Archivo mensual: noviembre 2012

“Holy Motors”: Cine sagrado.

Si hay un director que personifica la figura de cineasta de culto como ningún otro ese es Leós Carax (Suresnes, Francia, 1960). Autor de obras reverenciadas en los circuitos artísticos como “Boy meets girl” o “Les amants du Pont Neuf”, Carax se ha ganado la reputación de enfant terrible del cine francés y europeo, cultivando  un estilo completamente libre, personal e intransferible, bordeando siempre la fina línea que separa el cine comercial convencional, y eso que a menudo se ha venido a llamar arte y ensayo.

Ahora nos llega su nuevo largometraje, “Holy motors”, el primero que el realizador termina tras los 11 años transcurridos desde el estreno de su anterior obra, la polémica (en realidad todas sus películas lo son en mayor o menor medida) “Pola X”. Vaya por delante que quien firma este texto no es alguien que simpatice especialmente con ciertas tendencias presentes en distintas disciplinas artísticas que en ocasiones intentan vender como el súmmum de la originalidad e innovación aquello en lo que solo hay artificiosidad y un exceso de ombliguismo. Por lo que se refiere a Carax, alguno de sus anteriores films me había parecido tan estimulante en algunos momentos, como pretencioso y megalómano en otros. No ha sido el caso de “Holy motors”, película que he disfrutado plenamente.

Estrenada con gran éxito de crítica en el pasado Festival de Cannes, pese a lo cual no logró llevarse ningún premio, y recompensada en el reciente Festival de Sitges con los galardones a mejor película y director, “Holy motors” se revela como un film tan pulcro y brillante en su forma, como perturbador en su fondo. Su argumento (si es que existe un argumento como tal), gira en torno a un protagonista encarnado por Dennis Lavant, habitual actor fetiche del realizador y alter ego en la pantalla de éste, que se pasea en una limusina por un Paris bellamente fotografiado, interpretando distintos personajes que realizan otras tantas perfomances en diferentes puntos de la ciudad.

No hay una continuidad convencional en la historia; se podría decir que son segmentos separados unos de otros, pese a lo cual, Carax consigue el milagro de que toda la película transcurra con una conseguida naturalidad, sin que el público tenga la sensación de que se interrumpe bruscamente lo que está sucediendo para pasar a algo completamente distinto. De la misma manera, “Holy motors” abarca distintos géneros cinematográficos, desde la comedia excéntrica hasta el cine de acción, pasando por el musical o el melodrama, siendo no pocos los momentos en que logra conmover al espectador. A ello contribuye sobremanera su entregado reparto, sobre todo el ya mencionado Dennis Lavant, cuyo camaleónico trabajo resulta asombroso.

Por otra parte, sorprende la solidez que muestra en esta película su director, rodando con el buen pulso propio del mejor cine clásico. Por muy extraño, desconcertante o incluso bizarro que sea lo que sucede ante nosotros, lo cierto es que cada plano está perfectamente enmarcado, los movimientos de cámara son de una enorme elegancia y el ritmo narrativo logrado con el montaje no se acelera ni decae en ningún momento. En este sentido, Carax se acerca en este film a realizadores como David Lynch o incluso Stanley Kubrick, aunque el universo del director francés es totalmente propio.

En “Cultura y algo más” os recomendamos que gocéis de la experiencia que supone visionar “Holy motors”.

Ricard.

Trailer oficial de “Holy motors”

Deja un comentario

Archivado bajo Cine y TV

Breece D´J Pancake: ¡Maldito malditismo!

Como es bien sabido, las teorías psicoanalíticas nos hablan de una doble tendencia instintiva en el ser humano: el eros (es decir, la pulsión que nos lleva hacia el sexo y, por extensión, a la reproducción y la preservación de la especie), y el thanatos (aquello que nos mueve a utilizar la violencia, una tendencia destructiva que, paradójicamente, puede ayudarnos a sobrevivir en según que situaciones). Tal dicotomía ha sido y es fuente de estudio y reflexión en casi todos los ámbitos del conocimiento humano, desde los científicos hasta los sociales, filosóficos y, por supuesto, artísticos.

