“Primavera Club”: Cultura a la baja.

Hace unos pocos días la organización del festival de música “Primavera Club”, cuya última edición aconteció el fin de semana pasado, emitió un comunicado en el que informaba que el año que viene dicho evento se celebrará en ciudades de Francia y Portugal, y no en Barcelona y Madrid como venía ocurriendo hasta ahora. El motivo que ha impulsado a tomar esta decisión, según palabras del director del certamen Alberto Guijarro, es “la poca consideración que se tiene en España por las músicas populares, a las que se está marginalizando y criminalizando como hace tiempo que no se hacía”. Añade después que “no sentimos que se trate a la música como parte de la cultura. Para llevar a cabo un festival te tienes que sentir arropado, y aquí las cosas no fluyen”.

Tiene motivos más que justificados Guijarro para sentirse indignado e incluso crispado. La gestión de la organización del “Primavera Club” este año se nos antoja poco menos que heroica. A la subida del 21% en el IVA de las entradas y abonos de conciertos y festivales, hay que sumar toda clases de trabas administrativas, el cierre provisional de la Sala Apolo de Barcelona (lugar crucial para la música en directo en la Ciudad Condal) coincidiendo de pleno con las fechas en que se tenía que celebrar el evento, y una reducción injustificada y muy a última hora del aforo en los espacios del madrileño Centro Creativo Matadero donde se iba a llevar a cabo el festival, obligada por una administración municipal en estado de paranoia tras los trágicos acontecimientos del Madrid Arena en que murieron cinco chicas (se dice que en los accesos del “Primavera Club” de este año se obligaba a enseñar la documentación y se registraba a conciencia a las personas cada vez que querían pasar de un escenario a otro, creándose largas colas y no pocos momentos de tensión).

Con todo, discrepamos un tanto de la declaración de Guijarro en un punto: concretamente cuando se refiere al hecho que no se trata a la música como parte de la cultura. En realidad, no es la música la que va a la baja en nuestro país, si no la cultura en general, sea la disciplina que sea. Cabe recordar que la subida del IVA afecta a toda clase de productos y eventos culturales (salvo el libro), que la subvenciones para producciones cinematográficas y teatrales han caído en picado, que las pequeñas salas de exposición apenas si pueden sobrevivir, que las empresas de gestión cultural se las ven y se las desean para salir adelante y que, en definitiva, el mundo cultural ha sido duramente atacado por el actual gobierno central, y por muchas de las administraciones autonómicas y municipales desde el comienzo de la crisis económica, y muy particularmente en los dos últimos años. Incluso un teatro como el Liceo (toda una institución en Cataluña de la a veces denominada “alta cultura”) tiene graves problemas económicos al haberle sido recortadas drásticamente sus subvenciones por parte del Ministerio de Cultura, de manera que sus gerentes están estudiando la posibilidad de utilizar estrategias de micromecenazgo para financiarse.

Desde nuestro espacio no nos cansaremos de repetir que la cultura supone un estimulo económico de primer orden si se la mima y se la sabe gestionar bien. A la vista están las cifras: en el estado español la cultura suponía en 2010 un 3% del PIB, y un total de 550.000 empleos (fuente El Pais). Eso si nos referimos a beneficios directos; si tuviéramos en cuenta el rendimiento indirecto que supone la cultura para otros sectores (turismo, transportes) estaríamos hablando de unos números muchos mayores. Es en este punto donde las administraciones se equivocan totalmente al no apoyar a eventos como el Primavera Club. Un festival de estas características ayuda a situar en el mapa culturalmente a una ciudad, da prestigio a su nombre/marca como urbe visitable, y alienta económicamente algunos de los sectores asociados que ya hemos mencionado arriba. Su ceguera en relación a esta evidencia solo se puede entender desde la base ideológica de unos responsables políticos que han categorizado a la cultura como mero “entretenimiento” y que no consideran que nada que se salga del sistema especulativo-neoliberal en que nos hayamos metidos, y que ha provocado y sigue sumergiéndonos cada vez más en la actual crisis, debe ser tenido en cuenta como acicate económico.

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Los gestores del “Primavera Club” han querido dar un toque de atención con su decisión. No descartan volver a realizar el mencionado festival en Barcelona, aunque ven muy difícil regresar a Madrid. En cualquier caso parece que el hermano mayor de este evento (el “Primavera Sound”), no peligra por el momento. Convertido en una referencia ineludible a nivel mundial como muestra de mucho de lo que se está cociendo en la música popular actual, cabe cruzar los dedos para que la cosa continúe así.

Ricard.

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