Archivo mensual: septiembre 2012

El “book tráiler”: Una opción de marketing editorial en expansión.

Hace alrededor de una década nacieron los llamados “book trailers” o “tráilers literarios”, una suerte de avances con imágenes y sonido, semejantes a los que se hacen para el cine, con los cuales se pretende promocionar un nuevo lanzamiento editorial. El primero del que se tiene constancia oficial pertenece al libro “Dark simphony” de Christine Feehan y fue presentado en una convención literaria en Los Angeles el año 2003, si bien es seguro que ya se habían realizado algunos con anterioridad.

Normalmente tienen una duración de unos 30 a 60 segundos, y las imágenes que se utilizan suelen ser de archivo (documentales, películas, montajes fotográficos), mezcladas con algún tipo de presentación elaborada ya sea con animaciones, infografía u otras técnicas. Sin embargo, no es imposible encontrar tráilers literarios con imágenes rodadas expresamente para éstos, sobre todo cuando se trata de lanzamientos de libros que, se prevé, tendrán gran éxito de ventas.

En países como Estados Unidos son muy habituales y tienen bastante aceptación gracias a su difusión por las redes sociales, mientras que en España u otros estados europeos, su uso todavía no está tan extendido, si bien las editoriales se animan, cada vez más, a utilizarlos como forma de dar a conocer sus novedades.

Se emplean sobre todo en el lanzamiento de novelas, pero también se publicitan con ellos otros géneros como la poesía. Es el caso del nuevo libro, de inminente aparición, de Paul Auster:

Su eficacia como instrumento de marketing viral es difícil de precisar. Sus detractores afirman que el hecho de que se quiera utilizar un tipo de publicidad tan visual para un producto literario, resulta, en cierta forma, un contrasentido, y que los lectores habituales prefieren otros métodos, desde la lectura de revistas y suplementos literarios, hasta las visitas a librerías o el consabido boca/oreja, para averiguar cuáles son los títulos que les pueden interesar.

Sin embargo, en una época como la actual en que las personas viven cada vez más interconectadas a través de las redes sociales, su potencial como forma de promoción no es algo que haya que desdeñar. Lo cierto es que nos encontramos en unos tiempos en que el lenguaje audiovisual suele predominar por encima del textual, y el uso de este tipo de vídeos puede resultar una buena forma de “enganchar” a nuevos lectores, sobre todo jóvenes que ya están habituados a los flamantes soportes (tabletas, smartphones) en que se instala el libro digital.

Aquí tenéis otro ejemplo reciente de tráiler literario. En este caso se trata de una novela:

Este tipo de tráilers, escuetos en información y que pretenden ser la antesala de una campaña de marketing completa, son conocidos como “teaser trailers”, y es un formato que se usa de forma habitual en cine, y de manera más parca, en música. Ofrecen al posible consumidor un mensaje publicitario planteado como un enigma y que estimula a éste a querer saber más sobre el producto anunciado.

De todo lo dicho, lo que parece estar claro es que las posibilidades que nos ofrece internet y el mundo digital para promocionar nuestros productos culturales (sean de la categoría que sean), no parecen tener fin.

Ricard.

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Oscar Molina: Pasión por el teatro (I).

Oscar Molina

Formado con Els Joglars y en la prestigiosa escuela de interpretación Jacques Lecoq de París, Oscar Molina, director teatral y pedagogo tiene un amplio currículum que abarca desde “Cyrano de Bergerac” hasta la aún no estrenada “Van Gogh”.

En “Cultura y algo más” hemos podido hablar con él recientemente. Resumimos parte del contenido de tan interesante conversación en esta entrada y próximamente podréis leer el resto en siguientes posts.

Su intervención en “Agost”, de Tracy Letts, en el TNC, una obra aclamada por crítica y público,  ha significado uno de los momentos cumbres de su carrera como actor. En esta obra, calificada por su director, Sergi Belvel, como la gran tragicomedia sobre la familia del siglo XXI, pudo compartir cartel con Anna Lizarán y Emma Vilarasau.