Tampoco resulta especialmente novedoso comentar que en la naturaleza casi todo tiene una doble vertiente que puede ser positiva o negativa según los casos, de la misma forma que las virtudes y los defectos de los individuos suelen ser una misma cosa (ser ordenado está bien, ser demasiado ordenado puede resultar un auténtico engorro para las personas que estén a nuestro alrededor que probablemente nos tratarán de maniáticos).

Hace unos meses, mientras curioseaba por una conocida librería situada en el centro de Barcelona, mi mirada fue a parar a la portada de un libro que me llamó especialmente la atención. Los motivos de ello fueron varios: en primer lugar, la editorial que publicaba el libro, Alpha Decay, la cual viene haciendo una labor estupenda habiendo creado, de un tiempo a esta parte, un catálogo de títulos realmente interesante, con autores, en ocasiones, poco o nada conocidos aquí. Otra razón que me hizo coger aquel libro en particular fue la portada en la que se observa la cabeza de un zorro. No tengo una fijación especial por dicho animal pero, por algún motivo, ese dibujo me resultó poderosamente atractivo. Y finalmente, diría que otra causa que hizo que me sintiera interesado por aquel libro fue el nombre de su autor, el cual me pareció un tanto exótico y en cualquier caso de difícil pronunciación: Breece D´J Pancake.

En realidad, el nombre del escritor proviene de una errata ocurrida en una revista literaria en la que algunos de sus relatos fueron publicados. Por alguna razón, Pancake decidió firmar a partir de entonces sus cuentos manteniendo dicha errata. De todas formas, fuese cual fuese el motivo que hizo que aquel libro captara mi interés, lo cierto es que podría haberlo devuelto al lugar de donde lo había cogido, como habré hecho tantas otras veces en otras tantas situaciones similares, después de leer su contraportada y hojearlo brevemente. Sin embargo, decidí comprar ese libro y llevármelo a casa. ¿Cuál fue la razón que me impulsó a ello?

Me temo que algo del thanatos que todos llevamos dentro tuvo que ver en esta resolución. En la mencionada contraportada del libro se empieza hablando del autor de la siguiente forma: “Breece D’J Pancake se suicidó en Charlottesville en 1979 a la edad de veintiséis años”. También en la web de la editorial Alpha Decay aparece esta frase en la página donde se informa de la obra. Debo confesar, pues, que el hecho de saber que el autor se suicidó a tan temprana edad jugó morbosamente a favor de mi decisión de comprar el libro.

Esta reflexión a posteriori me ha hecho ver hasta que punto aquéllos que consumimos cultura en sus diferentes disciplinas podemos sentirnos seducidos a veces por eso que hemos venido a llamar “malditismo” en el arte. Una atracción que, como ocurre en ocasiones cuando nos dejamos llevar por nuestros instintos, nos puede jugar una mala pasada. Lo cierto es que el hecho de que un escritor se suicide a los veintiséis años no debería suponer un condicionante que tener en cuenta a la hora de evaluar su obra. Podría haberse dado el caso de que, “Trilobites”, que es como se titula el libro en cuestión, hubiese sido un completo desastre. Que, por una vez, el habitual buen criterio de Alpha Decay no hubiese sido tal.

Pero no es el caso. “Trilobites” es un libro de relatos francamente recomendable. Una obra que respira una enorme verosimilitud y en la que se muestra de una forma sorprendente, dada la juventud del autor cuando escribió los cuentos, una voz literaria, quizá emparentada con otras grandes de la narrativa norteamericana (Hemingway, Steinbeck o incluso Faulkner), pero de una fuerte, singularísima personalidad. Un libro que tendría el mismo valor si el escritor hubiese vivido, con todas las vicisitudes que ello implica, hasta una edad tardía. De hecho, cabe lamentar redobladamente que no haya sido así. Releyendo algunos de los relatos que componen “Trilobites” (sutiles historias que versan sobre personas de origen humilde en un entorno rural, de espacios abiertos), me doy cuenta de la gran pérdida que supone la desaparición de Pancake, de todo lo que podría haber dado con los años.

