Julio Cortázar: 50 aniversario de “Rayuela”.

9788489666153“…para verte como yo quería, era necesario empezar por cerrar los ojos”. Esta frase, una de las muchas grandes citas que podríamos extraer de “Rayuela” de Julio Cortazar (Ixelles, 26 de agosto de 1914 – París, 12 de febrero de 1984), me viene siempre a la cabeza cuando se trata de rememorar la fuerte impresión que me dejó la primera lectura de la considerada obra cumbre (al menos novelística) del escritor argentino, y una de las más importantes en lengua castellana o, aún, de las letras universales, en el pasado siglo. Achaco un doble significado a la frase, más allá del que quería darle Cortázar en el contexto de su novela. Si la cita se refiere a la Maga, el principal personaje femenino del libro, y a la percepción que de ella tiene el protagonista de la obra, yo pienso en esa primera vívida sensación al terminar de leerla. La necesidad de cerrar los ojos y, durante unos instantes, abstraerme de todo para, de esa forma, lograr tener una visión más precisa de las piezas que, durante días y fruto de la lectura de la novela, habían revoloteado en mi cabeza. Era el momento de encajar esas piezas en mi mente y dar al conjunto de lo leído el significado que yo quería otorgarle.

Si la lectura de una buena novela puede suponer un necesario ejercicio de reconstrucción a posteriori sobre todo lo que se ha extraído de ella, Cortazar logró, gracias a la original estructura de su obra y a la sutil delicadeza de su prosa, otorgar una infinita gama de posibilidades en cuanto interpretación de lo leído, hasta un punto solo logrado en muy pocas ocasiones a lo largo de la historia, más o menos reciente, de la literatura (podría ser el caso de “El ruido y la furia” de Faulkner o, claro, el “Ulises” de Joyce).

Y es que, “Rayuela, ahora que se alcanzan los 50 años de su primera edición, nos sigue pareciendo tan innovadora y exuberante en cuanto a sus posibilidades de exégesis, que podemos decir que continua siendo un libro adelantado no ya a la literatura actual en su conjunto, si no, incluso, a la que tiene que venir, al menos en un futuro inmediato. Esta afirmación que algunos podrían considerar algo provocativa, es refrendada por el hecho que apenas nos viene a la cabeza (quizá por ignorancia, pues no podemos ser conocedores de todo lo mucho que se edita) algún libro o autor reciente que le ande a la zaga a la obra de Cortázar. Tan solo los malogrados David Foster Wallace o Roberto Bolaño y, quizá, unos pocos más, hayan podido alcanzar ese nivel en los últimos lustros. Y es que, como afirmaba recientemente el casi siempre afinado Luís Goytisolo, “hay (en la actualidad) novelistas con talento, pero con poco afán de innovación”.

CortazarComo se sabe, “Rayuela” consta de tres partes. La primera, denominada “Del lado de allá” y situada en Paris con un personaje llamado Horacio Oliveira como protagonista, es lineal y puede leerse de forma seguida de manera que funciona como una narración de características clásicas más o menos convencionales. La segunda parte, titulada “Del lado de acá”, coloca al personaje central en Buenos Aires, de donde es originario. Se puede considerar, sin más, la continuación del primer tramo de la novela, de forma que, leídas una detrás de otra, ambas partes configuran un sólido retrato de los personajes que pueblan el libro y de los ambientes en que se mueven, además de un tratado de buen hacer literario en su aspecto formal. Podemos, pues, leer esas dos partes seguidas (y de hecho, conviene hacerlo alguna vez para un mayor entendimiento de la novela), pero al final de los capítulos el autor nos sugiere el salto a otros (la mayoría muy cortos) que se encuentran en la tercera parte del libro titulada “De otros lados”. Al final de estos capítulos, se indica el salto a otro capítulo más avanzado o anterior dentro de esa tercera parte, o la vuelta al punto en que se había interrumpido la narración lineal. Una vez continuada ésta, volvemos a tener la posibilidad de leer lo que podríamos considerar la historia convencional para, más tarde, tener de nuevo la opción de dar un salto hacia adelante y leer alguno de esos capítulos que complementan o enriquecen la obra, dándole al conjunto una cierta forma de collage literario.

En definitiva, Cortázar estructuró su libro de forma que el lector pudiera ser especialmente activo, o incluso proactivo (¿porqué no ordenar la lectura de la novela al gusto de uno?) recreando libremente lo leído y configurando, como ya habíamos indicado al principio, una visión sobre la obra que, finalmente, puede ser totalmente personal e intransferible.

Julio-Cortazar

En el momento de su publicación, “Rayuela” fue ya un gran acontecimiento del que no fue ajeno el llamado boom literario latinoamericano que, por aquellos tiempos, se encontraba en su máximo apogeo. Cierto es que, en la actualidad, hay corrientes críticas o autores que son muy severos a la hora de enjuiciar la obra. Le achacan a la novela un exceso de solemnidad y/o sensiblería en el tono narrativo, o haber sido superada claramente en su estructura (algo que el ya mencionado Luís Goytisolo, probablemente, pondría en tela de juicio). Ciertamente, no vamos a negar que “Rayuela” es de esas obras que algunos podemos tender a idealizar en cierta forma por haber sido lectura de juventud, del tipo que crea un canon especial que podríamos considerar intocable. Pero lo cierto es que una nueva relectura del libro, realizada recientemente, me hace seguir valorando a la novela como una obra de una estructura formal tan profusa y una expresividad literaria tan cautivadora, que no puedo más que animar a nuestro lectores a dejarse llevar (en primera instancia o de nuevo) por ese juego eterno que Julio Cortázar nos propusiera por primera vez hace ahora justamente 50 años.

Ricard.

Os dejamos con un vídeo en el que podemos ver completa la apasionante entrevista que se le hizo a Julio Cortazar dentro del programa “A fondo” de Televisión Española en 1977. Un documento impagable para todos los seguidores del autor, al alcance (por obra y gracia de internet) de cualquiera:

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