            

En poco tiempo hemos tenido el placer de ver en Barcelona las obras “Absent” en Versus Teatre y “David y Sara” en el Teatre Gaudí Barcelona, ambas dirigidas por él. La primera es un impactante monólogo de Fermí Casado y la segunda una innovadora obra de Ever Blanchet que trata sobre una historia de amor nada convencional. Se aprecia una gran implicación de los actores, que dejan todo sobre el escenario (aquí Oscar Molina se muestra como un gran director de actores), y un papel relevante de la música, que entra a formar parte activa de la obra para dejar huella en el espectador: En “Absent”, la música electrónica atraía al espectador para suavizar el efecto del monólogo y en “David y Sara”, la melodía sirve de hilo conductor para la historia contada en flashback.

Actualmente está inmerso en dos proyectos: uno actoral, en “El mestre i Margarita”, la adaptación de la gran novela de Mikhail Bulgakov, dirigida por Pep Tosar para el prestigioso festival Temporada Alta, y otro como director en “Van Gogh” de Ever Blanchet, con Roger Pera como protagonista, para el Teatre Gaudí de Barcelona, mientras “David y Sara” continúa en cartel hasta finales de octubre.

Laura.

Para más información clica abajo:

Teatre Gaudí (obras en cartel de Oscar Molina)

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Michel Houellebecq: En busca de la novela total (I).

El pasado miércoles día 19, el escritor Michel Houellebecq estuvo en Barcelona presentando en el Liceo Francés la recopilación bilingüe (francesa y castellana) de su obra poética, que Anagrama ha editado recientemente con el título de “Poesía” .

Houllebecq, nacido hace 54 años en Saint-Pierre, isla de La Reunión (Francia), está considerado uno de los escritores más importantes de la actualidad, no solo en Francia o Europa, si no mundialmente.

Novelista, ensayista y poeta, queremos analizar (y recomendar) aquí su obra narrativa, por cuanto consideramos que ésta nos ayuda a tener una visión más clara sobre el mundo en que vivimos, algo a lo que muy pocos autores contemporáneos han conseguido acercarse. Sin ir más lejos, la perspectiva que podamos tener sobre la crisis económica en la que estamos sumergidos, cambiará, probablemente, después de leer sus novelas.

Provocativas, conmovedoras, divertidas, lúcidas, inteligentes, técnicamente brillantes, llenas de ideas y sugerencias para el lector, las novelas de Houllebecq son un compendio que parece aglutinar con naturalidad toda clase de géneros (ensayo, relato, poesía) creando un todo uniforme que bien podríamos considerar como la novela total.

En esta entrada hablaremos de sus dos primeros títulos y seguiremos con el resto de su obra próximamente:

“Ampliación del campo de batalla” (1994)

La primera novela del autor parece sentar las bases de todas la preocupaciones y temáticas que irán apareciendo en sus obras posteriores. Con tintes claramente autobiográficos, nos cuenta la historia de un informático treintañero que empieza a trabajar para el ministerio de agricultura francés (Houllebecq también lo hizo durante una época de su vida). Se trata de un personaje sumergido en una profunda desidia espiritual, alienado y totalmente frustrado por no conseguir sentirse pleno con todo aquello (materialismo, sexualidad compulsiva, relaciones superficiales) que la sociedad neoliberal parece haber estandarizado como natural. Junto a un tímido y acomplejado compañero de aspecto físico rayano en lo grotesco, realizará una pequeña odisea por la Francia actual a cuenta de su trabajo, que resultará en una crisis existencial en toda regla. Admirablemente bien estructurada y escrita, la obra, pese al tono sombrío que mantiene durante casi toda su extensión, no está exenta de humor y resulta de lectura ágil. Por su concisión y capacidad de generar ideas, nos atreveríamos a decir que se queda a las puertas de ser una obra maestra.