Quizá hablar  de “malditismo” resulte un tanto injusto en el caso de este autor, dado que en su corta vida disfrutó de cierto reconocimiento literario y que no nos consta que su personalidad fuera especialmente excesiva, siendo las razones de su suicidio, todavía, un misterio. En cualquier caso, vale la pena acercarse a su sucinta pero brillante obra y es algo que queremos aconsejar en “Cultura y algo más”. Pero no lo hagáis por los motivos equivocados, como yo. Que sea el amor a la buena literatura lo que os impulse a ello.

Ricard.

Deja un comentario

Archivado bajo Literatura y Cómic

Community management para productos y eventos culturales: 5 consejos a tener en cuenta.

“Community management” es una expresión acuñada a raíz de la aparición y rápida expansión de las llamadas redes sociales (facebook, twitter, lindkedin), con la que se denomina la gestión en estos medios de la comunicación entre un determinado producto, marca, entidad o empresa, y sus posibles consumidores o usuarios. Alrededor de dicha expresión se ha generado una cierta burbuja formativa, surgiendo en muy poco tiempo y por doquier toda clase de cursos y postgrados relacionados con ésta. Al margen de eso, no podemos desdeñar la importancia que ha obtenido la gestión de marketing y comunicación en redes sociales en los últimos años.

Lo cierto es que, si las mencionadas redes sociales han cambiado rápidamente las reglas del juego por lo que se refiere a las relaciones interpersonales, otro tanto podemos decir en nuestra manera de consumir. Los social media han impulsado la interacción de los ciudadanos con aquello en lo que están interesados, es decir, ahora no nos limitamos a comprar y consumir sin más, si no que queremos saber cómo podemos sacar el máximo partido de eso que hemos comprado, de qué manera conservarlo mejor, cómo y dónde se ha facturado, con qué otros productos puede combinar bien, etc. Y para ello buscamos a alguien, un representante de esa marca o empresa cuyo producto hayamos adquirido, que sea capaz de dar respuesta a nuestras dudas o generar un interés especial en nuevos artículos que se quieran lanzar al mercado. Si no obtenemos respuestas, las personas tendemos a decantarnos por otro producto de otra empresa o entidad que sí sea capaz de ofrecer una buena comunicación.

Si todo esto es cierto para una marca de chocolate o una de detergente, no lo es menos para un producto cultural sea del tipo que sea. Aun no siendo el único factor que puede llevar al éxito un artículo o evento que queramos promocionar, la capacidad para crear interés que tienen las redes sociales, su rápida, sencilla y barata forma de comunicar lo que queramos a muchos posibles usuarios, son aspectos que no debemos obviar. Conformarse con una forma de difusión plana, unidireccional, con consumidores pasivos de quien no recabamos información directamente, puede resultar poco menos que un esfuerzo estéril en unos tiempos en que las estadísticas indican que el tiempo que se pasa ante el ordenador puede superar (sobre todo en una franja de edad joven), al consumo de televisión o de medios tradicionales escritos.

