamiento canónico dominante- a sus multinacionales, otros defienden medievales concepciones religiosas o dictaduras corruptas. A partir de ahí, incluso admitiendo que los soldados americanos fueron a Irak a luchar por el petróleo, nos siguen pareciendo mejores que sus enemigos que en vez de pasar los fines de semana en la bolera del centro comercial se los pasan destruyendo monumentos.

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Los occidentales, nos pese o no, tenemos interiorizados unos valores que tienen mucho que ver con los de los norteamericanos, es decir, con democracias liberales: en España concretamente cada vez hay más conciencia de reivindicaciones sociales frente al poder político, de la libertad de expresión, de prensa… y acerca de las denostadas multinacionales, lo cierto es que si la gente no compra más en ellas es por la crisis, no por falta de ganas…

Con esas coordenadas, el protagonista, que por supuesto jamás escribirá un libro de filosofía pero que pretende ayudar a través de la acción y no de la contemplación, va a la guerra imbuido de un sentido del deber que le hace presentarse voluntario hasta en tres ocasiones, y de un sentimiento de protección de sus camaradas, a los que juzga menos preparados. La película se centra en la tensión emocional de quien debe dedicarse a proteger a soldados con la obligación de abatir a cualquiera que los amenace, ya sea hombre, mujer o niño. Víctima del estrés postraumático, cuando regresa temporalmente a casa tras cada misión, no logra adaptarse a la vida civil y familiar.

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Pese a sus detractores, la grandeza de la película reside en que los militares no son presentados como superhéroes sino como personas a las que, por más duros que intenten ser, el contacto diario con la muerte y la crueldad les acaba destruyendo, como precisamente le pasó al protagonista, cuya vida fue prematuramente sesgada por otro veterano enloquecido por el horror de la guerra. Gran interpretación de Bradley Cooper, que subraya la incapacidad del protagonista de alejarse emocionalmente del horror que estaba viviendo.

En definitiva, “American Sniper” es una película que nos presenta con marcado realismo una perspectiva, la de los soldados de élite, que es olvidada por incómoda y políticamente incorrecta, pero que forma parte de la realidad.

Ignasi y Laura.

Para más información clica abajo:

Web oficial de la película “American Sniper”

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