“Holy Motors”: Cine sagrado.

Si hay un director que personifica la figura de cineasta de culto como ningún otro ese es Leós Carax (Suresnes, Francia, 1960). Autor de obras reverenciadas en los circuitos artísticos como “Boy meets girl” o “Les amants du Pont Neuf”, Carax se ha ganado la reputación de enfant terrible del cine francés y europeo, cultivando  un estilo completamente libre, personal e intransferible, bordeando siempre la fina línea que separa el cine comercial convencional, y eso que a menudo se ha venido a llamar arte y ensayo.

Ahora nos llega su nuevo largometraje, “Holy motors”, el primero que el realizador termina tras los 11 años transcurridos desde el estreno de su anterior obra, la polémica (en realidad todas sus películas lo son en mayor o menor medida) “Pola X”. Vaya por delante que quien firma este texto no es alguien que simpatice especialmente con ciertas tendencias presentes en distintas disciplinas artísticas que en ocasiones intentan vender como el súmmum de la originalidad e innovación aquello en lo que solo hay artificiosidad y un exceso de ombliguismo. Por lo que se refiere a Carax, alguno de sus anteriores films me había parecido tan estimulante en algunos momentos, como pretencioso y megalómano en otros. No ha sido el caso de “Holy motors”, película que he disfrutado plenamente.

Estrenada con gran éxito de crítica en el pasado Festival de Cannes, pese a lo cual no logró llevarse ningún premio, y recompensada en el reciente Festival de Sitges con los galardones a mejor película y director, “Holy motors” se revela como un film tan pulcro y brillante en su forma, como perturbador en su fondo. Su argumento (si es que existe un argumento como tal), gira en torno a un protagonista encarnado por Dennis Lavant, habitual actor fetiche del realizador y alter ego en la pantalla de éste, que se pasea en una limusina por un Paris bellamente fotografiado, interpretando distintos personajes que realizan otras tantas perfomances en diferentes puntos de la ciudad.

No hay una continuidad convencional en la historia; se podría decir que son segmentos separados unos de otros, pese a lo cual, Carax consigue el milagro de que toda la película transcurra con una conseguida naturalidad, sin que el público tenga la sensación de que se interrumpe bruscamente lo que está sucediendo para pasar a algo completamente distinto. De la misma manera, “Holy motors” abarca distintos géneros cinematográficos, desde la comedia excéntrica hasta el cine de acción, pasando por el musical o el melodrama, siendo no pocos los momentos en que logra conmover al espectador. A ello contribuye sobremanera su entregado reparto, sobre todo el ya mencionado Dennis Lavant, cuyo camaleónico trabajo resulta asombroso.

Por otra parte, sorprende la solidez que muestra en esta película su director, rodando con el buen pulso propio del mejor cine clásico. Por muy extraño, desconcertante o incluso bizarro que sea lo que sucede ante nosotros, lo cierto es que cada plano está perfectamente enmarcado, los movimientos de cámara son de una enorme elegancia y el ritmo narrativo logrado con el montaje no se acelera ni decae en ningún momento. En este sentido, Carax se acerca en este film a realizadores como David Lynch o incluso Stanley Kubrick, aunque el universo del director francés es totalmente propio.

En “Cultura y algo más” os recomendamos que gocéis de la experiencia que supone visionar “Holy motors”.

Ricard.

Trailer oficial de “Holy motors”

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