En “Cultura y algo más” hemos decidido aventurarnos a dar 5 consejos para todos aquellos que quieran utilizar las redes sociales como forma de promoción de una entidad, producto o evento cultural:

1. Gestiona tú mismo la comunicación en redes sociales: como hemos comentado al principio de este post, el community management ha generado una suerte de burbuja formativa, haciendo que rápidamente haya surgido un gran número de personas, profesionales venidos de toda clase de ramas, expertos en comunicación y marketing en los social media. Sin embargo, el sector cultural tiene unas peculiaridades que hacen que sea mucho más interesante que el propio gestor, o incluso el artista, músico o escritor, realice las tareas de comunicación en redes sociales.  En este post hemos estado hablando de “producto” cultural. Pero como sabemos los profesionales de la cultura, no tenemos entre manos solamente un producto de consumo. Hay algo más que resulta incorpóreo. Podríamos hablar de los valores sociales, educativos o, por qué no, espirituales que tiene la cultura. Valores que probablemente un profesional del marketing no tenga suficientemente en cuenta, tendiendo a realizar acciones de fidelización (descuentos, abonos y demás), sin buscar un auténtico compromiso por parte del usuario de la cultura.

2. Únete a una buena causa: asociar el evento que queramos divulgar o nuestro producto con algún acto reivindicativo o solidario, puede generar una rápida simpatía entre los posibles consumidores o usuarios que además tenderán a compartir la información que les hayamos proporcionado, generándose un fenómeno de marketing viral que puede dar muy buenos resultados. ¡Ojo! Esto no significa que esta asociación tenga que ser gratuita o falsa. La gente no es tonta y enseguida verán si realmente estás comprometido con aquello con lo que quieres que te relacionen. En nuestro primer post en este blog, colgamos una imagen en la que se leía “La cultura no es un lujo” y que se había movido por internet en los días previos a la subida del IVA en España al 21% en productos culturales. Lo hicimos porque creíamos (y seguimos creyendo) en ese lema y porque, además, nos pareció una buena forma de arrancar un espacio como éste.  Gracias a ello obtuvimos un gran número de visitas en los primeros días después de la creación del blog.

3. No tengas prisa en crear un grupo o una página en Facebook o Twitter: no es lo mismo querer promocionar un evento concreto (por ejemplo, un concierto), que un producto cultural (un libro) o una empresa que se dedique a la gestión de espacios de exposición. Crear un grupo o una página para según que cosas puede resultar una pérdida de tiempo o un esfuerzo suplementario poco útil. Valora si es más factible crear un evento o simplemente comunicar a tus contactos aquello que quieres divulgar. Es más que probable que si dispones de más de 500 amigos en Facebook y creas un grupo, solo un tanto por ciento muy pequeño de tus contactos se unan a éste, y por tanto, solo ellos verán la información que cuelgues en el muro de dicho grupo. En cambio, si esta información aparece en tu perfil, existe la posibilidad potencial de que esos 500 amigos la vean e incluso la compartan, como nos ocurrió a nosotros con nuestro primer post. En el caso de la mencionada red social, es recomendable que la comunicación que pongamos en nuestro muro sea abierta al público. De esta manera, cada vez que uno de nuestros amigos pulse a la acción “me gusta” o haga algún comentario al respecto de eso que hemos colgado, la información será visible para los amigos de nuestros amigos, los cuales, a su vez, pueden igualmente pulsar a la acción “me gusta” o hacer comentarios de manera que lo vean otros usuarios de Facebook, generándose así un efecto “viral” muy interesante. Pasado un tiempo, nos podemos plantear de nuevo la posibilidad de crear un grupo o página a la que se puedan suscribir los usuarios que hayan conocido por distintos medios nuestra web, blog, empresa o producto/evento cultural, con el objeto de fidelizar la comunicación con ellos y establecer nuevos canales de acceso a la información que queremos dar a conocer.

4. Personaliza el producto o empresa: la filosofía de las redes sociales es la de compartir y generar una comunicación activa entre sus usuarios, al margen del tipo de relación que exista entre ellos. Por eso es positivo que se asocie un producto con una personalidad concreta. Nuevamente estamos hablando de compromiso con aquello que hacemos, y la percepción positiva que puedan tener a partir de ello los posibles consumidores o usuarios. Los tiempos del músico o escritor divo que vivía en un mundo aislado han pasado a mejor vida. Lo mismo para los gestores o directivos de una empresa o entidad cultural. Ello no implica “vender” nuestra intimidad, pero sí comunicar nuestros gustos, dialogar con nuestro posible público e incluso implicarnos en debates que puedan generar controversia o polémicas.

