“The Wire”: Tan lejos, tan cerca.

The_WireEmpieza a resultar recurrente decir que en la actualidad la mejor ficción cinematográfica se encuentra en las series de televisión. Ciertamente podemos afirmar que estamos viviendo una etapa dorada de los seriales televisivos. En este hecho tiene mucho que ver HBO, popular canal de cable norteamericano responsable de la producción de “Los Soprano” (auténtico pistoletazo de salida de esta época de gloria), “Boardwalk Empire”, “Game of thrones” o la serie que nos ocupa: “The Wire”.

“The Wire” fue emitida en los Estados Unidos en cinco temporadas durante los años 2002 a 2008. Hace ya, pues, un lustro que finalizó, pero los ecos que dejó en los espectadores que la siguieron en su momento o la han visto, de una forma u otra, más tarde, están lejos de apagarse.

La serie, aquí subtitulada “Bajo escucha”, seguía las vicisitudes de diversos personajes en la ciudad de Baltimore, centrándose cada una de las temporadas en algún cariz en particular, siendo el primero de ellos el de la delincuencia vista desde la perspectiva tanto del estamento policial como de los criminales; el segundo el del comercio portuario, los sindicatos y el contrabando ilegal; el tercero el del mundo político y la corrupción; el cuarto el de la educación y las muchas dificultades con las que se encuentran quienes se dedican a ella en un contexto de miseria y violencia diarias;  y el quinto y último, el de los medios de comunicación y su relación con el devenir de la política u otras dimensiones de la sociedad. Todo ello teniendo como hilo conductor la lucha contra el tráfico de drogas de un grupo de policías que conforman una suerte de brigada especializada en recabar información con la que implicar procesalmente a narcotraficantes.

El conjunto de las cinco temporadas de la serie supone un fresco total que muestra, con toda la complejidad necesaria, como es una comunidad en un momento histórico concreto. En este sentido, y tal como han apuntado personalidades como Mario Vargas Llosa, “The Wire” supone algo parecido a lo que han sido en épocas pasadas las grandes novelas-río en las que podíamos seguir lo que acaecía a un grupo de personajes durante un largo periodo de tiempo (un ejemplo obvio podría ser “Guerra y paz” de Tolstoi, sin que tal equiparación resulte exagerada).

Hablamos en presente de la serie porque, pese a que como ya hemos dicho, hace cinco años que terminó, su vigencia en la actualidad es total. “The Wire” se adelantaba en el tiempo a la hora de analizar aspectos de tan rabiosa actualidad como la crisis económico-financiera y sus consecuencias en las vidas de las personas de clase media y populares, las triquiñuelas con las que actúan las organizaciones políticas y el alto grado de corrupción del sistema, la caída de los medios de comunicación impresos en detrimento de formas de información cada vez más centradas en los medios digitales con lo que ello supone de inmediatez pero también de tergiversación y facilidad de manipulación, la dejadez por parte de las autoridades del sistema educativo y el loable, casi heroico trabajo de maestros y educadores en situaciones de fuerte estrés y falta de recursos, etc.

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Y eso sin abandonar en ningún momento un bien entendido concepto de entretenimiento. Y es que, si “The Wire” es todo lo que hemos apuntado arriba, también resulta una historia emotiva, tensa, a ratos trepidante en su acción, por momentos divertida, mientras que en muchos otros aparece con toda su crudeza la tragedia cotidiana en forma de ráfagas de violencia o imágenes de mendicidad y dolor. Todo ello en un contexto, el de la ciudad de Baltimore, que, con sus peculiaridades (una mayoría de habitantes de raza negra, el hecho que sea una población marítima), podría ser perfectamente equiparable a tantas otras del mundo occidental.

Aunque quizá, el gran logro de “The Wire” sean sus personajes. Caracteres salidos, en buena parte, de la realidad, pues uno de los creadores de la serie, el periodista y escritor David Simon (el otro es el ex policía Ed Burns), se basó en su experiencia como redactor de sucesos en el periódico “Baltimore Sun” para elaborar los primeros guiones de los cuales saldrían los protagonistas de las distintas temporadas de esta monumental obra televisiva. Desde el borrachuzo, mujeriego y obsesivo detective James ‘Jimmy’ McNulty, hasta el yonqui de personalidad frágil, atormentada y llena de buenos sentimientos que es Bubbles, pasando por el especialmente memorable Omar, individuo que se dedica a robar a los propios delincuentes, homosexual e imbuido de un aura de leyenda de intocable en las calles. Se trata, en todos los casos, de personajes retratados al margen de cualquier tipo de cliché, que nos son mostrados con todos los matices del espíritu humano.

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“The Wire” es una serie que podríamos calificar de pesimista, dado que no hay ningún personaje que pueda considerarse, propiamente, como totalmente bueno, y que muestra a la sociedad que quiere retratar y el sistema en que se sustenta como intrínsecamente caótica y repleta de injusticias de toda índole. Pero, paradójicamente, acaba emergiendo de todo eso algo que podríamos considerar como esperanza, pues no son pocos los momentos en que, como sucede en la vida misma, los protagonistas de la serie se rebelan contra sus propias limitaciones, las trabas que ponen ante ellos quienes sustentan mayor poder, o las fatalidades del destino, para salir adelante o conseguir algún logro que debe repercutir positivamente en ellos mismos o en la comunidad.

En conclusión, nos atrevemos a afirmar que “The Wire” es una de las obras de la cultura popular más importante de la última década. Su visión (o revisión) resulta más que aconsejable para entender mejor el momento histórico en que nos encontramos, al margen de que su trama ocurra en un lugar geográficamente alejado al nuestro.

Ricard.

Os dejamos con un vídeo en el que se puede ver la primera escena, previa a los títulos de crédito, del primer capítulo de la primera temporada de la serie. Como curiosidad, comentar que la canción que podemos escuchar mientras vemos los mencionados títulos es una versión a cargo de The Blind Boys of Alabama de “Down in a hole” de Tom Waits. En las siguientes temporadas sonarían sucesivamente la canción original del propio Waits, y otras tantas versiones a cargo de The Neville Brothers, DoMaJe (grupo formado por cinco adolescentes de Baltimore) y Steve Earle, comprometido cantante de country-rock que también asumía uno de los papeles en la serie.

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