“Las partículas elementales” (1998)

Esta segunda novela se puede considerar, en cierta forma, la versión corregida y aumentada de su primera obra. Argumentalmente tienen puntos en común, pues en este caso la historia se centra en dos personajes, hermanastros cercanos a los 40 años, sumidos en una situación de soledad y negación espiritual que los emparenta con el protagonista de “Ampliación…”. Además, los elementos autobiográficos también están presentes como ya ocurría en su primera novela. Por otro lado, Houllebecq consigue estilizar todavía más la mezcla de géneros literarios, haciendo que pasemos de pasajes cercanos al ensayo científico, incluso con cierta densidad explicativa, a otros que bien se podrían estimar próximos a una novela erótica o incluso pornográfica, sin que nada chirríe en ningún instante. De fondo continua la crítica contra una sociedad ególatra, que huye del compromiso e idolatra la juventud como la única realidad posible. De alguna manera, el autor se revela aquí como un moralista, capaz de incomodar igualmente a sensibilidades conservadoras y progresistas. Puede que formalmente algo menos conseguida que su predecesora, es también menos fría; incluso, por momentos, resulta conmovedora, dado que el autor mantiene menos la distancia con sus personajes. En cualquier caso, por la gran cantidad de ideas críticas sobre nuestra realidad que contiene la obra, se nos antoja tan imprescindible como su primer libro.

Ricard.

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Pussy Riot: El arte como transgresión.

¿Cuál es el propósito del arte? Esta recurrente pregunta resulta casi tan antigua como la humanidad misma. Nuestros ancestros prehistóricos dibujaban en las oscuras cavernas donde buscaban refugio, representaciones de su vida cotidiana como cazadores y recolectores. Así mismo, esculpían, en piedra u otros materiales, ampulosas figuras femeninas como símbolo de la maternidad. En un principio pues, se puede decir que los seres humanos crearon el arte como muestra de su anhelo por sobrevivir, individualmente y como especie.

A medida que las condiciones de vida del hombre han tendido a una mayor comodidad, se ha transformado igualmente la visión que se tiene sobre el fin del arte. Sería de una complejidad y pretensión enormes, analizar geográfica e históricamente como ha ido cambiando esa percepción con el tiempo. Tanto como ofrecer aquí una versión más que reducida de algo que merece largos años de estudio, análisis y comprensión.

Sin embargo, nos atreveremos a afirmar que, en la actualidad, y por lo menos en el mundo occidental que conocemos, el arte se ha convertido en un objeto de consumo más, a la par que en un instrumento de transformación sobre nosotros mismos y la realidad que nos rodea (una idea ésta, que no nos cansaremos de repetir en este blog). Así pues, si el arte genérico del que hablábamos al principio era sobre todo una forma de mostrar la realidad cotidiana del hombre, ahora podríamos asentir que la mayor aspiración de un objeto artístico es conseguir transformar esa realidad.

Pussy Riot, grupo de punk-rock ruso formado por mujeres, ha sido de gran actualidad en los últimos meses debido a la fuerte polémica que suscitó su perfomance el pasado 21 de febrero en una iglesia ortodoxa de Moscú como forma de protesta contra el gobierno del presidente Vladimir Putin. Tal actuación se saldó con la detención de tres de las integrantes de la banda y el subsiguiente juicio contra éstas que terminó con una reciente sentencia de dos años de cárcel.

Se ha afirmado desde muchos medios que el mayor mérito de las Pussy Riot ha sido llamar la atención sobre la falta de libertad democrática en un país como Rusia. Sin embargo, las simpatías que ha generado su forma de actuar en la comunidad internacional, chocan con la indiferencia o incluso la animadversión que una mayoritaria parte de la sociedad rusa ha mostrado hacia ellas, seguramente por haber realizado su actuación en una iglesia ortodoxa cuando aún escuece la herida de los largos años de prohibición y persecución religiosa durante el régimen comunista de la antigua Unión Soviética.

Si nos centramos en el valor estrictamente musical de Pussy Riot, podemos decir, alejándonos de cualquier condescendencia, que éste es prácticamente nulo. No hay nada especialmente destacable en ellas si consideramos lo que hacen como objeto cultural de consumo sin más. Si a eso añadimos que la sociedad que podrían haber pretendido movilizar, la rusa, parece darles la espalda (ergo, que la actuación de la banda no ha supuesto ningún tipo de transformación aparentemente destacable), ¿podemos considerar que la perfomance de Pussy Riot es un objeto de arte moderno fallido?