5. Ten paciencia: las prisas por conseguir un gran número de posibles consumidores o usuarios de nuestro producto nos pueden generar mucha frustración. En parte debido a que se cree que las redes sociales funcionan de una manera casi mágica, en que la comunicación fluye en todas direcciones con gran rapidez, tendemos a pensar que la información que lancemos en ellas nos proporcionará buenos resultados casi instantáneos. Hasta tal punto podemos concentrarnos y casi obsesionarnos con los social media que, en ocasiones, olvidamos lo más importante, que es el producto que queremos generar. Sencillamente, si éste es realmente bueno, aumentaremos nuestras posibilidades de obtener el éxito. Un éxito que, tal y como hemos comentado en el primer punto, se mide de forma distinta cuando estamos hablando de cultura (no necesariamente de forma cuantitativa). Como hemos dicho, la gente busca el compromiso en aquello que hacemos, y las redes sociales son una manera de mostrar dicho compromiso. Eso implica, sobre todo, perseverancia, trabajo y esfuerzo. Como casi todo lo que vale la pena en la vida.

Ricard.

4 comentarios

Archivado bajo General

Cine y literatura (I): Sobre el oficio de escritor.

“Cultura y algo más” inicia esta nueva serie que tratará sobre la relación entre cine y literatura.

En esta primera entrega, nos dedicamos a dos películas que coinciden en la cartelera actual y que queremos recomendar: “Ruby Sparks” y “El ladrón de palabras”.

La primera, dirigida por Jonathan Dayton y Valerie Faris (conocidos por su anterior trabajo, “Little Miss Sunshine”), con guión de Zoe Kazan (nieta del célebre director de cine Elia Kazan) y protagonizada por Paul Dano y ella misma, nos cuenta la historia de Calvin Weir-Fields, un joven e introvertido escritor que quiere superar un período de esterilidad creativa mediante la creación de un personaje femenino, Ruby Sparks, del que se enamora. Ruby cobra vida inesperadamente y se convierte en la compañera ideal para Calvin, manipulable a su antojo (mediante las páginas que él va escribiendo sobre ella). Pero poco a poco, Ruby va evolucionando y adquiriendo más personalidad y autonomía.

Esta fábula habla sobre el proceso de una relación sentimental, sobre cómo aceptar a la pareja integramente, respetar su libertad y no compararla con nadie.

“Ruby Sparks” es una obra viva, dinámica, amarga y divertida a la vez, que aporta frescura al panorama cinematográfico actual y augura un buen futuro para el equipo que la ha hecho posible.

Trailer oficial de “Ruby Sparks”

En cuanto a la segunda,  ópera prima de la pareja de directores y guionistas Brian Klugman y Lee Sternthal,  protagonizada por Bradley Cooper, Jeremy Irons y Dennis Quaid,  trata sobre un modesto escritor que llega a ser famoso a costa de otro, que se queda en la sombra. El personaje principal pasa de ser un joven con ilusiones acerca de su futuro a ser un hombre sin escrúpulos que vende su alma para poder triunfar. Bajo la apariencia de una persona segura de sí misma se esconde un ser lleno de amargura, que pretende ahogar sus penas con un buen vino y una joven admiradora llena de entusiasmo, pero no lo consigue, pues no puede aceptarse tal como es, alguien que sacrificó sus sueños para alcanzar una popularidad no merecida, y se da cuenta de que eligió el camino equivocado.

En cambio, el verdadero escritor sacrificó su obra debido a un fracaso amoroso. En un punto de la historia, los dos hombres se encuentran, pero el primero no quiere demandar ni dañar al segundo, pues se encuentra en el crepúsculo de su vida y ya no tiene sentido. El conflicto resultante genera una interesante reflexión sobre el acto creativo.

