Breece D´J Pancake: ¡Maldito malditismo!

Como es bien sabido, las teorías psicoanalíticas nos hablan de una doble tendencia instintiva en el ser humano: el eros (es decir, la pulsión que nos lleva hacia el sexo y, por extensión, a la reproducción y la preservación de la especie), y el thanatos (aquello que nos mueve a utilizar la violencia, una tendencia destructiva que, paradójicamente, puede ayudarnos a sobrevivir en según que situaciones). Tal dicotomía ha sido y es fuente de estudio y reflexión en casi todos los ámbitos del conocimiento humano, desde los científicos hasta los sociales, filosóficos y, por supuesto, artísticos.

Tampoco resulta especialmente novedoso comentar que en la naturaleza casi todo tiene una doble vertiente que puede ser positiva o negativa según los casos, de la misma forma que las virtudes y los defectos de los individuos suelen ser una misma cosa (ser ordenado está bien, ser demasiado ordenado puede resultar un auténtico engorro para las personas que estén a nuestro alrededor que probablemente nos tratarán de maniáticos).

Hace unos meses, mientras curioseaba por una conocida librería situada en el centro de Barcelona, mi mirada fue a parar a la portada de un libro que me llamó especialmente la atención. Los motivos de ello fueron varios: en primer lugar, la editorial que publicaba el libro, Alpha Decay, la cual viene haciendo una labor estupenda habiendo creado, de un tiempo a esta parte, un catálogo de títulos realmente interesante, con autores, en ocasiones, poco o nada conocidos aquí. Otra razón que me hizo coger aquel libro en particular fue la portada en la que se observa la cabeza de un zorro. No tengo una fijación especial por dicho animal pero, por algún motivo, ese dibujo me resultó poderosamente atractivo. Y finalmente, diría que otra causa que hizo que me sintiera interesado por aquel libro fue el nombre de su autor, el cual me pareció un tanto exótico y en cualquier caso de difícil pronunciación: Breece D´J Pancake.

En realidad, el nombre del escritor proviene de una errata ocurrida en una revista literaria en la que algunos de sus relatos fueron publicados. Por alguna razón, Pancake decidió firmar a partir de entonces sus cuentos manteniendo dicha errata. De todas formas, fuese cual fuese el motivo que hizo que aquel libro captara mi interés, lo cierto es que podría haberlo devuelto al lugar de donde lo había cogido, como habré hecho tantas otras veces en otras tantas situaciones similares, después de leer su contraportada y hojearlo brevemente. Sin embargo, decidí comprar ese libro y llevármelo a casa. ¿Cuál fue la razón que me impulsó a ello?

Me temo que algo del thanatos que todos llevamos dentro tuvo que ver en esta resolución. En la mencionada contraportada del libro se empieza hablando del autor de la siguiente forma: “Breece D’J Pancake se suicidó en Charlottesville en 1979 a la edad de veintiséis años”. También en la web de la editorial Alpha Decay aparece esta frase en la página donde se informa de la obra. Debo confesar, pues, que el hecho de saber que el autor se suicidó a tan temprana edad jugó morbosamente a favor de mi decisión de comprar el libro.

Esta reflexión a posteriori me ha hecho ver hasta que punto aquéllos que consumimos cultura en sus diferentes disciplinas podemos sentirnos seducidos a veces por eso que hemos venido a llamar “malditismo” en el arte. Una atracción que, como ocurre en ocasiones cuando nos dejamos llevar por nuestros instintos, nos puede jugar una mala pasada. Lo cierto es que el hecho de que un escritor se suicide a los veintiséis años no debería suponer un condicionante que tener en cuenta a la hora de evaluar su obra. Podría haberse dado el caso de que, “Trilobites”, que es como se titula el libro en cuestión, hubiese sido un completo desastre. Que, por una vez, el habitual buen criterio de Alpha Decay no hubiese sido tal.

Pero no es el caso. “Trilobites” es un libro de relatos francamente recomendable. Una obra que respira una enorme verosimilitud y en la que se muestra de una forma sorprendente, dada la juventud del autor cuando escribió los cuentos, una voz literaria, quizá emparentada con otras grandes de la narrativa norteamericana (Hemingway, Steinbeck o incluso Faulkner), pero de una fuerte, singularísima personalidad. Un libro que tendría el mismo valor si el escritor hubiese vivido, con todas las vicisitudes que ello implica, hasta una edad tardía. De hecho, cabe lamentar redobladamente que no haya sido así. Releyendo algunos de los relatos que componen “Trilobites” (sutiles historias que versan sobre personas de origen humilde en un entorno rural, de espacios abiertos), me doy cuenta de la gran pérdida que supone la desaparición de Pancake, de todo lo que podría haber dado con los años.

Quizá hablar  de “malditismo” resulte un tanto injusto en el caso de este autor, dado que en su corta vida disfrutó de cierto reconocimiento literario y que no nos consta que su personalidad fuera especialmente excesiva, siendo las razones de su suicidio, todavía, un misterio. En cualquier caso, vale la pena acercarse a su sucinta pero brillante obra y es algo que queremos aconsejar en “Cultura y algo más”. Pero no lo hagáis por los motivos equivocados, como yo. Que sea el amor a la buena literatura lo que os impulse a ello.

Ricard.

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