La respuesta sería claramente afirmativa si no atendiéramos a una tercera posibilidad: la del arte como transgresión. Y es que es en este punto en el que Pussy Riot merecen no ya nuestra comprensión y solidaridad, si no nuestra total adhesión. Si entendemos que el significado de “transgredir” es superar barreras, quebrantar un precepto, traspasar algo de lo establecido como legal, y aún, moralmente tolerado por una sociedad, está claro que el casi total rechazo de la sociedad rusa no se puede entender más que como una muy buena señal. Después de todo, la actuación de Pussy Riot ha puesto ante el espejo una colectividad que parece haber aceptado que una suerte de absolutismo (el comunismo) puede ser substituido por otro (la religión, la democracia perpetuante al estilo Putin), sin que haya asomo de autocrítica al respecto.

Muchas veces a lo largo de la historia hemos visto como las bases de una transformación se asientan tras el derrumbe de lo políticamente establecido como intocable. A veces son pequeños actos hechos por personas humildes los que consiguen poner en duda tales preceptos. ¿Recuerdan la anécdota de Rosa Parks, la mujer negra que se negó a ceder el asiento en un autobús a un hombre blanco allá por la Alabama de mediados de la década de los 50 del siglo pasado? Aquello, naturalmente, no tenía un envoltorio artístico, pero si les sirve el paralelismo, no fue algo que causara la simpatía de la mayor parte de la sociedad del estado de Alabama.

El acto de las Pussy Riot tiene un algo de espontaneidad que lo acerca al comportamiento de Rosa Parks. Como hemos dicho, no es una acción que haya suscitado una gran conformidad por parte de la colectividad de la que forman parte las integrantes del grupo. Pero sabemos que tras esta actuación, la comunidad artística y cultural de la federación rusa se ha puesto en pie de guerra contra lo que ya considera abiertamente como un régimen totalitario, y una minoría cada vez más representativa de ciudadanos rusos parecen dispuestos a salir a la calle para demandar mayor libertad y justicia en su país.

No es poca cosa.

Ricard.

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Bob Dylan: La tempestad que no cesa.

La vida es un eterno retorno, nos decía Nietzsche. Esa parece ser la regla en el caso de Bob Dylan, cuya (admirable) carrera parece transcurrir en círculos que se retroalimentan creando bucles temporales que funcionan por separado, pero que no podrían existir el uno sin el otro. El último de estos ciclos parece empezar con esa obra maestra que es “Time out of mine” (1997) y quizá se cierre con el recientemente publicado “Tempest”, un disco en el que el bardo de Duluth parece querer postularse, una vez más, como firme candidato al premio Nobel de literatura. No en vano, su voz (una voz quebrada, rota por la edad y la experiencia, pero llena de expresividad) aparece en primer plano durante toda la escucha del álbum. Un Dylan más escritor que nunca pues, engarzándose con ese primerizo Dylan de tradición folk que creaba su inicial tirabuzón creativo entre “Bob Dylan” (1962) y el pseudoeléctrico “Bringing all back home” (1965).

Musicalmente, y como viene haciendo desde el mencionado “Time out of mine”, Dylan parece echar una mirada atrás, más allá del punto en que grabó su primer disco, pero su acertada producción (recordemos que es el propio autor quien, bajo el seudónimo de Jack Frost, produce sus trabajos de un tiempo a esta parte), convierte los añejos sonidos del folk, el swing o el blues, en algo ya no completamente atemporal, si no perfectamente moderno. Así, “Tempest” se inicia con el ritmo juguetón, de cadencia jazzística, de “Duquesne Whistle”, canción elegida como tema de presentación del álbum y cuyo comentado (en redes sociales) vídeo, resulta igualmente travieso.