Trailer oficial de “El ladrón de palabras”

Laura.

Deja un comentario

Archivado bajo Cine y TV, Literatura y Cómic

Herman Hesse: Medio siglo de humanismo.

Este 2012 se han cumplido 50 años de la muerte de Herman Hesse, en realidad Herman Karl Hesse, nacido en Calw, Baden-Württemberg (Alemania) el 2 de julio de 1877; escritor, poeta, ensayista y pintor, reconocido popular y académicamente (recibió el premio Nobel de literatura en 1946), considerado muchas veces como un autor de iniciación, una referencia para los movimientos contraculturales surgidos desde mediados de la década de los 50s del siglo pasado, y un escritor de enorme influencia intelectual en el mundo occidental.

Y con todo lo dicho, el 2012 encara su tramo final sin que tan señalada efeméride parezca haberse traducido en un reavivado interés en su obra más allá de su Alemania natal y de Suiza, país en el que vivió buena parte de su vida tras nacionalizarse allí. Quizá la calificación de Hesse como escritor “popular” juegue un tanto en su contra cuando se trata de juzgar su obra con la justicia que merece, pues muchas veces se tiende a caer en el tópico, en cierta acomodada condescendencia, dando por hecho que es uno de esos autores que se descubren de forma natural por parte de cualquier lector mínimamente inquieto.

Lo cierto es que la obra de Hesse se nos antoja, bien entrado el siglo XXI, más moderna, revolucionaria y, en cierta forma, transgresora que nunca. No en vano, buena parte de lo que destila la lectura de títulos como “Siddhartha”, “Demian”, “Narciso y Goldmundo”, “El juego de los abalorios” o, sobre todo, “El lobo estepario” (novela que supuso en su momento, para quien escribe esto, un auténtico cataclismo interior), es una apuesta por el ser humano, su bienestar físico y, aún más, espiritual, algo que choca con el exacerbado materialismo que parece presidir el debate público en estos momentos de fuerte crisis económica.

Hesse fue un hombre de juventud difícil, rebelde y atormentada, llegando incluso a flirtear con el suicidio. Su evolución como autor no es ajena a ciertas contradicciones, a una continua lucha interior entre el deseo de una absoluta libertad individual y una necesidad de pertenencia a una sociedad equilibrada y justa. Todo ello se refleja en una búsqueda personal que le llevó a viajar a la India y otros países orientales, lugares de donde extrajo aprendizajes relacionados con el budismo que tendrían una fuerte influencia en novelas como “Siddhartha” o “Demian”.

Sin embargo, es en “El lobo estepario” donde parece cristalizar definitivamente toda la esencia de su obra. Novela algo densa (su primera lectura no suele resultar fácil), está estructurada en cuatro partes que, mediante distintas voces, nos ofrecen una mirada caleidoscópica de la compleja psicología de su protagonista, Harry Haller, cuya naturaleza se desdobla desde la propia del “lobo estepario” a la que se refiere el título del libro (es decir, una agresiva individualidad, una tendencia al aislamiento social, un hedonismo compulso, y aún, una visión desesperada e incluso nihilista de la vida), a otra más espiritual, redimida en parte gracias al amor y en la que el placer y la alegría de vivir marcan la pauta como forma de salvación del individuo en una sociedad alienante, incapaz de erradicar la injusticia o la violencia como formas de solucionar sus conflictos.

Herman Hesse, poco proclive a la exposición pública pese a su fama, vivió en su residencia de Montagnola, en Suiza, desde 1919 hasta 1962, año en que murió (se dice que en paz interior) a la edad de 85 años, mientras dormía. Medio siglo después, creemos que su obra mantiene su vitalidad y transcendencia intactas. Desde “Cultura y algo más” recomendamos encarecidamente la lectura o relectura de sus libros.

Ricard.

Deja un comentario

Archivado bajo Literatura y Cómic