Cine y literatura (II): “On the road” y el arte cinematográfico como invitación a la lectura.

On-the-Road-PosterSi en nuestra primera entrada dedicada a la relación entre cine y literatura hacíamos referencia a dos filmes, entonces en cartelera, que reflexionaban de distinta manera sobre la creatividad literaria, en esta segunda entrega nos centraremos en una reciente adaptación cinematográfica de un texto que podemos considerar ya un clásico como es “On the road” (normalmente traducido aquí como “En el camino”) de Jack Kerouac (Lowell, Massachusetts 12 de marzo de 1922 – St. Petersburg, Florida 21 de octubre de 1969).

En realidad podríamos habernos fijado en otras tantas películas, de las que hemos tenido conocimiento en las últimas semanas, que realizan adaptaciones de obras literarias clásicas, desde “Grandes esperanzas” llevada a la gran pantalla por el británico Mike Newell, a “Ana Karenina” de su compatriota Joe Wright, pasando por “El gran Gatsby”, film que tiene previsto su estreno el próximo 17 de mayo y que ha sido dirigido por el realizador australiano Baz Luhrman. Podríamos añadir algunos títulos más, lo cual nos puede hacer preguntar cuál es el motivo de volver a revisar clásicos de la literatura que, en la mayoría de los casos, han sido llevados en múltiples ocasiones al cine con resultados dispares. Quizá la respuesta tenga relación con la falta de ideas de las grandes productoras cinematográficas, quizá con la elección de jugar sobre seguro dado el interés perpetuo por las grandes obras literarias que parece mostrar el público, o puede que todo esto tenga que ver con la necesidad de efectuar una nueva mirada crítica sobre aspectos de nuestro pasado que nos ayuden a entender mejor algunos de nuestro presente en un momento de crisis económica, social y moral generalizadas.

Sea como sea, “On the road” destaca sobre el resto de los títulos mencionados sobre todo por dos motivos: en primer lugar, no se había hecho nunca una adaptación al cine sobre este libro. Cierto es que Kerouac, por mucho que les pese a algunos de sus lectores más puristas, siempre había fantaseado con la idea de que su novela fuese llevada al medio cinematográfico, e incluso había admitido abiertamente que quería que el film fuera protagonizado por Marlon Brando. El motivo de que hasta ahora no se hubiese trasladado al cine el texto beatnik por excelencia tiene que ver con el hecho que el proyecto pasara de mano en mano durante tiempo (desde hacía años, los derechos de adaptación cinematográfica pertenecían a Francis Ford Coppola, quien terminó encargando la dirección de la película a Walter Salles) sin que llegara a concretarse hasta hace poco. Sospechamos que la dificultad técnica que entraña adaptar un texto tan enfebrecidamente espontaneo y lleno de improvisación como el de Kerouac, tiene mucho que ver con el retraso en su plasmación en imágenes.

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El segundo motivo por el que consideramos que la adaptación al cine de “On the road” puede tener un notable interés es la modernidad del texto en sí. Es verdad que todos los títulos mencionados anteriormente siguen teniendo un grandísimo atractivo, tanto por la forma como por el fondo de las obras que plasmaran en el papel Dickens, Tolstoi o Fitgerald, pero “On the road” mantiene intacta una capacidad de transgresión que, ni siquiera la mala utilización de algunas partes del libro en anuncios televisivos, ha podido empañar. Y es que, lo que se esconde tras las andanzas de Sal Paradise (en realidad, un sosias del propio Kerouac), junto al salvaje y alocado Dean Moriarty (sobrenombre que asume la identidad de Neal Cassady), con la participación de otros personajes alter egos de diversos representantes de la llamada beat generation (Carlo Marx es el poeta Allen Ginsberg, Old Bull Lee retrata al escritor William Borroughs), es toda una declaración en favor de la libertad, que continua mostrándose a nuestros ojos con la misma carga lírica, filosófica y, nos atrevemos a afirmar, revolucionaria, que podía tener a finales de los años cuarenta del siglo pasado, momento de la primera edición de la novela.

Ante todo esto, la pregunta que nos hacíamos antes de la visualización del film era si el director brasileño Walter Salles (realizador de títulos como “Estación central de Brasil” o “Diarios de motocicleta”) habría conseguido mantener el espíritu de la obra literaria en su puesta de largo cinematográfica. Nada bueno auguraba las críticas y comentarios de aquellos que habían visto la película en distintos festivales en los que se había proyectado previamente, y que ponían el acento en la larga duración del film, y en el hecho que éste llegase a ser, por momentos, aburrido o insulso.

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El hecho es que Salles acortó un tanto el metraje de la película después de las mencionadas proyecciones en los festivales, y puede que ese nuevo montaje le haya sentado bien. En cualquier caso, el film nos ha parecido, cuanto menos, digno. Lo es por su (algunos dirán que excesiva) pulcritud, su buen nivel técnico (destacando especialmente su puesta en escena, la ambientación y su bellísima fotografía), las buenas interpretaciones de sus actores protagonistas, y porque, siendo una obra imperfecta, consigue finalmente estimular la curiosidad del espectador que, en muchos casos, querrá visitar o revisitar la novela en la que está basada.

Amor, sexo, compañerismo, drogas, amistad, jazz, alcohol, libertad, rebeldía… “On the road” (el libro) es todo eso y mucho más; un compendio, como ya hemos apuntado, aún transgresor, que, en su versión cinematográfica, consigue mantener el interés del espectador invitándonos a focalizar nuestra mirada, de nuevo, en la obra de un autor y de una generación cuya impronta se mantiene plenamente intacta.

Ricard.

Trailer oficial de “On the road”

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4 comentarios

Archivado bajo Cine y TV, Literatura y Cómic

4 Respuestas a “Cine y literatura (II): “On the road” y el arte cinematográfico como invitación a la lectura.

  1. Cris

    Sí senyor, molt bona crítica!

    Cris

  2. Vi la película sin leer el libro antes, y la verdad es que me quedé fascinada con la generacion “beatnik”. Son radicalmente diferentes a nuestra generación…mientras ellos piensan en ser libres, experimentar y escribir grandes obras…nosotros pensamos en tener un trabajo estable y un pisito. Realmente revolucionarios. Y además, la fotografía de la película es fantástica, con sus espectaculares paisajes (argentinos y no estadounidenses, por cierto).

    • Hola Alba. Muchas gracias por tu comentario. Efectivamente, la filosofía y modo de vida de los beatniks parece revolucionaria aún hoy en día. Pese a la crisis económica y de valores en la que estamos sumergidos, la mayor parte de la juventud actual no parece muy dispuesta a hacer nada que marque la diferencia. Con honrosas excepciones, da la sensación de que lo único a que se aspira es a ser tan aburguesado y convencional como lo haya podido ser la generación de sus padres, y que si se quejan o protestan por algo es por no poder acceder a lo mismo que tuvieron ellos: un trabajo con horario de oficina, una hipoteca a 30 años… Eso hace que la obra de autores como Kerouack nos siga pareciendo plenamente vigente y transgresora en la actualidad.

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