“Fedra”: Crónica de una inexorable pasión.

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En el Teatre Romea de Barcelona hemos asistido al montaje “Fedra”, del dramaturgo francés del siglo XVII Jean Racine. El original ha sido versionado por Sergi Bellbel, que también es el director de la obra. La escenografía ha estado a cargo de Max Glaenzel, el vestuario es de Mercè Paloma, el espacio sonoro de Jordi Bonet y la caracterización de Toni Santos.

Para su Fedra, Racine partió de las obras clásicas de Eurípides “Hipólito” y de Séneca “Fedra”, aunque le dio su propia interpretación, remarcando una cierta visión misógina seguramente influida por sus creencias jansenistas.

La obra tiene todos los elementos del género, con unos semidioses emparentados con los dioses griegos del Olimpo, y encadenados a las más bajas pasiones humanas.

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Fedra (Emma Vilarasau) es hija de la diosa Pasifae (que presa de su extraviada pasión por el Toro de Poseidón acabó dando a luz al Minotauro) y del Rey Minos de Creta. Fedra se enamora perdidamente de Hipólito (Xavier Ripoll), el hijo que su marido Teseo (Lluís Soler) había tenido con una amazona. La nodriza de Fedra, Enona (Mercè Sampietro), le urge a confesar su amor cuando llegan noticias de la muerte de Teseo en combate.

A su vez Hipólito, joven virtuoso que venera a la diosa Artemisa de la caza y detesta a la del amor, Afrodita, confiesa a su preceptor Terámenes (Jordi Banacolocha) que quiere huir de Atenas porque ha caído perdidamente enamorado de Aricia (Queralt Casasayas), prima de Teseo y cabeza del clan rival de éste por el trono de Atenas. La llegada de Teseo, que huye de la prisión en la que en realidad estaba confinado,  desencadena el incendio.

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La mitología griega nos brinda una intrincadísima genealogía, que adereza con variados relatos en los que el incesto, el asesinato, el adulterio y los celos están bien presentes. El reto de representar estos argumentos arcaicos es encontrar un lenguaje escénico creíble y Bellbel lo consigue con creces. De la mano del escenógrafo Max Glaenzel y del creador del espacio sonoro Jordi Bonet,  el espectador se sumerge en una atmósfera intemporal, en que domina lo inexorable, lo fatal, en el que se entrevé el destino que se cierne sobre los protagonistas, todo ello remarcado por el ritmo pausado conferido por el verso alejandrino en que está escrita la obra. Un imponente disco anaranjado preside el escenario. Otro disco, negro, con movimiento apenas visible, lo va cubriendo… la luz se torna más tenue, una música sutil suena a lo lejos. Jugando con los volúmenes de un paisaje lunar trufado de rocas subrayado por un acertado juego de luces, se crea una sensación de profundidad, intensificada por el riachuelo que cruza el escenario y que separa a los actores. Recordemos que la mitología griega confunde a los dioses con los elementos originales, y vemos a Helios que representa el Sol y del que desciende Fedra, el agua que representa Poseidón de la que desciende Teseo, la tierra bajo la cual se encuentra el Hades…

En este escenario asistimos a la poderosa actuación de Emma Vilarasau, cuyo amor por Hipólito nos transmite un salvaje deseo de posesión, una insana pasión sexual que pasa por encima de deberes conyugales y de linajes y que envuelve a Hipólito no con los arrullos de la ternura, sino con la lujuria más feroz, que no duda en acudir a artimañas para justificar su intento de adulterio. Pero como nos remontamos a una época en que las conductas sexuales no aceptadas eran castigadas severamente (más en la época del autor francés que en las fuentes griegas), la protagonista verá justamente frustrados sus apetitos.

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Gran actuación de Xavier Ripoll, que, en concordancia con el propósito moralizante del autor, representa al joven inocente cuyo amor por Aricia es de una naturaleza virtuosa y que incluso defiende a Fedra ante Teseo. Lluís Soler representa magistralmente, ayudado por su imponente presencia y voz al divino patriarca que, traicionado por su mujer, intenta engañarse a sí mismo aunque finalmente debe admitir la traición.

Sin duda alguna, un gran montaje de Bellbel con una excepcional Vilarasau y unos magníficos actores y actrices que vale la pena presenciar, y que estará en el Teatre Romea hasta el 15 de marzo.

Ignasi y Laura.

Os dejamos un enlace al trailer de la obra:

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