“Soon after midnight” es el tema más corto del disco en un trabajo en que las canciones destacan por su larga duración. Un tema de amor cuya letra, desarmantemente sencilla, nos hace cuestionar por qué a veces elegimos el camino más largo y complicado para expresar aquello que sentimos. En “Narrow way” aparece el Dylan más poéticamente irónico, envolviendo sus disquisiciones sobre el amor, la vida y todo lo divino y lo humano, en ritmos heredados del blues e insistentes arreglos de cuerdas. La soledad y las oportunidades perdidas son temáticas recurrentes que cobran una nueva dimensión en el aire melancólico de la emocionante “Long and wasted years”. En contraste con ello, “Pay in blood” es el tema más rockero del disco; una canción en que Dylan parece querer rendir cuentas contra todo lo considerado políticamente correcto hoy en día. El aire entre campestre y fronterizo de “Scarlet Town” resultará del gusto de aquellos que amen especialmente al Dylan más folk, mientras que “Early roman kings” es puro blues, tan reconocible a la primera escucha como desconcertante resulta su letra de temática entre bíblica y militar. Con “Tin Angel” entramos en el cuerpo del álbum: 9 minutos en los que el autor despliega su particular capacidad cinemática contándonos una historia de amor y violencia. “Tempest”, la canción, es el corte más largo del disco; casi un cuarto de hora en que se nos narra simbólicamente el hundimiento del Titanic, poniendo sobre la mesa lo mejor y lo peor del ser humano, a veces con una poética algo críptica, y con un sonido de reminiscencias cercanas al folk irlandés. Se trata, seguramente, de la mayor cumbre del álbum. Finalmente, “Roll on John” es un tardío, y puede que por ello especialmente honesto, homenaje a John Lennon, en forma de balada sentimental e intimista.

Un nuevo disco de Bob Dylan: un acontecimiento cultural de primer orden que no podíamos dejar de destacar en “Cultura y algo más”.

Ricard.

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Reflexiones cinematográficas sobre la crisis.

Desde el pasado 4 de septiembre, la Filmoteca de Catalunya está proyectando un ciclo de películas relacionadas con la temática de la crisis.

Se trata de films dirigidos por autores tan diversos como Eisensten, Preston Sturges, John Ford, Ken Loach, Jason Reitman o Icíar Bollaín.

Películas, la mayoría, que nos hablan tanto de crisis económica y social, como de los conflictos internos que suponen esta clase de contextos para el individuo medio.

Hasta el próximo 24 de octubre se podrá ver esta serie de films que nos pueden ayudar a entender mejor la realidad que nos rodea (muy concretamente, la grave recesión en la que nos vemos sumergidos, así como sus consecuencias) y empujarnos a reflexionar sobre nuestro papel, colectivo y personal, en un futuro que debe ser necesariamente mejor.

Es además una buena oportunidad de acceso al ocio y la cultura teniendo en cuenta los bajos precios de las entradas a la Filmoteca.

Como insistimos en transmitir desde este espacio, la cultura siempre ofrece algo más.

Ricard.

Para más información clica abajo:

Filmoteca de Catalunya (ciclo “Cine en tiempos de crisis”)

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Rita McBride y la redefinición de los límites.

 

La exposición “Oferta Pública/ Public tender” de Rita McBride, que se inauguró el pasado 19 de mayo en en el MACBA , nos ofrece una retrospectiva sobre la obra de esta escultora americana residente en Alemania y profesora de la Kunstakademie de Düsseldorf.

Rita McBride ha transformado la segunda planta del MACBA. Se han modificado las estructuras, volviendo al diseño original del arquitecto Richard Meier. El edificio y la exposición mantienen un diálogo vivo y  abierto. Se redefinen los límites entre escultura y arquitectura… ¿Dónde termina la obra y comienza el museo?

En una de las salas se proyecta el documental “Day after day” de Alexander Hick, que muestra la construccion e instalación de la escultura “Mae West”en la Effnerplatz de Múnich y su relación con el espacio público y los ciudadanos, que interactúan con la obra dando su opinión y dejando de ser meros espectadores.

En el caso de “Arena”, una estructura modular semicircular de grandes dimensiones que remite al circo romano,  la obra tiene dos dimensiones, la de escultura y la de estructura funcional, acercándola a la arquitectura. Paralelamente a su instalación en  los museos se realizan proyecciones, performances y tertulias. En el caso del MACBA, se ha invitado a una serie de artistas dentro del programa “Blind Dates”.

El constante reto que se plantea confiere vida propia a las esculturas y sugiere una nueva forma de exponer, más humana y moderna.

En definitiva, esta exposición no deja indiferente al espectador. Lo que ve queda grabado en su retina y le hace sentir como partícipe de una obra en constante evolucion.

Esta exposicion estará abierta hasta el 24 de septiembre.

Laura.

Para más información clica abajo:

MACBA (exposición Rita McBride)

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